Noticias Uruguayas 9 enero 2020

URUGUAY: Uruguay y la indigna presencia militar en Haití: Chifflet tenía razón // "Se acabó el recreo", dijo Manini Por Jorge Zabalza

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URUGUAY
Foto: Gastón Britos / FocoUy

#LoQueHayQueSaber – 25 femicidios en 2019

Según los datos anuales del Ministerio del Interior, durante 2019 hubo un femicidio o intento de femicidio cada diez días, informa La Diaria.
Ultima actualización Ene 6, 2020 – LA REPÚBLICA uy
Entre el 1º de enero y el 30 de octubre de ese año se recibieron 32.721 denuncias por violencia doméstica y delitos asociados. De las víctimas, 75,3% eran mujeres y 24,7%, varones. En el caso de los denunciados, los porcentajes se invierten: 78,4% son varones y 21,6%, mujeres.
El año cerró con una declaración de emergencia nacional por violencia de género y con 25 mujeres asesinadas por ese tipo de agresión. Tenían entre cuatro y 61 años. Sin contar a Anna Clara, la niña de cuatro años que forma parte de esta lista, las mujeres tenían en promedio 33 años.
A su vez, los femicidas tienen un promedio de 43. Sus edades van de 20 a 62 años. En 13 (52%) de los 25 casos, el femicida fue la pareja de la víctima, y en seis casos (24%), la ex pareja.
Dos de los femicidas eran los padrastros de las víctimas. Un tío y un ex cuñado aparecen como responsables en dos casos y en otros dos no se han hallado los femicidas, informa el matutino La Diaria.

Militares uruguayos y brasileños de misiones de paz en Haití acusados de prostitución y pederastia

Cientos de niñas y adolescentes habrían sido embarazadas por agentes de las fuerzas de las de la ONU, que incluye un gran número de efectivos uruguayos.

Foto: Twitter / MINUSTAH
Foto: Twitter / MINUSTAH
ACUSACIÓN 20 de diciembre de 2019, 10:24hs LR21Las misiones de paz de la ONU en Haití están siendo acusadas de cometer abusos contra niñas y adolescentes, de embarazar a muchas de ellas y de abandonarlas a su suerte con los bebés, según un informe publicado esta semana por el Washington Post.
Según la investigación, se realizaron entrevistas a más de 2.500 hombres y mujeres en Haití sobre las experiencias de las mujeres y niñas en las áreas de albergues de Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), que lleva más de 13 años.
De ese grupo, 265 personas contaron horribles historias de niños engendrados por personal de la ONU, dejando en evidencia una tendencia de coerción y abuso de poder que dejó a niñas de tan solo 11 años a cargo de bebés que tienen que criar en condiciones de extrema pobreza.

Abuso y prostitución

Si bien las personas encuestadas describieron situaciones más parecidas a un abuso sexual, muchos de ellos también contaron cómo algunos de los perpetradores pagaban pequeñas cantidades de dinero a las chicas a cambio de sexo, según el Washington Post y The Conversation.

El equipo de investigación, dirigido por Sabine Lee, profesora de la Universidad de Birmingham, y Susan Bartels, científica clínica de la Universidad de Queen en Ontario, no preguntó directamente a las personas que entrevistaron sobre las relaciones sexuales con las fuerzas de paz o los niños nacidos a través de esas relaciones: los entrevistados contaron las historias por su propia cuenta. 
Se cita a una mujer que describe “varias mujeres de 12 y 13 años” que fueron embarazadas por el personal de la MINUSTAH, dejándolas “en la miseria con los bebés en sus manos”.
Otra persona simplemente dijo: “Ponían algunas monedas en tus manos para dejar caer un bebé en ti”.
El informe implica personal de la ONU de 13 países, la mayoría de los cuales eran de Brasil y Uruguay
Sugiere que los soldados fueron repatriados a sus países de origen cuando se conoció el embarazo, dejando a las madres sin asistencia durante y después del embarazo.

Defensa “no relativiza” los hechos

El Ministerio de Defensa dice que “no relativiza” los hechos denunciados en la investigación, según publicó Montevideo Portal.
Dijeron que, aunque ahora se conocen las denuncias por las publicaciones de los medios estadounidenses, el ministerio ya está tomando cartas en el asunto.
De hecho, el ministro José Bayardi ya solicitó un informe completo al al Jefe del Estado Mayor del Ejército y del Sistema Nacional de Apoyo a las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (Sinomapa) referido a este tema.


Agencia Uruguaya de Noticias

Uruguay y la indigna presencia militar en Haití: Chifflet tenía razón

por José W. Legaspi

25.12.2019 – uy.press


@Javier Calvelo / adhocFOTOS

Los uruguayos nos caracterizamos por poner lo mejor de nosotros cuando nos toca representar a nuestro país en el exterior. Pero parece ser que ese sentimiento no gobierna la actitud de algunos de nuestros militares destacados en misiones de paz.
Por el contrario, esa pequeña minoría, actúa de la manera más inhumana y asquerosa posible, que llena de vergüenza las mejores tradiciones de nuestro pueblo, al abusar de mujeres y menores de edad, indefensos, sometidos a ese poder abusivo.
Han habido denuncias en el pasado, de nuestra misión en el Congo, así como de la misión en Haiti, alcanza con recordar el episodio de 5 militares de la marina, compatriotas, sometiendo a un joven haitiano, en 2011, y la conmoción que nos provocó aquél video de 45 segundos. El ministro de Defensa de la época, Fernández Huidobro, se comprometió públicamente a que
Uruguay le pediría «disculpas al pueblo de Haití», y anunció que se prohibiría a los militares que se utilice la frase «broma de mal gusto».
Recientemente, el pasado miércoles 18 de diciembre, el diario estadounidense Washington Post publicó una investigación realizada por dos académicas de ese país (Sabina Lee, profesora de la Universidad de Birmingham, y Susana Bartels, científica de la Universidad de Queen, en Ontario), en la que se señala que los cascos azules de la Misión de Paz de la ONU en Haití habrían concebido niños con mujeres y niñas en aquel país, y luego las abandonaban.
El informe original, que consta de más de 2.500 entrevistas a haitianos sobre las experiencias de las mujeres y niñas residentes en las zonas que albergaron a las misiones, fue publicado en La Conversación, otro medio estadounidense.
De esas 2.500 personas, 265 contaron historias de niños engendrados por personal de la ONU, y de niñas que fueron abandonadas en condiciones extremas de pobreza para criar a esos niños. Incluso, algunos de los entrevistados aludieron a casos de violación o violencia sexual, pero con más frecuencia, los haitianos contaron historias transmitidas que describían un «patrón común»: las mujeres recibían pequeñas cantidades de dinero o alimentos, a cambio de sexo.
El informe implica al personal de la ONU de 13 países, pero en su mayoría hablan de brasileños y uruguayos. La publicación señala que los soldados fueron repatriados a sus países de origen cuando se conocían los embarazos, dejando a las madres sin asistencia.
Las Naciones Unidas respondieron al informe y señalaron que «tomaban en serio» a las acusaciones, y reconocieron, a través de un comunicado, que recibieron 16 denuncias de explotación y abuso sexual desde 2007, todas las cuales se refieren al personal de mantenimiento de la paz de Haití. Según sus datos, 29 empleados uniformados de mantenimiento de la paz están implicados en reclamos de manutención o paternidad de 26 mujeres y 32 niños.
«La explotación y el abuso sexual por parte del personal de la ONU pueden socavar la confianza de la población local a la que tenemos el mandato de apoyar, ayudar y proteger. No podemos aceptar esto», dijo a The Washington Post, Nick Birnback, jefe de comunicaciones para el mantenimiento de la paz de la ONU.
Desde nuestro Ministerio de Defensa afirmaron que la cartera no relativiza el asunto y que, a pesar de que ahora se conocen las denuncias por esta publicación reproducida por el medio estadounidense, el ministerio está actuando en el asunto: el ministro, José Bayardi, le solicitó un informe al Jefe del Estado Mayor del Ejército y del Sistema Nacional de Apoyo a las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (Sinomapa) referido a este tema.
Sabido es que el Gobierno uruguayo aplica un protocolo tendiente a la prevención de este tipo de situaciones, como también que ha actuado y actúa inmediatamente ante las denuncias recibidas. Dicho protocolo es exclusivo de Uruguay y es de actuación ante casos de abuso, explotación sexual y paternidad.
No parece ser suficiente, sin embargo, el protocolo.
Tampoco se entiende, a esta altura de los acontecimientos, qué necesidad tiene nuestro país de participar «con estas» fuerzas armadas en este tipo de misión, más allá de una compensación en dólares, pagada por ONU, aunque muchas veces con atraso, y que ha permitido a muchos de esos efectivos resolver, por ejemplo, la vivienda de su familia en Uruguay.
Usted se preguntará, amable lector, por qué afirmo, en el pasaje anterior, qué necesidad tenemos de participar «con estas» fuerzas armadas en las misiones de paz de ONU.
Queda evidenciado que no están, por formación humana, en valores, a la altura del desafío de representar dignamente al país en el exterior. Pero, ¿hay otras?
No, no hay otras, y por lo tanto, parece de sentido común lo afirmado por el ex diputado Guillermo Chifflet en 2011, (cuando el abuso al joven haitiano que mencionamos antes): «Los abusos cometidos por efectivos uruguayos en Haití, son indignos de las tradiciones del país», afirmaba quien había renunciado en 2005, a su banca, al oponerse a dicha misión, para concluir que «Uruguay no puede participar en ese tipo de misiones».
En 2005, cuando renunció Guillermo Chifflet, su negativa a votar el refuerzo militar en Haití, además de la participación en la Operación Unitas, provocó idas y vueltas de todo tipo para convencerlo. No alcanzó declarar al proyecto de tratamiento «urgente e inmediato».
Para algunos, se estaba poniendo a prueba la unidad de acción de la bancada del Frente Amplio.
Aquella tarde, el por entonces diputado socialista, Jorge Menéndez, informó sobre el proyecto en cuestión, y sostuvo que «para votar el envío de militares a Haití no deben existir principios dogmáticos».
Gracias a «ese pragmatismo», puesto en evidencia desde el gobierno, la coalición «cambiaba» lo planteado mientras fue oposición. Cuando le tocó la palabra, Chifflet, marcó ese cambio: «Sostendré hoy, desde el gobierno, lo que he sostenido desde la oposición»: «Todo comenzó en un golpe de Estado en Haití promovido por los Estados Unidos que destituyó a un presidente electo desde las Naciones Unidas se siguió la voluntad de los Estados Unidos y no se ajusta al interés nacional el envío de tropas», subrayó.
También citó ennunciados de catedráticos y de antiguos legisladores sobre la situación en Haití. Chifflet entendía que la mutación del cometido de las misiones militares internacionales, amparadas mayoritariamente en el artículo VII y no bajo el VI de la Carta de la ONU, «agrava la situación». El artículo VII «impone» la Paz en el país en cuestión, mientras que el VI habla del «mantenimiento» de la Paz. «Para que haya mantenimiento de la Paz deben haber dos sectores en pugna y hoy en Haití eso no existe», sentenció, y continuó:’ ‘He sentido acá, recientemente, que una cosa es la propuesta y otra la realidad. Creo que sostener eso es sostener la posibilidad del doble discurso, que quita credibilidad a quien lo sostiene, a su fuerza política y a todos los partidos».
Faltaba un minuto para que se le terminara el tiempo y la presidenta de la Cámara le advierte: «redondee diputado». Chifflet subió la apuesta: «sí, pero permítame porque es la última cosa que voy a decir en la Cámara», para continuar, con la voz emocionada: «soy partidario del mandato imperativo pero para cumplir con los compañeros, me retiro ahora. No voto pero renuncio a la Cámara. ¡Re-nun-cio! Quiero estar tranquilo con mi conciencia». Y con los ojos empañados en lágrimas, Chifflet se levantó, pidió permiso y se fue. Un aplauso de blancos y colorados se hizo escuchar en sala, tan fuerte como el silencio de los legisladores del gobierno. Sólo los diputados de la izquierda Eduardo Brenta y Carlos Maseda aplaudieron, tímidamente.
La Cámara se tomó unos minutos para reorganizar el debate pero nada volvió a ser lo que fue.
El proyecto en cuestión pasó a segundo plano porque la renuncia de Chifflet caló hondo en sus colegas. Desde la fuerza de gobierno, el diputado Edgardo Ortuño, dijo: «El maestro (refiriéndose a Chifflet) se equivocó y lesionó la interna que dice defender. Se fue aplaudido por blancos y colorados y esa es una señal».
El envío de tropas a Haití salió favorable en general con los votos de la izquierda, blancos y colorados. El Partido Independiente de Iván Posada votó en contra: 77 en 78. Luego se pidió que se votara en forma nominal el único artículo y el resultado fue 83 a favor y uno en contra.
Seis años más tarde, cuando el abuso del joven haitiano a manos de efectivos uruguayos de la misión de paz en Haití, el ex legislador del FA, Guillermo Chifflet, opinó que hay que «tomar posiciones muy claras»: «lo que sucedió es indigno de la tradiciones del país, de ellos mismos y debe ser condenado por todas las fuerzas políticas. Estoy seguro que todas las fuerzas políticas del país condenan esos atropellos y los consideran un agravio. Digno de algunos hechos propios de la dictadura que se dieron. No prestigia al país y Uruguay no merece esa conducta».
Consideró que «puede ser que esta sea una buena oportunidad para replantear la participación de Uruguay en estas misiones. Uruguay no puede participar en ese tipo de misiones. No tiene esa tradición cultural ni el país como tal merece el agravio de posiciones como esas».
«Cuando renuncié a mi banca en el Parlamento, fue porque me pareció que era imprescindible fijar posición personal respeto a la actitud de las fuerzas militares uruguayas en Haití. Había sido una posición de principios que me pareció muy importante mantener y destacar. Para esas cosas no caben dos posiciones para una persona que defiende posiciones de dignidad nacional», explicó Chifflet.
¿No será hora de recordar la dignidad de Guillermo Chifflet y discutir la participación uruguaya en este tipo de misiones?
Y de paso, ¿no será momento de concluir, desde el poder legislativo, qué FFAA se está dispuesto a tener o no tener? No es necesario recordar qué cantan nuestros efectivos militares en entrenamiento, o el «arbolito» de Navidad desplegado en Minas, con armas y municiones, ni lo peor, el pacto de silencio, entre propios y «extraños» sobre asesinatos y desapariciones durante la dictadura.
La dignidad de Chifflet es, hoy, una dura cachetada para todos aquellos progresistas y frenteamplistas que defendieron y defienden estas FFAA en este tipo de misiones.
Nadie lo va reconocer, pero nobleza obliga, Guillermo Chifflet tenía razón.

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