Publicado en: 11 febrero, 2019

No hay otro como él

Por Jose Luis Merino

La voz poderosa del poeta peruano César Vallejo, siempre en la memoria. En la imagen, un retrato de Vallejo realizado por Picasso

César Vallejo es, sin duda, uno de los mejores poetas en lengua española. Mas no me olvido de la plétora de excelentes poetas como Rubén Darío, Juan Ramón, Machado, Gabriela Mistral, Neruda, Pablo de Rokha, Gonzalo Rojas, Borges, Lugones, Lezama Lima, García Lorca, Cernuda, Jorge Guillén, Valente, Claudio Rodríguez, los mexicanos López Velarde, Tablada, Pellicer, Chumacero, Aridjis, Becerra, Montes de Oca, Lizalde, Pacheco…

Vallejo poseía el don de la inocencia. Desde esa inocencia pudo escribir como si él fuera la tarde misma o el pájaro azul o la terrible punta de un lápiz…

Alejado de su Perú natal, Vallejo se encontró desasistido para la vida, de suerte que desaparece como persona para convertirse en los ojos de una sólida paloma o en ese pedacito de café con leche que corre por la boca de un miliciano español, muerto de un desgarrado ¡pum!

Todo cuanto le pasaba a Vallejo sucede entre dos párpados, porque sus ojos estaban llenos de la muerte de los otros. Amaba la muerte para escándalo de la muerte misma. Nunca hubo un muerto tan gentil como él para la muerte…

Cada vez que escribió siempre fue domingo, como las claras orejas de su burro, de su burro peruano en el Perú. Y nosotros tenemos que perdonarle, cada vez que evoquemos el nombre del poeta, su enorme y suave tristeza de inhábil y grandioso poeta, peruano de nacimiento, y de muerte, universal…

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