Publicado en: 8 febrero, 2018

Noticias Uruguayas 7 febrero 2018

Por Colectivo Noticias Uruguayas

URUGUAY: Sutcra rechaza participar en movilizaciones de “autoconvocados” // El Uruguay paradójico

Perú: ¿podría Lima quedarse sin agua potable? // Se desploman los mercados: El índice Dow Jones sufre la peor caída de todos los tiempos // Miedo en la Bolsa: los mercados europeos abren con fuertes caídas tras el desplome del Dow Jones // Las bolsas de América Latina cierran con fuertes caídas a la par del Dow Jones // ¿Efecto Wall Street? Bolsa de Tokio se desploma en la apertura // El bitcóin pierde un 15% de su valor en un solo día // Vence el ‘sí’ en consulta popular en Ecuador // Referendo en Ecuador por Atilio Boron, Theotônio dos Santos y Fernando Buen Abad // Nueva guerra jurídica en América latina // Paraguay: Arsénico y cianuro // URUGUAY: Sutcra rechaza participar en movilizaciones de “autoconvocados” // El Uruguay paradójico

URUGUAY

Sutcra rechaza participar en movilizaciones de “autoconvocados”


El sindicato señala que defiende los intereses de los trabajadores y no de los patrones.

viernes 2 de febrero de 2018 – CARAS Y CARETAS
El Sindicato Único del Transporte de Carga y Ramas Afines (Sutcra) aclaró que no adhiere ni convoca, ni participa, y “mucho menos comparte” el llamado a participar en las distintas movilizaciones de los llamados “Autoconvocados”.
Indica la organización sindical que “es la única representante oficialmente reconocida de los trabajadores asalariados sindicalizados y no sindicalizados del transporte de carga”, tanto para las negociaciones colectivas como para el llamado o convocatoria de una movilización “de nuestro sector”.
Por esta razón el Sutcra quiere dejar “bien en claro” que “no adhiere, ni convoca, ni participa, y mucho menos comparte el llamado a participar en las distintas movilizaciones de los llamados autoconvocados”.
“Las distintas reivindicaciones planteadas por este grupo responden pura y exclusivamente al sector Patronal del Agro, ahora ampliado a otros rubros, como el transporte, dejando en evidencia que el reclamo es un problema de clase que nada tiene que ver con los trabajadores y que no solamente no nos representa sino que además dentro de sus propuestas ataca las distintas políticas sociales del gobierno que tienden a cubrir a los sectores más pobres de la población, con quienes si nos sentimos hermanados”, agrega.
Madiante un comunicado el Sutcra “informa a los trabajadores del sector que no tiene ninguna obligación de participar en estas convocatorias y que no deben sentirse amedrentados por sus patrones cuando son llamados a concurrir en las mismas para manejar sus vehículos aunque les paguen el jornal por hacerlo”.
Subraya el sindicato que los trabajadores del transporte “somos contratados para transportar mercaderías y no para hacerle de bulto y numero en sus reivindicaciones que solo atienden a que sus ganancias crezcan mientras nos siguen explotando”.
“Nuestra tarea solidaria es con nuestros hermanos de Clase, con los trabajadores, no con los patrones”, sentencia el Sutcra.

 


Antes que anochezca

“La gente se tiene que sincerar que es pobre; que tenía un nivel de vida que no le correspondía”, decía, no hace tanto, el presidente argentino, Mauricio Macri. Había prometido, jugando a la honestidad brutal, seis meses de sufrimiento económico que darían paso a un repunte ordenado y serio de la economía. Con suerte, a la larga ese repunte daría lugar a un nuevo derrame, pero esta vez sobre bases más sólidas. Si lo logró o no no es tema de esta nota, que no se ocupará de la política ni de la economía argentinas, sino de la apelación a la sinceridad como valor suficiente para legitimar discursos chocantes y anunciar medidas antipopulares. En una versión menos emotiva, pero igualmente severa, el ex ministro de Economía y Finanzas Ignacio de Posadas decía, en una columna publicada el 28 de enero por El País y titulada “¿Revuelta o revolución?”, que “el Uruguay, como país, vive más allá de sus posibilidades económicas”. De Posadas hablaba en ese texto de la reunión de los productores autoconvocados en Durazno, que había sido unos días antes, y recomendaba llamar a las cosas por su nombre, así que, interpelando directamente a los protagonistas del “aldabonazo del campo”, los instaba a no andarse con pavadas: “En suma: hagan una revolución. No se queden en otra revuelta. Abrieron una oportunidad, no la dejen perder”. Y les recomendaba unificar “a la oposición, a las demás gremiales, a la sociedad civil y a los sectores realistas del Frente” para dar la gran batalla que deberá terminar de una vez por todas con la izquierda en el gobierno. Al día siguiente, el editorial del matutino daba un paso más en el mismo sentido y convocaba a “politizar la protesta” para conseguir “los objetivos de fondo en favor de un país productivo”. Y “politizar”, en este caso, significaba literalmente ir contra el Frente Amplio, porque es el partido que está en el gobierno y porque, según explicaba el mismo editorial, la ciudadanía debe comprometer a los partidos políticos, que son, en definitiva, los que, votados por la ciudadanía en cada elección, deben velar por sus intereses.
El sábado 3 de febrero, en un texto publicado en la edición de fin de semana de la diaria, Fernando Isabella repasaba las batallas discursivas en torno a los reclamos de “los autoconvocados del campo” y afirmaba que lo que está en debate, en definitiva, es “el relato sobre ‘el ciclo progresista’” y la interpretación que, finalmente, va a imponerse como sentido común en relación con los tres períodos de gobierno frenteamplista. Algo similar había dicho, cuando la movilización de Durazno recién se estaba preparando, el sociólogo Gustavo Leal, advirtiendo sobre la potencia revulsiva de la subjetividad y sobre la importancia de los “estados del alma” que, antes de que los sucesos tengan lugar en la historia, los hacen posibles en la imaginación y en el espíritu de los pueblos.
Es sobre ese “estado del alma” que quiero hablar, y sobre el peligro de la emotividad cuando se trata de política. Porque esto, como bien dice el editorial de El País que citaba un poco más arriba, es político. No creo que haya que plantearlo en términos político partidarios, sin embargo, pero no cabe duda de que hay que plantearlo en clave política.
También en la edición de fin de semana de la diaria, pero el 27 de enero, Aldo Marchesi repasaba “las disputas político ideológicas contemporáneas” en torno al campo y observaba con acierto una debilidad tanto de la izquierda originaria (aquella “de la liberación nacional y el socialismo”) como de “este progresismo (del ‘capitalismo en serio’)”: la falta de una propuesta clara y confiable para “los pequeños y medianos empresarios urbanos y rurales”. Y dibujaba con gran precisión ese segmento integrado por personas “con niveles de ingreso similares a varios sectores de trabajadores […] pero que tienen una sensibilidad y preocupación empresarial”. Esos “sectores medios de aspiración empresarial”, como los llama Marchesi, son los que se quejan porque no pueden hacer frente a los costos asociados a la formalización y porque su margen de maniobra es pequeño a la hora de pagar salarios y cumplir con obligaciones sociales. Para ellos no hay suficientes respuestas, porque la política pública los atiende, en el mejor de los casos, con medidas paliativas (aunque esta metáfora no debe adjudicarse a Marchesi), pero no se decide a ofrecerles fórmulas que les aseguren sustentabilidad.
Es pertinente, entonces, preguntarse por qué razón el discurso del progresismo apuntó a construir esa “aspiración empresarial” y por qué se orientó a dinamizar la economía mediante el estímulo del consumo y el aumento de la capacidad de compra. Durante todos los años que siguieron a la crisis de 2002 (y de todos esos años, los últimos fueron bajo la conducción de la izquierda), Uruguay bailó la música de la innovación, la creatividad y el emprendedurismo, aceptó el relato del crecimiento voluntarioso y el éxito personal, y se dejó acunar por la idea de que no hay conflicto social, no hay disputa de clase y no hay límites para el que se esfuerza y hace las cosas bien. Esos fueron los hilos que anudaron el retroceso de lo político que caracterizó a las últimas décadas, y que se manifiesta en una enorme indiferencia por la discusión ideológica y en una pasividad que sólo se conmueve ante hechos de corrupción (y que, dicho sea de paso, sólo entiende como corrupción a la avivada con dineros públicos).
Así las cosas, el Frente Amplio enfrenta ahora el problema de tener que dar satisfacción a sectores que han sido víctimas del mercado (porque es el mercado el que pone precio a los commodities, al dólar y al petróleo) pero que responsabilizan al Estado. Y para hacerlo puede recurrir a discursos que hablen, nuevamente, de “capitalismo en serio” y prometer una administración austera y sobria de los recursos al cabo de la cual todo volverá a su cauce. Pero el problema de la tesis del “buen capitalismo” es que cuando las papas queman no todos tienen tiempo para esperar confiadamente a que los zapallos se acomoden en el carro. Porque hay una “temporalidad de clase”. Para quien vive sin mayores sobresaltos, pensar en una sociedad inclusiva y protectora que no necesite poner en cuestión las estructuras de la propiedad puede ser tranquilizador y agradable. Pero para quien está en el borde de la subsistencia, para quien no puede mirar a largo plazo, para quien tiene deudas, para quien no va a recibir una herencia, para quien ve a sus hijos hacerse adultos sin poder independizarse y a sus padres envejecer sin un peso, para esos no hay tiempo. Esos van a escuchar promesas de corto plazo, aunque no tengan idea de en qué se sustentan.
Lo del “estado del alma” de que hablaba Leal no es menor. Pero sería un error creer que solamente agitando las almas se va a conseguir algo. Para la izquierda –es decir, para esa forma de pensar que apuesta a la solución colectiva de los problemas y que cree que no hay justicia si no es para todos– se vuelve imprescindible volver a la enunciación de algunas cosas. Hay que politizar la discusión, aunque esa discusión no debe ser de carácter partidario, sino ideológico. Hay que hablar de la propiedad privada y del papel del Estado. Hay que saber que la disputa ideológica no es un capricho de fanáticos, y que así como algunos se atreven a la sinceridad para desahuciar a los pobres, otros tendrán que decir, con la misma franqueza, que de un sistema injusto no se puede esperar justicia.
Porque además, tal como advertía nuevamente El País en su editorial del jueves, “De ahora en más, esto sólo se va a poner peor. Hay que tenerlo claro”.

El Uruguay paradójico

Por Enrique Ortega Salinas.
Por Enrique Ortega Salinas domingo 4 de febrero de 2018 – CARAS Y CARETAS
Las paradojas e incoherencias no dejan de sorprendernos en esta república desde su propio origen, cuando fue denominada como un país sin nombre: República Oriental del Uruguay. O sea, la república situada al oriente del río Uruguay.
En un país famoso por haber llamado Libertad a un tenebroso penal y donde el meteorólogo más popular se llama Núbel, no abundan las coincidencias, sino las contradicciones, y los partidos de oposición suelen incrementar tanto las mismas que la tentación de responderles por medio del absurdo es irresistible.
Durante el levantamiento de los productores rurales, una crítica reiterada ha sido la del incremento de los funcionarios públicos realizado por el gobierno frenteamplista, a la vez que se reclama mejor seguridad, educación y salud. Sucede que cuando el Frente Amplio llegó al gobierno se encontró con que mucha gente no había ingresado a la administración pública de manera formal con el Partido Colorado, sino “por la ventana”, y hubo que regularizar su situación. El resto de los funcionarios que ingresaron fueron a los ministerios de Educación, Salud e Interior.
El senador colorado José Amorín Batlle ha sido uno de los que ha levantado su voz contra el gobierno por esta causa, lo que le ha valido varias réplicas en su cuenta de Twitter, de entre las que destaco la de @jaimenievesdiz: “Ja, son los que ustedes, reyes del curro, disfrazaron de ‘contratados’ pagando favores y fue de orden regularizar. ¿Se hacen los sotas?”.
Esta oposición, que ahora tiene en la primera línea de combate político a buena parte de los mal llamados “autoconvocados”, también exige, y me parece bien, la reducción de los cargos de confianza; pero sucede que de los 850 cargos de confianza que tiene el Estado, 605 (más de 71%) están en las intendencias y las que más incrementos tuvieron fueron aquellas que gobiernan los blancos. Por ejemplo, en la de Maldonado, donde Enrique Antía criticó crudamente durante la campaña electoral a Óscar de los Santos por la cantidad de cargos de confianza que tenía, el mismo intendente aumentó tales cargos de 79 a 106. En la intendencia de Cerro Largo, Sergio Botana pasó de cero cargos de confianza en 2015 a 163 en 2016. A esto agrego que de las 2.768 contrataciones por designación directa realizadas en 2016, 60% tuvo lugar en los gobiernos departamentales. De 2004 hasta 2016, el Poder Ejecutivo redujo la cantidad de funcionarios casi 16%, mientras que los gobiernos departamentales los aumentaron casi 7%. ¿Y quiénes gobiernan en la mayoría de esas intendencias? Los autores de las críticas.
No se asombren. Este es el país que tiene una ciudad llamada Castillos sin tener un solo castillo, mientras que otra ciudad, Punta del Este, tiene una carnicería llamada “El novillo alegre”, cuando dudo mucho que algún novillo esté muy alegre de ingresar allí.
Paradójico fue ver a algunos peones participando de una jornada organizada por quienes se quejan de tener que pagar mucho a los peones. Afortunadamente, ya se están levantando voces de pequeños y medianos productores que se han dado cuenta de la manipulación de los grandes, politizados y blancos productores, dueños del país, que los llevan contra el único gobierno que ha hecho algo por ellos.
Sólo por recordar algunas cosas, en junio de 2017 se aplicó una rebaja del gasoil en surtidor del orden de 8% y se apoyó a los productores con una bonificación de 80% en el consumo de los primeros 500 KWH para tambos con hasta 15 KWH de potencia contratada y de 15% para los que tienen más de 15 KWH de potencia contratada. En el caso de la industria láctea, reciben 15% de beneficio sobre los cargos por la energía consumida. En 2015, debido a la sequía, se eliminaron las obligaciones al Fondo de Emergencias y fueron habilitados 2.804 productores familiares para recibir raciones. Se brindó apoyo por $ 235.546.074, lo que implicó la distribución de 13.194.765 kilos de ración de terneros, 21.983.448 kilos de cáscara de soja y 101.150 metros de lona.
En cuanto a sus deudas, en 2016 se aplazó por un año el pago de amortizaciones de los créditos en el BROU. En 2015 se conformó el “Tercer Fondo Lechero” y en 2016 se inició el “Cuarto Fondo Arrocero”. Al año siguiente se entregaron raciones a 144 productores familiares de Rocha y Treinta y Tres y se atendió a 680 apicultores familiares y a 250 productores de pera.
Con subsidios otorgados por Digegra se logró la adopción de la contratación de seguros contra granizo, viento y exceso hídrico con un alcance de penetración de 80% en fruticultura y 50% en horticultura. Como apoyo a la agricultura familiar, se aprobaron y se encuentran ejecutados o en ejecución 7.109 proyectos con apoyos económicos de US$ 32 millones. Adicionalmente, estos proyectos recibieron fondos de cerca de US$ 6,4 millones para solventar los costos de asistencia técnica privada.
A través del Instituto Nacional de Colonización, en el período 2005-2017 se incorporaron 117.000 hectáreas para colonizar y el año pasado se dispuso la adquisición de 27 campos más. El MGAP apoyó con financiamiento cerca de 9.000 propuestas de desarrollo con una inversión de US$ 50 millones. El BROU dio apoyo a proyectos productivos de riego por US$ 15 millones. A través de Digegra se apoyaron planes para la cadena agroindustrial del tomate, planes de mejora de la competitividad en ajo y cebolla, planes de exportación e industria de frutales de hoja caduca (8 millones de kilos exportados) entre otros. En estos planes se involucraron, en 2017, 1.094 productores.
A través del aporte en asistencia técnica y logística por parte de Digegra y la cobertura del Fondo de Garantía de la Granja (Fongranja) se han logrado tasas y condiciones especiales para atender las líneas de planes de negocios, emergencias, riego y coyuntura apícola con una respuesta a la fecha de 97% de repago del total de 3.191 créditos concedidos. En 2016 se entregaron cerca de $ 80 millones por concepto de microcrédito rural. Desde que comenzó el programa se han desembolsado unos 588 millones de pesos, entregándose 37.924 créditos; han accedido 13.283 personas y 63,1% de los usuarios ha operado entre dos y 16 veces con el programa.
Ahora, en un país que tiene un regimiento militar de caballería con el poco atemorizante nombre de “Blandengues”, todo puede pasar. Por ejemplo, ver que las inmobiliarias de Punta del Este apoyan un levantamiento que ha amenazado con cortar el suministro de alimentos en plena temporada. Claro, hay que tener en cuenta que en dicho balneario gobiernan los blancos. Igual de asombroso fue ver a productores y empresarios endeudados en dólares apoyando a quienes piden llevar el mismo a 36 pesos, hasta que abrieron los ojos e hicieron echar para atrás dicho reclamo.
Este es el país donde el senador y pediatra blanco Mr. Burns le dijo al exvice genetista que el mismo no podría mirar a los ojos a la gente tras mentir sobre el título de licenciado. Pero resulta que Mr. Burns no era pediatra y le mintió a la misma gente sobre su título.
Ese es el partido que exigió la renuncia de Sendic por la compra no justificada de un colchón (que no tengo claro si lo compró o no), pero deja en su cargo a un intendente blanco que cometió enriquecimiento ilícito al comprar combustible para su intendencia en sus propias estaciones de servicio. Es el mismo que condenó con más dureza a la diputada frenteamplista Mutti por tentarse en una sesión que a un diputado blanco que conduciendo borracho lesionó gravemente a una mujer.
Este es el país donde un candidato presidencial, Luis Lacalle Pou, criticó al gobierno por el aumento de la mortalidad infantil justo cuando la misma había bajado a un mínimo histórico.
Este es el país donde los mismos que siempre promovieron la apertura indiscriminada al capital extranjero critican al gobierno por la extranjerización de la tierra, a la vez que los productores se quejan de tener que cargar varias mochilas y no hacen mención alguna al precio de la tierra y cómo los arrendatarios se llevan la parte del león. ¿Por qué no señalan algo tan importante? ¿Qué intereses políticos y económicos los enmudecen?
Condenan las ideologías, pero abrazan obsesivamente las ideas de derecha. Condenan el asistencialismo, pero piden asistencia. Condenan los privilegios, pero los piden a gritos.
Son los mismos que cuando fueron gobierno modificaron las leyes forestales para beneficiar a los Lacalle, a los Pou y a los Heber. Efectivamente, durante 1990 y 1995, mientras impulsaban el más crudo neoliberalismo y eliminaban toda clase de protección a la industria nacional, pusieron todo el entusiasmo en un subsidio para la actividad forestal. Con Rosario Pou, prima hermana de la esposa del entonces presidente, jugando un papel clave en la Dirección de Forestación, se aprobaron varias medidas que favorecieron a los campos de Lacalle y sus familiares, lo que puso a todos bajo la lupa de la Justicia. El tema fue que los préstamos que concedía el Estado para planes forestales sólo comprendían a tierras de baja productividad, con lo que los predios de los involucrados estaban fuera de órbita, pero las mencionadas medidas solucionaron el problema y pudieron acceder a beneficios crediticios y subsidios.
Es increíble que algunos productores realmente merecedores de ayuda estatal se dejen manipular por políticos blancos y que estos, los mismos que critican al gobierno por los impuestos, son los que cuando gobernaron llevaron el IVA de 21% a 22%, crearon el Impuesto a las Transmisiones Patrimoniales, aumentaron el Impuesto a las Retribuciones Personales y a las jubilaciones y pensiones, aumentaron en 3,5% el aporte patronal al BPS, aumentaron al 40% la tasa del Impuesto a las Rentas de Industria y Comercio (IRIC), el Impuesto a las Actividades Agropecuarias (Imagro) y el Impuesto a las Rentas Agropecuarias (IRA). ¿Acaso ya olvidamos el paquete de ajuste fiscal de Lacalle que provocó una pérdida de 10% del salario real en 1990? ¿Olvidamos nombres como el de Ramón Díaz? ¿Olvidamos que todos los gobiernos rosados comenzaron con un ajuste fiscal?
Esta es la oposición que con gran éxito logró que los menos infelices fueran los más privilegiados, y este es el país donde los que más tienen son los que más se quejan. Este es el país donde algunos voceros de la derecha exigen que se hagan cosas que ya están hechas. En Durazno se exigió la rendición de viáticos y devolución de sobrantes, cosa que Tabaré había decretado en 2017. Se exigió la disminución en publicidad oficial (porque al Partido Nacional no le conviene que la gente se entere de los avances del gobierno), desconociendo que hasta 2014 la inversión publicitaria era de US$ 53 millones y de 2015 a 2017 bajó a 24 millones y continúa bajando.
Este es el país que critica a los argentinos por haber convertido a la ordinariez en una industria televisiva y al chisme en materia prima; pero es también el lugar donde algunos cajetillas entregaron las llaves de Punta del Este a Jorge Rial y donde otros blancos, que ahora se esconden, propusieron el nombre de Moria Casán para una calle en los dominios del intendente blanco de Cerro Largo.
Este es el país donde los que se definen como apolíticos siempre votan a los blancos, pero les da tanta vergüenza reconocerlo que se escudan en la frase “todos son iguales” para votar a los peores.
Como sea, son coherentes en sus propias incoherencias, porque han hecho todo lo posible por ocultarlo, pero en los discursos de Durazno chorreaba de cada hoja la grasa blanca, así como chorrea del diario El País la conciencia de clase cada vez que la emprende contra el gobierno por tratar de atender a los más necesitados antes que a los poderosos.
Este es el país donde tanto la izquierda como la derecha se definen como artiguistas. Alguien les tendrá que explicar un día que eso es el colmo de las incoherencias e hipocresías y que no hay mayor afrenta a la memoria de Artigas que poner su nombre en la boca de los voceros de la oligarquía rural.
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