¡No sigamos pagando la maldita deuda externa!

Por Rubén Alexis Hernández

Considerando todo el daño social que la deuda externa y su pago en dinero y materias primas ha ocasionado a los venezolanos, no es descabellado exigir al Gobierno nacional que deje de pagar inmediatamente esa maldita deuda externa.

Por Rubén Alexis Hernández

Uno de los principales factores responsables de la grave crisis socioeconómica que padece Venezuela hoy día, es sin duda alguna la gigantesca deuda externa que el país tiene, quizá la de mayor magnitud en la historia nacional. Y lo más doloroso es cómo ese indicador hunde en una mayor pobreza a millones de venezolanos, quienes a duras penas tienen para medio comer y más nada. En este sentido considérese que el PIB es cada vez menor y por tanto la disposición de recursos para la inversión social ha descendido notablemente. Panorama bien nefasto para la nación suramericana.

Considerando entonces todo el daño social que la deuda externa y su pago en dinero y materias primas ha ocasionado a los venezolanos, no es descabellado exigir al Gobierno nacional que deje de pagar inmediatamente esa maldita deuda externa, y por supuesto que no lleve a cabo el refinanciamiento de la misma (con la banca global que aún quiera negociar con Venezuela). Claro está que el Gobierno “revolucionario”, en conjunción con sus socios “opositores”, militares y económicos no hará tal cosa sin la presión popular de diversas formas, incluso a nivel de la calle. Y evidentemente las consecuencias de dejar de pagar la deuda externa variarían desde la aplicación de sanciones globales y el retiro de transnacionales del país, hasta una posible intervención militar extranjera para controlar directa e indirectamente desde el punto de vista político-administrativo a Venezuela, al estilo de Irak, Afganistán, Siria y Libia, por nombrar algunas naciones invadidas y sometidas por potencias mundiales en los últimos años.

En caso del retiro de las transnacionales, no sería tan malo como pudiera pensarse, a pesar de que no somos soberanos ni mucho menos. Por un lado ese gran capital foráneo dejaría de expoliarnos, y por otra parte nos veríamos obligados a tener una elevada productividad agropecuaria e industrial a como dé lugar con puro recurso humano y técnico nacional, logrando así la tan anhelada independencia económica. Ahora en el caso de una intervención militar la cuestión sería más complicada, porque es una acción que en el fondo no quisieran llevar a cabo estadounidenses, rusos y chinos, debido a que obviamente se enfrentarían de forma directa. De igual manera los venezolanos tendríamos que hacer la guerra de resistencia a los invasores, sean de la nacionalidad que sean, pues amigos no tenemos, solo socios económicos que velan por sus propios intereses.

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