Notas sobre la pertinencia de los cine-fórum sobre emigración

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

En estas notas se comentan algunas de las muchas películas que pueden contribuir a la discusión sobre el problema emigratorio en toda clase de entidades solidarias. Su título es naturalmente una ironía en clave de cine sobre las diferentes maneras de recibir las visitas, sobre cuando somos más que hospitalarios (con los ricos como Mr. Marshall), y cuando no los somos nada (con los pobres, como Alou). Los ricos no tienen problemas de papeles, así por ejemplo, los granbdes consorcios norteamericanos pueden estrangular nuestra distribución cinematográfica, copar las programaciones de películas en nuestros canales de TV, pero a  los extranjeros pobres se les condena al «apartheid»  jurídico, a una ilegalidad que los convierte, ya por el sólo hecho de no tener papeles, en delincuentes. Esto, que resulta más que evidente para cualquiera, no resulta fácil de explicar a la ciudadanía, sin cuya complicidad, los gestores políticos no podrían actuar con la impunidad con que actúan.

El cine puede hacer su contribución para llevar la conciencia a la población trabajadora. Decir cine es decir una filmografía muy amplia, un catálogo inacabable, sin embargo, también existen quince o veinte películas que abordan a corazón abierto la cuestión de la emigración, películas conocidas que, salvo alguna excepción –como Todos nos llamamos Alí–,  resultan bastante asequibles a través del vídeo o de la grabación por TV,  a través quizás de conocidos que tienen tal o cual, aunque lo justo sería que estuvieran a disposición de la gente a través de las bibliotecas públicas, aplicando al cine la misma orientación que a los libros. Es lamentable, que todavía no sea así, y que filmografías necesarias como la que aborda este tema no estén siempre a la mano, pero bastará que una propuesta así cobre cuerpo para que se las encuentra como se encuentran en muchas bibliotecas públicas europeas.

En el listado se intenta abarcar la emigración en un sentido amplio, aunque básicamente, aborda de entrada el «muro» del Estrecho, la psicosis de fortaleza asediada europea, transcurre mediante diversas formas de conflictos, y se cierra con un capítulo histórico, de hecho cada título permite numerosas variaciones temáticas aunque sean tangenciales, temas tan candentes como las pateras, las cárceles, la prostitución, por no hablar de los encuentros y desencuentros con los «nativos», aparecen aunque sea marginalmente. Aunque se trata de un material insuficiente, siempre queda la oportunidad del documental, la cuestión es aprender a servirse del cine-forum para penetrar en los principios de una diálogo a varias bandas: con los propios emigrantes, con las personas que quieren saber y opinar, creando en lo posible una institución estable cuyo nombre puede convertirse por sí mismo en un reclamo. Como ya ocurrió otras veces, quizás lo más difícil sea el comienzo…

Dentro de los comentarios he tratado de subrayar algunos puntos que podían ser útiles para un forúm. Una vez vista la película, las imágenes tienen la virtud de «soltar la lengua», solo falta crear las condiciones mínimas, haciendo posible lo que de otra manera no lo es. Por otro lado, al iniciar una práctica se pueden abrir otras puertas, incluyendo por ejemplo la posibilidad de «intercambio» con los diversos cines nacionales de los diversos países que aportan mayor número de emigrantes; muchas de sus películas ya se ofrecen por ejemplo en el Canal Digital, pueden ser enviadas.  De alguna manera, se trataría de establecer un «puente» para el diálogo, para una actividad creativa con la que sea posible encontrar un punto de partida, una plataforma viva que acerque a los interesados y a parte de la llamada «mayoría silenciosa», la suma de los argumentos solidarios que, por otro lado resultan ampliamente desarrollados en una ingente bibliografía, por no hablar de toda clase de revistas, folletos, o tribunas en la prensa. Se trata que un material crítico tan rico no se quede reducido a las minorías esclarecidas y conscientes.

Con este trabajo he tratado de cumplir las peticiones que se me había sugerido en muchísimas ocasiones por parte de mis amistades más implicadas en actividades solidarias. La idea del cine-forum está en el aire, aparece en cualquier discusión sobre el qué hacer de cualquier entidad o colectivo, sobrevuela por el ambiente cuando se dan luchas liberadoras, al calor de la ya histórica ocupación de la Iglesia del Pi de la Ciudad Condal,  o de la Universidad Pablo Olavide, en Sevilla. Surgió entre las propuestas «que irían muy bien», en barrios en los que, como Sants, o en ciudades Cornellá o Villafranca, se da un núcleo social activo, con voluntad de crear movimientos estables. Es algo con lo que poder sumar y ampliar las experiencias más creativas, un medio para llegar a los propios actores, a los «sin papeles», para establecer reflexiones, contrastes de ideas, de cara toda clase de colectivos interesados por una cuestión cada vez más dolorosa y candente desde el momento  en que la barbarie neoliberal sigue aumentando las condiciones socioeconómicas que obliga a tanta gente a abandonar su mundo propio, aunque para ello tenga que correr los mayores riesgos. Una evidencia de lo que decimos es la que ofrece América Latina, que antaño asimiló a tantos y tantos emigrantes europeos.

El medio del cine-fórum ya ha mostrado su eficacia en otros momentos, aquí por ejemplo fue muy útil en la lucha democrática contra el franquismo. Aunque en su variante tradicional –la pantalla grande–, hoy no resulta muy asequible, sí lo puede ser gracias al formato vídeo y a los proyectores gigantes –los llamados cañones o canutos–, que ya cuentan muchas entidades, y cuando no, deben ser objetos de reivindicación en toda clase de entidad cultural pública. Con el cine se puede hablar de toda clase de experiencias y acontecimientos, sus cualidades didácticas pueden ser extraordinarias con unos medios nada espectaculares, un equipo de gente con ganas de  crear espacios de encuentros, un local, un día, una hora, quizás alguien que ofrezca las pistas de lo que el proyector va a permitir discutir después. Valga pues este pequeño trabajo como una posible aportación para tratar de avanzar también en la actividad asociativa y cultural orientada da cara de todos esos ciudadanos trabajadores como nosotros, emigrantes como tantos otros de nosotros ayer, víctimas de los desafueros de la colonización, del desarrollo desigual de las riquezas…

Después de la proyección, el público tiene la palabra, todos los temas están abiertos, se puede hablar de otras películas, de tal anécdota, del enfoque de tal personaje, de una historia subyacente que pasa, de un detalle que nos recuerda otros vividos, etc., etc. El cine-fórum comenzó a funcionar en este país (de países) durante la república, y no fue por casualidad. En los años sesenta comenzó de nuevo a desarrollarse a través de las universidades y los centros parroquiales, y finalmente llegó a los barrios como parte destacada del activismo vecinal e incluso partidario o sindical. Actualmente sus posibilidades técnicas son muy superiores, y su exigencia no menos necesaria. De hecho esta tendría que ser una acción municipal, un objetivo comparable al de las Bibliotecas. No porque las películas sean más importantes que los libros, sino porque resultan mucho más asequible y desde el cine se pide debatir sobre no importa qué, incluyendo sobre los escritores y los libros.

Porque tenemos posibilidades de montar jornadas de cine y feminismo, mayo del 68, los refugiados, el animalismo, etcétera, etcétera.

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