No solo antifascistas (cast/cat)

Por Ermengol Gassiot Ballbè

Somos antifascistas, pero no solo. Me explico. Somos radicalmente antifascistas. Pensamos que, frente el fascismo, no tenemos ninguna otra opción que no sea combatirlo. Pero también sabemos que no nos conformamos con ser simplemente antifascistas. O que no somos antifascistas de cualquier manera. Todo ello, en los tiempos que corren y sobre todo en los […]

Somos antifascistas, pero no solo. Me explico. Somos radicalmente antifascistas. Pensamos que, frente el fascismo, no tenemos ninguna otra opción que no sea combatirlo. Pero también sabemos que no nos conformamos con ser simplemente antifascistas. O que no somos antifascistas de cualquier manera. Todo ello, en los tiempos que corren y sobre todo en los que posiblemente vendrán conviene tenerlo claro. Es por eso que hago este post, que no pretende que sea demasiado largo ni decir nada del otro jueves. Pero hay cosas básicas que nunca está de más repetir.

Tenemos bien claro que el fascismo es hijo del capitalismo. Históricamente hay un montón de ejemplos que lo demuestran. Y cuando hablo de capitalismo me refiero también a los estados, como entidades políticas, que lo amparan, lo avalan y lo protegen. De hecho, el fascismo como forma extrema de autoritarismo, requiere de los estados y los reifica. Pero es igualmente cierto que no todos los hijos del capitalismo son fascismo. Bien, más que hijos, habría que decir que no todas las formas que adquiere el capitalismo son esto que denominamos fascismo. En realidad, a pesar de que ciertas manifestaciones fascistas acaban siendo presentes en prácticamente todas las sociedades capitalistas, en pocas ocasiones este fascismo acaba siendo dominante. Aunque los mismos estados lo puedan proteger y promover incluso en sus formas marginales.

No solo el fascismo mata. Las políticas liberales, siguiendo el dictado de los mercados, matan. Los recortes en sanidad y en prestaciones sociales básicas, matan. Las políticas perfectamente conscientes de la Unión Europea en el Mediterráneo condenan a morir ahogadas a miles de personas cada año. La barra libre de las multinacionales a África y en otros muchos lugares del mundo, además de destruir el planeta, mata. El mayor genocidio de la historia, en términos de cantidad de muertes por día, no lo hizo un estado fascista. Sucedió en una neocolonia, Ruanda, durante tres meses del año 1994 con el amparo activo de la República Francesa. Una república que no presidía ningún “fascista” sino el supuesto socialista Mitterrand con un primer ministro de un partido supuestamente democrático. Ejemplos en ese sentido podemos mencionar muchos. Como resumen, podemos retener el dato de que la inmensa mayoría de muertes provocadas por causas no naturales en el mundo desde el año 1945 hasts aquí no las han provocado regímenes fascistas, sino corporaciones económicas capitalistas y los gobiernos correspondientes, muy a menudo actuando bajo la forma de democracias parlamentarias. [Nota: para quien quiera hacerse una idea, aquí tenemos algunos datos de los millones de muertes que cada año provoca el trabajo, básicamente bajo condiciones económicas capitalistas]

Nosotros luchamos contra el capitalismo, el patriarcado, las opresiones de los estados. Bajo sus diferentes formas, que mayoritariamente no son esto que entendemos por fascismo, por mucho que puedan contener prácticas fascistas. Esto no quita que no podamos reconocer en el fascismo uno de los mayores exponentes de la barbaridad del capitalismo y que, cuando lo vemos, nos sintamos en la obligación de combatirlo. Nos pasa, es bueno que nos pase y hace falta que construyamos activamente esta confrontación. Pero no lo podemos hacer de cualquier manera.

Del mismo modo que los sectores antagonistas a los poderes no somos un todo homogéneo, en el bloque opuesto tampoco hay una uniformidad absoluta. Siempre entre los defensores del estado y del capitalismo ha habido quienes han apostado por formas más “democráticas” (en el sentido liberal de hacer política) frente a otras que han defendido la necesidad de líneas más duras al menos en los aspectos formales de mantenimiento de la ley y la orden. Incluso, las diversas formas políticas del capitalismo pueden entrar en conflictos intensos. Y esto requiere inteligencia por nuestra parte. Quizás las diferentes situaciones aconsejen varias salidas en cada momento, a nivel de táctica en una determinada coyuntura. Pero nunca tenemos que perder de vista cuál es la finalidad y el sentido de nuestra lucha, no solo en un horizonte lejano sino en nuestro día a día más próximo.

Luchamos contra la explotación capitalista y la opresión de los estados. Si esto lo tenemos claro, nos llevará a aceptar determinadas formas de antifascismo y a desmarcarnos de otras. Para no mencionar a nadie, me limitaré a poner un ejemplo. El pasado 6 de diciembre en Terrassa mucha gente fuimos a hacer frente a una organización fascista que decidió hacer propaganda en un barrio de la ciudad. Lo hizo bajo una fuerte protección de los Mossos d’Esquadra, que incluso lucieron armas prohibidas antes de empezar a cargar y provocar multitud de heridas y heridos. En Terrassa se volvieron a ver barricadas, llamas y conflicto en la calle.

Una vez acabada, surgían varias preguntas. Alguien apuntaba que el Ayuntamiento o el Departament d’Interior de la Generalitat tendrían que haber prohibido el acto. Hemos escuchado muchas veces que al fascismo se lo tiene que prohibir, por ley. Incluso en tertulias en los grandes medios de comunicación. Sinceramente, pienso que nosotros esto no lo podemos defender. El fascismo lo tenemos que combatir nosotros, la gente, el pueblo, la clase trabajadora. Lo tenemos que hacer activamente y en los diferentes espacios de nuestro día a día. Si hace falta, hablando con compañeros en el trabajo cuando dicen que no tenemos que aceptar más trabajadores/as de fuera o que se les tiene que pagar menos por vete a saber qué razón. O rechazando activamente las “redadas” racistas de las diferentes policías. O cortando de raíz comentarios y chistes racistas, xenófobos u homófobos. O volviendo a levantar barricadas y hogueras….

 


 

No només antifeixistes

 

Som antifeixistes, però no només. M’explico. Som radicalment antifeixistes. Pensem que, front el feixisme, no tenim cap altra opció que no sigui combatre’l. Però també sabem que no ens conformem a ser simplement antifeixistes. O que no som antifeixistes de qualsevol manera. Tot plegat, en els temps que corren i sobretot en els que possiblement vindran convé tenir-ho clar. És per això que faig aquest post, que no pretén ser massa llarg ni dir res de l’altre món. Però hi ha coses bàsiques que mai està de més repetir.

Tenim ben clar que el feixisme és fill del capitalisme. Històricament hi ha un munt d’exemples que ho demostren. I quan parlo de capitalisme em refereixo també als estats, com a entitats polítiques, que l’emparen, l’avalen i el protegeixen. De fet, el feixisme com a forma extrema d’autoritarisme, requereix dels estats i els reifica. Però és igualment cert que no tots els fills del capitalisme són feixisme. Bé, més que fills, caldria dir que no totes les formes que adquireix el capitalisme és això que denominem feixisme. En realitat, tot i que certes manifestacions feixistes acaben sent presents en pràcticament totes les societats capitalistes, en poques ocasions aquest feixisme acaba sent dominant. Encara que els mateixos estats el puguin protegir i promoure fins i tot en les seves formes marginals.

 

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No només el feixisme mata. Les polítiques liberals, seguint el dictat dels mercats, maten. Les retallades en sanitat i en prestacions socials bàsiques, maten. Les polítiques perfectament conscients de la Unió Europea a la Mediterrània condemnen a morir ofegades a milers de persones cada any. La barra lliure de les multinacionals a Àfrica i a molts altres llocs del món, a banda de destruir el planeta, mata. El major genocidi de la història, en termes de quantitat de morts per dia, no el va fer un estat feixista. Va succeir a una neocolònia, Ruanda, durant tres mesos de l’any 1994 amb l’empara activa de la República Francesa. Una república que no presidia cap “feixista” sinó el suposat socialista Mitterrand amb un primer ministre d’un partit suposadament democràtic. D’exemples en aquest sentit en podem esmentar molts. Com a resum, podem retenir la dada de que la immensa majoria de morts provocades per causes no naturals al món des de l’any 1945 cap aquí no les han provocat règims feixistes, sinó corporacions econòmiques capitalistes i els governs corresponents, molt sovint actuant sota la forma de democràcies parlamentàries. [Nota: per qui se’n vulgui fer una idea, aquí tenim algunes dades dels milions de morts que cada any provoca el treball, bàsicament sota condicions econòmiques capitalistes]

Nosaltres lluitem contra el capitalisme, el patriarcat, les opressions dels estats. Sota les seves diferents formes, que majoritàriament no son això que entenem per feixisme, per molt que puguin contenir pràctiques feixistes. Això no treu que no puguem reconèixer en el feixisme un dels majors exponents de la barbaritat del capitalisme i que, quan el veiem, ens sentim en l’obligació de combatre’l. Ens passa, és bo que ens passi i cal que construïm activament aquesta confrontació. Però no ho podem fer de qualsevol manera.

De la mateixa manera que els sectors antagonistes als poders no som un tot homogeni, en el bloc oposat tampoc hi ha una uniformitat absoluta. Sempre entre els defensors de l’estat i del capitalisme hi ha hagut qui ha apostat per formes més “democràtiques” (en el sentit liberal de fer política) enfront d’altres que han defensat la necessitat de línies més dures si més no en els aspectes formals de manteniment de la llei i l’ordre. Fins i tot, les diverses formes polítiques del capitalisme poden entrar en conflictes intensos. I això requereix de nosaltres intel·ligència. Potser les diferents situacions aconsellin diverses sortides en cada moment, a nivell de tàctica en una determinada conjuntura. Però mai hem de perdre de vista quina és la finalitat i el sentit de la nostra lluita, no només a un horitzó llunyà sinó en el nostre dia a dia més proper.

Lluitem contra l’explotació capitalista i l’opressió dels estats. Si això ho tenim clar, ens portarà a acceptar determinades formes d’antifeixisme i a desmarcar-nos d’altres. Per tal de no esmentar a ningú, em limitaré a posar un exemple. El passat 6 de desembre a Terrassa molta gent vam anar a plantar cara a una organització feixista que va decidir fer propaganda en un barri de la ciutat. Ho va fer sota una forta protecció dels Mossos d’Esquadra, que fins i tot van lluir armes prohibides abans de començar a carregar i provocar multitud de ferides i ferits. A Terrassa es van tornar a veure barricades, flames i conflicte al carrer.

Un cop passat, sortien diverses preguntes. Algú apuntava que l’Ajuntament o el Departament d’Interior de la Generalitat haurien d’haver prohibit l’acte. Ho hem sentit moltes vegades que al feixisme se l’ha de prohibir, per llei. Fins i tot en tertúlies als grans mitjans de comunicació. Sincerament, penso que nosaltres això no ho podem defensar. El feixisme l’hem de combatre nosaltres, la gent, el poble, la classe treballadora. Ho hem de fer activament i en els diferents espais del nostre dia a dia. Si cal, parlant amb companys a la feina quan diuen que no hem d’acceptar més treballadors/es de fora o que se’ls ha de pagar menys per ves a saber quina raó. O rebutjant activament les “redades” racistes de les diferents policies. O tallant d’arrel comentaris i acudits racistes, xenòfobs o homòfobs. O tornant a alçar barricades i fogueres….

 

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No només antifeixistes

 

 

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