Nosotros, y no somos los mismos

Publicidad

Sin justicia no hay libertad y cuando la justicia no propicia la igualdad ni se consigue la justicia ni la libertad.

No hay duda de que en confinamiento a que estamos obligados a soportar en beneficio de todos nosotros no puede sumergirnos en una serie de pasatiempos incrementando el uso de los móviles, de las tabletas y de los ordenadores. La reflexión de qué sucede, por qué sucede y cómo nos afecta y nos va a afectar en el futuro, han de ser también motivo de ocupación a lo largo de estos también largos días de confinamiento.

Salta a la vista que las medidas restrictivas en el estado del bienestar impuestas por la UE para saldar la crisis de 2008 son como el cincel sobre la piedra que moldea el artista pero destruyendo la originalidad de la piedra. Nunca en tan poco tiempo se hizo tanto daño; aparentemente, las restricciones en sanidad, educación y dependencia  pasaban desapercibidas y no porque los movimientos sociales no alertaban de la pica maléfica que a base de decretos y de presupuestos recortados y prorrogados llagaban la perla de la corona.

Puede ser cierto que hasta que uno se quema no alerta del fuego…Hoy el fuego es un devastador incendio que nos conduce al desastre humano primero, y social después. Detrás de cada informe diario, las cifras son personas, son familias; las estadísticas y los análisis matemáticos no esconden ni el dolor familiar  ni la impotencia de los trabajadores de la sanidad que, por falta de medios, ven desbordados sus anhelos de curación. La maltratada clase médica en general es llamada a la “vocación” para suplir la incapacidad de quienes gestionan su propia ineficacia demostrada en tantos años rastrero politicastreo. Y la costumbre, tantas veces ejercida, no podía ser menos en horas catastróficas  como estas que vivimos, viendo cómo la búsqueda del rédito político intentando destruir al adversario continúa en su más repugnante expresión.

Cada día, a las ocho de la tarde, alrededor de la manzana en que vivo aumentan los aplausos de quienes, confinados en sus pisos, unen sus manos a la admiración de todos los que dedican con ahínco sus esfuerzos en detener y esposar al maldito enemigo, el coronavirus.

Un verso de nuestro romántico por excelencia, Gustavo Adolfo Bécquer, “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, puede que sea premonitorio de lo que va a suceder dentro de un tiempo aún no cifrado. Porque a la unión popular no se ha correspondido una unión política y administrativa. Las ansias de ejercer el  poder superan la voluntad de servicio a los ciudadanos. Y de no ser así, viene a cuento aquello que me decía mi abuela sobre las buenas intenciones y de la buena voluntad:” el infierno está lleno de buenas intenciones…”

Si ahondamos un poco más en el análisis podemos llegar a la conclusión de que no son ya las personas las que no han estado a la altura de afrontar la crisis humanitaria. Es el propio sistema organizativo de esta sociedad que objetiviza los fines más egoístas como desarrollo ejemplar. Enriquecer la sociedad es evitar las desigualdades en base a la igualdad política; es crear industria, comercio, ciencia, agricultura… y no especulación y fondos de inversión buitres y carroñeros. Y de estos objetivos despreciables tiene una mayor parte de culpa la UE. Sí, ese mercado de ladrones egoístas que nos vendieron como objetivo una Europa federal y social, pero sus egoísmos estaban bien orientados a base de legislaciones restrictivas a la solidaridad y a la justicia social; se fundamentaron en tratados de libre comercio que han ahogado a los pequeños agricultores y ganaderos, ha empobrecido a los asalariados con contratos de miseria y precariedad laboral, ha ahuyentado a nuestros talentosos jóvenes para  aprovecharlos ellos en una obligada emigración. Clamo a la conciencia solidaria de los trabajadores que se sienten clase obrera a que sea realidad el verso de Bécquer y que dentro de un tiempo que aún está por cifrar “nosotros, ya seamos los mismos” ; despreciemos los egoísmos en que se fundamenta esta sociedad capitalista, acumulativa de recursos a base del sufrimiento de la mayoría de la población y rompamos la ideología de egoísmo sustituyéndola por la de la solidaridad entre las personas y los pueblos. Sin justicia no hay libertad y cuando la justicia no propicia la igualdad ni se consigue la justicia ni la libertad.

 

 

 

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More