[Nuevo ciclo en el Estado] Sánchez despliega un entramado de altos cargos récord (Cast/Cat)

Publicidad

Cuando era ministro de Administraciones Públicas de José Luis Rodríguez Zapatero, Jordi Sevilla impulsó por primera vez en democracia el polémico Estatuto Básico del Empleado Público, en el que ponía las bases para despolitizar la administración general del Estado y abría la puerta a hacer trabajar a los funcionarios por objetivos. La iniciativa no gustó y no se ha llegado a desplegar más: en 2006, justo después de aprobarlo, Zapatero cesó a Sevilla. Ahora, con la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, el presidente español decidió recuperar su primer gurú económico para la presidencia del comité de expertos de la reforma del sector público. Pero el aterrizaje volvió a ser polémico: el ex ministro defendía de nuevo instalar un sistema de meritocracia, incentivar el esfuerzo y acabar con los miles de nombramientos a dedo cada vez que hay un cambio de gobierno. Al cabo de sólo dos semanas, Sánchez encontró un lugar mejor para Sevilla: ya es el nuevo presidente de Red Eléctrica, con un sueldo anual bruto de más de medio millón de euros.

La promesa de Pedro Sánchez de crear una administración «ejemplar» basada en cargos en que tenga más peso el currículo que no la carrera política ha acabado limitando, sólo, a la formación de su gobierno. Tras anunciar a bombo y platillo un ejecutivo desvinculado en buena medida del rojo socialista -y que gustó bastante a CS-, el presidente español ha acabado tirando de personal de confianza con las siglas del PSOE para engrosar el ejército de más de mil cargos que se fijan cada vez que hay un cambio de color en la Moncloa. Y no se ha limitado a ocupar vacíos: además de ampliar un 28% el número de ministerios y pasar de 25 secretarios de estado a 36 -con sueldos de más de 100.000 euros, por encima de los ministros-, ha desplegado un entramado de altos cargos de récord en democracia en el Estado. Presidencia ha pasado de tener 14 altos cargos -secretario de estado, subsecretarios y directores generales- a un total de 22. Es decir, un incremento del 57% respecto de la era Rajoy.

Una herencia decimonónica

Pero ¿por qué a pesar de los nuevos tiempos de la política española, ante el escenario inédito de llegar al gobierno a través de una moción de censura, Sánchez ha continuado haciendo lo mismo que sus predecesores? Para el profesor de la UPF Rafael Jiménez Asensio es «la tentación de llegar al poder» y blindarse dentro y fuera de las instituciones y del propio partido, en este caso el PSOE. Este consultor en transparencia y administraciones públicas asegura a ARA que no hay ningún partido que no intente desplegar sus tentáculos cada vez que pisa alguna institución: ya sea municipal, autonómica o estatal. «Es un sistema de tejido clientelar orquestado por los partidos políticos heredero de la España del siglo XIX», añade.

Sánchez no ha tenido problemas a repetir el legado de Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Pero incluso en un grado más elevado, aumentando el número de altos cargos, de libre designación y personal asociado. Tanto el PP como Ciudadanos han criticado que haya colocado «más de 500 amigos» alrededor de la Moncloa y que muchos no estén cualificados para el nuevo cargo. Desde el gobierno español argumentan, en cambio, que era muy difícil convencer a grandes profesionales del sector privado para que dieran el salto ante una legislatura que no saben cuánto puede durar, y que por ello también se ha recurrido a profesionales dentro del partido.

Según fuentes socialistas críticas con Sánchez, el presidente español ha buscado en el equilibrio de poder el promocionar a sectores que pueden acabar haciendo sombra a los barones con quien tiene menos relación y también cargar de trabajo a los suyos para que no puedan montar complots contra él. Tras el golpe de estado en Ferraz, Sánchez tiene mucho miedo de volver a ser víctima de una rebelión interna. Su hombre de confianza, José Luis Ábalos -que le ayudó a volver a la secretaría general-, compagina el cargo de ministro de Fomento con el de secretario de organización del PSOE. «Con tanto trabajo nunca podrá dedicarse a conspirar», señalan las mismas fuentes.

Sánchez también ha recuperado parte del aparato de los gobiernos de Zapatero. El líder socialista ha hecho las paces con el ex presidente español, que la está asesorando, como en la gira por Latinoamérica que iniciará a finales de mes. Octavio Granado vuelve a estar al frente de la secretaría de estado de Seguridad Social y Consuelo Rumí también ha repetido como secretaria de estado de Inmigraciones.

El despliegue de cargos internos del PSOE ha hecho que la actividad en Ferraz los últimos dos meses haya sido mínima. Ya no hay ruedas de prensa tras la ejecutiva los lunes. Y es que casi la mitad de la dirección tiene un nuevo cargo en el gobierno español. La única que ha quedado fuera es Adriana Lastra, que con Ábalos ayudó Sánchez a recuperar el partido. Sin formación universitaria, esta diputada por Asturias es la portavoz en el Congreso.

«El eslogan enterrado y con ánimo de revancha de los cambios de gobierno se reduce, sencillamente, al « Ahora venimos nosotros »», denuncia Fernando Gutiérrez del Arroyo, analista de Politikon, que considera que sólo cambiando la ley acabaría con los «incentivos» que tienen los partidos para renovar cientos de cargos con cada cambio de gobierno. Es la misma receta que propone Jiménez Asensio, que alerta también que «España es el país europeo con la administración más politizada». «No hay más solución que la política: los políticos deben decidir si quieren directivos profesionales o redes clientelares», añade.

Sánchez ha elegido hacer lo mismo que sus predecesores. Para Víctor Lapuente, profesor de ciencia política en la universidad de Gotemburgo, estamos ante una «enfermedad institucional» y España es el caso más paradigmático porque «se premia a los funcionarios que acceden a la política». Es por eso que Sevilla se hizo funcionario, según confesaba en un libro en 2015. Ahora tiene el mejor sueldo dentro de las empresas públicas, lo que para el profesor Jiménez Asensio «Son la cueva de Alí Babá del enchufismo porque, igual que en las autonomías, nadie debe comprobar si el nuevo cargo de confianza sabe leer o escribir «.

El precedente catalán de los vaivenes en la administración

La politización de la administración pública no sólo está en el ADN del Estado, sino que también es manifiesta en Cataluña. Y quizás es en la Generalidad donde más se han notado los cambios en los últimos años, con legislaturas muy cortas que han frenado la estabilidad y el avance de las políticas públicas. Así lo señala el consultor en transparencia y administraciones públicas Rafael Jiménez Asensio. «Estamos ante un bucle que funciona bien cuando hay mandatos largos, como el de Felipe González o los ocho años de Aznar, Zapatero y Rajoy, pero que crea más malestar cuando entramos en una legislatura corta, y más después de una moción de censura «, asegura a ARA haciendo referencia al caso de Cataluña, con cuatro elecciones en siete años y los sucesivos cambios a raíz del paso junto a Artur Mas y la entrada de ERC en el ejecutivo.

Y es que el reparto de los cargos de confianza se agudiza cuando hay socios de gobierno. La elección del candidato a la presidencia de la Generalitat no fue la única pugna abierta entre Juntos por Cataluña y los republicanos a la hora de formar el último gabinete, sino también el control de medio millar de cargos de confianza. Más allá de los departamentos, aún está abierto el control de los medios de comunicación públicos y, en consecuencia, los cambios en la dirección de TV3 y Catalunya Radio después de que a principios de año se acordara que, a priori, ERC tendría la tutela de la televisión catalana. Cataluña tiene plena competencia para aprobar una ley que regule la politización de la administración, pero cada vez que se ha propuesto una reforma en este sentido ha acabado encerrada en un cajón.



Quan era ministre d’Administracions Públiques de José Luis Rodríguez Zapatero, Jordi Sevilla va impulsar per primer cop en democràcia el polèmic Estatut Bàsic del Treballador Públic, en què posava les bases per despolititzar l’administració general de l’Estat i obria la porta a fer treballar els funcionaris per objectius. La iniciativa no va agradar i no s’ha arribat a desplegar mai: el 2006, just després d’aprovar-lo, Zapatero va cessar Sevilla. Ara, amb l’arribada de Pedro Sánchez a la Moncloa, el president espanyol va decidir recuperar el seu primer guru econòmic per a la presidència del comitè d’experts de la reforma del sector públic. Però l’aterratge va tornar a ser polèmic: l’exministre defensava de nou instal·lar un sistema de meritocràcia, incentivar l’esforç i acabar amb els milers de nomenaments a dit cada cop que hi ha un canvi de govern. Al cap de només dues setmanes, Sánchez va trobar un lloc millor per a Sevilla: ja és el nou president de Red Eléctrica, amb un sou anual brut de més de mig milió d’euros.

La promesa de Pedro Sánchez de crear una administració “exemplar” basada en càrrecs en què tingui més pes el currículum que no pas la carrera política s’ha acabat limitant, només, a la formació del seu govern. Després d’anunciar a so de bombo i platerets un executiu desvinculat en bona mesura del vermell socialista -i que va agradar bastant a Cs-, el president espanyol ha acabat tirant de personal de confiança amb les sigles del PSOE per engruixir l’exèrcit de més de mil càrrecs que es fitxen cada cop que hi ha un canvi de color a la Moncloa. I no s’ha limitat a ocupar buits: a més d’ampliar un 28% el nombre de ministeris i passar de 25 secretaris d’estat a 36 -amb sous de més de 100.000 euros, per sobre dels ministres-, ha desplegat un entramat d’alts càrrecs de rècord en democràcia a l’Estat. Presidència ha passat de tenir 14 alts càrrecs -secretaris d’estat, subsecretaris i directors generals- a un total de 22. És a dir, un increment del 57% respecte a l’era Rajoy.

Una herència decimonònica

Però ¿per què tot i els nous temps de la política espanyola, davant l’escenari inèdit d’arribar al govern a través d’una moció de censura, Sánchez ha continuat fent el mateix que els seus predecessors? Per al professor de la UPF Rafael Jiménez Asensio és “la temptació d’arribar al poder” i blindar-se dins i fora de les institucions i del propi partit, en aquest cas el PSOE. Aquest consultor en transparència i administracions públiques assegura a l’ARA que no hi ha cap partit que no intenti desplegar els seus tentacles cada cop que trepitja alguna institució: ja sigui municipal, autonòmica o estatal. “És un sistema de teixit clientelar orquestrat pels partits polítics hereu de l’Espanya del segle XIX”, afegeix.

Sánchez no ha tingut problemes a repetir el llegat de Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero i Mariano Rajoy. Però fins i tot en un grau més elevat, augmentant el nombre d’alts càrrecs, de lliure designació i personal associat. Tant el PP com Ciutadans han criticat que hagi col·locat “més de 500 amics” al voltant de la Moncloa i que molts no estiguin qualificats per al nou càrrec. Des del govern espanyol argumenten, en canvi, que era molt difícil convèncer grans professionals del sector privat perquè fessin el salt davant d’una legislatura que no saben què pot durar, i que per això també s’ha recorregut a professionals dins del partit.

Segons fonts socialistes crítiques amb Sánchez, el president espanyol ha buscat en l’equilibri de poder promocionar sectors que poden acabar fent ombra als barons amb qui té menys relació i també carregar de feina els seus perquè no puguin muntar complots contra ell. Després del cop d’estat a Ferraz, Sánchez té molta por de tornar a ser víctima d’una rebel·lió interna. El seu home de confiança, José Luis Ábalos -que el va ajudar a tornar a la secretaria general-, compagina el càrrec de ministre de Foment amb el de secretari d’organització del PSOE. “Amb tanta feina mai es podrà dedicar a conspirar”, assenyalen les mateixes fonts.

Sánchez també ha recuperat part de l’aparell dels governs de Zapatero. El líder socialista ha fet les paus amb l’expresident espanyol, que l’està assessorant, com en la gira per l’Amèrica Llatina que iniciarà a finals de mes. Octavio Granado torna a ser al capdavant de la secretaria d’estat de Seguretat Social i Consuelo Rumí també ha repetit com a secretària d’estat d’Immigracions.

El desplegament de càrrecs interns del PSOE ha fet que l’activitat a Ferraz els últims dos mesos hagi sigut mínima. Ja no hi ha rodes de premsa després de l’executiva els dilluns. I és que gairebé la meitat de la direcció té un nou càrrec al govern espanyol. L’única que ha quedat fora és Adriana Lastra, que amb Ábalos va ajudar Sánchez a recuperar el partit. Sense formació universitària, aquesta diputada per Astúries és la portaveu al Congrés.

“L’eslògan soterrat i amb ànim de revenja dels canvis de govern es redueix, senzillament, a l’«Ara venim nosaltres»”, denuncia Fernando Gutiérrez del Arroyo, analista de Politikon, que considera que només canviant la llei s’acabaria amb els “incentius” que tenen els partits per renovar centenars de càrrecs amb cada canvi de govern. És la mateixa recepta que proposa Jiménez Asensio, que alerta també que “Espanya és el país europeu amb l’administració més polititzada”. “No hi ha més solució que la política: els polítics han de decidir si volen directius professionals o xarxes clientelars”, afegeix.

Sánchez ha triat fer el mateix que els seus predecessors. Per a Víctor Lapuente, professor de ciència política a la universitat de Göteborg, estem davant d’una “malaltia institucional” i Espanya n’és el cas més paradigmàtic perquè “es premia els funcionaris que accedeixen a la política”. És per això que Sevilla es va fer funcionari, segons confessava en un llibre el 2015. Ara té el millor sou dins de les empreses públiques, el que per al professor Jiménez Asensio “Són la cova d’Alí Babà de l’enxufisme perquè, igual que en les autonomies, ningú ha de comprovar si el nou càrrec de confiança sap llegir o escriure”.

El precedent català dels vaivens a l’administració

La politització de l’administració pública no només està en l’ADN de l’Estat, sinó que també és manifesta a Catalunya. I potser és a la Generalitat on més s’han notat els canvis els últims anys, amb legislatures molt curtes que han frenat l’estabilitat i l’avenç de les polítiques públiques. Així ho assenyala el consultor en transparència i administracions públiques Rafael Jiménez Asensio. “Estem davant d’un bucle que funciona bé quan hi ha mandats llargs, com el de Felipe González o els vuit anys d’Aznar, Zapatero i Rajoy, però que crea més malestar quan entrem en una legislatura curta, i més després d’una moció de censura”, assegura a l’ARA fent referència al cas de Catalunya, amb quatre eleccions en set anys i els successius canvis arran del pas al costat d’Artur Mas i l’entrada d’ERC a l’executiu.

I és que el repartiment dels càrrecs de confiança s’aguditza quan hi ha socis de govern. L’elecció del candidat a la presidència de la Generalitat no va ser l’única pugna oberta entre Junts per Catalunya i els republicans a l’hora de formar l’últim gabinet, sinó també el control de mig miler de càrrecs de confiança. Més enllà dels departaments, encara està obert el control dels mitjans de comunicació públics i, en conseqüència, els canvis en la direcció de TV3 i Catalunya Ràdio després que a principis d’any s’acordés que, a priori, ERC tindria la tutela de la televisió catalana. Catalunya té plena competència per aprovar una llei que reguli la politització de l’administració, però cada vegada que s’ha proposat una reforma en aquest sentit ha acabat tancada en un calaix.

https://www.ara.cat/politica/Sanchez-desplega-entramat-carrecs-record_0_2072792753.html

También podría gustarte

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More