Notas sobre la unidad popular (Parte 3)

Por David Comas


Ya hemos definido que el pueblo constituye una amalgama de clases y capas sociales enfrentadas a la oligarquía financiera.  También hemos remarcado que la clase obrera es la única clase social que puede cumplir un papel verdaderamente revolucionario en un proceso de lucha y de transformación social. Ahora nos toca preguntarnos, ¿cuál es nuestra apuesta concreta en lo relativo a la política de alianzas para que la clase obrera se relacione con el resto de clases y capas sociales que constituyen el pueblo? Para el Partido del Trabajo Democrático esta política de alianzas se concreta en el Frente Unido.

Pero, ¿qué diferencia la apuesta política del Frente Unido de cualquier otro tipo de unión entre las diferentes clases y capas sociales que conforman el pueblo?

El Frente Unido es una política de alianzas elaborada para hacer la revolución socialista

En primer lugar, el Frente Unido es la apuesta de los comunistas para conectar las aspiraciones de los diferentes sectores del pueblo con el proyecto de revolución socialista. Es, por lo tanto, una política de alianzas dirigida a acumular fuerzas para derrocar el Estado de la burguesía y sustituirlo por la democracia para la mayoría, esto es la democracia obrera. Para ello, el partido de la clase obrera no puede contentarse con jugar con un rol de simple espectador o de un componente más en el proceso, sino que debe esforzarse en conquistar la dirección política del movimiento. Esto no supone que el Partido Comunista tenga que monopolizar el frente ni limitarse a desarrollar exclusivamente su dirección práctica, sino que ante todo, tiene que esforzarse en conquistar ideológica y políticamente a las masas que engrosan las filas de la lucha.

El Partido Comunista tiene el reto, mediante su propaganda y la experiencia política de las masas, de mostrar que, a la luz del marxismo-leninismo, la única salida posible al gobierno de los empresarios y banqueros así como al modo de producción capitalista es la revolución socialista.

El Frente Unido se construye con las masas del pueblo, esto es alrededor de su lucha económica, política y contra la guerra imperialista

En segundo lugar, se articula alrededor de las diferentes luchas que expresen las necesidades vitales y los intereses de las diferentes capas y clases sociales que conforman el pueblo. Estas luchas deben servir para mostrar, mediante la práctica política, el carácter irreconciliable entre la oligarquía y el pueblo. Las cuestiones de lucha alrededor de las que se construye el Frente Unido son los derechos económicos, los derechos políticos y democráticos y la lucha contra la guerra imperialista.[1]

Detengámonos en este apartado debido a su importancia. Las masas (sean proletarias o no) se incorporan espontáneamente a la lucha para resolver problemas de su vida cotidiana, reflejo de las contradicciones del modo de producción capitalista. En este proceso podemos observar cómo, durante la etapa imperialista del capitalismo, los grandes empresarios y banqueros presionan a la baja los salarios o empeoran las condiciones laborales para obtener mayores beneficios. Por ello se ejecutan diferentes legislaciones y medidas para asegurar esta tendencia como, por ejemplo, las diferentes reformas laborales. Pero no solamente se limitan a golpear las condiciones laborales y el salario, sino que junto con esta ofensiva también hay una guerra abierta, política y mediática, contra los sindicatos y los convenios colectivos como herramientas de organización y defensa de la clase obrera en las empresas. La lucha se abre, por parte de la oligarquía, en la búsqueda de hacer retroceder a la clase obrera en sus condiciones para vender su fuerza de trabajo, logrando así poder obtener un mayor beneficio a costa del trabajo ajeno.

Pero también podemos observar cómo este recorte de salarios no se limita a las relaciones laborales. En un país como España, dónde tras años de lucha se han conquistado diferentes servicios públicos, el recorte de los salarios indirectos pasa a tener un importante papel en la ofensiva de la oligarquía contra el pueblo. Esta ofensiva no se limita a recortar las partidas presupuestarias a los servicios públicos ofrecidas por las diferentes instituciones estatales, sino que también se fundamenta en que el ofrecimiento de dichos servicios sea cubierto por empresas privadas que obtengan un lucro de esta actividad. De esta manera no sólo se recorta el salario indirecto, sino que también se permite que los recursos públicos sean trasvasados a los grandes monopolios mediante relaciones comerciales con las administraciones del Estado.

Esta ofensiva “económica” presiona a la baja las condiciones de vida de la clase obrera, pero también lo hace de otros sectores del pueblo beneficiados por estos salarios indirectos y diferidos.

También aspiran a detentar el monopolio del poder, con el fin de asegurar la reproducción de su orden económico, político y social. Así podemos ver como la oligarquía maniobra constantemente por aplastar los derechos democráticos que pueden contribuir a descomponer su poder político. En nuestro país la evidencia ha sido clara, la negación directa del derecho de autodeterminación en Cataluña o el aumento desmedido de la represión mediante la ley mordaza o las reformas del código penal son sólo ejemplos particulares de una fobia oligárquica generalizada ante los derechos democráticos. También lo son el aumento de las actuaciones arbitrarias de represión contra manifestantes y activistas sociales o el virulento ataque mediático ante la entrada de opciones políticas democráticas y progresistas en las instituciones representativas.

La lucha política y por los derechos democráticos tiene una especial importancia porque señala directamente el carácter irreconciliable existente entre la democracia y el capitalismo imperialista. Permite denunciar que todo derecho democrático no deja de ser un procedimiento o, en el mejor de los casos, una concesión de la clase dominante para asegurar su gobernabilidad. A medida que las clases y capas sociales descontentas con el actual estado de las cosas se incorporan activamente a una lucha política por sus intereses, la oligarquía se ve obligada a destruir los derechos que permiten la participación política o que facilitan la libertad de expresión y asociación. Así, la democracia se convierte en un lujo que la oligarquía sólo puede permitirse en condiciones dónde su dominio político, ideológico y cultural es pleno, mientras que en momentos de crisis política es algo que rápidamente no dudará en suprimir.

La lucha política coge una especial importancia para las y los comunistas porque es la que nos permite mostrar las verdaderas relaciones de poder existente, y poder formular a la clase obrera y el pueblo nuestra propuesta de República Democrática y Socialismo. Es la que nos permitirá poder educar a las masas en la verdad universal de que la democracia sólo es plena si sirve a los intereses de la clase obrera y el pueblo. Y para que esto pueda llegar a darse es indispensable sustituir el poder político de empresarios y banqueros por el poder político de la clase obrera acompañada por sus aliados del pueblo.

La revolución socialista se sustenta en múltiples facetas de la vida económica y social. Sin embargo la revolución es, ante todo, un acto político, porque es un proceso en el que una clase social derroca a otra, sustituyendo las relaciones de poder existentes por unas nuevas.

En último lugar es necesario hacer especial mención a la guerra imperialista, que no deja de ser una nueva faceta de la lucha política, aunque ahora a nivel internacional.  Esta consigna puede parecer desubicada pero, en la lógica del desarrollo del capitalismo imperialista, la lucha contra la guerra no se define como una lucha más, sino una de las más importantes para mostrar el actual estado de descomposición del régimen existente.

Esto se da por dos factores: 1) La guerra imperialista es la herramienta más poderosa de destrucción de fuerzas productiva utilizada por la oligarquía para aliviar (solo temporalmente) las contradicciones que engendran sus crisis económicas. Así mismo es el garante de la conquista de nuevos mercados a lo largo y ancho del mundo y el método para resolver disputas con otros competidores internacionales; 2) La lucha contra la guerra imperialista nos permite liberar a la clase obrera de nuestro país del encorsetamiento nacional (que la convierte en cómplice de la explotación imperialista de los pueblos oprimidos), pudiendo educarla en los valores del internacionalismo y hacerle entender que la lucha de la clase obrera de España es sólo un pedazo de una lucha que es mundial y no se circunscribe a un solo país.

Partido obrero, lucha obrera y lucha popular interclasista

Estas luchas, a su vez, se dividen para los comunistas en dos tipos: La lucha obrera y la lucha popular interclasista. En la primera es en la que participa de manera única o claramente mayoritaria la clase obrera (generalmente suele ser la lucha sindical y en los centros de trabajo), la segunda es en la que la clase obrera se encuentra con otros sectores del pueblo no proletarios.

Los comunistas construimos el Frente Unido priorizando el trabajo con la clase obrera para que esta pueda asumir la dirección del conjunto del pueblo. Esto lo hacemos porque la unificación de los obreros nos facilita llegar a ellos, fortalecer el partido y organizar a la única clase que puede, en última instancia, cumplir un papel revolucionario. Una vez hemos conquistado la suficiente fuerza entre la clase obrera y hemos fortalecido nuestro partido, salimos junto con nuestra clase a intervenir con el resto del pueblo.

Este proceso no es mecánico y no pospone “ad eternum” una fase en detrimento de la siguiente[2]. Realmente es una tendencia comprendida como justa tras los últimos debates y su puesta en práctica por parte de nuestro partido[3]. Parte del hecho razonable de que la clase obrera no puede constituirse en un sujeto político propio si no adquiere un cierto manejo del socialismo científico y el marxismo (o sea, si no se hace consciente de sus intereses como clase para sí). En consecuencia, la clase obrera si no es consciente para sí (para sus intereses políticos) y no se encuentra ligado al socialismo científico de alguna manera (mediante vínculos más o menos estables con el Partido de la clase obrera) no será capaz de disputar ideológica y políticamente la dirección del pueblo frente a otros sectores con intereses bien diferentes a los de la clase obrera.

De esta manera los comunistas del Partido del Trabajo Democrático construimos el Frente Unido de manera dinámica: Nos preparamos en círculos de propaganda. Una vez formados vamos a la clase obrera a extender nuestra propaganda y a acompañarles en su lucha para, al calor de las mismas, educarles en la ciencia del socialismo. Una vez que hemos establecido un buen vínculo con la clase obrera, acompañamos a esta a su lucha en el seno de los movimientos populares interclasistas, dónde, con las nuevas herramientas, luchamos por hacer que se escuche la posición de la clase obrera y trabajamos por asumir su dirección. Este proceso no termina aquí, y del mismo volvemos a aprender mediante el balance, la crítica y la autocrítica en la célula del partido, dónde con lo aprendido volvemos a la clase obrera para reforzar nuestro vínculo con ella y así fraguamos una experiencia más enriquecida y robusta de práctica política con el resto del pueblo.[4]

Sobre las fórmulas de construcción del Frente Unido entraremos en futuros apartados.  En el mismo compartiremos las experiencias prácticas del Partido del Trabajo Democrático y las reflexiones sobre cómo afrontar este trabajo en el periodo de la reconstitución del partido obrero independiente.

Lo que corresponde a este diagnóstico es señalar que la contradicción entre la lucha obrera y la lucha popular no es antagónica, y que la construcción de puentes entre ambas es un fenómeno indispensable y necesario para articular el Frente Unido. La clase obrera no vive sola en este mundo. Junto a ella se agolpan otros sectores del pueblo con los que convive en sus barrios, a los que se encuentra en las escuelas o con los que comparte trinchera en la lucha política.

El Frente Unido se construye principalmente desde la base, pero también con las direcciones de las clases y capas sociales que constituyen el pueblo

En tercer lugar, se construye desde dos escenarios: Las bases y las direcciones. El Frente Unido no propugna una alianza entre los diferentes sectores del pueblo exclusivamente desde los despachos ni tampoco circunscribe esta al estrecho margen de la vida cotidiana. El Frente Unido coloca el aspecto principal de la alianza entre clases en la base, sin embargo entiende que para que la lucha escape de ámbitos puramente locales o sectoriales, es necesario conectar con las direcciones económica, social y política, de las diferentes capas y clases sociales a lo largo y ancho de todo el país. Por ello el Frente Unido debe tener en cuenta al construirse a los millones de hombres y mujeres que conforman el pueblo (centrando su esfuerzo en ellos), pero no olvidar al reducido número de dirigentes que estos sectores del pueblo han elegido como sus representantes.[5]

Este hecho se aplica no únicamente a las organizaciones sociales o sindicales, sino también a los partidos políticos progresistas y democráticos del campo popular. Si bien nuestra intención es conquistar ideológicamente a la base social (especial la obrera) de estos partidos, no podemos negar la evidencia de que su dirección asume, a día de hoy, una posición de apoyo entre su clase y capa social. Para poder articular el frente unido no sólo habrá que trabajar con las bases y las direcciones de los diferentes movimientos sindicales y sociales, sino también con los partidos políticos que, a día de hoy, asumen la dirección ideológica y política de las masas.

En las urnas y en las calles, pero principalmente en las calles

En cuarto lugar hay que tener en cuenta las dos dimensiones de la lucha política del Frente Unido. Una es la lucha político-electoral y otra la de organización de las amplias masas en los centros de trabajo y el resto de eslabones de la sociedad.

La lucha electoral ocupa un espacio pequeño en el gran mapa de la lucha general, sin embargo tiene una importancia especial por la cual merece un meticuloso tratamiento: En un estado imperialista de capitalismo desarrollado como el nuestro se convierte en el mayor reproductor de hegemonía política y legitimidad por parte de la clase dominante.

La existencia de un sistema parlamentario como el nuestro con sus particulares procedimientos de elección enmascara la dictadura de los empresarios y los banqueros bajo una aureola de participación y voluntad ciudadana. Es la manera particular de intentar solventar la contradicción entre la oligarquía y el pueblo y entre la burguesía y el proletariado en el terreno político por parte de los poderosos. Nuestro objetivo como comunistas es desenmascarar esta farsa, demostrar que el entramado electoral y parlamentario son mecanismos de reproducción de la hegemonía de la clase dominante, que es la que verdaderamente detenta el poder. Demostrar que cuando el teatro en el que el electorado tiene el poder con su voto termina, son los diferentes grupos de empresarios y banqueros los que detentan el verdadero poder político.

Esta misión es clave para los comunistas. Sin desenmascarar la gran mentira de la democracia burguesa y revelar que el poder lo detenta realmente una minoría no podremos lanzar a las masas a la destrucción del Estado burgués y la construcción de una verdadera democracia para la mayoría obrera y popular (Eso es, la democracia más plena que puede existir)

Y en esta clave es en la que los comunistas debemos centrar la cuestión electoral y su trabajo con el Frente Unido. No se trata de repudiar las instituciones representativas burguesas o participar en ellas como un mal menor, sino de obrar consecuentemente para mostrar su verdadero carácter, para educar a las masas en el verdadero carácter del Estado y, mediante este proceso, descomponer la hegemonía de la clase dominante.

En ese sentido la contradicción entre la lucha en las urnas y las calles es secundaria (y generalmente exagerada). La principal contradicción para un revolucionario debe ser la existente entre la vigencia del poder establecido de la oligarquía y la revolución socialista. Y el trabajo en las instituciones representativas debe responder a descomponer al poder establecido y acercar la revolución socialista.

Por eso mismo durante el actual periodo, desde el Partido del Trabajo Democrático hemos lanzado la consigna de que hay que ganar a la oligarquía “En las urnas y en las calles”. La construcción de nuevas mayorías electorales del campo popular podrían generar algunos efectos bajo las circunstancias actuales: 1) La posibilidad de conseguir victorias – en forma de conquistas arrebatadas por medios institucionales – que eleven el ánimo del campo popular y muestren que mediante la organización y la lucha en la calle se pueden lograr mejoras económicas y políticas; 2) La descomposición del dominio político de la burguesía utilizando las reformas de manera revolucionaria (y no de manera reformista[6]) en el caso de obtener mejores emplazamientos en las instituciones, impulsando medidas que mejoren la situación económica de las masas mediante la reducción de los beneficios de las grandes empresas y que amplíen el campo de participación democrática del pueblo, dificultando así la ejecución del poder político de la burguesía por las vía de “su legalidad”; 3) El desenmascaramiento del verdadero carácter del Estado cuando la contradicción entre el capitalismo y la democracia se haga patente mediante todo tipo de acciones que la oligarquía empleará para frenar medidas que atenten contra sus intereses cardinales. De esta manera podrá mostrarse a las masas mediante nuestra propaganda que aun con la más amplia de las mayorías electorales, sigue siendo un reducido número de empresarios y banqueros el que detentan el poder político.

Por eso mismo la lucha en las urnas y en las calles es importante. Pero principalmente en las calles. Porque la lucha en las instituciones representativas tiene como principal objetivo su desenmascaramiento para la sustitución revolucionaria del Estado burgués por el Estado de los trabajadores. Y esto supone que cuando las masas hayan comprendido que no pueden confiar en las instituciones representativas, estén preparadas para poder luchar desde sus propias estructuras de movilización del Frente Unido.[7]

¿Un frente para defenderse o un frente para tomar el poder?

De una lectura sesgada de estas reflexiones podría desprenderse que el Frente Unido en estos ámbitos es exclusivamente defensivo. Si bien las manifestaciones espontáneas se dan en la actualidad en la fórmula de evitar perder las conquistas obtenidas y, en el mejor de los casos, recuperar lo que la oligarquía nos ha robado, los comunistas no pueden limitarse a construir un amplio frente defensivo.

La conquista política e ideológica del Frente Unido supone unificar al conjunto del pueblo bajo la realización de un programa mínimo que cristalice en la demanda de un proyecto de República Democrática para nuestro país. Esto supone que la lucha del Frente Unido debe ir dirigida a la conquista más profunda y plena de los derechos económicos, sociales y democráticos[8].

Muchos podrían preguntarse si, en cierta manera, situar a las masas bajo un programa mínimo no sería jugar con sus ilusiones reformistas o confiar ciegamente en medidas que en su plena realización son inasumibles por la clase dominante. Pero de lo que se trata precisamente es de conectar las aspiraciones y necesidades de las masas con la inevitable realización del programa máximo, esto es, de ejecutar la revolución socialista en nuestro país.

La unificación del pueblo bajo un Frente Unido mostrará a las masas, mediante su lucha activa y decidida, que cada conquista económica, social o democrática tiene que ser peleada con sangre, sudor y lágrimas. Que, tras lograr cada conquista, el esfuerzo por sostenerla es incluso más exhaustivo que cuando lograron arrancarla. Y que llegará un momento en el que el conjunto de medidas programáticas razonables para las capas y clases sociales que conforman el pueblo, son inasumibles por un Estado al servicio de los empresarios y banqueros. Es aquí donde la experiencia práctica de las masas y la propaganda socialista encuentran su nexo de unión, y es aquí donde el programa mínimo de lucha por la República Democrática se sitúa como la forma de transición hacia la revolución socialista en nuestro país.[9]

El objetivo del Frente Unido es el de unificar al pueblo bajo sus intereses en lucha contra la oligarquía, en servir de herramienta para que los comunistas muestren a las masas que el programa mínimo confronta directamente con la dictadura de los empresarios y banqueros y que, en consecuencia, la única alternativa para poder realizar sus aspiraciones es el derrocamiento de su poder político, y su sustitución por la democracia de los obreros y la mayoría del pueblo.

[1] Es muy recomendable conocer la experiencia de los frentes que articularon los partidos comunistas para frenar el avance del fascismo durante la primera mitad del Siglo XX. La lectura “La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo” nos da una serie de claves de interesante aprendizaje para nuestra práctica política actual. El capítulo II subraya las tareas alrededor de las que se construye el Frente Único, así como una amplia variedad de experiencias de Frente Único antifascista en diferentes países. La mayoría de estos países son de capitalismo desarrollado y forman parte del centro imperialista.

[2] Realmente estas fases las creamos conceptualmente para ordenar las prioridades a la hora de construir el partido comunista y el frente unido. En el desarrollo de la lucha de clases la práctica no se ve constreñida a terminar cada una de estas fases plenamente para pasar a la siguiente. Estas fases nunca se acaban “de una vez por todas” y es necesario volver sobre ellas en diversas ocasiones para volver a recorrer este camino, ahora con una experiencia teórico-práctica más robustecida. Es más, es necesario pasar a diferentes apartados de la práctica del Frente Unido para poder avanzar nuevamente sobre las anteriores. Por ejemplo, a raíz de una experiencia clara dónde un colectivo de obreros asentado en un municipio trabaje por asumir la dirección del conjunto del pueblo, es posible que se conozcan a otros obreros organizados de la zona.  Esto permite trabajar mediante círculos de propaganda por elevar la conciencia de estos nuevos trabajadores con los que ahora las células comunistas ya pueden trabajar.

[3] Es recomendable ver el Informe Político del Comité Central del PTD y su motivación política de Septiembre de 2014 (http://trabajodemocratico.es/content/informe-del-comit%C3%A9-central-motivaci%C3%B3n-pol%C3%ADtica )

[4] Esta concepción de relación entre el Partido revolucionario y las masas es bien definido en el texto “¿Para qué necesitamos el Partido Comunista?” de nuestro Secretario General, Miguel Ángel Villalón (http://trabajodemocratico.es/content/para-qu%C3%A9-necesitamos-el-partido-comunista )

[5] La importancia de los dirigentes no es la ilusión de tener que arrastrarlos, necesariamente, hacia posiciones justas. Parte del hecho práctico de que estos dirigentes aun disponen de una amplia influencia sobre las masas obreras y populares y que para poder practicar la unidad con sus bases, es necesario llegar a acuerdos con sus cúpulas.

[6] Esto es importante. El problema no orbita alrededor de que la reforma sea positiva o negativa para el proceso revolucionario, sino en cómo se utilice esta reforma, si para prolongar las ilusiones de las masas en la democracia burguesa (uso reformista) o para descomponer el poder de la oligarquía y acercar el momento de la revolución socialista (uso revolucionario). Ya dijo  Lenin que “Las reformas son demasiado importantes para dejarlas en manos de reformistas”

[7] A reflexiones similares llegaban en la columna de “El Crisol de Ciudad Real” los camaradas Édgar Tellez y Helena Plaza, en su artículo “Un primer paso” (http://www.elcrisoldeciudadreal.es/2015/05/29/78910/un-primer-paso/ )

[8] El Partido del Trabajo Democrático ya ha lanzado una propuesta de Programa Político compuesta por un apartado de “programa mínimo” y otro de “programa máximo”. El título es “La visión del Partido del Trabajo Democrático: Programa Político” y puede accederse a él en formato físico solicitándolo a las células del partido o mediante la página web del Partido (http://trabajodemocratico.es/sites/default/files/docs/Programa%20PTD%20-%20Sept2014%20-%20Digital.pdf)

[9] Para tratar esta cuestión en mayor profundidad es recomendable leer el artículo de Gavroche “La República Democrática y el Socialismo” (Puede encontrarse en la página web del  PTD: http://trabajodemocratico.es/content/la-rep%C3%BAblica-democr%C3%A1tica-y-el-socialismo )

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS