No todo es COVID-19. Un impacto brutal sobre la atención a la salud, que volveremos a pagar los/as de siempre

El aumento de la presión asistencial ha obligado a que la atención en los Centros de Salud, sobre todo en los barrios obreros de las grandes ciudades, que son los más colapsados, sea preferentemente telefónica y no presencial. El goteo continuo de ingresos en hospitales y UCIS, está obligando a volver a posponer o directamente suspender tratamientos, terapias, realización de pruebas diagnósticas, cirugías e intervenciones programadas en todos los niveles asistenciales, exceptuando aquellas que son muy urgentes. Esta pandemia por el COVID19 ha ocasionado también un parón en la atención a los pacientes crónicos, que son además grupo de riesgo frente al virus.

No es casualidad que sean los barrios del sur de Madrid, los que acumulan más contagios, al igual que ocurre en otras ciudades como Nueva York, donde el barrio del Bronx, lleno de personas latinas y afroamericanas, duplica contagios respecto al rico y elitista barrio de Manhattan. En todo el mundo, hay enormes diferencias tanto de infección como de gravedad y de muerte, dependiendo de factores como la renta, el tipo de trabajo que se tenga, la raza o el barrio donde se viva.

Es la clase trabajadora más precaria y empobrecida, quien generalmente tiene menor esperanza de vida y una salud más deteriorada con una alta prevalencia de enfermedades como diabetes, hipertensión u obesidad, que son factores de riesgo frente al virus. Ser pobre o vivir en la precariedad (eso que Ayuso llama “forma de vida” ) significa vivir hacinado/a en pocos metros cuadrados y tener una dieta desequilibrada, pues los bajos ingresos no dan para más. Significa tener que hacer largos desplazamientos en transportes públicos abarrotados que ni siquiera se han preocupado en reforzar durante la pandemia, para acudir a empleos, muchos de ellos esenciales, que no son susceptibles de ofrecer en la modalidad de teletrabajo.

Aunque aún es pronto para medir su alcance, es evidente que esta crisis sanitaria tendrá un impacto enorme en la salud general de la población, en lo que hace a la prevención y diagnóstico precoz de ciertas enfermedades y a evitar la cronificación y agravamiento de muchas otras. Y como siempre, seremos los/as trabajadores/as y las personas con menos recursos que no pueden permitirse el lujo de acudir a la sanidad privada, las más afectadas.

 

Un plan de choque sanitario y social

Para contener la Covid19, proteger nuestras vidas, nuestra salud y blindar la Sanidad Pública. Para no tener que elegir entre contagiarse por el virus o no tener nada que comer, EXIGIMOS:

  1. ¡Refuerzo de la Atención Primaria. Más rastreadores y personal sanitario en condiciones laborales estables y salarios dignos!
  2. ¡Equipamientos de protección de calidad y suficiente para el personal socio-sanitario que se sigue contagiando!
  3. ¡Test masivos y obligatorios e intervención estatal de los laboratorios, lo que es imprescindible para rastrear y monitorear el virus de forma rápida y eficiente!
  4. ¡Derogación de la Ley 15/97 y expropiación de la sanidad privada!
  5. ¡Más presupuesto para nuevos hospitales y unidades de cuidados intensivos!
  6. ¡Residencias medicalizadas. Remunicipalización y vuelta a manos públicas de todos los servicios socio-sanitarios ahora privatizados!
  7. Mascarillas, geles hidroalcohólicos y las futuras vacunas, gratuitas para toda la población!
  8. ¡Refuerzo en Educación, con personal sanitario, más profesorado y personal de limpieza y espacios para una educación segura y de calidad para tod@s!
  9. ¡Habilitación de hoteles y viviendas vacías en manos de bancos e inmobiliarias para garantizar cuarentenas en condiciones dignas.
  10. ¡Prohibición de despidos. Garantía de subsidios de paro para acabar con la miseria o el empleo sumergido que obliga a romper el confinamiento!
  11. ¡Incautación de empresas para producir material sanitario!

 

Corriente Roja

 

 

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