Publicado en: 30 diciembre, 2017

Noticias Uruguayas 28 diciembre 2017

Por Colectivo Noticias Uruguayas

URUGUAY: Menores presxs en dictadura: ”Te entrego mi historia, porque también es tu historia” // Llamarada nocturna Daniel Viglietti (1939 – 2017) por Daniel Gatti

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URUGUAY

Menores presxs en dictadura: ”Te entrego mi historia, porque también es tu historia”

Rebelarte
El colectivo de intervención fotográfica “rebelarte” y el grupo “menores presxs durante la dictadura en Uruguay” en ocasión de cumplirse el 10 de diciembre el día Internacional de los derechos humanos presentaron la memoria viva que compartimos a continuación. Son relatos, fotos y poesías de quienes fueron presxs políticos de la dictadura siendo menores de edad.

Presentación
Se acercaba el 10 de diciembre, día Internacional de los Derechos Humanos, y hacía un tiempo nos habíamos enterado de que un grupo de personas, que fueron presas durante la dictadura siendo menores de edad, estaba haciendo una movida de difusión para contar su historia y poner de manifiesto las diversas capas de violencias, abusos y delitos que se cometieron y siguen cometiendo. Sentimos la necesidad de acercarnos, para hacer algo juntxs para esta fecha, para colaborar en la difusión, en que se escuchen (y vean) las historias que tienen para contarnos.
Empezamos las comunicaciones y marcamos un encuentro: sábado a la tarde en la casa de una de ellas. Una foto de ellxs, de la época en que fueron detenidos o un objeto y un texto que cuente en forma de relato, poesía o crónica sobre lo que vivieron, eso fue, lo que en principio decidimos llevar para ese encuentro. Allí, más allá de lo práctico y puntual que íbamos a hacer juntxs, sucedieron muchas cosas…Hubo una apertura muy solidaria y compañera de parte de ellxs, un estar compartiendo desde un lugar de fortaleza, a la vez que de sensibilidad.
En la charla sobre lo que cada unx había llevado para compartir surgían relatos transversales, y de ellos emergían otras informaciones que nos resultaron contundentes e importantes. Que de alguna manera daban sentido a lo que estábamos haciendo, revisar-revisarnos, contar-contarnos, encontrar-encontrarnos, ante micro historias reales que entretejen nuestro ser/estar/habitar en el presente. Y que en lugar de “dar vuelta la página”, nos proponemos leerla, (re)escribirla y arrojar luz sobre ella.
El reconocimiento del derecho a poder decir lo que les pasó duró, en algunos casos, un buen tiempo en llegar. El poder decir no dependía solo de su voluntad, pues existe un dispositivo de opresión que tiene varios activadores y que regula lo que podemos sentir, decir o no, sobre lo que nos pasó, sobre lo que nos hicieron. La impunidad no sólo tiene dimensiones legales. La violencia no sólo se ejercía durante los días de encierro, también luego de liberadxs, y por mucho tiempo más. Fue algo que arrastraron hasta la adultez. Una violencia ejercida de diferentes maneras; les prohibían inscribirse para continuar sus estudios y por ello tuvieron que enfrentarse a limitaciones para acceder a un trabajo, y tantas otras formas de violencia a la que tuvieron que hacer frente desde adolescentes para poder seguir adelante con sus vidas. La violencia queda alojada en los cuerpos de diferentes maneras, en diferentes partes; entendiendo cuerpo como un todo, lejos del dualismo mente-cuerpo.
Quedamos pensando que ésto que le hicieron a ellxs y a tantas otras personas que sabemos (y que no sabemos), es algo que nos están haciendo también hoy en día, que la impunidad sigue estando presente en muchos lugares y momentos. A veces vestida con otros ropajes, pero con un mismo cuerpo debajo. La criminalización, la violencia y la impunidad siguen existiendo y apuntan a: la pobreza, a las mujeres, a los movimientos sociales, a lxs jóvenes, y a quién les convenga según el momento.
Por eso quisimos compartir parte de estas historias. Para que no queden en el olvido. Porque esto pasó hace tiempo, pero sigue pasando hoy , y no habrá distancia temporal que nos haga olvidar lo de antes para vivir el ahora. Porque esa separación de lo “viejo” y lo “nuevo” es la que quiere hacernos creer la historia hegemónica, para borrar nuestras memorias, para barrer nuestras luchas, desconociendo los procesos históricos que conforman lo que hoy somos y lo que queremos ser. Esas semillas que no quiso germinar la historia oficial, las vamos a hacer crecer nosotrxs, desde la tierra fértil de la memoria. “La justicia cuando tarda no es justicia”. Trabajo realizado junto a el grupo Menores presxs durante la dictadura en Uruguay.
Memorias
Liliana

Elegí está foto porque es mi retorno a Treinta y Tres, cuando me soltaron del Consejo del niño. Es en nuestra casa vieja, con mi madre y mi hermana que en esos días cumplía sus 15 años. Las tres estuvimos presas. Atrás de la foto mi madre escribió: “Estamos en 33, en el barrio La Floresta, en la casa vieja, eran años duros y tristes que estábamos pasando, pero igual nos salía una sonrisa. Muy duros esos años!!”.
Y yo digo ahora: nunca se unió a nuestros nombres el olvido, la derrota. Resistimos, siempre resistimos !!!
Foto: Liliana con su madre y su hermana.
Carmen

Pensar aquellos años tan tristes y duros desde una fotografía personal es ir a los sentidos, a quiénes éramos en esos días. El sentido mas elevado de la memoria es evitar que los niños y jóvenes de nuestro país vivan el terror de estado que uso su ejército, su aparato de guerra, para reprimir, torturar y perseguir.
En el año 1968 ingresé al liceo departamental de Treinta y Tres.
Eran tiempos de auge del pensamiento social, donde estudiando la historia y la literatura universal y de nuestro país, aprendíamos también que la actitud de los colectivos sociales era determinante para la suerte de los pueblos y los individuos.
La cultura, la música, el canto, etcétera, alimentaba la idea de que el mundo podía y debía ser mas justo.
En ese año crecía la movilización estudiantil y la represión aumenta.
Muere Liber Arce, Susana Pintos y Hugo de los Santos, dando comienzo a una larga lista de mártires estudiantiles durante el Pachecato.
En lo personal comienza una etapa rica y llena de entusiasmo. Donde el conocimiento que adquiría en los salones de clase se completaba con el activismo gremial y mas adelante también partidario.
Maduraba la convicción de que la gente merecía una vida mas plena y justa, superando problemas y participando para modificar sus condiciones de vida. Transcurren así los seis años de liceo.
Surge en la vida política del país el Frente Amplio y me sumo a esa idea, afiliándome luego a la Juventud Comunista. Llegamos al año 1973 y cursaba el sexto año de Bachillerato.
El 27 de junio disuelven las cámaras y comienza el período dictatorial al que los trabajadores responden con una huelga general que se extiende por 15 días. En un clima tenso y triste.
Cuando finaliza la huelga volvemos a clase bajo un montón de medidas represivas. Como estudiantes manifestamos nuestro rechazo al golpe con una volanteada. A los pocos días, el 20 o 21 de julio, despierto en la mañana con un milico del ejército. No se si era un soldado o que… me apuntaba con un arma larga. Un olor que luego me acompañaría por siempre, junto a los recuerdos mas tristes de los que tenga memoria… un olor “rancio”, amargo, a tela húmeda… a miedo quizá.
Habían ingresado a la casa, aún no se cómo. Mis padres no estaban porque trabajaban. El dormitorio que compartía con mis hermanas invadido por soldados armados para la guerra.
Dieron vuelta la casa. Me sacaron de allí y ya afuera vi la cara de mis vecinos que observaban pero no intentaron opinar o intervenir de alguna manera.
Me subieron a un jeep y trasladaron al Cuartel General del Batallón número 10.
Allí apenas entrar me colocaron una “capucha” . Ese instrumento de aislamiento, sometimiento al golpe que no ves venir, la amenaza, el insulto… y otra vez el golpe. Estaba junto a otros compañeros, la mayoría menores, todos estudiantes. En una plaza de armas que intuía enorme por los sonidos, helada porque era pleno invierno. Fueron 5,6 o 7 días.
El propósito era que nos quedara claro que no podíamos realizar ninguna actividad gremial o política, “nada de nada”.
Fue una semana de castigo físico y sicológico. De amenazas. Yo tenía 17 años. Los responsables de aquello fue el Comando del Batallón de Infantería número 10 de Treinta y Tres.
Julio de 1973.
Carmen.
Foto: En la foto está Carmen con María Eugenia en sus brazos -niña a la que cuidaba- fue tomada entre 1973 y 1974 en la casa de la niña luego de haber sido detenida por primera vez. Una copia de esta fotografía acompañó a su compañero durante todos los años que duró la detención de éste.
Beatriz

Mirar, mirarte mirarme.
Pensar cuánta tristeza en esa mirada. La siento como ayer, 1973.
Pero siento amor profundo por esa etapa de mi vida, porque me permitió defender, tener un lugar, ocupar mi lugar en la lucha.
Dijo Alfredo, “hago falta ….”
Y al final del camino siempre la luz puntual nos espera.
Beatriz.
Foto: única foto que Beatriz conserva de su juventud, 1971.
Mabel

Treinta y Tres, 1975.
Ese día hubiera sido para ir al cine…. La película “El graduado” con Dustin Hoffman. Todo quedó en nada, nada para ver, tal vez sólo esa soledad del “cada uno” en la oscuridad de la capucha.
El miedo como marca y “lo necesario para siempre: vivir para vencerlo”.
Muchas veces una pregunta aparece:
¿Por qué no conservé aquellos zapatos, aquella ropa, aquellos aretes, aquel perfume de entonces?¿ Por qué? ¿Si no tuvieron la culpa de nada?
Tal vez elegí que quedara aquella piel sin olor al miedo y la memoria para continuar el camino.
Mabel, 17 años.
Abril ´75, Cuartel “33”
Foto: Mabel haciendo el gesto de la victoria en el cumpleaños de 15 de Lidia, 1972.
William

En julio de 1973, a poco más de un mes del golpe de estado, me llevaron detenido, junto a otros compañeros, a la Seccional 1ra de la ciudad de Treinta y Tres, tenía 16 años y era integrante de la Juventud Comunista.
Veníamos de una intensa actividad, luchando contra la dictadura, realizando volanteadas en el Liceo y en las calles olimareñas.
Me llevaron a la seccional y ahí me encontré con otros compañeros.
Por un rato estuvimos en los calabozos y después fuimos pasando a una serie de interrogatorios en la Sala de Investigaciones en donde estuve un par de horas de plantón y recibiendo golpes.
En un momento, entra una persona integrante del Ejército y se sienta frente a mí, me muestra un carné, y se me presenta: “soy el famoso Rombis “, me dice y “te vamos a llevar para el cuartel”. Era un Mayor del Ejército que se conocía por lo duro en las torturas.
Nos llevaron al Batallón de Infantería Nro. 10. Al llegar me meten en un cuarto y me colocan una capucha de lona, sucia y maloliente llevándome para el medio de la plaza de armas en donde estuvimos muchas horas en pleno frío, soportando el plantón, encapuchados, piernas bien abiertas y brazos en la nuca.
Fueron días de estar entre la plaza de armas, interrogatorios y pocas horas de sueño en un calabozo. En una de estas sesiones me dicen: “largá todo porque acá vino uno, no dijo nada y a los pocos días fue para el cementerio”, refiriéndose a Luis Carlos Batalla, “Nucho”, quién fuera asesinado en la tortura por el mes de mayo del año 1972.
Al quinto día nos llevan a mi y a 3 compañeros, hasta el Juzgado, nos habían pasado al Juez de Menores para ser procesados, fueron horas de espera y después nos fueron llamando de a uno. Cuando entro, había un funcionario de ahí con un expediente y me dice que el Sr. Juez había firmado nuestra libertad. Cuando fui a firmar lo hice con mucha dificultad, las largas noches de plantón hizo que se nos durmieran los brazos con muchas dificultadas motrices que duró por varios meses no pudiendo escribir por un tiempo haciéndonos muy difícil nuestro estudios en el liceo local.
Curiosamente en la década del 80, ya en democracia, participando en reuniones políticas en la ciudad de Melo me encuentro con una persona que me pregunta por si yo era de Treinta y Tres y me decían el “Poroto”, por supuesto que respondí afirmativamente y ahí me entero que era el Juez que en el año 73 nos había liberado en el Juzgado de Treinta y Tres.
William Bordachar
Foto: William “el poroto” junto a sus compañeros luego de raparse la cabeza en rebeldía a las disposiciones de la Ley de enseñanza que establecían el largo del cabello y la vestimenta.
Sandra

La sonrisa
sé que esa soy yo…
más no me reconozco en esa sonrisa.
No sé por qué lugar remoto,
huyó despavorida del infierno,
del submarino y la picana.
Quizás huyó al lugar dónde el dolor
se abrazo solidario con otros dolores.
Quizás el lugar dónde la memoria
se ahoga perdida en sí misma y llora.
Quizás se fue al lugar dónde los sueños
se pierden escabulléndose
para reencontrarse unos con otros
fundiéndose en uno solo.
Desnudando el tiempo
aparece en un instante como mueca
que viene persiguiendo la memoria,
y resuena fresca, atrevida, desbocada,
luego de tanto silencio.
Llega enredada en los huesos
perdidos de los muertos
mis muertos y los tuyos.
Sandra Díaz.
Foto: Sandra, “la colo”, en la esquina de su casa, 1977.
Marisa

En Treinta y Tres había un estudio fotográfico que lo llamábamos “lo de Gandi”.
Quedaba en la calle Juan Antonio Lavalleja, ahí a la vuelta estaban:
La Escuela No 2 ó “de niñas” y el Sanatorio. A pocos pasos el club San Lorenzo y arriba unos apartamentos donde vivía el abuelo de Ana y Gustavo Nieto, la mamá de Nevia.
Gustavo también estuvo preso con nosotros.
Ahí, en “lo de Gandi” me saqué esta foto. Era para enviársela a mis hermanos y compañeros que aún estaban presos, en el Consejo del Niño (Hogar Yaguarón) y otros en el Cuartel de Treinta y Tres.
Hacía poco más de un mes que me habían liberado del cuartel.
Junto con Sandra, Lidia, Jesús, Susanita, Marianela, y otros compañeros. Teníamos 13, 14 y 15 años.
Y como digo, nos liberaron del cuartel, pero no éramos libres en aquel pueblo arrasado por la dictadura. Nos prohibieron estudiar, teníamos soldados y civiles vigilando nuestras casas y nuestros movimientos todo el tiempo. Todo nos era prohibido.
A pesar de eso, seguíamos resistiendo. En cada carta, en cada foto, en cada gesto había un mensaje, nos decíamos que nos amábamos, y que no estábamos solos.
Y eso fue lo que nos hizo fuertes!!!
Y aquí estamos, a pesar de los años seguimos resistiendo, denunciando, contando, dejando nuestras huellas para que no se olvide…
Marisa Justina Fleitas, 13 años.
Foto: Marisa, 25 de julio de 1975, casa de fotos De Grandi
Lidia

Esta muñeca nació en el Pabellón de infantería nro 10 de Treinta y Tres.
En abril del 75 dónde estuve detenida 26 días por pertenecer a la UJC.
Está hecha con las bolsas de nylon dónde nos mandaban la fruta y la ropa y también las bolsas de absorbex. El pelo está hecho con los flecos de la frazada.
No recuerdo cómo llegó la aguja a mi poder pero fue un elemento básico en la comunicación con mi familia porque con ella y las lanas de una frazada les escribía a mis padres que “estábamos bien”.
Mirándola, hoy a los 60 años, veo la inocencia que tenía yo a los 17, cuando nunca me hubiera imaginado perder la libertad.
Aunque parezca mentira, hemos pasado mucho y ella nunca se ha separado de mi mamá y ahora de mi.
Foto: Muñeca realizada por Lidia durante su detención en el Batallón de Infantería número 10, Treinta y Tres, Uruguay

Tanto el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, como integrantes del astorismo, están contrarios a convocar a un Plenario Nacional para definir si se ratifica o no el Tratado de Libre Comercio con Chile. Mientras el canciller Rodolfo Nin Novoa expresa la necesidad de que se apruebe el Tratado de Libre Comercio con Chile, dentro del Frente Amplio hay sectores que tienen una postura clara de que el mismo no sea aprobado ya que “Uruguay no está preparado, ni sacaría provecho de este acuerdo” del mismo. Uno de esos sectores es Casa Grande, que tiene una postura firma en cuanto al tema. Se barajó dentro del FA la posibilidad de que se convoque al Plenario para que finalmente se decida si se aprueba o no el TLC con Chile. El Partido Comunista, las bases y el PVP estuvieron a fin de convocar al máximo órgano del Frente, al igual que Casa Grande, que pretende que se discuta si o si este tema, como el tratado de patentes.
Quienes no están alineados a esta postura son el Presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, quien señaló que no era positivo tratar el TLC. De igual forma opinó el Nuevo Espacio, así como el resto de los sectores del Frente Liber Seregni que pretenden que sea la bancada la que defina. Respecto a sectores que no se han manifestado, el MPP no tomó una postura sobre el TLC de tal forma que dentro del sector hay posturas diferentes. De igual forma se paró el Partido Socialista, que tampoco ha definido una posición. En cuanto a lo que sucede tras los Andes, Chile aún no ha ratificado el acuerdo que se firmó entre Tabaré Vázquez y la Presidenta Michelle Bachelet, y este tema, según indican desde el FA, aún no lo tocarán.


Llamarada nocturna

Daniel Viglietti (1939 – 2017)
Daniel Viglietti por Ombú.
por Daniel Gatti

3 noviembre, 2017 – BRECHA
“Cada cual tiene un Viglietti al que aferrarse. Nosotros, al menos, porque los más jóvenes capaz que ni lo conocen”, decía el martes una señora a los sesenta, tal vez ya bastante entrados, mientras la fila avanzaba –rápida, fluida– en la explanada del Solís. La señora miraba la fila y no se consolaba. Mucha gente, pero ella hubiera querido una multitud. Cincuentones, sesentones, setentones, bastantes cuarentones, treintañeros sueltos: Viglietti no tenía el consenso popular de un Benedetti, ni el público amplio, también juvenil de un Galeano. En esa trilogía con sonoridad tana con que se identificaba a cierto Uruguay de izquierda, en esa delantera en la que él hacía de enganche y que acaba de esfumarse, Viglietti ocupaba un espacio paradójico, entre clamoroso y reservado. Menos juguetón y sensual que Galeano, menos buenazo y modesto que Benedetti. Al artista exquisito que tantos evocaron por estos días, la llamarada también le sentaba (fundamentalmente la llamarada le sentaba), y de él pudo decir una Mercedes Vigil lo que de Benedetti seguramente no se hubiera atrevido y de Galeano tal vez tampoco (aunque pensándolo mejor vaya uno a saber): que su “paso por la realidad nacional ha sido nefasto” y “hemipléjico”. Un buen homenaje involuntario, después de todo, para alguien que apreciaba escoger su lado.

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Cada cual tiene su Viglietti al que aferrarse. Digo el mío, que puede ser en parte el de no pocos nacidos despuntando los sesenta: Viglietti codeándose en la salvaje discoteca casera con Serrat, con Los Olimareños, con Rolando Alarcón y sus cantos de la guerra civil española, con Héctor Alterio y sus evocaciones anarcas, disputándole espacio a María Elena Walsh o a Piccolo, Saxo y Compañía primero, a las “porteñadas” después, peleando pese a él con los Beatles, compartiendo banda sonora con los tangos del abuelo, la música clásica y el folclore de la tía, el jazz del tío, la bossa de la otra tía, el Zitarrosa de casi todos y los Rolling Stones o los Shakers de las primas. Viglietti, luego, reinando, hecho himno con “El Chueco Maciel” o “Muchacha”, lágrimas con un “Dinh Hung juglar” que terminaba conmoviendo más que cualquier manifiesto, fascinando en Trópicos. Viglietti y sus festejados guiños libertarios de “Anaclara” o la canción que nombra a “esa” bandera, o la palomita negra de piquito rojo que se vuelve halcón, cantados a coro en una casa malvinense convertida en sociedad de resistencia.

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Los discos de Viglietti escondidos o atribuidos a propiedad paterna cuando la compañera de clase venida del extrarradio no militante llega a tu casa, te pregunta qué música escuchás y no te atrevés a decirle que te sabés de memoria varias de las canciones chuecas.

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Uno de esos lavados de cara periódicos de la puerta de la Ciudadela hizo que hace no tanto tiempo brotara de la nada una pintada: “Liberar a Viglietti”. Era del 72, cuando lo metieron preso y corrió el rumor de que le habían cortado las manos. Una tía vieja que seguramente hubiera podido intimar con Mercedes Vigil tuvo en aquel tiempo una reacción que no tendría unos pocos meses después, cuando a tres cuadras de su casa, en la calle Amazonas, militares escuadronados acribillaran a balazos a los esposos Martirena: “Ay, no se merece tanto, es un buen músico, toca muy bien la guitarra, que lo callen, sí, pero las manos, no”, dijo. O algo así.

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(Viglietti más íntimo: leyendo la “Carta abierta de un preso a su carcelero” escrita por mi padre en el cuartel del Cgior, durante uno de los “Cantando a propósito”, con Los Olimareños y Dahd Sfeir, en el 71 o el 72; ofreciéndose para compartir navidades en aquel desolado fin de año parisino de 1976; tomando la guitarra para cantarse alguna a domicilio para mi abuela en el Montevideo de su retorno, en los ochenta, a veces acompañado por mi tía al piano, en uno de esos mini recitales privados que le eran habituales cuando de madres de desaparecidos se trataba, de la misma manera que aceptaba multiplicarse en espectáculos gratuitos por aquí o por allá para alguna causa que lo motivara.)

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Creo que fuimos muchos los poco más que adolescentes rioplatenses vigliettizados en los setenta que en los primeros años del exilio europeo le escapamos como a la peste o simplemente lo esquivamos. Cuestión de sobrevivencia, de mirar para otros lados. Pero indefectiblemente lo cruzábamos y nos era más fácil entroncar con él que con otros, cuando a la llamarada le arrimaba otros calores, más extraños. Pablo, amigo argentino desencantado que le huía después de haberlo endiosado, tocó el cielo con las manos cuando Viglietti lo invitó a acompañarlo con su flauta traversa en un recital parisino. Arrimaba jóvenes. Y siempre esa guitarra, esa voz que mantuvo casi hasta el final. Esa potencia. Aunque a veces se produjeran desafines, hiatos y los hilos se cortaran por lo más grueso –y el “hombre nuevo” quedara bien, bien lejos– aparecían “Nocturna”, “El vals de la duna” o “Esdrújulo”, o intervenía sus viejas letras para aggiornarlas, como hizo semanas atrás con “Gurisito”. Y uno remontaba el tiempo y lo ataba con los fuegos. De a ratos, quemaban.

 

COMCOSUR AL DÍA
UPM: Qué necesidad de vender el patrimonio de los orientales a tan bajo precio
Gustavo Buquet
La tónica del contrato refleja el excesivo poder que el gobierno uruguayo transfirió a UPM. En primer lugar, el compromiso de llevar adelante las inversiones de infraestructura, independientemente de si UPM hace o no la inversión.
La inversión del gobierno y la rentabilidad de UPM
La inversión en infraestructura, ferrocarril central, caminería en torno a la planta y el dragado del puerto, según las propias cifras que maneja el gobierno, sumaría un total de 1.200 millones de dólares. Según el gobierno, estas inversiones se van a implementar mediante contratos de participación público-privada (PPP). Tomando en cuenta la experiencia de Uruguay en esta materia, el gobierno, como mínimo, ha pagado 20% de la inversión por año durante 20 años.(1) Es decir, el gobierno deberá pagar por esta inversión y su mantenimiento, como mínimo, 240 millones de dólares por año durante 20 años, lo que es lo mismo que un Valor Actual Neto (VAN) de casi 3.200 millones de dólares.(2)
Por su parte, UPM se compromete a pagar un canon, además de invertir en algunos otros ítems, como una partida para contribuir a descontaminar el río Negro, proveer el saneamiento de Paso de los Toros, realizar la conectividad para la transmisión de la energía eléctrica, una partida de formación y otra de innovación. Todos estos aportes de UPM generan un VAN de 146 millones de dólares.
Hasta ahora, Uruguay pone 3.200 millones de dólares y recibe 146 millones. El saldo negativo para Uruguay es de 3.054 millones de dólares.
Uruguay invierte para UPM 3.054 millones de dólares; ¿qué recibe?
UPM invierte 2.200 millones de dólares y, según las cifras oficiales, esto generará una ocupación de 4.000 empleos en la construcción de la planta durante tres años, y también 4.000 empleos directos e indirectos permanentes una vez que la planta esté operativa. Generará unas exportaciones de 1.000 millones de dólares por año, un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2%, una recaudación tributaria de 120 millones de dólares por año, y un crecimiento del producto de 10% en los departamentos donde el proyecto impacta de forma directa: Tacuarembó, Durazno, Florida y Cerro Largo.
Estas cifras no miden correctamente el impacto de la planta. Para ello habría que comparar cuál es la actividad con la planta y cuál sin la planta, de forma tal que la diferencia midiera el impacto real. Por ejemplo, la actividad forestal, producto de los establecimientos ya existentes, tendrá actividad con la planta o sin la planta. Según un estudio realizado por CPA Ferrere, la cadena forestal representa 3,6% del PIB.
En este sentido se podría estimar cuál es el valor del PIB de la actividad forestal sin la planta. La capacidad de la planta de UPM será de dos millones de toneladas de pulpa de celulosa, para lo que se requieren 6,7 millones de metros cúbicos de madera por año, es decir, unos 420 millones de dólares por año.(3) Por lo tanto, la actividad de la planta no generará un incremento del producto permanente de 2%, sino de un poco más de 1%. En estas condiciones, el impacto en PIB, empleo y recaudación fiscal será bastante menor que los valores estimados por el gobierno. Lo mismo vale para el desarrollo local pronosticado.
Lo que UPM se llevará
Otro dato que no se ha dado es cuáles serán los beneficios obtenidos por UPM al año. Según los balances de UPM I, que produce un millón de toneladas de pulpa de celulosa al año, los beneficios promedio de 2015 y 2016 fueron de unos 175 millones de dólares por año. La nueva planta, que producirá por lo menos el doble, va a obtener beneficios aproximados por valor de 350 millones de dólares al año. Si los beneficios de UPM serán de 350 millones de dólares al año, del crecimiento de 2% del PIB comunicado por el gobierno, UPM se llevará 0,7% en forma de utilidades remitidas a la matriz. Del impacto de los 2 puntos porcentuales, entre el PIB de la forestación, más las utilidades que se lleva la empresa, el impacto de la planta quedará en torno a 0,5 del PIB.
También Uruguay se comprometió a extender las condiciones del contrato de la planta UPM I a UPM II, lo que significaría una extensión de la exoneración de impuestos durante 16 años más. Unos 52 millones de dólares más por año, equivalente en VAN a 360 millones.
Ahora las cuentas son: Uruguay invierte 3.054 millones de dólares en términos netos (inversión menos aportes recibidos). Mientras que UPM, en términos netos, se lleva 1.360 millones de dólares (VAN de beneficios anuales de UPM II durante 30 años, más VAN de beneficios anuales de UPM I durante 16 años, menos inversión –3.200 dólares + 360 dólares– 2.200 dólares). A su vez, sumando salarios, beneficios de las pymes proveedoras de la planta, e impuestos, quedan para Uruguay menos de 300 dólares por año.
Qué podría hacer Uruguay con 240 millones anuales durante 20 años
La pregunta que debería hacerse el gobierno uruguayo es: ¿qué otro destino podría tener la inversión de 240 millones de dólares por año durante 20 años, o los 3.054 dólares en su forma VAN?
Para hacer una comparación gráfica, con 240 millones de dólares se podría construir cuatro instituciones de salud como el Hospital de Clínicas por año. Alineándonos con los objetivos del gobierno, se podría promover el desarrollo de los cuatro departamentos mencionados, y el resto de Uruguay, con encadenamiento productivo, empleo, exportaciones y recaudación fiscal, formación técnica, polos tecnológicos, innovación tecnológica, etcétera. Lo más importante es que de esta decisión alternativa se disminuiría la dependencia con UPM y el resultado del crecimiento del PIB quedaría para Uruguay.
El contrato con UPM y los compromisos asumidos por Uruguay
Todas las especificaciones técnicas del contrato están hechas especialmente para la planta. Incluso con estas exigencias,la cláusula del Contrato 4.3 del Cronograma establece: “Las Partes reconocen y acuerdan que la Decisión Final de Inversión de UPM sobre si procede o no con el Proyecto de Planta de Celulosa quedará sujeta a la sola discreción de UPM, aun cuando cada una de las Condiciones Necesarias hayan sido satisfechas y el Contrato Complementario haya sido suscrito”.
Además, el contrato obliga a UTE a comprar la energía que producirá la planta a un precio elevado que implicaría que UTE le transfiriera por lo menos diez millones de dólares más por sobreprecio por año;(4) monto que, por cierto, supera la suma de todos los conceptos que UPM paga a Uruguay.
El contrato también establece el precio máximo que Uruguay podrá cobrar por tonelada transportada en el ferrocarril. Dicho precio, por dos millones de toneladas, podría alcanzar un valor total de tres millones de dólares por año; poco más de 1% de lo que Uruguay se compromete a pagar por las obligaciones contraídas con las PPP.
Por otra parte, el poder que transfirió el gobierno a UPM se da en dos cláusulas sustantivas. La primera es el Acuerdo de Precios Anticipados (APA), que define el precio que pagará la planta por tonelada de madera que recibe de sus propios establecimientos forestales. En caso de que el precio acordado sea lo suficientemente bajo, se les estará concediendo, por la vía de los hechos, la condición de zona franca también a los establecimientos forestales de UPM. En el contrato queda bien claro en el literal c del capítulo 3.1.2, “Asuntos tributarios”, que “[…] La firma de dicho APA será Condición Necesaria para la Decisión Final de Inversión de UPM”.
En este mismo sentido, en el literal c del punto 3.6.10, “Mecanismos de prevención y solución de conflictos”, el contrato establece que “UPM deja expresa constancia que si el resultado de las negociaciones en ese ámbito no fuera plenamente satisfactorio a los requisitos del Proyecto de UPM, podrá constituir una causal para que UPM no tome una Decisión Final de Inversión positiva”.
Es decir, Uruguay debe fijar todas la condiciones que le garanticen el funcionamiento y la máxima ganancia posible a UPM –infraestructura, precio de la energía, precio del transporte–; pero en aquellos asuntos sensibles en los que Uruguay no ha llegado todavía a un acuerdo, UPM intentará pagar el menor monto posible por concepto de Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas de sus establecimientos forestales, y establecer las restricciones máximas a posibles conflictos laborales. UPM establece expresamente que estas dos cláusulas serán determinantes para la decisión final que adopte. ¿Por qué Uruguay no le exigió a UPM que estos dos puntos tan sensibles quedaran saldados?
Es obvio que con la infraestructura construida, la capacidad de negociación del gobierno será muy baja para imponer condiciones que beneficien a Uruguay, tanto al Estado y su capacidad de recaudación, como a la libertad de acción del movimiento sindical. Esto le proporciona a la empresa un poder desmedido. Por ejemplo, su decisión positiva o negativa previa a las elecciones de 2019 influirá claramente en el resultado electoral. Qué necesidad de perder soberanía al mismo tiempo que vender el patrimonio uruguayo a tan bajo precio.
(1). Según el promedio de los siete pliegos licitatorios en estudio o ya adjudicados por el gobierno, esta cifra sube a 25% y 22 años. En el caso específico del pliego licitatorio del Ferrocarril Central (6/12/2017), el período es de 18 años; pero el pliego no cuenta con un precio máximo. Esta situación generará un impacto mayor que el previsto en este artículo.
(2). Esto es el valor que obtendría hoy el gobierno si se endeudara por 20 años, a pagar 240 millones de dólares por año a una tasa de interés de 3,52% anual. La tasa se tomó como costo de oportunidad del gobierno, ya que la última emisión de bonos en dólares a 20 y 50 años se fijó a esa tasa. Dicha emisión se hizo el 13 de julio de 2016.
(3). Se considera que un metro cúbico de madera rinde 0,3 de tonelada de pulpa de celulosa seca, y el precio de madera puesto en el puerto de Montevideo es de 63 dólares el metro cúbico.
(4). Actualmente UTE paga en torno a 63 dólares por MWh y se comprometió a pagar 72,5 dólares hasta un Tera. La diferencia de precio por esta cantidad da en torno a diez millones de dólares por año.
COMCOSUR AL DÍA / VIERNES 15 DE DICIEMBRE DE 2017

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