No és coronavirus, es poca plusvalía para tanto capital (cast/cat)

Con la actual crisis sanitaria (y pronto económica) con el pretexto del coronavirus, habrá que reorganizarse y estar alerta para que no se aproveche para salvar las ganancias de los propietarios del Capital a costa nuestra.

La economía capitalista amenaza tormenta a nivel global. El coronavirus COVID-19 está obligando a los estados a tomar unas medidas para garantizar la salud pública, control de personal y limitación de la movilidad. Estas políticas sanitarias en un modo de producción donde la mayoría de la población somos simple fuerza de trabajo al servicio de la propiedad privada, pueden ser del todo perjudiciales por la producción global. El lunes 9 de marzo de 2020 el IBEX35 se desplomaba por debajo los 8000 puntos sólo al abrir, iniciando así una tendencia que se siguió perpetuando las siguientes horas, superando incluso las cifras récord que se habían logrado con la votación favorable al Brexit. Unas horas más tarde, Wall Street cerraba para parar la caída de más del 7% que se registró solo abrir, en una acción que se utiliza para evitar pánicos bursátiles.

Igual que afecta a los seres humanos, la amenaza del coronavirus para la economía global responde a las contradicciones intrínsecas del sistema capitalista 

A la vez, las redes hervían entre teorías de la conspiración y profecías sobre el futuro próximo de la economía global mientras muchos se preguntaban, incrédulos, como era posible que solo un virus fuera capaz de poner boca abajo a todo un sistema productivo de alcance mundial. Si el sistema está actualmente poniéndose o no boca abajo no es una pregunta que se pueda responder de forma categórica. No se conoce todavía el alcance que puede llegar a tener esta pandemia ni qué impacto tendrá en términos económicos, sociales o políticos. Por otro lado, la economía es una ciencia social y no es posible hacer predicciones. Aun así, sí que se puede plantear bajo qué condiciones es más probable que una alteración, como puede ser este virus, pueda hacer tambalear la economía mundial y acabe desarrollando una crisis de alcance global. Igual que afecta a los seres humanos, la amenaza del coronavirus para la economía global responde a las contradicciones intrínsecas del sistema capitalista, es decir, el que en el caso de los humanos serían sus patologías previas.

Breve historia de un sistema agotado y enfermo: las finanzas como remedio y dolencia

En los últimos 50 años, el sistema financiero ha experimentado un crecimiento exponencial. El punto de partida es el giro neoliberal posterior a la crisis de los 70, cuando el modelo de acumulación de posguerra mostró su caducidad, y empezó a desregularse el sistema financiero. Desde entonces la economía real y la economía financiera han ensanchado sus diferencias tanto en volumen de negocio como de beneficios. La expansión de las finanzas no sólo ha sido cuantitativa, sino que también ha sido cualitativa: las finanzas tienen una influencia creciente en el conjunto de la dinámica económica. Desde una óptica marxista entendemos este proceso como la respuesta del capital para reorganizarse con el objetivo de recuperar la tasa de ganancia perdida a partir de la crisis de finales de los años 60 y en 70.

Esta reestructuración supuso la ruptura de los consensos políticos, nacionales y sociales que conformaban el Estado del Bienestar y se impusieron en todo el mundo las políticas de ajuste salarial. Para lo que aquí nos ocupa, en relación a los efectos que ha tenido el coronavirus en las bolsas, se rompió la correa de contención para el sector financiero que suponía la regulación del sistema monetario internacional de Bretton Woods. Bretton Woods fue el sistema monetario internacional más estable que se ha conocido y su característica principal, los tipos de cambios fijas en relación al dólar y al oro, exigían un control estricto de la moneda en circulación y de los movimientos de capitales. Una vez colapsado se desregula progresivamente la banca comercial, las divisas pasan a cotizar en mercados de valores y sus dinámicas su objeto de especulación y los movimientos de capitales entre países se liberalizan, lo cual consolida la internacionalización de los sectores financieros antiguamente nacionales. Esta desregulación generalizada del sector respondía a la creencia de que las finanzas podrían ser la fuente de beneficios que pudiera hacer recuperar la dinámica alcista de la etapa posterior.

Aun así, no se consigue recuperar la tasa de ganancia del periodo anterior en ningún momento. Al contrario, parece que esta presenta una tendencia a la baja permanente durante todo el período. Pero debido a la desregulación de los sistema financiero la diferencia entre los beneficios no financieros de las empresas (de la economía real) y los beneficios procedentes de su actividad financiera (economía ficticia) se ha ampliado de forma continuada, en una tendencia solo interrumpida en períodos de recesión. El año 2008, por ejemplo, los beneficios financieros mostraron un nivel por debajo de los beneficios no financieros de las empresas, pero la recuperación de los niveles anteriores fue bastante rápida, con diferencias dependiendo del país. Qué es lo que pasa en estos momentos? Que todo el capital ficticio (como podrían ser acciones sobrevaloradas, precios de pisos sobrevalorados por la burbuja inmobiliaria o productos derivados con un valor contabilizado en base a la hipótesis de unos beneficios futuros que se revelan imposibles en tiempos de crisis) que se había creado durante la etapa de expansión en la dinámica del sector financiero, se destruye y solo queda lo que realmente es tangible, el capital físico.

Antes de que China detectara el primer brote de COVID-19, las previsiones de crecimiento que elaboraban las principales agencias e instituciones mundiales ya eran bastantes pesimistas. 

Parece mentira que el capital se pueda comprar y vender o contabilizar en balances empresariales si es ficticio, pero aquí radica la principal fuente de inestabilidad intrínseca del sector financiero. La desregulación del sector financiero permitió la creación de una serie de instrumentos financieros nuevos asociados al producto financiero tradicional y por excelencia, el crédito, puesto que en definitiva, la función del sector financiero es sencillamente hacer de intermediario entre aquellos que tienen excedente de dinero y quieren sacarle un rendimiento y aquellos que necesitan financiación para invertir o comprar. Estos instrumentos son de contabilización muy dudosa y no está regulada y muchas veces responde únicamente a las leyes de oferta y demanda, la inversión no tiene porque realizarse y convertirse en un producto real y tangible, y su valor puede ser solo promesas de beneficios futuros.

Qué comporta esto? Comporta que cuando deja de haber demanda de dinero y de productos financieros, cuando dejan de haber espacios donde invertir, se secan los mercados financieros. Es decir, que se pierde la “confianza”. Nadie quiere comprar nada en los mercados de valores y, por tanto, los precios de todos aquellos productos que habían sido fuente de tantos beneficios se desploman. Se destruye el capital ficticio y solo queda aquello que es tangible. Además, hay que añadir el comportamiento procíclico del sistema financiero: si el precio está bajando, el pánico a que siga bajando me llevará a vender los activos financieros que tenga, hecho que hará bajar todavía más el precio, provocando lo que se conoce como un pánico bursátil.

El impacto del COVID-19 en el enfermo

En qué punto está la economía real, aquello que es tangible? Antes de que China detectara el primer brote de COVID-19, las previsiones de crecimiento que elaboraban las principales agencias e instituciones mundiales ya eran bastantes pesimistas. Se detectaba un dinamismo muy débil y síntomas de ralentización del ritmo de crecimiento en el conjunto de economías de la OCDE y también de los países emergentes. Los índice de producción industrial se estaban desplomando en el conjunto de la OCDE y el rendimiento de los productos financieros emitidos por gobiernos o empresas mostraban actualmente más rendimiento a corto plazo (puesto que están menos demandados por el miedo de una próxima recesión) que a largo plazo. Siempre que este último indicador, el de los títulos emitidos, suele mostrar esta tendencia que aparentemente contradice la racionalidad económica, ha habido recesión a corto o a medio plazo. El consumo, por otro lado, ya se mostraba limitado por el ajuste salarial que hemos ido acumulado desde los 70 y empeorado con la austeridad impuesta a raíz de la Gran Recesión del 2008.

Y en este marco, cómo puede afectar el coronavirus? Mientras existan dinero dando vueltas por los mercados financieros, las empresas o las familias se pueden endeudar. El sistema financiero sirve de salvavidas provisional y ficticio a un sistema productivo que no es capaz de crecer desde hace años. A través del endeudamiento y de la obtención de beneficios ficticios el sistema lleva a cabo una fuga adelante que en el futuro amplifica la caída, puesto que añade los problemas asociados al endeudamiento, un endeudamiento actualmente por las nubes a nivel mundial. En este marco, cualquier alteración puede hacer tambalear al sistema, como lo son las medidas asociadas a la contención del coronavirus y el empeoramiento de las previsiones económicas pueden generar el pánico bursátil necesario para hundir este castillo de naipes.

El contexto es el de una economía mundial desbordada de liquidez, de capital que no encuentra donde invertirse y que ha tenido que crear valores ficticios para continuar creciendo y no colapsar. Las políticas económicas desde los años 70 en lugar de controlar los evidentes peligros del sistema han decidido dejar el control a la oferta y la demanda y desregular los mercados financieros.

En este marco, cualquier alteración puede hacer tambalear al sistema, como lo son las medidas asociadas a la contención del coronavirus

Además, las políticas monetarias perpetradas por la Reserva Federal de EEU. o el BCE en estos últimos años todavía han empeorado más la situación. Rehenes del dogma monetarista, se han dedicado a emitir liquidez en el sistema financiero y con el objetivo de incentivar la economía han destinado todavía más dinero a la dinámica financiera. En lugar de reactivar una demanda que no estaba significativamente deprimida, han financiado la compra de todavía más activos financieros con los créditos a interés negativo (se paga para endeudarse!). Se ha metido todavía más leña al fuego, más liquidez para invertir en unos activos que cuando bajen de precio, no podrán servir para devolver la deuda que se contrajo para comprarlos.

Que los tipos de interés no tengan ningún efecto en la demanda se conoce como la trampa de la liquidez y ante esto se necesita hacer uso de la política fiscal, es decir, otros tipos de medidas de carácter aparentemente más político. En este sentido, como la caída y desaceleración de la economía es ya un hecho, los gobiernos están anunciando paquetes de políticas para combatir los efectos del coronavirus, evitando pronunciar la palabra maldita “crisis”.

Habrá que reorganizarse y estar alerta porque no se aproveche las nuevas campanas de crisis para salvar las ganancias de los propietarios del capital a costa nuestra. 

El remedio: la certeza de que no hay remedio

La concreción de estas políticas y las que previsiblemente vendrán dependerá de lo que depende toda la historia: de la lucha de clases. De momento la patronal ya ha empezado a mover ficha y Foment del Treball salía el 10 de marzo pidiendo el abaratamiento del despido, rebajas fiscales y la eliminación de la tasa turística. El gobierno español empieza a prometer flexibilidad laboral, flexibilidad en los impuestos, crédito a las empresas, la UE ha prometido 25.000 millones de euros para ayudas a las empresas y teóricamente para sanidad (a pesar de que de momento solo ha detallado la parte de inversión empresarial).

Y las clases populares qué? Las clases populares nos encontramos en un momento a la defensiva, ya devastadas por las políticas restrictivas en respuesta a la crisis de 2008 no nos podemos permitir seguir esclavas de los marcos que impone la pertenencia en la UE y a la Zona Euro donde asegurar la tasa de ganancia pasa por encima de nuestras vidas. Habrá que reorganizarse y estar alerta para que no se aprovechen las nuevas campanas de crisis para salvar las ganancias de los propietarios del capital a costa nuestra. A la vez, habrá que saber aprovechar la ventana de oportunidad que podría significar una nueva crisis sistémica para explorar verdaderas soluciones allá donde se encuentran: fuera del marco capitalista.

Roser Espelt Alba, economista, miembro del Seminario de Economía Crítica Taifa

 


 

No és coronavirus, és poca plusvàlua per tant de capital

Amb l’actual crisi sanitària (i aviat econòmica) amb el pretext del coronavirus, caldrà reorganitzar-se i estar alerta perquè no s’aprofiti per salvar els guanys dels propietaris del Capital a costa nostra.

 

L’economia capitalista amenaça tempesta a nivell global. El coronavirus COVID-19 està obligant als estats a prendre unes mesures per tal de garantir la salut pública, control de personal i limitació de la mobilitat. Aquestes polítiques sanitàries en un mode de producció on la majoria de la població som simple força de treball al servei de la propietat privada, poden ser del tot perjudicials per la producció global. El dilluns 9 de març de 2020 l’IBEX35 es desplomava per sota els 8000 punts només obrir, iniciant així una tendència que es va seguir perpetuant les següents hores, superant inclús les xifres rècord que s’havien assolit amb la votació favorable al Brexit. Unes hores més tard, Wall Street tancava per tal d’aturar la caiguda de més del 7% que es va registrar només obrir, en una acció que s’utilitza per tal d’evitar pànics borsaris.

Igual que afecta als éssers humans, l’amenaça del coronavirus per l’economia global respon a les contradiccions intrínseques del sistema capitalista tweet

A la vegada, les xarxes bullien entre teories de la conspiració i profecies sobre el futur proper de l’economia global mentre molts es preguntaven, incrèduls, com era possible que només un virus fos capaç de posar de cap per avall tot un sistema productiu d’abast mundial. Si el sistema està actualment posant-se o no de cap per avall no és una pregunta que es pugui respondre de forma categòrica. No es coneix encara l’abast que pot arribar a tenir aquesta pandèmia ni quin impacte tindrà en termes econòmics, socials o polítics. Per altra banda, l’economia és una ciència social i no és possible fer prediccions. Tot i així, sí que es pot plantejar sota quines condicions és més probable que una alteració, com pot ser aquest virus, pugui fer trontollar l’economia mundial i acabi desenvolupant una crisis d’abast global. Igual que afecta als éssers humans, l’amenaça del coronavirus per l’economia global respon a les contradiccions intrínseques del sistema capitalista, és a dir, el que en el cas dels humans serien les seves patologies prèvies.

 

Breu història d’un sistema esgotat i malalt: les finances com a remei i malaltia

En els darrers 50 anys, el sistema financer ha experimentat un creixement exponencial. El punt de partida és el gir neoliberal posterior a la crisis dels 70, quan el model d’acumulació de postguerra va mostrar la seva caducitat, i va començar a desregular-se el sistema financer. Des d’aleshores l’economia real i l’economia financera han eixamplat les seves diferències tant en volum de negoci com de beneficis. L’expansió de les finances no només ha estat quantitativa, sinó que també ha estat qualitativa: les finances tenen una influència creixent en el conjunt de la dinàmica econòmica. Des d’una òptica marxista entenem aquest procés com la resposta del capital per reorganitzar-se amb l’objectiu de recuperar la taxa de guany perduda a partir de la crisi de finals dels anys 60 i els anys 70.

Aquesta reestructuració va suposar la ruptura dels consensos polítics, nacionals i socials que conformaven l’Estat del Benestar i es van imposar arreu del món les polítiques d’ajustament salarial. Pel que aquí ens ocupa, en relació als efectes que ha tingut el coronavirus a les borses, es va trencar la corretja de contenció pel sector financer que suposava la regulació del sistema monetari internacional de Bretton Woods. Bretton Woods fou el sistema monetari internacional més estable que s’ha conegut i la seva característica principal, els tipus de canvis fixes en relació al dòlar i a l’or exigíen d’un control estricte de la moneda en circulació i dels moviments de capitals. Una vegada colapsa es desregula progressivament la banca comercial, les divises passen a cotitzar en mercats de valors i les seves dinàmiques son carn d’especulació i els moviments de capitals entre països es liberalitzen, la qual cosa consolida la internacionalització dels sectors financers antigament nacionals. Aquesta desregulació generalitzada del sector responia a la creença de què les finances podrien ser la font de beneficis que pogués fer recuperar la dinàmica alcista de l’etapa posterior.

 

Foto: pixabay

 

Tot i així, no s’aconsegueix recuperar la taxa de guany del període anterior en cap moment. Al contrari, sembla que aquesta presenta una tendència a la baixa permanent durant tot el període. Però degut a la desregulació dels sistema financer la diferència entre els beneficis no financers de les empreses (de l’economia real) i els beneficis procedents de la seva activitat financera (economia fictícia) s’ha ampliat de forma continuada, en una tendència només interrompuda en períodes de recessió. L’any 2008, per exemple, els beneficis financers van mostrar un nivell per sota dels beneficis no financers de les empreses, però la recuperació dels nivells anteriors va ser força ràpida, amb diferències depenent del país. Què és el que passa en aquests moments? Que tot el capital fictici (com podrien ser accions sobrevalorades, preus de pisos sobrevalorats per la bombolla immobiliària o productes derivats amb un valor comptabilitzat en base a la hipòtesis d’uns beneficis futurs que es revelen impossibles en temps de crisi) que s’havia creat durant l’etapa d’expansió en la dinàmica del sector financer, es destrueix i només queda el que realment és tangible, el capital físic.

Abans que la Xina detectés el primer brot de COVID-19, les previsions de creixement que elaboraven les principals agències i institucions mundials ja eren força pessimistes. tweet

Sembla mentida que el capital es pugui comprar i vendre o comptabilitzar en balanços empresarials si és fictici, però aquí rau la principal font d’inestabilitat intrínseca del sector financer. La desregulació del sector financer va permetre la creació de tota una sèrie d’instruments financers nous associats al producte financer tradicional i per excel·lència, el crèdit, ja que en definitiva, la funció del sector financer és senzillament fer d’intermediari entre aquells que tenen excedent de diners i en volen treure un rendiment i aquells que necessiten finançament per invertir o comprar. Aquests instruments son de comptabilització molt dubtosa i no està regulada i moltes vegades respon únicament a les lleis d’oferta i demanda, la inversió no té perquè realitzar-se i convertir-se en un producte real i tangible, i el seu valor pot ser només promeses de beneficis futurs. Què comporta? Comporta que quan deixa d’haver-hi demanda de diner i de productes financers, quan deixen d’haver-hi espais on invertir, s’assequen els mercats financers. És a dir, que es perd la “confiança”. Ningú vol comprar res als mercats de valors i per tant, els preus de tots aquells productes que havien sigut font de tants beneficis es desploma. Es destrueix el capital fictici i només queda allò que és tangible. A més, cal afegir el comportament procíclic del sistema financer: si el preu està baixant, el pànic a que segueixi baixant em portarà a vendre els actius financers que tingui, fet que farà baixar encara més el preu, provocant el que es coneix com un pànic borsari.

L’impacte del COVID-19 en el malalt

En quin punt està l’economia real, allò que és tangible? Abans que la Xina detectés el primer brot de COVID-19, les previsions de creixement que elaboraven les principals agències i institucions mundials ja eren força pessimistes. Es detectava un dinamisme molt dèbil i símptomes d’alentiment del ritme de creixement en el conjunt d’economies de la OCDE i també dels països emergents. Els índex de producció industrial s’estaven desplomant en el conjunt de la OCDE i el rendiment dels productes financers emesos per governs o empreses mostraven actualment més rendiment a curt termini (ja que estan menys demandats per la por d’una pròxima recessió) que a llarg termini. Sempre que aquest últim indicador, el dels títols emesos, sol mostrar aquesta tendència que aparentment contradiu la racionalitat econòmica, hi ha hagut recessió a curt o a mitjà termini. El consum, per altra banda, ja es mostrava limitat per l’ajust salarial que hem anat acumulat des dels 70 i empitjorat amb l’austeritat imposada arran de la Gran Recessió del 2008.

Foto: Wikipedia – Sistema12

I en aquest marc, com pot afectar el coronavirus? Mentre existeixin diners fent voltes pels mercats financers, les empreses o les famílies es poden endeutar. El sistema financer serveix de salvavides provisional i fictici a un sistema productiu que no és capaç de créixer des de fa anys. A través de l’endeutament i de l’obtenció de beneficis ficticis el sistema porta a terme una fugida endavant que al futur amplifica la caiguda, ja que afegeix els problemes associats a l’endeutament, un endeutament actualment pels núvols a nivell mundial. En aquest marc, qualsevol alteració pot fer trontollar al sistema, com ho són les mesures associades a la contenció del coronavirus i l’empitjorament de les previsions econòmiques poden generar el pànic borsari que fa falta per enfonsar aquest castell de cartes.

El context és el d’una economia mundial desbordada de liquiditat, de capital que no troba on invertir-se i que ha hagut de creat valors ficticis per continuar creixent i no col·lapsar. Les polítiques econòmiques des dels anys 70 enlloc de controlar els evidents perills del sistema han decidit deixar el control a l’oferta i la demanda i desregular els mercats financers.

En aquest marc, qualsevol alteració pot fer trontollar al sistema, com ho són les mesures associades a la contenció del coronavirus tweet

 

A més a més, les polítiques monetàries perpetrades per la Reserva Federal d’EUA o el BCE aquests darrers anys encara han empitjorat més la situació. Hostatges del dogma monetarista, s’han dedicat a emetre liquiditat a un sistema financer i amb l’objectiu d’incentivar l’economia han destinat encara més diners a la dinàmica financera. Enlloc de reactivar una demanda que no estava significativament deprimida, han finançat la compra d’encara més actius financers amb els crèdits a interès negatiu (es paga per endeutar-se!). S’ha introduït encara més llenya al foc, més liquiditat per invertir en uns actius que quan baixin de preu, no podran servir per retornar el deute que es va contraure per comprar-los.

 

Foto: Flickr – Rodrigo Gómez

 

Que els tipus d’interès no tinguin cap efecte en la demanda es coneix com la trampa de la liquiditat i davant d’això es necessita fer ús de la política fiscal, és a dir, d’altres tipus de mesures de caràcter aparentment més polític. En aquest sentit, com que la caiguda i desacceleració de l’economia és ja un fet, els governs estan anunciant paquets de polítiques per tal de combatre els efectes del coronavirus, evitant pronunciar la paraula maleïda “crisi”.

Caldrà reorganitzar-se i estar alerta perquè no s’aprofiti les noves campanes de crisis per salvar els guanys dels propietaris del capital a costa nostra. tweet

 

El remei: la certesa de que no hi ha remei

La concreció d’aquestes polítiques i les que previsiblement vindran dependrà del que depèn tota la història: de la lluita de classes. De moment la patronal ja ha començat a moure fitxa i Foment del Treball sortia el 10 de març demanant l’abaratiment de l’acomiadament, rebaixes fiscals i eliminació de la taxa turística. El govern espanyol comença a prometre flexibilitat laboral, flexibilitat en els impostos, crèdit a les empreses, la UE ha promès 25.000 milions d’euros per ajudes a les empreses i teòricament sanitat (tot i que de moment només ha detallat la part d’inversió empresarial).

I les classes populars què? Les classes populars ens trobem en un moment a la defensiva, ja devastades per les polítiques restrictives en resposta a la crisis de 2008 no ens podem permetre seguir esclaves dels marcs que imposa la pertinença a la UE i a la Zona Euro on assegurar la taxa de guany passa per sobre les nostres vides. Caldrà reorganitzar-se i estar alerta perquè no s’aprofiti les noves campanes de crisis per salvar els guanys dels propietaris del capital a costa nostra. A la vegada, caldrà saber aprofitar la finestra d’oportunitat que podria significar una nova crisi sistèmica per tal d’explorar veritables solucions allà on es troben: fora del marc capitalista.

Foto de portada: Wikipedia – FDV
Roser Espelt Alba, economista, membre del Seminari d’Economia Crítica Taifa

 

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