Notas sobre algunos precursores del socialismo de signo libertario

Situado en los prolegómenos de la tradición anarquista sobresalen una serie de personaes singularesw, nombres como el Anselme Bellegarrigue, misterioso y singular anarquista francés. Se sabe que nació entre 1820 y 1825, en el su este de Francia. Pero muy poco más de su vida anterior a la revolución de 1848. Durante el transcurso de ésta frecuentó la compañía de Blanqui...

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Situado en los prolegómenos de la tradición anarquista sobresalen una serie de personaes singulares, nombres como el Anselme Bellegarrigue, misterioso y singular anarquista francés. Se sabe que nació entre 1820 y 1825, en el su este de Francia. Pero muy poco más de su vida anterior a la revolución de 1848. Durante el transcurso de ésta frecuentó la compañía de Blanqui, y sobre él dice el Almanaque de la vil multitud –en el que colaboraban gente como Proudhom y Louis Blanc– «Amante fogoso de la libertad, el autor llegaba de América, adonde había ido a buscar en lo profundo de las selvas vírgenes que aún quedan, la vida libre y sin cuidados. Había vivido, para ser verdaderamente libre, un año entero en una tribu salvaje que ni misioneros ni explotadores habían podido alcanzar todavía…y regresando a Francia en medio de una revolución que se proclamaba radical, se permitió encontrar mezquino el programa, no del gobierno del día –para esto no era necesario ser muy exigente–, sino de aquellos que se presentaban como gobierno del futuro». Bellegarrigue había regresado a París el 23 de febrero de 1848, después de un viaje por los Estados Unidos, donde, al parecer, se sintió atraído por los aspectos más individualistas de la democracia norteamericana. Durante 1848 consideró que la victoria le había sido robada desde el momento en que se nombró un gobierno. Abandonó pronto París, ya en el mismo año aparecía en Tolouse donde publica la primera de sus obras conocida, el panfleto ¡A los hechos!, !A los hechos! Interpretación de la idea democrática.

En 1950 Bellegarrigue,  fundó en París una Asociación de Librepensadores que fue disuelta por una infiltración policial. En 1850 publica el primer número de la revista La anarquia. Diario del orden, en la que se utiliza par primera voz el término de anarquista. Más tarde, Bellegarrrigue publicó un Almanaque de la anarquia, para desaparecer a continuación en América Latina, donde se dice que ejerció como maestro en Honduras y fue brevemente un funcionario gubernamental en El Salvador. Su pensamiento está en línea de Stirner, «Lo niego todo, dirá, me afirmo solamente a mi mismo (…)  Yo existo, esto es un hecho positivo. Todo lo demás es abstracción dentro de la X matemática, lo desconocido (…) No puede haber en la tierra interés superior al mío, ningún interés al cual esté obligado a sacrificar, siquiera parcialmente, mis propios intereses».

Su individualismo tiene el sentido de «una apropiación de sí a sí mismo, de un llamado a la identidad, de una protesta contra toda las supremacías». No obstante, Bellegarrigue reconoce la alternativa de la comuna natural , que tiene «una existencia primordial que resiste a todas las destrucciones y a todas las organizaciones». Reivindica también la ética del placer y una doctrina que no tiene más que una fórmula, la que sintetiza la palabra: gozar. Su Manifiesto, junto con otros escritos, fueron publicados por Síntesis, BCN, 1977, y se presenta como «el primer manifiesto del anarquismo: una condena inexorable y definitiva del poder y de la política».

En una línea muy parecida se encuentra Ernest Courderoy (Borgoña, 1825-Ginebra, 1862), uno de los pioneros del anarquismo. Hijo de un médico republicano, estudió medicina en París desde l842, fue interno en los hospitales y cuidó a los pobres y a los heridos con ocasión de l848. En un principio era republicano, pero fue ganado por el socialismo de August Blanqui, y fue uno de los participantes de la acción de las Escuelas de París, 13 de junio de 1849. Gastó gran parte de su vida gran parte de su vida en el exilio, viajando incansablemente de país en país –España, Bélgica, Italia, Suiza. Inglaterra–, frecuentando el ambiente del izquierdismo exiliado hasta que rompió con todos los grupos y partidos a los que tachó de autoritarios. Su ruptura con todas las corrientes de izquierda tiene una fecha: 1852. .

En este año escribió, junto con Octave Vauthier, un panfleto en el que atacaba a Mazzini -que había criticado recientemente el socialismo-, a Ledru-Rollín, Etienne Cabet y Pierre Leroux. Contando con los medios que le facilitaba su rica familia. La vida de Courderoy guarda un gran paralelismo con la de otro anarquista de su tiempo: Déjacque. Él también llevó una intensa labor dé escritor. Como tal fue «muy claro y específico. Su estilo era románticamente opulento, y era dado a los pasajes difusos de profesía rapsódica. Al mismo tiempo, albergaba una pasión por la destrucción tan excepcional como Bakunin. Creía que podía ser necesaria una nueva barbarie antes de que la sociedad pudiera ser regenerada» (Woodcok).

Courderoy puso en cuestión todo el orden existente, empezando por su propio padre, su madre, que lo adoraba, quemó muchos de sus manuscritos creyéndolos sin interés. Pregonó la guerra liberadora, el levantamiento de de los pueblos y el apocalipsis de la violencia liberadora. Había sufrido muy duramente la derrota de 1848 y la impotencia del exilio, y «buscaba una palanca de destrucción de la sociedad y la vio en una catástrofe de guerra aplastante, esa invasión de los cosacos, de la que entonces se hablaba tanto y que él no rechazaba, sino que la habría saludado como un romano, desesperado por la decadencia de Roma, habría podido saludar un rejuvenecimiento, una fusión de razas, por las invasiones de los bárbaros» (Max Nettlau).

En su sueño revolución, Courderoy estableció tres etapas:

  1. crisis catastrófica;
  2. guerra a la autoridad;
  3. reconstrucción anarquista.

En su alternativa social existe una notable influencia de Fourier, aunque en su comunidad humanísferica prevalece sobre todo una gran libertad: «En este parlamento de la anarquía, cada uno es su propio representante y el igual de sus asociados. ¡Oh, es muy diferente de la que ocurre entre los civilizados!. No se perora, no se debate, no se vota, no se legisla, sino que todos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, tratan en común de las necesidades del humanísferio. Es la propia iniciativa de cada individuo lo que le da la palabra o se la retira, según que crea útil hablar o no (…). Ni la mayoría ni la mi noría hacen ley. Si una proposición puede reunir suficienentes trabajadores para ser puesta en práctica, independientemente de que sean la mayoría o o una mínoria, se lleva adelante. en la medida enque está de acuerdo con la voluntad de quienes la apoyan. y generalmente ocurre que la mayoría se une a la minoría, o la minoría a la mayoría (…) cediendo cada uno al atractivo de encontrarse unido con los demás». Courderoy murió de forma trágica, después de haber estado enfermo de los nervios durante mucho tiempo. Entre sus escritos sobresalen: De la revolución en el hombre y en la sociedad (1852), Días del exilio (1854, reeditada por Max Nettlau en 1911), Tres cartas al diario L´Homme, órgano de la demagogia francesa en el extranjero, ¡Hurra! o la revolución por los cosacos, en tres partes, y La reconstrucción socialista.

No menos insumiso fue Joseph Dejacque (1821-1864), obrero tapicero, autodidacta, «poseía un espíritu original, una capacidad natural para la escritura, y una considerable erudición…..»(Woodcock). Se desconoce sus orígenes y sus actividades previas a 1848. Durante esta revolución se encuentra en un grupo de trabajadores de talante moderado, L´Atelier, más tarde en el club de las mujeres socialistas publica sus primeras poesías en Brets. Detenido durante las jornadas de junio del 48 en esta ciudad, regresa a París al ser liberado para ser de nuevo arrestado en vísperas del 13 de junio de 1849. En 1851 es condenado a dos años de prisión por la colección de sus poesías Les Lazaréennes. Fables et poesies sociales. No sufre la condena, pero huye a Londres con ocasión del 18 Brumario.

En 1852 escribió un tratado llamado La cuestión revolucionaria en el que expone su idea sobre la «guerra a la civilización por medios criminales». Rechazado por los demás proscritos como un extremista, publica entre 1858 y 1861 un periódico anarquista llamado El libertario. Diario del Movimiento social, en cuyo interior apareció su particular visión de una utopía anarquista: El humanisferio. En el ideario de Dejacque, el historiador norteamericano Woodcock encuentra «al verdadero antecesor de los «teóricos de la propaganda, por el hecho y de los asesinos ascéticos de la década de 1890. Pero encontramos también a un hombre para quien la paradoja de un orden natural nacido del desorden era tan provocativa como lo había sido Proudhom». Su defensa radical de la violencia revolucionaria y de la acción conspirativa secreta causó problemas, casi medio siglo más tarde, a Jean Grave por reeditar su utopía. Pensaba en el desarrollo de una gran campaña para la abolición final de la vieja sociedad –de la religión, la propiedad, el Estado, la Familia– para crear una nueva en la que el «hombre al empuñar el cetro de la ciencia tiene el poder que antiguamente se atribuía a los dioses, en los buenos tiempos viejos de las alucinaciones de la, ignorancia, y hace llover o que haga buen tiempo, gobierna la estaciones según su voluntad».

Influenciado por Fourier y por Proudhom, Dejacque imagina grandes salas de reunión (ciclidiones) en las que grandes multitudes harían escuchar sus voces unidas por la fraternidad yla  solidaridad natural y administradas por una única autoridad: el libro de estadísticas. En este parlamento de la anarquía, «cada uno es su propio representante y el igual de sus asociados. !Oh, es muy diferente de la que ocurre entre los civilizados¡. No se perora, no se debate, no se vota, no se legisla, sino que todos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, tratan en común de las necesidades del humanisferio. Es la propia iniciativa de cada individuo lo que le da la palabra o se la retira,. según crea útil hablar o no (…) Ni la mayoría ni la minoría hacen ley. Si una proposición puede reunir suficientes trabajadores para ser puesta en práctica, independientemente de que sean la mayoría o una minoría, se lleva adelante, en, la medida en que está de acuerdo con la voluntad de quienes la apoyan. y generalmente ocurre que la mayoría se une a la minoría, o la minoría a la mayoría (…) cediendo cada uno al atractivo de encontrarse unido con los demás».

La frustración revolucionaria en Italia (sobre la que el lector encontrará una impresionante descripción en la película de Visconti, El gatopardo), provocó también un rebrote libertario como el personificado por Saverio Friscia, (Sciacca, Agrimento, 1813–1886), y por Carlos duque de San Giovanni Pisacane (1818-1857.

El primero fue un médico, garibaldino, luego bakuninista. De origen burgués, su primer destino fue la vida sacerdotal, pero luego emprendió la carrera de medicina, rechaza. do empero la «medicina oficial» para dedicarse a la homeopatía, en la que alcanzó un notable prestigio. Su evolución política fue influenciada por las ideas fourieristas y materialistas, y su trayectoria como republicano demócrata comenzó al regresar en 1838 su tierra natal en la que organizó una importante labor conspirativa contra los Borbones, destacando en los acontecimientos de 1848. Este año fue elegido diputado de la Cámara de los Comunes de Palermo y desde entonces ejerció desde posiciones de extrema izquierda, oponiéndose por ejemplo, a la desamortización de los bienes eclesiástico argumentando de que esto tenían que ser restituidos al pueblo, su legítimo propietario; abandonó sus actividades políticas cuando no fue reelegido en 1882.

Aunque diferenciado por sus ideas sociales de Mazzini e incluso de Garibaldi, Friscia colaboró estrechamente con ambos en todos los ámbitos militantes, desde la prensa hasta la participación en el Comité revolucionario europeo. En 1865 entró en relación con Bakunin con el cual inició una amistad que le llevaría a convertirse en uno de sus más cualificados partidarios, sin embargo, esto no implicó una ruptura definitiva con Mazzini –mantuvieron correspondencia hasta febrero de 1866– hasta que este descalificó en 1871 a la Comuna de París, ni con los representantes de la democracia radical italiana: igualmente Friscia continuó formando parte de la masonería, aunque tratando de ganarla para los fines internacionalistas. En 1867 será uno de los fundadores de la asociación Libertad y Justicia surgida en Nápoles; el año siguiente fue uno de los delegados italianos en el congreso de la AIT en Bruselas, y después será uno de los acompañantes de Bakunin en el Congreso de la Liga por la Paz y la Libertad, y también uno de los miembros del Comité Central de la Alianza Socialista. Su labor como propagandista será decisiva para el desarrollo del primer movimiento anarquista italiano

El segundo fue el más destacado de los primeros socialistas italianos. Sobre Pisacane escribiría Max Nettlau: «Fue uno de los valientes combatientes revolucionarios en 1848-49 en Italia (república romana), en su destierro –donde conoció a Coerderoy y a Herzen–, a partir de 1851, aproximadamente, se emancipó de la mentalidad autoritaria y antisocialista de los nacionalistas».

Durante la república romana fue jefe del Estado Mayor, más tarde prestó servicio en Argelia en la Legión Extranjera; todo un personaje novelesco. En 1857, desembarcó en Italia con una pequeña fuerza de voluntarios, con la intención de desencadenar un proceso insurreccional, pero fracasó, muriendo en el campo de batalla. No se supo de sus ideas políticas seriamente hasta que en 1860 fue publicado su Testamento en París. Militante de la izquierda garibaldina, Pisacane distinguía dentro de las escuelas socialistas entre las que estaban imbuidas de influencias monárquicas y despóticas y las que lo estaban por la fórmula libertad y asociación. Convencido internacionalista, concebía la lucha nacional italiana como parte de una lucha universal y como inicio de una revolución social. Ha sido considerado como uno de los precursores del anarquismo. Cf. La rivoluzione (1850-1857), edición de Aldo Romano, Milán-Roma, 1957. También hay una película sobre él, La expedición.

Más controvertido será Johann Kaspar Schmidt llamado Max Stirner, (Bayruch, 1806-Berlín,1856), filósofo alemán, uno de los padres del anarcoindividualismo. Estudió teología y filosofía en Berlín, donde siguió los cursos de Hegel y Schleiermacher, luego se dedicó a la enseñanza particular y a las actividades literarias. Su obra principal, El único y su propiedad (1845), defiende una visión muy particular del individualismo. La familia, la sociedad y el Estado quedan anulados ante el ego, que se convierte en el factor principal, pasa pues del nosotros socialista, al yo único.

Se le ha considerado como el padre del anarquismo individualista. Influyó poderosamente en Bakunin y en la extrema izquierda del liberalismo norteamericano, representada por Josiah Warren, Lysander Spooner y Benjamín Tucker, quienes a finales del siglo XIX y principios del XX, ayudaron a forjar una filosofía anarquista conservadora, que se proponía defender con la máxima libertad, la propiedad privada y la economía liberal. También influyó por ejemplo, en el misterioso e interesante novelista, E. Traven. Al aparecer en Alemania El único y su propiedad ( Labor, col. Maldoror, BCN, 1975). fue vituperado e incomprendido, aunque Marx y Engels le dedicaron un lugar destacado en la obra La ideología alemana, motivo que facilitó el interés de la obra. Stirner atacó el socialismo, el humanismo, la democracia y otros conceptos progresistas, aunque también lo hizo con el Estado y todas las instituciones, así como a las ideas que tradicionalmente han exigido la lealtad del hombre, aparte de su propio «ego», o sea aparte de sus propios impulsos y deseos.

Su lugar en un trabajo de historia del socialismo se justifica sobre todo por su importancia en el árbol genealógico del anarquismo, ya que tanto «como cualquiera de los pensadores anarquistas más típicos, Stirner también critica la sociedad existente por su carácter autoritario y antiindividual, postula una condición deseable a la que puede llegarse sólo con la caída de las instituciones gubernamentales. Aboga por la igualdad entre egoístas, aunque la vea en términos de la tensión creada por un equilibrio del poder. y sugiere –aunque vagamente– medios insurreccionales por los cuales pueda realizarse el cambio en la sociedad. Al mismo tiempo, han existido pocos anarquistas tan extremados como MS en la adoración de la fuerza, o tan jubilosos en su concepción de la vida como un perpetuo y amoral conflicto de voluntades» (George Woodcock).. Otra obra suya seríaHistoria de la reacción (1852). Carlos Díaz trata ampliamente sobre su obra en algunos de sus estudios, y le dedicó específicamente Por o contra Stirner (Zero, Madrid).

Considerado el primer anarquista norteamericano, Josiah Warren (Boston, 1798-Id.1874), fue, entre otras cosas, inventor y filósofo social, sus ideas coinciden asombrosamente con las de Proudhom. En su faceta de inventor cabe destacar la creación de una lámpara que ardía con sebo, una prensa rápida, una prensa de cilindros que se extinguía por sí misma y un procedimiento para la producción rápida y barata de planchas para clisés…Fue un estudiante entusiasta de Robert Owen, y formó parte, más tarde, junto con su familia, de la comunidad comunista de New Harmony.

Posteriormente hará el siguiente balance de su fracaso: «Me parecía que las diferencias de opinión, de gustos y de finalidades aumentaba proporcionalmente a la exigencia de conformidad…Parecía que era la propia ley natural inherente a la diversidad lo que nos había conquistado (…) Nuestros «intereses unidos» se hallaban en lucha directa con las individualidades de las personas y las circunstancias y con el instinto de conservación ( …) Y era evidente que sólo en proporción al contacto de personas e intereses se justificaban las concesiones y los compromisos». Sin abandonar la concepción general de una comunidad cooperativista, creía que no se debía subordinar a esta el individuo, sino que por el contrario era la sociedad la que tenía que adecuarse a éste.

Por eso, Warren escribirá: «La sociedad ha de ser transformada de modo que mantenga intacta la soberanía de todo individuo. Hay que evitar las combinaciones y vinculaciones de personas e intereses. y cualquier otro arreglo que no deje a todo individuo en todo momento la libertad de disponer de su persona, así como de su tiempo y de sus propiedades, tal como le dicten sus conocimiento o su juicio, y sin implicar a las personas o los intereses ajenos». Su conclusión es que hay que darle un tratamiento idóneo a la propiedad y desarrolla una teoría en la que: «Todo lo que un hombre tiene derecho como individuo es el resultado material de su propio trabajo. Pero la complejidad de la civilización ha hecho imposible que los individuos vivan de manera independiente. La división del trabajo es una realidad imposible de ignorar, y las relaciones económicas entre los hombres han de basarse en ella. Consiguientemente, hizo del trabajo por el trabajo su propio lema» (Woodcok). Al poco tiempo de regresar de la comunidad oweniana, Warren, que pertenecía a una importante familia de linaje puritano, inició su primer experimento social al que llamó Time Store (Almacén del Tiempo) que duró tres años y que le convenció de su vialidad.

Con sus ganancias como inventor consiguió el dinero suficiente para iniciar en 1833 la publicación deThe Peaceful Revolutionist y un año más tarde, de acuerdo con un grupo de discípulo, adquirió un terreno en Ohio donde fundaron Ia Aldea de la Equidad. Según Woodcok fue en realidad «la primera comunidad anarquista en cualquier país desde la aventura de Wistanley en St. Georges Hill». En su fracaso concurrieron tanto los factores económicos –hubo un colapso en el sistema de intercambio–como otras circunstancias. Warren no cedió en su empresa y en 1846 fundó una nueva colonia, Utopía, que subsistió hasta la década de los sesenta, sobreviviendo al propio Warren que la abandonó en 1850 para dedicar su tiempo a otro empeño, el Modern Times, en Long lsland. En ambas el espíritu cooperativo se combinó con el mutualista y con el individualismo. Las condiciones creadas por la guerra civil influyeron en el fin de estos experimentos sociales que, al contrario que otros de signo fourieristas u owenistas, no se puede decir que fracasaran. Cole sitúa a Warren entre los «reformadores norteamericanos del sistema monetario», que se pueden definir como parte de una derecha anarquista aunque no como socialistas. Warren fue sin duda el más importante de los anarcoindiividualistas de su país. Falleció después de padecer una larga enfermedad. Un fragmento de su obra, Civilización auténtica: tema de serio y vital interés para todos los hombres mujeres que trabajan y penan, está recogido en Los anarquistas 1. La teoría, de Irving L. Horowitz.

Mucho más atractiva todavía fue la trayectoria de Henry David Thoreau (Concord, Massachusetts,1817-Id.1860), cuya obra todavía se puede leer con pasión e interés. Escritor semianarquista y pacífista norteamericano, internacionalista, y padre espiritual de la cantera de escritores yankis que se declaran fuera del «american way life», sin olvidar otros como Gerald Brennan que han confesado su deuda con él. Nació en Concord (Massachusetts), hijo de un próspero agricultor, su familia le envió a estudiar a la Universidad de Harvard en donde se graduó en 1837. Thoreau  se especializó en literatura clásica griega y en la poesía de los metafísicos británicos. De regreso a su casa ayudará a su hermano John en sus labores como maestro rural. A partir de 1840 colabora durante cuatro años en la célebre revista The Vial, creada por el filósofo trascendelista Ralph W. Emerson que simpatizó en su día con el fourierismo y algunos han considerado próximo a un cierto anarquismo conservador. En 1843, David fue reclamado por el hermano de Emerson para ejercer como profesor de filosofía en su academia, pero incapaz de adaptarse a la corriente social que le rodea. Cansado y decepcionado de la frivolidad de la mediocridad social, del materialismo grosero, y de sus fracasos amorosos, deja la enseñanza, cierra su fábrica de lápices, se convierte en asceta, ermita y misógino.

Entonces Thoreau se retira a su cabaña situada en Walden, para vivir con los pájaros, los peces, los árboles y las flores. Fruto de esta experiencia en contacto con la naturaleza es su obra, Walden o la vida en los bosques, escrita en 1854 (Los Libros de la frontera, BCN, 2002, con prólogo de Henry Miller), testimonio de los dos años que el autor pasó en las orillas del lago Walden. Una idea del impacto que causó nos lo ofrecen, Proust («Las páginas admirables de Walden me hacen pensar que cada uno va leyéndolas en sí mismo, de tal modo brotan de nuestra íntima experiencia»), y Scott Fitzgerald («Después de haber leído a Thoreau me he dado cuenta de cuanto he perdido excluyendo a la naturaleza de mi vida»).

En ella propone un retorno a la naturaleza, la sencillez y la austeridad frente a los conflictos de la sociedad moderna. Fiel a sus ideales, antiracista y antibelicista, Thoreau vivió la mayor parte de su vida en el campo. Anecdótico de estos años será el episodio de su arresto por haberse negado a pagar los impuestos a un gobierno que rechaza moralmente. De esta experiencia surge otra obra Sobre el deber de la desobediencia civil 8anexo a la edición citada), que ha pasado a la posteridad como uno de los teóricos más completos de esta actitud que justifica la resistencia pasiva ante la autoridad. Defiende al individuo frente a la incapacidad del gobierno: «Acepto, escribió, de todo corazón de que «el mejor gobierno es el que gobierna menos «; quisiera verlo realizado más rápida y sistemáticamente. Llevado hasta el final equivale a lo siguiente, en lo cual también creo: «el mejor gobierno es el que no gobierna nada, y cuando los hombres estén preparados para ello, será el tipo de gobierno que tendrán. El gobierno es a lo sumo un expediente útil. Pero muchos gobiernos siempre, ya veces todos son inútiles». Rebelde y artista no desdeñó las actitudes combativas e incluso violentas al servicio de una causa justa. Su nombre simboliza la tradición individualista y anarquista norteamericana mejor que nadie. Su influencia renació con los movimientos hippies en los años sesenta-setenta. Basándose en su utopía Walden, Skinner escribió Walden dos que causó un gran impacto en su país, y que a su vez fue criticado por Noam Chomski.

Estamos ante un historial más bien olvidado, sobre el que pesa la acusación de mera arqueología, y sin embargo…Se trata de vidas e ideas que todavía nos dicen mucho, que forman parte de nuestra plural Paternón socialista y democrático.

(*) Estas biografías, al igual que otras ya aparecidas sobre Godwin, Wollstonecraft, Tristan, Fourier, Saint-Simon, Blanqui, y otros tantos precursores del socialismo, están extraídas de mi libroDiccionario biográfico del socialismo. 1. Desde sus orígenes hasta Marx y engels (Ed. Hacer, Barcelona, 1982).

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