Publicado en: 28 febrero, 2018

No hay cohabitación entre sistemas

Por JM. Rodríguez

La burguesía ha construido, por más de 500 años, la armazón de la cultura mundial sustentada sobre una contradicción que nada tiene de ironía: el disimulo social.

Recientemente, en un artículo sobre la restauración de la derecha en Latinoamérica, Rafael Correa acertadamente afirmaba: la izquierda siempre ha luchado contra corriente, al menos en el mundo occidental… Y a pesar de este reconocimiento a la hegemonía cultural capitalista, se pregunta si estamos en una lucha contra la naturaleza humana. Su incertidumbre deviene irritación cuando señala que en una fortaleza asediada, cualquier disidencia es traición…

Entiendo (dentro de mi poca experticia) que Freud planteaba que la naturaleza humana, más allá de lo instintivo, sería el resultado de la confrontación de la conciencia y la razón con los valores que la sociedad impone. De ser así no habría duda que el modo de producción socialista necesitaría demoler los valores impuestos por esa cultura capitalista. Es decir, la gran batalla es en lo cultural. Y será larguísima pues el capitalismo sobrevivirá aún luego del colapso imperial.

La burguesía ha construido, por más de 500 años, la armazón de la cultura mundial sustentada sobre una contradicción que nada tiene de ironía: el disimulo social. Es decir, convencer que eso que llamamos sociedad es sólo una multitud de individualidades. Que los logros del desarrollo provienen de la libre competencia. Frente a eso los socialistas contamos con el materialismo histórico para hacer evidente tal engaño. Esa es la tarea principal.

Correa no lo dice, pero en mi opinión, la restauración ocurrida se ha dado por la ausencia de esta herramienta de análisis. Los gobiernos de izquierda que llegaron al poder al inicio del siglo, con la excepción de Chávez, imaginaron que la puerta a una sociedad solidaria y justa la abriría la convivencia entre sistemas políticos donde el marxismo es referencial. Y por ese tobogán se lanzaron sin ningún sustento cultural que los cubriera. Sólo la Bolivia indígena lo tiene.

Al final entiendo que Correa asocie la disidencia a la traición, está escaldado por su sucesor, que sin duda lo traicionó, pero no por disidente. El señor Moreno es un dato del consenso que convirtió la revolución en neblina.

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