Nuestra América: Ciclo largo, oleadas de cambios y contra-ataque imperialista

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En la historia de nuestra América se han registrado una cadena de ciclos de luchas de largo aliento, que a vez incluyen sucesivas, inestables e irregulares oleadas que suben y bajan.

El ciclo de largo plazo más reciente fue el que inició en la década de los 50 la revolución cubana. Ciclo cargado de una dinámica que combina cambios revolucionarios, reformas audaces y procesos reformistas con contra-revolución y contra-reformas.

En ese ciclo a su vez pueden apreciarse cuatro oleadas de las luchas populares y cambios políticos más o menos profundos.

La primera se desarrolló a finales de los años 50 y principio de los 60 (a raíz de la victoria de la revolución cubana y su formidable onda expansiva a escala continental); la segunda en ocasión de la victoria de Salvador Allende y la Unidad Popular y los cambios positivos de la correlación de fuerzas en el Cono Sur, y la tercera en el contexto de la revolución sandinista y el auge de las insurgencias centroamericanas, especialmente en El Salvador y Guatemala. Las tres ubicadas en la segunda mitad del siglo XX.

* Una cuarta oleada sin desenlace final dentro de un ciclo inconcluso.

En el temprano siglo XXI, América Latina y el Caribe ha sido escenario de una cuarta oleada de luchas y cambios políticos, sociales y culturales en dirección al rescate de la independencia, la modificación de las instituciones estatales (en el sentido de más democracia y participación popular) y transformaciones sociales progresivas; expresándose ésta con diferentes grados de radicalidad por países.

Esta cuarta ola de cambios del ciclo largo que inauguró la revolución cubana todavía sigue en pelea por su sobrevivencia y renovación.

Ella arrancó con una gran victoria política posterior a la insurgencia zapatista en México y al alzamiento militar del MOVIMIENTO BOLIVARIANO 200 (MRB-200) y la conversión del coronel Hugo Chávez Frías en un líder popular: la conquista del gobierno por vía electoral por el Movimiento V República liderado por Chávez y el avance del proceso constituyente que determinó importante transformaciones en del Estado venezolano y un acelerado proceso de reemplazo del modelo neoliberal.

A continuación, la debilitada hegemonía del neoliberalismo y de EEUU rápidamente siguió siendo erosionada más allá de las fronteras venezolanas por las insurgencias político-sociales en Ecuador, Bolivia y Argentina; seguidas de importantes victorias populares y triunfos electorales en esos países y de notorios avances del “progresismo” en Chile, Uruguay, y más tarde en Paraguay.

Por tanto, en el despliegue inicial de esta oleada pudieron lograrse importantes avances en la lucha contra la hegemonía del neoliberalismo y de EEUU en la región.

Esta ola -en la que se ha expresado una intensa y tortuosa dialéctica entre reforma y contra-reforma, y entre revolución y contrarrevolución, a lo largo de tres lustros- empalmó con la permanencia de la revolución cubana.

Creció el antiimperialismo y el proceso bolivariano en Venezuela, que con la audacia intelectual del comandante Chávez, catapultó, reactualizó y renovó la pertinencia del anti-capitalismo y de la alternativa socialista a escala continental y mundial, contrarrestando en alguna medida en sentido contrario el impacto del derrumbe del llamado socialismo real y de la desintegración de la URSS y del bloque euro-oriental pro-soviético.

* Contra-ataque derechista-imperialista.

Es evidente, que ya fuera como respuesta al temor a una radicalización anticapitalista y pro-socialista o por el evidente deterioro de las partidocracias tradicionales y sus relevos modernizados -alimentadas por la inteligencia conservadora imperialista- han surgido movimientos políticos-sociales con rasgos fascistas en no pocos países de Nuestra América, convirtiéndose en importantes instrumentos de la contraofensiva reaccionaria planeada desde Washington.

Los primeros resultados negativos de ese contra-ataque -luego de fracasar inicialmente en Venezuela, Bolivia y Ecuador- se concretaron en primera fase en el criminal golpe de estado en Honduras, el reforzamiento de la ocupación militar en Haití, la imposición del el fraude electoral a favor de la derecha mexicana; en los triunfos de las fuerzas conservadoras en Chile, Costa Rica, Panamá, Guatemala… y el golpe institucional en Paraguay, vertido posteriormente hacia una urnas amañadas.

A estos resultados le siguieron sucesivos programas desestabilizadores, cargados de violencia, contra el proceso bolivariano en Venezuela, que tampoco han logrado prosperar a plenitud ni provocar el retroceso total planeado; aunque facilitaron avances de las derechas, concesiones al gran capital y repliegues gubernamentales.

Así, en el campo de la hegemonía neoliberal, de la subordinación esencial a EEUU, la corrupción y narco-corrupción rampantes, la dominación de la oligarquía financiera, el autoritarismo y la represión –también con peculiaridades, manejos diferenciados y contrastes pronunciados- se expresaron desde el inicio en los regímenes de derecha de México, Guatemala, Honduras, Panamá, Chile, República Dominicana, Puerto Rico (al que se agrega su prolongado estatus colonial), Haití, Jamaica y algunos países caribeños…

Entre ellos, en ese periodo, se destacaron los casos de Colombia, México, Paraguay Honduras, República Dominicana y Haití.

México ahora intentando zafarse de ese status con la victoria de MORENA-López Obrador y Haití en reciente rebeldía contra la mafia que dirige el Estado bajo la protección del intervencionismo imperialista.

Los Estados de estos países se convirtieron asi en verdaderos engendros de la recolonización, corrupción, narco-corrupción, intervención gringa y, en algunos casos, del terrorismo de Estado.

Esa realidad, sin embargo, no debidamente enfrentada por una parte de las fuerzas gobernantes de algunas naciones avanzadas del Continente, ni por las izquierdas social-reformistas, quienes paradójicamente contemporizaron con el Estado Terrorista colombiano y contribuyeron a reforzar la intervención imperialista en Haití, debilitando la solidaridad para con las heroicas luchas de sus pueblos.

Respecto al régimen de Colombia, incluidas las administraciones de los presidentes Álvaro Uribe y Manuel Santos, hay que agregar su rol de peón exportador de la política de contrarreforma y contrarrevolución estadounidense e israelí, de su experiencia paramilitar, de su guerra sucia, su dinero sucio y su horrenda vocación criminal, hacia los países más cercanos de Suramérica, Centroamérica y el Caribe, en mayor escala cuando encuentra receptividad de sus gobierno como sucede en Honduras, Haití y República Dominicana o cuando comparten fronteras terrestre: Venezuela y Ecuador.

* Los virajes ultraderechistas no logran apaciguar las rebeldías populares: la pelea continua.

En una parte de sus componentes y sus dinámicas fundamentales este proceso contradictorio hacia la nueva independencia no ha podido ser totalmente revertido, a pesar de esa dura contra-ofensiva imperial.

Aun después de los virajes hacia la ultraderecha y hacia la derecha en Argentina, Perú, Brasil Y Chile, y en medio de intensos planes desestabilizadores, se ha mantenido el curso relativamente independiente de Nicaragua, Venezuela, Bolivia, El Salvador… mientras perduran, aunque debilitándose, procesos integradores tipo ALBA, UNASUR Y CELAC.

Las dictaduras blindadas y triunfalistas del pasado han sido reemplazadas por dictaduras o proto-dictaduras grises que ofrecen poco y nada, montadas sobre aplanadoras mediáticas embrutecedoras. Y siempre por detrás (en realidad por encima) de estos fenómenos se encuentran los aparatos de inteligencia de Estados Unidos y sus aliados.

La CIA, la DEA, el MOSSAD, el M16 -según los casos- manipulan los ministerios de seguridad o defensa, relaciones exteriores y estructuras policiales de esos regímenes vasallos y diseñan estrategias electorales fraudulentas y represiones puntuales.

En verdad, la corrupción, los estancamientos y enturbiamientos de los cambios de corte reformistas y/o reformadores, han provocado diversos grados de deslegitimación del llamado “progresismo”, lo que ha facilitado esos virajes ultraderechistas, unos consumados y otros en plena controversia.

Las dictaduras resultantes presentan una imagen civil con apariencia de respeto a los preceptos constitucionales, manteniendo un calendario electoral con pluralidad de partidos y demás rasgos de un régimen democrático de acuerdo a las reglas occidentales

Pero de todas maneras el combate contra de ellas no cesa y se aprecian fuertes tendencias a nuevas crisis de gobernabilidad: se han desatado nuevas resistencias y nuevas ofensivas escenificadas por los pueblos decididos a enfrentar todas las dificultades y obstrucciones derivadas de los virajes derechistas e incluso neofascistas.

Vuelven a escenas periódicas y variadas protestas de los/as explotados/as, excluidos y oprimidos/as, y de sectores intermedios: contra los desastres sociales y ambientales, y los poderes mafiosos generados por la prolongada era neoliberal del capitalismo..

Crece desde abajo la lucha por la vida contra la voracidad destructiva minero-energética, la contaminación, la precarización del trabajo y el empleo, el empobrecimiento humano y ambiental, la criminalidad policial-militar, la falta de democracia, las discriminaciones, la violencia de género, el racismo, la xenofobia, la homofobia, el Estado y las partidocracia corrompidas; contra las bases militares gringas, la sobre-explotación, la violencia contra niños y jóvenes y la criminalización de las protestas…

Esta cuarta ola a veces se estanca arriba, pero brota de nuevo desde abajo. Toma cauces políticos inconsecuentes y luego se sale de ellos para expresarse como descontento y exigir profundización o radicalización de los cambios frenados.

* ¿Otra oleada en gestación?

Existen fuertes indicios de que una ola más radical tiende a gestarse y a brotar en el seno de esta oleada reformadora, “progresista” o reformista, que declina a consecuencia del auge de las contrarreformas y las ultraderechas, lo que genera fuertes tendencias al neofascismo y a la ingobernabilidad.

En verdad, ni el imperialismo ni las lumpen burguesías locales, cejan en su estrategia integral de dominación, rescatando y reactivando las recetas neoliberales más drásticas, imponiendo mafias políticas, empresariales y partidocráticas; usando al militarismo y para-militarismo colombiano por fuera de sus fronteras (ahora con más facilidades por la rendición claudicante una parte significativa de las FARC-EP) y procurando además subordinar al emergente y también corruptor imperialismo brasileño.

Tampoco los pueblos empobrecidos, abusados, excluidos, se resignan a aceptar sus funestos designios.

Emergen nuevamente indignados con impresionantes protestas y movilizaciones, incluidas las desafiantes avalanchas de migrantes decididos a saltar muros ignominiosos y mares revueltos.

La confrontación tiende a crecer, así como la militarización de la estrategia imperialista, en un contexto en el que se hace evidente, que cuando las transformaciones se limitan a las reformas dentro del orden capitalista y se obvian las transformaciones anti-capitalistas, repuntan nuevas crisis y las derechas y el imperialismo arremeten con más ferocidad.

Se impone atacar con más conciencia, organización, contundencia y vocación de poder popular el orden criminal establecido y el capitalismo delincuente.

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