¿Nociones comunes?

¿Qué es lo que compone contigo, que inmediatamente haces tuyo? Aquello que no duele recordar, que no has tenido que memorizar para saber, aquél que cuando conociste parecías ya conocer. Cuando te pasas la vida estudiando, escuchando, te enteras. Es un razonamiento o una fórmula para la que no necesitas ejemplos, una música que no tienes que escuchar varias veces para que se te quede, una anécdota que asocias libremente cuando menos esperas, una película que siempre sabes de qué iba. Una persona que puedes reconocer aunque haya pasado mucho tiempo, aunque haya cambiado de aspecto. Experimentamos alegría cuando un cuerpo se encuentra con el nuestro y se compone con él, cuando una idea se encuentra con nuestra alma y se compone con ella, o, por el contrario tristeza  cuando un cuerpo o una idea amenazan nuestra propia coherencia.

Spinoza diría que son “adecuados”. No sólo cuando empiezas a vivir sino también cuando te das cuenta que has empezado a despedirte de la vida es interesante saber qué compone contigo, cuando la desmemoria acecha, también es interesante saber quién eres, tus recuerdos te devuelven las precisiones que tus esperanzas de joven te prestaban. Eso que no tienes que forzarte para recordar, esa poesía eres tú.

   Para saber qué compone conmigo, qué me pone, tengo que volver a la música siempre, de hecho el que la hace es un compositor. Para los que no somos músicos, para componer necesitamos trucos, trucos para recordar nuestra música, nuestras esferas. Por ejemplo en el convento una vez se rezaba con esta frase: “Para que pueda resonar la voz de tus maravillosas hazañas, disuelve el veneno de sus labios, ¡oh San Juan!”  Ut queant laxis resonare fibris mira gestorum famuli tuorum solve polluti labii reatum, sancte Iohannes. A partir de las primeras sílabas de un himno San Pablo el Diácono (siglo VIII), consagrado a la fiesta de San Juan Bautista del 24 de Junio, emerge el octoetos que compone la base armónica modal del canto gregoriano. Es el Do-re-mi-fa-sol-la-sí con el que muchos han compuesto desde entonces. 

    Al revisar las precisiones acerca de la descomposición que abundan en el “Tratado de Podredumbre” de Cioran he venido a recordar el otro polo de lo que compone conmigo, lo que me descompone. Por ejemplo el el humanismo universalista se descompone en provecho de las identidades nacionales y religiosas, mientras seguimos esperando que aparezca un sentimiento de identidad con la sociedad, la especie y la vida que respete el lazo indisoluble que hay entre la unidad y la diversidad humanas. 

   Ovejero dice que la política se jodió a partir de Mayo del 68, cuando decidimos no salir de la adolescencia y seguir pidiendo siempre lo imposible. Seguir suponiendo siempre que hay de todo en la casa de los padres, que podemos apoyar una idea y la contraria, que si las cosas no son perfectas son una basura, que es más importante saber quién c. eres que la justicia social, que los problemas con la igualdad son problemas de identidad.

   ¿Es posible seguir siendo rebeldes sin causa? ¡Ah Baruch!: Inadecuado y adecuado califican ante todo una idea, pero también califican una causa. Puesto que la idea adecuada se explica por nuestra potencia de comprensión, no tenemos una idea adecuada sin que nosotros mismos seamos la causa adecuada de los sentimientos que se desprenden de ella, que desde este mismo momento, son activos. Por el contrario mientras tenemos ideas inadecuadas somos causa inadecuada de nuestros sentimientos que entonces son pasivos. 

   La pregunta fundamental: ¿Como conseguimos formarnos ideas adecuadas y en que orden cuando las condiciones naturales de nuestra percepción nos condenan a no tener más que ideas inadecuadas? Se responde diciendo: Mediante la producción de nociones comunes. La noción común es la representación de dos o más cuerpos o de la unidad de esa composición. Su sentido es más biológico que matemático. No son abstractas sino generales. ¿Nociones comunes? Lo común, lo que compone conmigo, esa es mi causa.

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