Publicado en: 19 febrero, 2018

Noticias Uruguayas 19 febrero 2018

Por Colectivo Noticias Uruguayas

URUGUAY: Amnistía Internacional reitera que los crímenes cometidos en Uruguay durante la dictadura son imprescriptibles // Jorge Zabalza entrevistado por Fredy González // “Antipolítica” como alarma: Regresistas del mundo, uníos !! por Ricardo Viscardi

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URUGUAY

Amnistía Internacional reitera que los crímenes cometidos en Uruguay durante la dictadura son imprescriptibles

Amnistía Internacional reiteró -ante un dictamen de la Suprema Corte de Justicia referido a que los delitos cometidos durante la pasada dictadura cívico – militar (1973-1985) “no constituyen delitos de lesa humanidad”-, que los crímenes cometidos en Uruguay durante el gobierno militar “son imprescriptibles cualquiera que sea la fecha en que se hayan cometido”, y remarca que no se puede invocar el derecho interno para justificar un incumplimiento.

dictadura

El movimiento en defensa de los derechos humanos recuerda que la Suprema Corte de Justicia dictaminó por mayoría el 4 de diciembre de 2017 su reiterado argumento de que “los delitos cometidos durante la dictadura no constituyen delitos de lesa humanidad”.
Así, por segunda vez en un año, declaró “inconstitucionales” dos artículos de la Ley 18.831, que impiden computar plazo alguno de prescripción para los llamados “delitos de terrorismo de Estado” cometidos en Uruguay hasta el 1º de marzo de 1985.
Amnistía Internacional expresa, una vez más, que “los crímenes cometidos en Uruguay durante el gobierno militar son imprescriptibles cualquiera que sea la fecha en que se hayan cometido”, tal como así lo establece la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de Lesa Humanidad, de la que Uruguay es un estado parte.


“¡Cuidado! A 100 metros Asesino Torturador Ernesto Ramas Talcahuano entre Sarmiento y Urquiza”. El cartel, con letras negras y fondo amarillo, señala al chalet, Rosemar, donde presuntamente viviría el coronel ® Ernesto Avelino Ramas Pereira, uno de los jefes de la represión, procesado con prisión, entre otros delitos, por el homicidio especialmente agravado de María Claudia García de Gelman, nuera del poeta Juan Gelman. “Hay un torturador escondido en su barrio: Ernesto Ramas Adonde vayan los vamos a buscar”, se lee en otro cartel, en referencia al militar que debe cumplir prisión domiciliaria y que es portador de un curioso récord: desde su arresto, doce años atrás, junto a lo más conspicuo de la represión local, no pasó ni un minuto en una celda. Ramas fue arrestado el 8 de mayo de ese año 2006 y desde entonces permaneció en el Hospital Militar por “razones de salud”, en una supuesta agonía que le ha permitido eludir el sistema penitenciario, a pesar de recibir el 26 de marzo de 2009 una condena a 25 años de cárcel por 28 delitos de homicidio muy especialmente agravados en reiteración real, cometidos en los años de la dictadura militar uruguaya (1973-1985).
En determinado momento, los vecinos temieron que el militar se hubiera fugado dado los posteos en Facebook de su esposa, Rosa Margarita Gaetán González, quien además aprovechó para reirse de las organizaciones de derechos humanos: “no me jodan”… “no vive más acá”, “si quieren búsquenlo jajajajaja”.  En efecto, Ramas había abandonado la prisión domiciliaria pero se encontraba transitoriamente en Montevideo para realizarse exámenes clínicos. El 27 de octubre de 2011 volvió a ser procesado por el homicidio particularmente agravado de María Claudia García de Gelman, nuera del poeta Juan Gelman, y por la sustracción de menor y supresión de estado civil de su hija, Macarena Gelman, hoy diputada nacional; pero desde el 24 de diciembre de 2015, dado su “grave estado de salud”, se le otorgó la prisión domiciliaria en el chalet donde hasta hace una semana habitaba en la ciudad de Piriápolis.
Entre los delitos por los que aún se le indaga, se incluye la desaparición de Washington Barrios en 1974, se presume que estuvo implicado en el caso de los Fusilados de Soca ese mismo año, que participó en el secuestro y desaparición de militantes del PCU en 1975 y en la desaparición de uruguayos secuestrados en Argentina y trasladados a Uruguay donde fueron ejecutados y, probablemente, enterrados en una fosa común. El colectivo Vecinos por la Memoria de Piriápolis, que ya había denunciado que Ramas fue visto paseando por la rambla del balneario, emitió un comunicado el viernes pasado en el que informa que el represor debía ser conducido al Juzgado para declarar por las causas abiertas, pero su defensa solicitó que se suspendiera “por razones humanitarias” y que la declaración fuera tomada en su domicilio. Por tal motivo, la jueza del caso, Marcela Vargas, accedió al pedido, pero el militar se negó a declarar, “amparándose en el Pacto de San José de Costa Rica”. “Paradójicamente”, hoy Ramas “se ampara en los Derechos que les fueron negados a miles de víctimas de la dictadura cívico militar de la que fue parte”, señala este colectivo. “A pesar de esta negativa, la causa continúa y se espera que sea condenado por los delitos que se le acusa en función de cantidad de pruebas en su contra aportadas por decenas de hombres y mujeres víctimas de sus torturas. Ante estos acontecimientos, reclamamos que el Estado realice el control efectivo de la prisión domiciliaria y que se le revoque este beneficio y cumpla su condena en la cárcel”, finaliza el comunicado.
El posteo de Rosa
La esposa de Ramas, Rosa Margarita Gaetán González, publicó sendos posteos de Facebook en los que afirmaba que el torturador ya no vivía en Piriápolis: “Hoy es el día todos con el campo en Durazno muchachos se acabó lo que se daba búsquen a dónde ir a vivir y Vecinos por la Memoria de Piriápolis no me jodan más el Coronel Ramas no vive más acá jajajaja”, escribió en su muro el pasado 23 de enero a las 10.44 horas.


Jorge Zabalza entrevistado por Fredy González

https://youtu.be/swt8UPJkFws

Publicado el 18 feb. 2018


Emitido el 17/2/2018 en el programa radial Sosteniendo la Pared, donde se extiende sobre un análisis político de la coyuntura actual y su opinión sobre la misma, crítica y autocrítica del movimiento tupamaro (“por suerte no ganamos”), el saravismo y el guevarismo, el peruanismo, el Mayo Francés, la Primavera de Praga y su repercusión en América Latina, “la educación para la paciencia”, el PIT-CNT, la lucha de clases, los apologetas del sistema, la religiosidad partidaria, la extranjerización y la renta de la tierra, los archivos, los ideólogos marxistas y anarquistas, su interpretación sobre Mujica, Huidobro, Amodio Pérez, las traiciones y los ídolos con pies de barro, los progresismos y el Frente Amplio, Cuba, Venezuela, Brasil, Argentina, el movimiento agropecuario, la no reforma agraria, la pobreza extrema y la riqueza extrema, la ocupación de tierras, las luchas que vendrán, su futuro libro “La leyenda insurgente” y otras muchas reflexiones que bien vale la pena considerar en este momento histórico.
 

Ramiro Alonso


La muerte de la política

A pesar de que la viveza criolla o el clientelismo son términos muy conocidos, por estos días muchos se han sorprendido al ver que algunas prácticas reñidas con la ética son bastante más comunes de lo que creían. Parece que en algunas intendencias del interior la contratación de personas sin aparentes méritos, que ingresan a la plantilla de funcionarios sin que medie concurso, es habitual. También hemos sabido que algún director designado por el gobierno, así como autoridades de los tribunales del Poder Judicial, contratan a parientes o amigos para su secretaría. Denunciar esas prácticas, aunque no violen normas, está muy bien, porque están reñidas con la ética que debe primar en la actividad política. No cabe otra actitud que la de alegrarse de que en algún caso (está claro que no todos los sectores políticos obraron igual) se haya destituido a los responsables. También es para ponerse contento, más en estos momentos, del papel central que tuvo la prensa en las denuncias.
Pero estos episodios también han servido para mostrar a los actores políticos y a la política como actividad, a la defensiva, carentes de toda capacidad de esgrimir, al menos, una interpretación general de estos fenómenos. Hemos visto cómo dirigentes partidarios se desesperan por autoflagelarse en público y corren desesperados para anunciar destituciones y proyectos de ley. De esta manera, buscan salvar la imagen propia ante una ciudadanía indignada que reclama a los gritos renuncias, expulsiones y suspensiones. Nunca más claro que se concibe a la política a partir de ciudadanos que son como consumidores enojados, que pagan caro pero no obtienen lo que esperaban. Estas faltas a la ética política serían la evidencia de que los profesionales que ellos pusieron para gestionar los asuntos de la sociedad no se comportan como es debido y por eso deben ser castigados. Así, la actividad de los políticos se consolida fundamentalmente como una carrera para ver quién “sirve mejor” al ciudadano y capta cuáles son sus demandas para ofrecerle lo que desea y en el momento que lo desea. Todo esto, claro está, con el trasfondo de que cada cinco años los ciudadanos se convierten en electores.
El lugar de la política ha cambiado para mal. Los ciudadanos sólo se involucran para elegir al elenco gestor y no se piensan a sí mismos como actores de su propio futuro. No participan en las discusiones porque las ven como una interrupción aburrida e innecesaria de la vida cotidiana y privada. Por su parte, los dirigentes políticos se conciben a sí mismos como los afortunados elegidos para tomar las decisiones durante unos pocos años. En la izquierda y en la derecha cada vez son más los dirigentes que se perciben como los mozos de un bar, recepcionando pedidos de clientes exigentes e histéricos. Cada vez menos, los políticos se ven a ellos mismos como actores capaces de organizar los debates en torno a los grandes problemas de la sociedad.
Hay mucho de perverso en todo esto. Los ciudadanos indignados se quejan de la ineptitud de los políticos para solucionar los problemas que los afectan, pero son ellos mismos los que se impacientan y censuran a aquellos políticos que pretenden tomarse el tiempo para recabar distintas opiniones o hacer las consultas técnicas que requieren los proyectos de largo aliento. ¿Cómo se imaginan estos ciudadanos que debería discutirse, por ejemplo, una reforma al sistema de seguridad social o los cambios en el sistema educativo? Por su parte, muchos dirigentes políticos ya ni se molestan en transmitir a la ciudadanía cuál es su visión (o la de su partido) cuando surgen demandas concretas de la sociedad. Inmediatamente corren para atenderlas, olvidando muchas veces que quienes más se hacen oír no son los que más necesitan. Los apuros en solucionar todo antes de que se transforme en un griterío que amenace con restar votos impide el debate y la transparencia, haciendo que los intereses corporativos pasen por el interés general.
A nivel ciudadano también existe la idea de que estamos mal porque “los políticos” no están preparados para hallar las soluciones que todos necesitamos. Descansa tras esta idea la concepción que estos ciudadanos tienen de sí mismos. Ellos, en el ámbito de lo privado, cómodamente instalados frente a la pantalla, observan y juzgan el comportamiento de sus elegidos. Tristemente, se reservan para ellos mismos el lugar de la “no política”. No participan en las discusiones, no tienen tiempo ni ganas de involucrarse en el intercambio de ideas porque se sienten tablas rasas, hojas en blanco, que sólo esperan el momento en que se impriman las papeletas que meterán en la urna en algún plebiscito o en la elección del próximo elenco directriz. Esos ciudadanos, que eligen el lugar del consumidor indignado, se quejan de los políticos, pero es ese tipo de político, sin visión de futuro y al borde del ataque de nervios, el que ellos mismos prefieren.
La indignación ciudadana, además, ¿a qué lleva? Como mucho, a descargar esa “bronca”, pero no a hacer política, a discutir cómo evitar abusos. Esos ciudadanos, ¿esperan que el elenco político esté integrado 100% por santitos? ¿Lo que queremos de los políticos es que sean lo que nosotros mismos no somos? No se trata de moralizar la política, sino de politizar la vida. Hoy, la mayoría de los ciudadanos está en el lugar donde no hay política, en el sillón de casa, y deja a los profesionales la conformación de la cosa pública. Nada más absurdo.
Esta dinámica de la indignación encuentra también en la prensa buena parte de sus propagadores. Es muy bueno, como ya dije, que la prensa haya tenido un importante papel en el destape de algunos casos de nepotismo (cumpliendo así con uno de sus roles fundamentales), pero es preocupante la deriva vedettista de algunas de sus figuras, que tienen como principal objetivo sumar “clics” –no digo vender diarios– en las redes sociales, asumiendo ellos mismos el rol del representante del ciudadano indignado.
Algunos periodistas, aquellos ciudadanos indignados y estos políticos asustados, sacan cuentas y hacen cálculos dentro de ese micromundo autocontenido, ensordecedor y neurótico de las redes sociales y creen, alienados, que esas redes reflejan el sentir de la mayoría. Allí, en unos pocos caracteres, se atacan y defienden, sueltan soluciones simples a problemas complejos y tratan los temas del futuro desde el celular. Es la muerte de la política. Es el triunfo de una concepción de la actividad política en la que los más poderosos sacan la mayor tajada. Ellos prefieren que no se discuta, que no se informe, que no se sepa.
“Antipolítica” como alarma: Regresistas del mundo, uníos !!

2a. quincena, febrero 2018 –

Ríos de tinta frenteamplista para morir en la orilla “antipolítica”

 

Tras la movilización de productores agrícolas autoconvocada por grupos de Whatsapp a inicios de enero, una ola de interpretación con sesgo crítico en general y particularmente frenteamplista, hizo frente a la frenética búsqueda por parte de la derecha de una base social, que unos y otros identificaron por fin en un bastión tradicionalista: “el campo”. Esta vez tirios y troyanos fueron por lana y salieron trasquilados, aunque por tijeras de “cortar y pegar” en la pantalla del celular. Más cerriles que cimarronas en su mayoría, una cascada de lecturas contrapuestas sumó expectativa a la hora de expresión por proclama del grupo “autoconvocado”, tan requerido por distintos motivos críticos.
El balde de agua fría fue mayúsculo sin distinción de banderías, en cuanto la nota dominante y distintiva de la proclama de los autoconvocados fue la puesta en cuestión del sistema de partidos en su conjunto.1 Más allá de la distribución equitativa de dardos críticos entre gobierno nacional y gobiernos departamentales, las posiciones relativas de los distintos sectores partidarios no eran equiparables ante la coyuntura puntual de la proclama. El gobierno frenteamplista quedaba imputado por la responsabilidad a nivel nacional y la patente pérdida de apoyo en uno de los sectores económicos claves del país (los empresarios rurales), por si poco faltara, tras tres períodos de gobierno en contexto propicio (mayoría absoluta en el parlamento y condiciones económicas mayormente favorables). El progresismo quedaba teñido, desde uno de los sectores estratégicos para su crecimiento político -el mismo que Mujica intentó convertir en el pivot de su política de alianzas, de regresismo.
Este escenario estratégico explica que cierto coro reaccionara, desde las posiciones históricas de la izquierda, con sugestiva virulencia ante los mensajes que comenzaron a llegar desde el empresariado rural. Aunque no todas las diatribas dirigidas contra el movimiento agrario provenían del frenteamplismo ni ahorraban cuestionamientos al gobierno, cierta concomitancia laudada por la memoria crítica se articulaba alrededor de tres criterios que aparentemente “sacaban las castañas del fuego”: la diferenciación entre grandes y medianos empresarios rurales, entre algunos afectados por las coyunturas internacionales (tamberos y arroceros) y los demás, mientras se cargaban las tintas sobre la ganancia obtenida por los arrendadores de campo (dejando curiosamente en el tintero la exoneración a las multinacionales instaladas en zona franca). Así se podía reconducir, en medio rural, una diferenciación gratificante ideológicamente entre explotadores y explotados, sazonada de la amenaza regional de un retorno de la derecha, tan obvia como poco efectiva para explicar la unión de bloque entre pequeños, medianos y grandes productores, acompañada por un coro de empresas vinculadas en las ciudades del interior, comercialmente y por servicios, con la producción agraria.
Ante la oportunidad con que contaba el Frente Amplio de dirigirse al país en la celebración del 47 aniversario de su creación, todo hacía pensar que la alusión a la movilización del agro sería el “plato fuerte” del discurso, particularmente del presidente de la coalición, Javier Miranda. Este último hizo efectivamente una alusión directa y sin ambages a la coyuntura, pero no para retomar la nutrida andanada de diferenciaciones (entre chicos-explotados y grandes-explotadores) con que había preparado el terreno en debate la tribuna de su organización, sino para identificar la nota más destacada del movimiento “autoconvocado” (el “cuestionamiento a la política y los políticos”) con “la reacción”, es decir, con todo lo que merece ser puesto en “la vereda de enfrente”.2 Por la misma condena Miranda se solidariza, curiosamente, con sus adversarios políticos, para defender ante todo al sistema de partidos en su conjunto, al evocar el “autoritarismo mesiánico” de los militares y la “desregulación” que nos dejaría librados a los intereses de las corporaciones (hay que suponer, una vez que hubieran desaparecido “la política y los políticos” que suministran las regulaciones).
Las enérgicas brazadas críticas que los voceros de la izquierda en general y ante todo del Frente Amplio en particular, habían destinado a establecer una diferenciación entre empresarios explotadores y empresarios explotados, terminaron ahogadas en una única orilla “antipolítica” (“la otra orilla” para los “autoconvocados”), que condena genéricamente toda puesta en cuestión de la política institucionalizada.
“Antipolítica” introduce un significado antipolítico
En cuanto “antipolítica” reúne a la política y los políticos en una “Suma Política”, se opone a la misma raíz de los partidos (hoy llamados con razón) “históricos” del Uruguay. La oposición entre “principistas” y “candomberos” pasaba en la década de 1860 por dentro y por fuera de los partidos de este mismo país, a punto tal que uno y otro bando podían reunir o dividir las enseñas partidarias y sobre todo, alejarse o acercarse de “la política”, sustantivo cuyo único referente propio es el gobierno, entendido como “círculo del poder” y como tal siempre cotejado por un anti-poder (Foucault dixit)3:
“Ya en 1871 se ha formado un grupo de los jóvenes doctores y publicistas más distinguidos, procedentes de ambos partidos, proclamando la necesidad de una nueva unión. La Bandera Radical es su órgano. Por su parte la juventud urbana del Partido Blanco, reunida en Congreso, resuelve separarse de la tradición caudillista, y llamarse en adelante Partido Nacional.”4
Nos encontramos con la antipolítica, condenada por el regresismo, en el inicio de la propia denominación de un partido histórico, aunque debemos suponer que la misma “política antipolítica” quiere proteger a esa honorable colectividad partidaria (y sobre todo a su Honorable Directorio) de la desaparición en manos de la “desregulación” (capaz de exterminar a los reguladores) o incluso del fantasmático retorno del “autoritarismo mesiánico”.
La recordación del “autoritarismo mesiánico” no deja de expresar, para el enjundioso planteo de la “antipolítica”, una versión tardía de la “Teoría de los Dos Satanes”, que precisamente reducía “la política y los políticos” al mismo conjunto formal con el que los identifica la formulación regresista. Conviene por lo tanto entender que la “antipolítica” formulada por el Presidente del Frente Amplio no deja de evocar a los “guerrilleros arrepentidos” (Mujica en primer lugar), que como tales, abjuran del infierno en que sumieron (en calidad de uno de los dos satanes) a aquella candorosa república que protagonizaban parlamentariamente quienes votaron a inicios de 1972 el Estado de Guerra Interno contra el MLN. De esa manera se proyectó hacia el poder el aparato militar (el otro Satán) que tan sólo año y medio después dió el Golpe Formal contra el propio Frente Amplio y el movimiento sindical. Vaya consecuencias dialécticas del Regresismo en su condena de la “antipolítica” !!
¿Qué decir de la “desregulación” protagonizada por un “partido de gobierno” que programó la UTEC, organismo que destituye la autonomía universitaria al crear una universidad estatal supeditada a los gobiernos departamentales y las empresas en su propia forma de gobierno? ¿No será “desregular” suscribir un contrato con una empresa (UPM) por el cual ésta adquiere el derecho de decirle que “no” a un Estado (supuestamente) soberano, una vez que tal soberano se presente (dos años después) al examen de los directores ejecutivos de la transnacional? El regresismo confiesa, en su condena de la “antipolítica”, que renuncia de antemano a la política como singularidad de lo político, que siempre termina por consignarse, por una u otra vía, en la formalidad institucional.
El Ciclo Regresista
El cuestionamiento de los gobernantes nacionales y departamentales, así como de la clase política en general que expresa inequívocamente la proclama de los “autoconvocados” no se explica por posicionamientos estratégicos sectoriales en el sentido tradicional, en cuanto tal lectura sesga en el interés económico o en la estrategia partidaria la explicación de cada configuración sectorial. Si así fuera los “autoconvocados” no harían sino seguir las estrategias que transitaron exitosamente durante más de un siglo las gremiales tradicionales (sobre todo las del agro) en nuestro país. Por el contrario, no sólo se desmarcan de estas expresiones en cuanto crean sus propias estructuras organizativas, sino que además conducen a las gremiales tradicionales a plegarse a un movimiento que no iniciaron. Este posicionamiento es tan poco “representativo” en un sentido sectorial como para llegar a condenar por igual a los distintos colores políticos sumados, desborde de planteo que revela, por el propio exceso que asume con relación al proceder gremial acuñado históricamente, una desarticulación manifiesta con relación al todo (“social” si se quiere) nacional.
La misma problemática de un socialismo nacional que tanto preocupara a la “Teoría de la dependencia” latinoamericana, se encuentra disuelta en la coyuntura de la globalización por el surgimiento de una condición pública que perfora las fronteras nacionales y ante todo, la propia noción moderna de “todo social”: el todo es global y no puede ser “contenido” entre fronteras.
La propia noción de tecnología aparece, en un autor como McLuhan, como crítica del contenidismo.5 ¿Qué decir de la cuestión del discurso y la disolución del sujeto en la arqueología foucaldiana? Suponer que esto no tiene que ver con el auge de la tecnología (sobre todo mediática) después de la 2a. Guerra Mundial, difícilmente ayude a entender el vínculo entre tecnología y globalización, menos aún, por qué un movimiento agrario se articula por WhatsApp.
Para que podamos discernir por qué razón un sector sesga su posición por interés o estrategia, debemos primero saber cual es el todo “social” que amerita tal división. En cuanto este todo aparece fragmentado interiormente y articulado con el extranjero (tal como pasó con el conflicto supuestamente bi-nacional por la instalación de Botnia), no se puede en adelante saber qué sector se diferencia de tal otro, porque todos dependen de un equilibrio de “externalidades” (la Corte Internacional de La Haya incluida), tal como lo señala, incluso para el conocimiento, la teoría del “capitalismo cognitivo”. Para que exista un proceso económico como “lugar donde recomienza el proceso en su conjunto”, como quería Marx,6 tiene que existir la unidad de un proceso en su totalidad (económica para Marx). Tal unidad básica de proceso (donde para Marx recomienza el proceso en su conjunto) dejó de existir desde que el elemento decisivo de la economía es la tecnología y por consiguiente, lo que hoy se denomina “innovación”: la enunciación de un individuo o de un grupo que introduce novedad decisiva y determinante para las partes. Tal novedad no está sujeta sino a “externalidades” (coyuntura teórica, financiamiento de la investigación, vínculo inter-idiosincrásico) que no gobierna ninguna “unidad de proceso” (y menos entendida como “objetiva”).
El sistema de partidos corresponde, en régimen de democracia representativa, a esa “edad del saber” de la representación orgánica de una única totalidad, que la Revolución Democrática propiciada por la Ilustración supuso universal y que la teoría de la secularización lee, hoy día, como un singular avatar post-cristiano.7 Ese es hoy el principio de la “reacción”, si se quiere, desde una perspectiva “regresista”, oponer pasado a presente en el hilo de una continuidad. Recomendamos ver “La Rueda de la Maravilla” de Woody Allen: es el “lado oscuro” de “Make America Great Again” y muestra como tal “grandeza” no fue sino frustración disimulada.
No es extraño que los “autoconvocados” le soliciten al sistema de partidos que cumpla con su cometido. Los propios “autoconvocados” parecen creer que tal cometido es posible en una era post-batllista (y sobre todo globlal), tal como lo deja entender la consigna “Un solo Uruguay”, designio más utópico que nostálgico: recordar siempre que fuimos independientes tras el anhelo de que Dios quisiera hacernos ingleses (Lord Ponsomby dixit). Quizás el movimiento agrario de signo empresarial y radicación nacional no percibe que su contrincante no es el “costo del Estado” y la consiguiente ineficacia administrativa del sistema de partidos, sino la misma racionalidad globalizadora de la eficacia productivista, que los acorrala con un patrón de acumulación mundialista (ya Uruguay tiene problemas de escala económica a nivel regional ¿qué decir a nivel global?).
Los movimientos que se colocan al margen de los sistemas de partidos en el mundo de hoy no son productivistas, sino que apuntan al descrédito político y mediático de los sistemas políticos para desbaratar la racionalidad procedimental de la tecnocracia mundialista, a la que le es necesaria la cristalización ideológica del mercado para maximizar la expansión productivista: ¿nadie recuerda los anuncios que financiaba Botnia en el semanario Brecha, en el marco de una “campaña de prensa” que preparaba su instalación? No estamos necesariamente ante un grupo (autoconvocado) que sabe lo que hace, sino que hace probablemente sin saberlo, tal como lo caracterizó la frase de Carlos Marx “no lo saben, pero lo hacen”. ¿Qué tal si a la anterior le agregamos, de cara a tanta incredulidad “izquierdista” ante la “autoconvocatoria”, otra frase marxiana: “La historia avanza por el mal lado”? No es culpa de los “productores autoconvocados” que la misma historia uruguaya avance tan poco por el “buen lado”. Ahí está el regresismo, invocando la “antipolítica”, para decirnos por dónde va.
1 “Autoconvocados entregan reclamos a Vázquez” La Juventud (25/01/18) https://www.diariolajuventud.com/single-post/2018/01/25/11-hs-Autoconvocados-entregan-reclamos-a-V%C3%A1zquez
2 Discurso de Javier Miranda en el 47 aniversario del Frente Amplio https://frenteamplio.uy/actualidad/novedades/item/635-discurso-javier-miranda-47-aniversario-fa
3Foucault, M. “Las confesiones de Michel Foucault” (entrevista de R-P. Droit), p.12. Recuperado de http://www.taciturno.be/IMG/pdf/entrevista_foucault.pdf
4Zum Felde, A. (1967) Arca, Montevideo, p.189.
5McLuhan, M. (1996) Comprender los medios de comunicación, Paidós, Barcelona, p.34.
6Marx, K. “Introducción general a la Crítica de la Economía Política”, p. 44. Recuperado de https://transdisciplinariedaduj.files.wordpress.com/2010/08/marx-karl-introduccion-general-a-la-critica-de-la-econimia-politica.pdf
7Vattimo G. “Metafísica, violencia, secularización” en Vattimo, G. (comp.) (2001) La secularización de la filosofía, Gedisa, Barcelona, pp.81-83.

 

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