Noticias Uruguayas 25 julio 2016

El Brexit reacomoda el tablero de la geopolítica mundial // «Hay que desobedecer a la UE mientras se crea una alternativa» // Miles de turcos salen a la calle para protestar contra el golpe y la deriva dictatorial del presidente Erdogan // Estado español: La insurrección del 19 y 29 de julio de 1936, en Barcelona // Diego Cañamero: “Los pueblos tienen derecho a decidir” // Chile: Marcha contra las AFP convoca a miles de personas en todo el país // Argentina: El homenaje por la noche del apagón en Jujuy unió memoria y luchas presentes // PRT, Amílcar Santucho: cuando los hombres “grises” alumbran el futuro // Uruguay: Universitarios no aceptan recortes // Candidato Presidente FA: Sánchez: “Con el gobierno debe haber cercanía, pero no subordinación”

URUGUAY

Universitarios no aceptan recortes

Los universitarios, tanto funcionarios, docentes como estudiantes, no aceptan los recortes que el Ejecutivo, a través de la Rendición de Cuentas, pretende para la educación. Piden que el Legislativo no la vote. El Frente Amplio pidió posponer seis días (del jueves 21 al miércoles 27) la sesión de votación en la Cámara de Diputados. Los universitarios mantienen la esperanza.
udelar
23 julio, 2016 – Caras y Caretas
Por Isabel Prieto Fernández
El Proyecto de Ley de Rendición de Cuentas 2015 rebaja considerablemente los recursos destinados a la educación para el año 2017.
Según el documento, el sistema educativo sufriría una rebaja de $ 650 millones en relación al incremento presupuestal asignado en 2015. Eso quiere decir que el año entrante no verá un peso, lo que agravaría una situación que ya de por sí no resulta beneficiosa.
El miércoles pasado las autoridades de la ANEP y de la Udelar concurrieron a la comisión de Presupuesto integrada con Hacienda con la finalidad de evitar que el Parlamento ratifique el proyecto del Ejecutivo. Las posibilidades de que eso suceda son pocas, pero la esperanza surgió al conocerse que la bancada oficialista había solicitado una postergación para la votación, cuya realización estaba prevista para el jueves 21 y pasó para el miércoles 27.
La queja del Consejo
Cuando el Poder Ejecutivo envió el Proyecto de Ley de Rendición de Cuentas al Parlamento, el Consejo Directivo Central de la Universidad de la República se reunió “con profunda preocupación”, según se expresó en un comunicado, y realizó una serie de consideraciones, a saber: “La Institución Universitaria, por su naturaleza, debe planificarse a sí misma con horizontes de al menos 10 años. El presupuesto vigente ya causa problemas de planificación por asignar incrementos sólo para los años 2016 y 2017 (dos de los cuatro años para los que se debe elaborar el Presupuesto Nacional)”. También se estampó que “la actual propuesta de postergación de los incrementos genera una gran incertidumbre y compromete asignaciones ya realizadas por la Universidad, que se habían decidido en el contexto de conocerse los montos disponibles para 2017”. Como ejemplo se nombró la creación de cargos en 2016, algo que, según dicen, “se atendió estratégicamente”, ya que estaba en la mira reforzar “la función de investigación y estudios de posgrado en 2017”.
El Consejo recordó que los montos otorgados en el Presupuesto votados en 2015 eran inferiores a lo que habían solicitado los universitarios, “elaborado estrictamente sobre la base de los compromisos asumidos públicamente por el gobierno nacional de 6% del PIB para la educación y 1% para la investigación e innovación” y concluyeron en que “el panorama se vuelve más complejo cuando los montos, aunque se mantengan iguales, se dilatan en el tiempo”. Dijeron comprender la desfavorable coyuntura económica, “como lo confirma el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración”, pero igualmente se sintieron sorprendidos por “la postergación de la Universidad, junto con otras instituciones que se ocupan de la investigación o innovación”.
Por dónde se recorta
Según el rector de la Universidad, Roberto Markarian, la aprobación de la Rendición de Cuentas perjudica el aspecto salarial (incluyendo los concursos y los cargos a crear), la investigación y la salud humana.
Markarian sostuvo que “en las discusiones en el Parlamento se había elogiado la partida para la investigación, pero resulta que se quitan más de 150 millones de pesos a esa área. No cabe duda de que las partidas salariales de los investigadores las paga la Udelar. Por lo que quitarle fondos a la investigación de la Universidad de la República es quitarle fondos a la parte fundamental de investigación que existe en el país”, indicó. La formación de posgrado también se vería comprometida, y como tampoco se podrá crear cargos, “estaríamos totalmente imposibilitados de tener el mínimo crecimiento en la institución”.
Según indicó el rector, “el padrón de estudiantes que vota en la Udelar ha crecido 17%, los egresados también aumentaron 17% y el personal docente, 1%. Creo que no tengo más nada que decir, la Udelar tiene que seguir creciendo y necesita profesores y funcionarios que vivan decentemente y para eso necesitamos el dinero que nos votaron el año pasado”.
El postergado Hospital de Clínicas
Por supuesto que la ya precaria situación del Hospital de Clínicas Dr. Manuel Quintela se vería afectada en tanto ese centro hospitalario es universitario.
Sus trabajadores, comunicado mediante, denuncian que el Poder Ejecutivo pretende “imponer a la Universidad un modelo de financiación a través de PPP (Participación Público Privada) que es una lisa y llana privatización de todos los servicios (excepto el personal médico), violando la Autonomía Universitaria”. Aseguran que ese proyecto superará los 200 millones de dólares, a la vez que informan: “La Universidad tiene su propio proyecto elaborado por sus técnicos y aprobado por unanimidad del Demos Universitario a un costo de 120 millones de dólares”.
En diálogo con Caras y Caretas Portal, la secretaria general de la Unión de Trabajadores del Hospital de Clínicas (UTHC), María Montañez, calificó de “ahogamiento” el recorte previsto en la Rendición de Cuentas a la Udelar. Afirmó que si no se invierte el dinero prometido, “no se va a poder atender a los usuarios; ya tenemos muchísimas carencias”.
Desde la Agremiación Federal de Funcionarios de la Universidad de la República (Affur) se indica que “si hay recorte, estaremos perdiendo salario, no se realizarán los concursos de ascenso, no se podrán realizar políticas que atiendan la masificación estudiantil, no se podrá ampliar las becas estudiantiles, no se podrá fortalecer la investigación” y se hace un llamado a la movilización de los trabajadores.
Los estudiantes en marcha
El orden estudiantil también se unió al reclamo. Desde la FEUU se hace saber que el recorte de recursos trae aparejado el impedimento para eliminar cupos que limitan el ingreso a muchas carreras, razón por la que “miles de estudiantes” no podrán acceder a la universidad. También se limitarán las becas, lo que claramente atenta contra la población más desfavorecida económicamente.
Denuncian que “el recorte de recursos a la Universidad viola el compromiso del Poder Ejecutivo con los docentes (ADUR) y funcionarios (Affur y UTHC) de aumento salarial; el mismo fue acordado en negociación colectiva el año pasado. El no tener aumento de salarios afecta directamente la dedicación y la calidad de la enseñanza, investigación, extensión y servicios de la Udelar. Los salarios seguirán estando sumergidos”.
Anuncian que el martes 9 de agosto se realizará una “marcha en defensa de la Universidad: No al recorte”, que partirá desde la explanada de la Udelar hasta el Palacio Legislativo.

PUBLICADO EN EL BLOG EL MUERTO

La tijera gigante


No al recorte

Delegación universitaria compareció en el Parlamento.

Daniel Olivera defendió la negociación colectiva y el acuerdo salarial con la Udelar.

Markarian llamó a “detener la soberbia del Ministerio de Economía”

El rector de la Universidad de la República, Roberto Markarian, tras comparecer en el Parlamento Nacional, afirmó que la quita prevista de las partidas presupuestales para la Udelar correspondientes al año 2017, “tiene un carácter simbólico”. Señaló que el gobierno nacional quiere recortar los $ 544 millones aprobados por la Ley de Presupuesto a la Universidad para el año próximo pero advirtió que este abatimiento “no hace ninguna diferencia en lo global”. Enfatizó que el Ministerio de Economía, manteniendo esta quita a la Universidad, pretende dar una señal de que se quiere ser categórico y firmes en la propuesta. Ante esto, Markarian hizo un llamado a “detener esa actitud de soberbia por parte del Ministerio de Economía”. Agregó que esta pelea hay que darla no solo por lo que pueda lograr la Universidad, “sino porque con soberbia no se puede gobernar”. El rector precisó que la diferencia entre la soberbia y formas represivas de gobierno “es operativa, pero desde el punto de vista mental es más o menos parecido. Tenemos que hacer un inmenso esfuerzo por detener ese procedimiento de ignorar las opiniones mayoritarias que se quiere aplicar en estos tiempos.”
Markarian calificó de “regular” el resultado de la comparecencia de la delegación institucional de la Universidad en la Comisión de Presupuesto del Parlamento. Aunque aclaró que “no fue malo” porque hubo un entendimiento para avanzar el impedir la quita de partidas.

El martes 20, a pesar del frío, los funcionarios universitarios, convocados por AFFUR, no faltaron a la cita. Pertechados con campera, gorra y bufandas, les hizo el “aguante” a la delegación universitaria integrada por los distintos órdenes, estudiantes, funcionarios y docentes.
La exposición de la delegación se extendió por tres horas en la que hubo consultas de los legisladores sobre la afectación del recorte al convenio salarial con los funcionarios acordado a fin del año pasado con las autoridades, así como la incidencia en programas, becas y desarrollo de la Institución en el Interior del país.
“Oficialismo reconoció que se trata de un recorte”
Al salir de la reunión, nuestro secretario general, Daniel Olivera informó a los funcionarios que aguardaban la salida de la delegación, que hubo interés por parte de los legisladores de la negociación coletiva y los acuerdos salariales en la Universidad.
Expresó que de este encuentro, el oficialismo confirmó que lo se pretende aprobar en el Parlamento es un recorte y no una postergación. Según señaló el propio diputado Alfredo Asti (FA), habrá partidas extras para el 2018 pero no para el 2017. “No hay ninguna garantía que lo que no viene en el 2017 llegue al año siguiente”, indicó Olivera.
Informó que AFFUR destacó en la Comisión Parlamentaria la defensa de la negociación colectiva en el ámbito público y el acuerdo de priorizar a los salarios universitarios más bajos. “Nosotros reafirmamos que eso tiene valor de convenio colectivo y por lo tanto, es lo que el gobierno se comprometió a cumplir y ahora no es está respetando”, indicó Olivera.
Dijo que se aclaró que hay alternativas para conseguir los recursos que se quieren recortar a fin de abatir el déficit fiscal. Mencionó la opción de eliminar exoneraciones a grandes emprendimientos productivos, que no afectan mayormente fuentes de trabajo y en otros casos emprendimientos que son totalmente improductivos: como afectar a los juegos de azar, disminuir la exoneración a Hípica Rioplatense, concesionaria del Hipódromo de Maroñas. Olivera comentó que se dijo que los funcionarios sacrificaron parte del incremento salarial para tener la posibilidad de organizar concursos de carreras que hace muchos años no tenían esa posibilidad. Puso como ejemplo lo que ocurre con los auxiliares de enfermería del Hospital de Clínicas.
La “tijera gigante”
Olivera destacó el trabajo realizado por los “compañeros” de la Federación para la construcción de la “tijera gigante” emplazada en la explanada de la Universidad. Esta intervención pública tuvo una amplia repercusión en los medios de comunicación lo que facilitó que la temática fuera recogida por radio y televisión.

 

Duros

ADUR evalúa comenzar una huelga por tiempo indeterminado si se aprueba Rendición de Cuentas.

Los docentes de la Universidad de la República (Udelar) evalúan una medida que no toman desde hace 14 años: las últimas huelgas importantes que los incluyeron fueron en 1994, 2000 y 2002. Pero el Ejecutivo de la Asociación de Docentes de la Udelar (ADUR) aprobó ayer una propuesta con una serie de medidas en el marco de la discusión del proyecto de ley de la Rendición de Cuentas, que incluye la posibilidad de decretar la huelga por tiempo indeterminado en caso de que la Cámara de Diputados “apruebe la propuesta del Poder Ejecutivo de recorte del presupuesto universitario”. La huelga abarcaría a 11.000 docentes y, en caso de sumarse el sindicato de funcionarios de la Udelar, otros 6.000 trabajadores.
Rodney Colina, presidente de ADUR, explicó a la diaria que la iniciativa se trasladó a todos los núcleos de ADUR para que tomen posición, y se podría adoptar una resolución definitiva sobre el plan de medidas el lunes o la semana siguiente. “Se trata de una medida muy dura, hace muchos años que los docentes universitarios no toman una decisión así, y estamos llegando a esto contra nuestra voluntad, porque no hemos tenido ninguna señal positiva desde el Poder Ejecutivo ni de los diputados de la bancada de gobierno para cambiar la Rendición de Cuentas”, explicó el dirigente.
En la propuesta ADUR se declara en conflicto por el recorte y reclama “un compromiso real de parte del Parlamento para hacer que se cumplan los compromisos asumidos ante la Universidad”; no promueve medidas de paro, salvo la huelga en caso de que el proyecto tenga media sanción. Además, llama a participar en la movilización del 9 de agosto convocada por la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay.
Colina recordó que los docentes habían resuelto, en 2015, no recibir el total del aumento salarial previsto para 2016 (3,8%) para poder crear entre 150 y 180 cargos docentes, de forma de mantener las horas docentes por estudiante y en el entendido de que en 2017 contarían con el aumento salarial, lo que ahora caería. “Es muy difícil que un gremio renuncie a un aumento salarial para que la universidad atienda otras necesidades, y el año pasado también evitamos paros, nadie perdió clases ni exámenes, porque optamos por el camino del diálogo. Este año el camino era el mismo, pero el tema es que no hemos tenido ninguna señal política de que vaya a revertirse” lo resuelto por el Poder Ejecutivo, lamentó el dirigente.
PUBLICADO EN EL MUERTO

Docentes ocuparán de nuevo el liceo 53

Un grupo de padres y profesores ocupó el instituto la semana pasada.

Imagen ilustrativa | Foto: Verónica Caballero

Imagen ilustrativa | Foto: Verónica Caballero

24 julio, 2016 – Caras y Caretas
Este lunes los docentes del liceo 53 volverán a ocupar el centro porque Secundaria no completó durante el fin de semana las reparaciones comprometidas.
La Asociación de Docentes de Enseñanza Secundaria (Ades) informaron que se presentaron en el liceo sobre las 18 horas del sábado para “constatar la culminación de las obras previstas en el documento de plan de acción firmado por el Consejo el viernes 22 de julio”.
Estas obras referían a filtraciones de un techo y problemas con la instalación eléctrica que la semana pasada habían motivado el conflicto.
Indican que un documento entregado el sábado con la firma del director de Infraestructura Edilicia Edison Medina y del Consejo de Secundaria indica que “no se dio cumplimiento” a todas las reparaciones y que las obras continuarán el lunes. De todos modos, el informe asegura que “no existe peligro” para las personas que están dentro del centro educativo.
Para los docentes, el diagnóstico de Secundaria “no tiene en cuenta las condiciones necesarias para la actividad educativa”.
“Esta comunidad educativa ha decidido retomar la medida de ocupación, el día lunes 25, en vista de que el compromiso fue parcialmente ejecutado”, aseguran los profesores.

Viernes 22 • Julio • 2016

Parábola del rey sensato

Columna de opinión.

El rey del asteroide 325, cuenta Antoine de Saint-Exupéry en El Principito, sólo daba órdenes razonables. Era tan sabio, tan sensato, que únicamente obligaba a sus súbditos a hacer lo que tuvieran ganas de hacer (que no tuviera súbditos, para el caso, no es importante: lo importante es el concepto de autoridad que el rey había desarrollado). Se aseguraba, mediante ese sencillo procedimiento, algo más que la obediencia absoluta. Se aseguraba que cada pequeña acción que sus potenciales súbditos llevaran a cabo verificaría su investidura.
El método del rey sensato se parece bastante a ciertas formas de la megalomanía o del oportunismo. Imaginemos a alguien que sabe que va a llover (porque el pronóstico del tiempo lo anunció, porque las nubes oscuras parecen a punto de reventar, porque ya se escuchan los truenos a lo lejos) y decide, acodado en la barra del boliche, lanzar una frase del tipo “Me duele el juanete, así que va a llover”. Imaginémoslo luego, cuando la lluvia por fin se precipita, poniendo cara de astuto y mirando a los parroquianos con expresión de “Yo sabía: mi juanete no falla nunca”.
Ahora imaginemos que yo sé, por ejemplo, que las elecciones del Frente Amplio del domingo no van a convocar a mucha gente. Lo sé porque se nota en la calle, porque se nota en la prensa, porque no hay ambiente. Digamos, entonces, que yo invito a no ir a votar, y que luego trato de mostrar que la escasez de votantes se debió a que muchos oyeron mi llamado o, cuando menos, a que muchos tuvieron las mismas razones que yo para desatender el compromiso de las urnas. Digamos que anoto algunos puntos a la cuenta de mi liderazgo mediante el viejo truco del rey sensato: ustedes hagan lo que quieran, y yo juego a que lo hicieron porque yo se los pedí.
Sin embargo, detrás de la escasa convocatoria que parece que va a tener la elección de autoridades del partido de gobierno no hay una sola razón. Hay desencantados y enojados, es cierto, pero también hay indiferentes. Hay mucha gente, me temo, que ya no cree que de verdad se juegue algo importante en la elección de autoridades del Frente Amplio (o del Partido Nacional, o del Colorado, si las hubiera). Es cierto, como han dicho algunos, que no ha habido debate de fondo entre los postulantes a la presidencia, pero más cierto aun es que el Frente Amplio no ha propiciado nunca, desde que está en el gobierno, un debate a fondo sobre ninguna cosa. Y no ha sido por respeto a los compañeros, porque las acusaciones personales y los desmentidos en redes sociales o en los medios de comunicación han sido frecuentes. No se ha discutido a fondo porque nadie parece muy seguro de qué es lo que hay que hacer, de hacia dónde se debe caminar, de cuál es el modelo de justicia (porque supongo que, como mínimo, detrás de cualquier proyecto de izquierda alienta un modelo de justicia) que se aspira a alcanzar. El discurso oficialista está, como el oficial, lleno de frases hechas y de consignas lexicalizadas. “La nueva agenda de derechos”, “el bloque social de los cambios”, “el ADN de la educación”, “la violencia institucional”, y tantas otras expresiones que se usan en todos los escenarios y en todas las circunstancias, como muletillas bien aprendidas que ayudan a repetir que es mejor ser rico y sano que pobre y enfermo, y evitan tener que andar opinando con criterio propio, a riesgo de decir algo que se salga del libreto.
No se han discutido temas de fondo, decía, pero tampoco temas de frente (no, no es un juego de palabras); se impusieron las políticas del gobierno y se defendieron a rajatabla, y se ganó toda pulseada (excepto, tal vez, la del TISA, en la que los organismos partidarios lograron imponerse a la inercia en la que flotaba el gobierno recién instalado), pero no se discutió (ni se alentó a discutir) en la sociedad una sola de las políticas. Lo que no salió, no salió porque no fue negocio para nadie.
Y sí, claro que muchas vidas mejoraron. Pero solemos mirar las mejoras sólo en algunos sectores (razonablemente, en los sectores en que la cosa era de vida o muerte) y no miramos cuánto crecieron los que no necesitaban crecer tanto. Y eso es haber perdido toda pretensión de justicia social. Cierta pereza intelectual nos empujó hacia la perspectiva pragmática, y terminamos todos repitiendo las viejas fórmulas de hacer crecer la torta, capacitar para el mercado (con el añadido moralizante de culturizar para el trabajo) y apostar a la innovación (¿innovación en qué?; ¿para qué?; ¿para quién?), rechazando por malintencionada cualquier observación crítica, cualquier pregunta sobre los objetivos o sobre los procedimientos, cualquier reclamo de pertinencia.
Por eso, ahora, cuando todo parece indicar que no se movilizarán multitudes para elegir a las autoridades del FA, no es raro que aparezcan profetas de lo obvio tratando de acarrear el agua del desencanto hacia su molino. Y es posible que entre los desencantados, los enojados o los indiferentes haya unos cuantos que creen que lo que de verdad le pasa al FA es que no se termina de sacar de encima a los dinosaurios o a los revoltosos. Pero también es posible que le pase algo más simple: mucha de su fuerza radicaba en la construcción de un relato que prometía algo más que una gestión prolija de lo que hay. Y si algunos están enojados porque ni siquiera fue tan prolija, también hay otros, muchos otros, que esperan saber hacia dónde estamos yendo y para qué, porque las frases hechas, las consignas solidificadas y las caras de circunstancia no alcanzan para sacar a nadie de su casa un domingo, con el frío que hace.
Soledad Platero

Martes 14 • Junio • 2016

Ramiro Alonso

Ramiro Alonso Democratización de la política

Que las izquierdas alcanzaran el gobierno en muchos países de América Latina y lo mantuvieran durante más de una década a través de varias consultas electorales es un hecho histórico sin precedentes en el continente. Casi 60 millones de personas dejaron la pobreza y 28 millones la indigencia, medidas por ingresos. Todos los razonamientos que hagamos para entender los avances, los errores y las limitaciones de las políticas llevadas adelante no deben perder de vista ese hecho trascendente en sociedades profundamente desiguales.
Olin Wright propone dos preguntas a toda propuesta de transformación de las instituciones existentes: a) ¿mejora la vida de las personas ahora?, b) ¿nos mueve en dirección a una sociedad más justa y humana? No por evidentes pueden dejarse de lado estos parámetros para iniciar una reflexión crítica. Las recientes derrotas de la izquierda en Brasil, Argentina y en las elecciones parlamentarias de Venezuela hacen imprescindible un análisis crítico y autocrítico.
Las visiones lineales de la historia hace tiempo demostraron su escasa eficacia para analizar los hechos. Ni la idea del desarrollo incesante de las fuerzas productivas, y su contradicción inevitable y superadora con las relaciones de producción como motor de la historia, ni las concepciones instrumentalistas del poder como un objeto a tomar han resuelto “mágicamente” desde esa acción el conjunto de contradicciones y desafíos de la transformación social. Por el contrario, un análisis de procesos complejos requiere ver los escenarios globales y nacionales, las transformaciones en las estructuras, tanto económicas como culturales y políticas, y también las fuerzas en pugna, las prácticas sociales que son condicionadas por dichas estructuras, pero que a su vez pueden influir sobre ellas y transformarlas.
Un plano a considerar es el debate ideológico, la lucha por la hegemonía en materia cultural. Muchas veces la subestimación de las batallas ideológicas en aras de un pragmatismo o una visión tecnocrática termina reafirmando muchos valores del neoliberalismo y debilitando el “espíritu de los cambios”. La subjetividad no es un aspecto menor de los procesos sociales ni una consecuencia más o menos directa de las mejoras en la condición socioeconómica.
La democracia debe ser reinventada, dijo Boaventura de Sousa Santos en el primer número de Dínamo. Esta democratización de la política debe alcanzar también a los partidos. Otros pensadores importantes, como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, proponen la radicalización de la democracia como estrategia finalista, retomando a Gramsci para replantear la lucha por la hegemonía, sin “leyes necesarias de la historia” ni sujetos esenciales a priori. Este enfoque incluye las batallas tácticas y va más allá, para “ redefinir el proyecto socialista en términos de una radicalización de la democracia; es decir, como articulación de las luchas contra las diferentes formas de subordinación -de clase, de sexo, de raza, así como de aquellas otras a las que se oponen los movimientos ecológicos, antinucleares y antiinstitucionales-”. Un artículo interesante de Francisco Panizza señalaba hace ya unos años que la profundización de la democracia es uno de los nudos centrales de los procesos latinoamericanos bajo gobierno de las izquierdas.
Democratizar el Estado y la sociedad son cuestiones interdependientes. Democratizar la política incluye ambas dimensiones, porque ella no puede reducirse al Estado, ya que también abarca una buena parte del accionar de las organizaciones sociales y a los partidos. Si los partidos son organizaciones sujetas al poder unipersonal u oligopólico de un puñado de dirigentes, hay grandes posibilidades de que las estrategias que lleven adelante no contribuyan a la democratización profunda de la sociedad. Algo similar, aunque con características propias, puede suceder con los movimientos sociales.
Romper con el patriarcado, con el racismo, con la discriminación etaria y por orientaciones sexuales, con la estigmatización de los adictos, con la violencia cotidiana en el hogar, en el deporte, en la sociedad, construir una convivencia distinta no son aspectos menores, secundarios frente a las cuestiones económicas. No son cuestiones privadas, separadas de la política y el Estado. Forman parte esencial de la agenda política a gestar, tanto en sus dimensiones tácticas, en las luchas actuales, como en el horizonte de proyectos societarios distintos al capitalismo tardío que vivimos hoy.
Pensar la economía es otro capítulo de las reflexiones sobre la democratización. Como decía hace poco Richard Wolff, reivindicando un modelo cooperativo y autogestionario, “los adultos pasan la vida en el trabajo y en el trabajo no hay democracia”.
Democratizar el Estado significa problematizar la distancia con la población, abrir nuevos y múltiples canales de participación, romper con el “autismo estatal” y con las lógicas clientelísticas de captura del Estado por los partidos. En este campo están las iniciativas para aumentar la transparencia, garantizar el acceso a la información, utilizar los medios electrónicos de acceso y participación, el gobierno electrónico y, más aun, el gobierno abierto. En Uruguay, la participación de los usuarios de la salud tanto en la base como en la conducción del Sistema Nacional Integrado de Salud es una de las claves de la reforma sanitaria, con muchas más luces que sombras. La creación de comisiones de participación por centro educativo, un instrumento fermental para construir procesos pedagógicos más amplios, ha sido resistida desde los ámbitos gremiales y recibió escaso impulso desde las autoridades.
Mucho antes de acceder al gobierno nacional, la izquierda promovió estrategias de descentralización participativa, con base territorial. Existe una larga experiencia en este sentido y constituye un grave error desestimarla desde la política nacional en estas nuevas etapas. La descentralización participativa implica nuevas formas de distribución del poder y la construcción de nuevos poderes, la gestación y/o el fortalecimiento de actores comunitarios, la consulta a la población y su involucramiento en las decisiones, la cogestión entre la comunidad y el Estado de emprendimientos y servicios. Acotarla a los temas locales es una forma de impedir su profundización. Por el contrario, lo local, lo departamental y lo nacional deben articularse para responder a los problemas de la población en cada territorio, y eso incluye las posibilidades de participación democratizadora. El presupuesto participativo, las asambleas de salud, las redes de salud, de infancia, de adultos mayores y de medio ambiente son ejemplos muy ricos sobre los cuales hay que reflexionar críticamente para innovar creativamente. Desarrollos teóricos como los de planificación participativa y gestión asociada constituyen aportes a integrar en estos debates.
La financiación de los partidos y las campañas electorales es uno de los nudos que ponen en evidencia los mecanismos por los cuales el dinero, el poder económico, incide en la política. La corrupción se vuelve estructural en algunos contextos y afecta al conjunto del sistema político. Pero aun en los casos en que no alcanza esas dimensiones, el dinero es un gran factor de poder antidemocrático en la política. Los principios de transparencia y rendición de cuentas han tenido muchas dificultades para implementarse efectivamente.
La reducción de la política a la gestión de gobierno es un grave problema para la izquierda. La política como acción colectiva y de masas sobre problemas de la sociedad no puede perder relevancia por el hecho de que la izquierda llegue al gobierno. Por el contrario, debería dar un salto en calidad. Ni encerradas entre las cuatro paredes de la institucionalidad ni anémicos apéndices del gobierno, las organizaciones políticas pueden ser un centro de prácticas políticas hacia y con la población, con capacidad de iniciativa y movilización ciudadana, un dinamizador de ciudadanía activa, y a la vez estructuras democráticas y participativas a su interna. Las fuerzas sociales son parte central de la lucha por una hegemonía antineoliberal.
Los gobiernos, los partidos y las fuerzas sociales pueden, desde sus roles, sus características y contradicciones, pero en alianzas, sumando fuerzas, promover formas de hacer política que salgan de los moldes tradicionales y que superen o complementen estos moldes. Ese tipo de prácticas requiere cambios en las estructuras políticas del Estado y a la vez son condición para esas transformaciones.
Pablo Anzalone

De: Frenteamplistas en México por la izquierda

por Víctor Hugo Abelando

21 julio, 2016 – BRECHA

“El próximo presidente del FA tendrá que hacer varios parricidios”

El politólogo Gerardo Caetano plantea que las elecciones del Frente Amplio (FA) se establecen en un país planchado en sus indicadores económicos y con mucho descontento e irritación de la grey frenteamplista. Un combo que despliega varios desafíos a quien resulte electo, que deberá optar entre ser un fiel soldado del gobierno o abrir la discusión sobre temas que hoy no están en la agenda del progresismo.

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Gerardo Caetano. Foto: Juanjo Castell

El politólogo Gerardo Caetano plantea que las elecciones del Frente Amplio (FA) se establecen en un país planchado en sus indicadores económicos y con mucho descontento e irritación de la grey frenteamplista. Un combo que despliega varios desafíos a quien resulte electo, que deberá optar entre ser un fiel soldado del gobierno o abrir la discusión sobre temas que hoy no están en la agenda del progresismo.

—¿Cuáles son los rasgos esenciales que definen las elecciones internas1 del Frente?

—Se insertan en un contexto muy peculiar. Tenemos un gobierno que enfrenta un contexto difícil, con una desaceleración económica mucho más aguda que la prevista, y que además tiene dificultades para reflejar las discusiones de su partido en el gabinete. En la conformación del Consejo de Ministros, Vázquez no tomó para nada en cuenta los equilibrios internos del FA. Eso tenía sus virtudes, pero el tiempo ha demostrado que también genera grandes dificultades. ¿Qué dificultades? Por ejemplo, la de provocar una distancia muy grande entre lo que el gobierno resuelve y lo que el Frente (que por otra parte no tiene conducción desde el cese de Mónica Xavier de la presidencia, con un provisoriato muy debilitado) discute y exige. El FA ha quedado muy desdibujado precisamente en el momento en que el gobierno lo necesitaba más. ¿Y dónde está el Frente? Hoy está mucho más en el Parlamento, en la bancada oficialista. Pero lo que agrava el problema es que el mapa de poder del Parlamento es muy distinto, casi antagónico, al gabinete. Lo hemos visto cuando se ratificaron las pautas salariales, cuando se dio el anuncio del anticipo a los jubilados o en la discusión de la rendición de cuentas, entre otros muchos ejemplos. Ante un muy moderado pedido de reflexión del ministro (Ernesto) Murro, que recogía la realidad de un contexto que había superado lo previsto, lo que hubo por parte del presidente fue una ratificación fortísima del poder del ministro (Danilo) Astori. Y frente a eso, el resto del gabinete no dijo nada. Fue un Consejo de Ministros sin discusión política alguna. Y eso fue presentado hasta como una virtud. Eso hace que la elección de la nueva presidencia de la fuerza política se dé en un contexto donde los descontentos, los malestares, son múltiples. Y particularmente son múltiples no en la oposición, sino en el electorado frenteamplista. En ese sentido, para todos los candidatos la campaña ha sido cuesta arriba.

—¿Y cómo ha jugado Vázquez en todo esto?

—Con dualidad. Tenemos un Tabaré que, luego de un año muy malo, empezó a hacer política a comienzo de año. Y no le fue mal. Comenzó a repechar en las encuestas y a tener otro vínculo con el pueblo frenteamplista. Sin embargo, creo que, a la hora de la verdad, cuando se advirtió que las previsiones presupuestales habían sido erradas y que el crecimiento en 2015, en lugar del 2,5 por ciento postulado, fue de apenas 1 por ciento, con anuncios aun más desalentadores para el 2016, el temor se generalizó en el gobierno, devino en una cierta parálisis y Tabaré reforzó aun más su respaldo al ministro de Economía. Hoy tenemos un gobierno donde si bien el timonel político es Vázquez, contamos con un superministro de Economía, que en las decisiones económicas resuelve casi sin concesiones ni discusiones, con el total respaldo del presidente. Muchos de los integrantes del Consejo de Ministros en privado manifiestan discrepancias y formulan alternativas posibles, pero en público y sobre todo en el seno del gabinete, se llaman a silencio. A mí me preguntan si en un momento de desaceleración económica no hay que darle todo el poder al equipo económico, que, advirtamos, creo muy solvente. Y yo digo que no, que estamos hablando de economía política, de una política pública que como cualquier otra se resuelve a través de opciones propiamente políticas. La discusión política sobre la economía en los gobiernos frenteamplistas parece clausurada desde el arranque. En el gobierno de Mujica no hubo dos equipos económicos, nunca lo hubo. El poder de Astori es tan incontrastable que ha ganado en todas las decisiones, salvo y tal vez el manejo de las empresas públicas que por cierto no fue positivo (cuyo gasto excesivo en más de un sentido se les escapó apelando a las autonomías, con las consecuencias conocidas, en especial en Ancap). Me causa mucha gracia cuando me dicen que Astori es el gran perdedor en la interna frenteamplista. En los tres gobiernos frenteamplistas, luego del presidente, ha sido sin duda el hombre más poderoso en estos 11 años. Vázquez lo ha respaldado siempre o casi siempre y Mujica, aun cuando lo ha discutido, a la hora de la verdad también lo respaldó. Entonces la mera discusión de la política económica del gobierno frenteamplista se ha convertido en un tabú.

—El equipo económico, entonces, se equivocó en las previsiones presupuestales.

—Sí, no lo escuché decir al ministro “me equivoqué”. Cualquier debate, sobre todo en el gabinete, es visto como impropio. Algo que choca en una fuerza política como el FA, donde la primacía de la política fue clave y más en los momentos críticos. Y la historia del país también así lo revela. Batlle y Ordóñez, ante momentos críticos, en vez de replegarse radicalizó las reformas y lo hizo siendo como era un hombre muy riguroso y hasta ortodoxo en lo que hoy llamamos indicadores macroeconómicos. Pero advertía que ante un contexto difícil, en un país pequeño tomador de precios y de reglas, había que tomar iniciativas, actuar con audacia y responsabilidad. Acá han sido desechadas, sin siquiera discutir, medidas que la oposición planteó, que fueron catalogadas como irracionales antes de ser consideradas con seriedad. Por ejemplo, el manejo de parte de las reservas para impulsar iniciativas de infraestructura. Por ejemplo, el gravar los servicios financieros que están aumentando fuertemente sus ingresos por la ley de bancarización (llamada “inclusión financiera”). ¿Por qué el gobierno no se afirmó en la idea de un planteo que podría recoger buena parte del respaldo de todo el sistema político, por qué no apostar a eso para tener más oxígeno y legitimidad ante momentos difíciles? Estas cosas pasan porque hay un grupo con mucho poder que maneja la política económica, a menudo muy sordo a posturas diferentes y con el que se puede discutir cada vez menos. Y hay que recordar una vez más a Seregni, a 100 años de su nacimiento: “es la política la que debe mandar a la economía”.

—¿El descontento con la gestión de gobierno es entonces un aspecto clave hacia las elecciones?

—Hoy en el mundo muchos de los resultados imprevistos que en materia electoral se dan son expresión de un rechazo al establishment. Hoy en Uruguay también se está instalando eso. Y el establishment es básicamente ese núcleo instalado en el gobierno, que es el que maneja los asuntos más relevantes y que muchas veces en su comunicación aparece como soberbio y cerrado en una burbuja. Volviendo a la instancia de las elecciones, lo primero que cabe advertir es que acá no se está eligiendo para nada al precandidato presidencial del FA para el 2019. Ninguno de los cuatro contendientes va a ser precandidato presidencial en 2019. Ya lo han dicho, ninguno está buscando eso. Lo que está en juego, de alguna manera, es un modelo de FA y un modelo de vínculo entre la fuerza política y el gobierno frenteamplista. La pugna de modelos tiene que ver con si el FA del futuro tendrá como función hacer seguidismo del Ejecutivo, respaldar todo lo que el gobierno haga y diga. Uruguay es una democracia de partidos, los que gobiernan son también los partidos. Entonces ese vínculo entre partido y gobierno es una relación que siempre ha sido de ida y vuelta, ha formado parte de una dialéctica que finalmente les ha servido a los Ejecutivos. Las administraciones nacionales que se divorcian de su partido y de las fuerzas sociales que lo respaldan suelen tener dificultades muy graves, porque de inmediato eso repercute en su respaldo parlamentario. Entonces, hay un modelo que está en debate. Y aquí hay, también, un recambio generacional que está en juego. El Frente está renovando su elenco, que hace tiempo está envejecido. La tríada que de alguna manera protagonizó y garantizó el excelente desempeño electoral que llevó al partido en 30 años de un 22 por ciento en las elecciones del 84 a un 52 por ciento de los votos válidos en las elecciones de 2004 y luego mantuvo una cercanía de un 48 por ciento más menos del total de votos emitidos, que le dio por tres veces gobierno con mayoría legislativa, es fruto de una articulación que pudo resultar posible dentro de un partido plural, discutidor, experto en administrar diferencias para luego resolver la unidad política. Y fue un éxito rutilante de esa tríada de Vázquez, Astori y Mujica. Pero eso se terminó.

—Los contenidos de la campaña parecen basarse en lo instrumental. ¿Cuál son los proyectos en disputa?

—Acá hay falta de conducción, pero también hay falta de proyecto, de ideas nuevas, de coraje para discutirlas aun siendo gobierno y en un contexto muy difícil. El proyecto frenteamplista estaba muy claro en el 2005. Y la verdad es que el primer gobierno lo hizo muy bien y terminó con un índice de aprobación muy grande. Y lo concretó, más allá de un contexto económico favorable, con libreto, con políticas proactivas. Durante ese gobierno se plantearon las grandes reformas y aun cuando la reforma educativa no prosperó (el gran déficit de estas tres administraciones), sí pudieron lograrse la reforma fiscal en un continente que no las tiene, la reforma de la salud, la creación del Mides, en un momento que muchos decían que no había que hablar de emergencia social y había un 40 por ciento de pobres. Hoy se bajaron todos esos indicadores en varias veces. Si la izquierda no es capaz de retomar y recrear un libreto, en donde, ante una realidad adversa, tenga un proyecto para responder y seguir las transformaciones, la ciudadanía la sancionará. Porque es muy fácil redistribuir en un tiempo de bonanza. No soy de aquellos que creen que esto ha sido una década perdida y que la distribución fue efecto del factor derrame. Falso. En América Latina podía haberse dado el mismo factor y no se dio. El sistema de cuidados es parte de un libreto nuevo, pero hoy en Uruguay, más allá de la disminución de la pobreza, hay una zona de vulnerabilidad ampliada, que algunos establecen en un 25 por ciento y que sostienen que puede recaer en la pobreza. Frente a eso, falta libreto y falta discusión política. ¿Quién es el más necesitado de eso? El gobierno. Por eso necesita de un FA dinámico y propositivo, que con responsabilidad, pero también con audacia creativa, le haga puente entre el Parlamento y el Ejecutivo y discuta los grandes asuntos. Requiere un Frente donde vuelvan a ponerse arriba de la mesa los grandes temas, sin veto.

—¿Es un tema soslayado en la campaña o aparecen diferencias entre los candidatos?

—Más o menos, porque hay una diferencia entre los dichos de Javier Miranda, a quien quiero como hermano, que ha sostenido que el gobierno tiene que estar por un lado y la fuerza política, por otro. El gobierno tiene que gobernar y la fuerza política tiene que acompañar. Y él, nada menos, puso el tema del Tisa como ejemplo de lo que no debe hacerse. Me pregunto cómo hace el gobierno para llevar adelante una política exterior que es repudiada por la enorme mayoría de los sectores frenteamplistas. ¿Es que acaso alguien está pensando que el gobierno va a votar con toda la oposición y una parte del FA un giro de la política exterior uruguaya de esa magnitud? ¿Se puede pensar en un Frente que actúe de esa manera y que salga indemne de esa situación? Los otros candidatos no están planteando eso, proponen distintas instancias donde el vínculo entre fuerza política y gobierno sea mucho más cotidiano, mucho más fuerte, mucho menos seguidista, mucho más crítico legítimamente. El batllismo llegó a plantear, en la década del veinte, que, el primer y tercer lunes de cada mes, todos los gobernantes y parlamentarios por el partido fueran a discutir sus iniciativas de gobierno al partido. Es el origen de la Agrupación Nacional de Gobierno. ¿Y quién primaba? El partido. Yo no propongo esto para hoy, porque con el Frente actual eso llevaría a una crisis brutal. El batllismo creía en el mandato imperativo. Hoy el Frente tiene que lograr la coherencia operativa por otros medios. La gente elige partidos y no monarcas electos. No quiere gabinetes en donde no se discuta. Y el gobierno tiene como biblias (y Vázquez lo ha dicho muchas veces) la Constitución y el programa. Los programas son inspiraciones, pero ojo, las inspiraciones marcan límites y también rumbos. Las inspiraciones que marcan los programas no pueden ignorarse o incumplirse.

—Hoy aparecen diferencias claras en política internacional.

—Ese es uno de los ejemplos mayores, entre un gobierno que va para un lado y un FA que va para el otro. El nuevo presidente del Frente deberá ser un gran articulador para volver a hacer converger los rumbos. Alejandro Sánchez dijo una cosa muy interesante: quiero que no haya un Podemos fuera del FA en Uruguay. Y mirá que esa no es una advertencia inventada. El FA y su gobierno, sus parlamentarios, tienen que dar la discusión sobre los asuntos que están debatiendo los ciudadanos frenteamplistas. Conde planteó, el día del paro, que esa movilización era legítima, que él acompañaba los motivos que promovían la medida. Varios ministros creían lo mismo, y él, que estaba dando la vuelta a Uruguay de comité en comité, lo que se había encontrado es que la mayoría de los frenteamplistas pensaban lo mismo. En los momentos más difíciles, es cuando el gobierno más tiene que escuchar y no encerrarse en una política donde hay temas vetados. La elección del presidente del Frente es una decisión clave que se da en el peor momento. Por eso no es difícil pronosticar que habrá pocos votantes y que el presidente que emerja va a ser un presidente con enormes tareas y con una legitimidad endeble. Lo peor que le podría pasar al FA, y ya le ha pasado, es que se quiera ponerle un tapón al partido para que no estorbe la marcha del gobierno.

—¿La continua apelación a modificar una estructura partidaria deficiente abarca todos los desafíos del partido gobernante?

—Buena parte de la agenda que necesita el país hoy no está en el FA. La primera reforma que tiene el país es la educativa. El Frente en la campaña presentó un modelo de reforma de la educación, que iba en un sentido, y no pasó un año que los dos representantes de ese rumbo –(Fernando) Filgueira y (Juan Pedro) Mir– debieron renunciar. Hoy el Frente no está aplicando la reforma educativa que propuso en la campaña. La política económica, ¿es un piloto automático que no se puede discutir? ¿Solamente es responsabilidad del superministerio de Economía? ¿No puede haber una discusión sensata, no puede haber una reflexión a propósito de nuevas ideas en un contexto de penurias? Tercero, la política exterior, ¿la va a fijar el canciller con el ministro de Economía, en acuerdo con el presidente, o va a ser objeto de un debate? ¿Qué medidas al estilo de las políticas antitabaco, que significaron un gran triunfo de Vázquez, o como el cambio de la matriz energética, están en estudio? El FA necesita medidas de ese calado. Uno no las ve. El proyecto de la izquierda para Uruguay, ¿va a ser estimular de cualquier forma y a cualquier costo la captación de inversión extranjera directa, apostar a la venta de commodities y participar de las redes de servicios globales? ¿Es ese el proyecto que tiene la izquierda uruguaya para proponerle al país del futuro?

—¿Existe riesgo de distanciamiento con la base social de la izquierda?

—Lo peor que le puede pasar a un gobierno cuando enfrenta una situación crítica es la sordera y la soberbia. Tiene que escuchar, no solamente a quienes lo llevaron al gobierno, también tiene que escuchar a la oposición, porque ella también le puede brindar ayudas. El FA se está alejando de sus bases sociales, eso es evidente. El movimiento sindical, que siempre ha combinado autonomía pero no prescindencia, le acaba de dar una demostración de fuerza. Lo que se planteó es si un gobierno progresista, cuya clave es la sensibilidad social y tener un proyecto de desarrollo con equidad, en el momento de definir pautas salariales que afectan a los salarios y a las jubilaciones sumergidas, tiene reticencia para aumentar un poco el Irae y el impuesto al patrimonio. Ahora, no tiene reticencia para aceptar que en Uruguay haya más de 100 mil jubilados que cobran 8.700 pesos, que hay 200 mil jubilados que cobran menos de 10 mil pesos, que hay 500 mil trabajadores que cobran menos de 15 mil pesos. Tiene que haber una atención muy especial para estos salarios y jubilaciones sumergidas. En esta afirmación de las pautas salariales, el gobierno fue aplaudido por los empresarios y tuvo una respuesta categórica del movimiento sindical y de los jubilados, que todos vimos el jueves pasado. Frente a esas señales, ¿el gobierno va a continuar como si nada hubiera ocurrido?

—¿La idea de dar la imagen de unidad de los candidatos no es un freno para el debate ideológico?

—Absolutamente. Qué es una elección sino elegir entre diferentes. Cuando me dijeron que para respetar la unidad del Frente, los candidatos iban a hacer los actos en conjunto, no lo podía comprender. Cuando se tienen cuatro candidatos lo que se quiere es ver en qué se diferencian. ¿Qué miedo a debatir hay acá? A debatir nada menos que en una fuerza de izquierda, cuya vida tiene que ser la discusión y la propuesta. El próximo presidente deberá tener una actitud libertaria, tendrá que hacer varios parricidios, entre otras cosas porque la dirigencia histórica del Frente está envejecida y llegó el tiempo del recambio. Es la hora de los más jóvenes. Y que no haya temas vetados, ni guardianes de las ortodoxias. Las elecciones de 2019, en gran parte, se juegan en que el electorado frenteamplista acierte su elección el domingo que viene. El momento no es el mejor.

1.      Este domingo el electorado frenteamplista elige presidente de la fuerza política a nivel nacional y departamental, los integrantes del Plenario Nacional y de los departamentales, tanto sectoriales como de las bases.

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