Nos ocultan que la crisis financiera tiene fácil solución sin pasar por expoliar al pueblo

En realidad, desde hace bastante tiempo, todos nuestros bancos (sin hacer distinción entre bancos y cajas) están en quiebra, son insolventes.
Curiosa e interesadamente, aquí nada es inocente, esto no sale ni se discute en los grandes medios, pero nuestro sistema financiero no recibe financiación en los mercados secundarios.
Ningún banco o inversor quiere prestar a los bancos españoles, también, es verdad que ellos tienen sus propios problemas de solvencia.
Nuestros bancos dependen enteramente del dinero que reciben del BCE.

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Las cajas han estado en el centro de atención – es cierto que por méritos propios – pero, también, por otra razón muy importante.
La razón fundamental es ideológica e interesada.
Este interés tiene que ver con los cuantiosos beneficios pecuniarios que reportarán a las élites la privatización a costa de los contribuyentes del patrimonio común que son las cajas.
Una parte muy importante de la riqueza nacional que, nuevamente, será sustraída o, como dicen,  ‘privatizada’. Las cajas son entidades que no han sido gestionadas como un bien público – destinadas al bien común, al interés general o al desarrollo económico a largo plazo – sino como fuentes de financiación y promoción de distintos intereses y ambiciones privadas. 

Ha habido una colosal malversación de dinero público y han sido un foco más de corrupción generalizada, por tanto, lo que tiene que haber son gravísimas consecuencias legales, pero la entrega de unas entidades públicas a las mismas personas que han hecho un uso fraudulento de ellas es una locura.

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Los bancos, misteriosamente, han salido indemnes del debate público y publicado – medios de comunicación y ambientes políticos – por supuesto, no del debate que se ha producido en calles, casas, bares y plazas españolas. Esto no es inocente.
Nuevamente, por cuestiones ideológicas, se ha ocultado la verdadera situación de los bancos, poniendo el foco en el objetivo más codiciado por financieros y grandes fortunas: las cajas, el último escollo para cumplir el sueño de la apropiación o ‘privatización’ absoluta del dinero, concentrando el sistema financiero español en muy pocas y poderosas manos con las consecuencias desastrosas para la sociedad de la formación de un nuevo monopolio privado.
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Los planes de ayuda – eufemismo muy utilizado por la prensa – a España u otros países no son tales. En realidad, son planes de salvamento – con dinero público – a multimillonarios. Los actuales dirigentes europeos no tienen ningún interés en solucionar la supuesta crisis.
No están gobernando en pos del interés general, sino que, están salvaguardando los intereses privados de grandes fortunas y empresas a las que sirven.
Esto no es muy difícil de ver cuando muchos de ellos vienen de la banca o vuelven a ella: Monti, Papademos, Draghi, Solbes, Rato o De Guindos, entre muchos otros.
Ellos ocultan que la crisis financiera tiene fácil solución.

Tan solo tenemos que aplicar las mismas leyes económicas que se aplican diariamente a las personas comunes, a los autónomos o a las pequeñas empresas.
La misma solución que publicita la retórica neoliberal que se jacta del peligro del ‘moral hazard’ o riesgo moral,  que nos dice que las personas – parece ser que sólo las humildes – deben enfrentarse totalmente a las consecuencias de sus malas acciones.
Por tanto, por un simple principio de simetría y justicia universal, los bancos y grandes empresas deben afrontar ante la justicia las consecuencias de las acciones delictivas e inmorales que han llevado a cabo.
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Los bancos con problemas no deben ser salvados, deben ser liquidados. Y, esto se puede hacer fácilmente. Hay medios para ello y no resultaría en ningún cataclismo. No debemos dejarnos arrastrar por el miedo ni por el determinismo de los teóricos neoliberales, que está basado en una evasión interesada de la realidad.
Disponemos de 700.000 millones de euros – 400.000 millones pertenecientes a los accionistas, es decir los dueños de los bancos y 300.000 millones de los inversores – que deben servir para sanear el sistema financiero y dar fin a estas ‘entidades zombies’,que impiden la reactivación del crédito, la normalización de los precios de la vivienda y nos mantienen en la depresión.

El dinero que llegó a España durante la última década no era para invertir a largo plazo, era para especular en el mercado inmobiliario y sacar jugosos beneficios, mientras, cientos de miles de españoles no podían acceder a una vivienda o tuvieron que endeudarse por ella de por vida, convertidos, ahora, como se quiere hacer con España en esclavos de la deuda.

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Por tanto, no hay que coger el dinero de los contribuyentes, sino el de propietarios de bancos, grandes empresas y sus inversores. El dinero de estos especuladores que inflaron artificialmente los precios creando una demanda especulativa que expulsaba del mercado a la demanda real. Lo que ahora quieren estos bancos e inversores es que les rescatemos de sus apuestas fallidas.
Durante la burbuja fueron ellos los que avivaron la propaganda desdemedios de comunicación, resortes del poder político, servicios de estudios financieros, expertos a sueldo, tasadoras, agencias de calificación, etc. invitando a los ciudadanos comunes a participar en la estafa, porque, según ellos,los precios nunca bajan, saltándose toda la historia y la teoría económica plagada de cientos de burbujas financieras e inmobiliarias como la española.
Y, fueron los grandes patrimonios y empresas – como muestran los datos – quienes jugaron más fuerte a la especulación inmobiliaria y financiera –.
A ellos pertenece la mayor parte de la deuda: el 40% de la deuda pertenece al 10% más rico de la población y el 95% de la deuda empresarial corresponde a las grandes empresas. Esto se oculta porque ellos son quienes nos gobiernan.
Ahora, quieren que les paguemos su fiesta.

La crisis es un paraiso ( para los especuladores)

Evidentemente, no para nosotros, los ciudadanos de a pie. 
Para nosotros es un auténtico infierno del que no vemos una salida fácil ni cierta, a corto y medio plazo.
En cambio, hay quienes parecen estar disfrutando de lo lindo. Y disfrutan porque están alcanzando objetivos que ni en sueños pensaban poder conseguir. 
La crisis les funciona como una manta invisible que todo lo tapa: sus vergüenzas y los intereses ocultos que mueven sus acciones para conseguir lo que quieren. 
Me temo que no dejarán que la crisis termine hasta tanto no lo consigan.
Y no me refiero sólo a los especuladores que se están forrando a cuenta de la crisis de deuda y la prima de riesgo, sino también a la derecha política y económica que nos gobierna. 
Una derecha que nunca se ha creído el Estado de Bienestar y a la que le estorban los servicios públicos, por mucho que sus promesas electorales digan lo contrario.
Para sinceridad, la de Esperanza Aguirre, la recién dimitida lideresa madrileña que en su feudo no necesitó escudarse en la crisis para demostrar que la labor redistributiva del Estado le daba repelús. 
Y así, en plena bonanza económica, se ensañó con la sanidad y la educación públicas, mientras promovía la gestión privada de hospitales o repartía generosas deducciones fiscales a las familias que enviaban a sus hijos a centros privados de enseñanza.
Por eso, cuando ahora hablan de austeridad, de que hay que ahorrar porque no podemos gastar más de lo que ingresamos, cuando afirman que la sanidad o la educación no son sostenibles, lo que están ocultando es su intención de prescindir de esas transferencias sociales tan importantes para los trabajadores y trabajadoras y sus familias. Nunca piensan en la austeridad para ricos. 
Ellos no gastan, invierten (en su propio beneficio, claro) y por eso no se les debe molestar. Por eso la austeridad no cuenta para los bancos, los grandes empresarios, las grandes fortunas, los grandes propietarios… ellos no deben ser de este mundo.
Cuando dejan caer que el problema son las Comunidades Autónomas, que los Ayuntamientos pequeños no son viables, que hay mucho derroche, muchas duplicidades entre administraciones, que sobran empleados públicos,.. en realidad su objetivo no es racionalizar el gasto ni mejorar la gestión de las administraciones públicas, que sí son deseables, sino recuperar competencias para el Estado central y mantener el poder territorial por los siglos amén. 
Así evitan que responsables políticos de diferente cuerda puedan frenar sus planes, aunque sea desde un pequeño pueblo perdido en la sierra de Aracena.
Lo cierto es que a cuenta de la austeridad, se incrementa el paro, la ciudadanía se empobrece, se reducen los ingresos del Estado y aumenta la prima de riesgo. 
Algo absurdo, sin duda, desde un punto de vista económico: lo que se recorta en gasto público se gasta en intereses  para los especuladores financieros. Y la recesión económica se hace más profunda.
Pero aunque parezca absurdo desde unl punto de vista económico no lo es desde unl punto de vista ideológico. Se podrían poner muchos ejemplos que no dejan lugar a dudas: Las reformas emprendidas por Gallardón, las del ministro Wert, la del Sistema Nacional de Salud, la reforma laboral… ninguna de ellas es necesaria para salir de la crisis pero son parte fundamental del programa ideológico que quieren implantar.
Centrémonos en la reforma laboral que se presentó como una necesidad urgente para que nuestras empresas ganaran competitividad y creasen empleo. 
Cuando la impusieron, sabían perfectamente que la energía supone un porcentaje de costes mayor que la mano de obra y que constituye un factor determinante de la competitividad de nuestras empresas en los mercados internacionales. 
Pero el gobierno, en lugar de poner orden en la factura eléctrica, optó por recortar costes laborales con una reforma laboral que hizo saltar por los aires años de negociación colectiva y diálogo social.
 Así, utilizó como coartada a los 5 millones de parados para desmantelar el marco de relaciones laborales y para “regalar” a las grandes empresas viejas reivindicaciones, obviando las necesidades reales de autónomos y micropymes. 
No existían pues razones económicas para esa reforma, sino puramente ideológicas.
Podemos seguir sumando ejemplos, porque han sido 9 meses de cambios profundos en lo social, lo económico y lo político. 
Ellos están en el paraíso, por eso no les urge salir de la crisis como a nosotros, y pretenden tomarse su tiempo para llevarnos a un cambio de modelo, el de la derecha de toda la vida.
¿Vamos a permitirlo?
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