No culpes al 8M: tres indicadores macro que explican mejor la crisis sanitaria por el coronavirus

España destina a Sanidad el mismo porcentaje del Producto Interior Bruto que hace una década. Tiene menos plazas en hospitales disponibles que todos los países de su entorno y menos personal de enfermería. La crisis del coronavirus ha puesto de relieve años de recortes en el sistema público de salud.

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Los partidos de la derecha parlamentaria y los medios de comunicación han coincidido en señalar al Gobierno como responsable de la rápida expansión del virus. Su responsabilidad, aseguran como argumento de salud pública, es fruto de la autorización, o más bien la no prohibición, de la manifestación del 8 de marzo. Como complemento, y con un argumento más sofisticado, el Gobierno estaría siendo negligente en la competición en los mercados por el acceso a equipos y test necesarios para controlar la pandemia.

Sin embargo, y aunque las medidas del Ejecutivo sean susceptibles de haber empeorado o mejorado la situación de crisis, el impacto que el coronavirus está teniendo sobre el sistema sanitario descansa sobre factores estructurales. Especialmente, el estancamiento que se ha producido en la última década en la evolución de gasto sanitario.

Con una esperanza de vida de 83,4 años, solo detrás de Japón y Suiza, España suele ser referenciada como un país con un sistema de salud público envidiable. Philip Alston, relator de la ONU sobre extrema pobreza, se refirió al sistema de salud solo unas semanas antes de la crisis del coronavirus como una “joya”. Sin embargo, la crisis del coronavirus está poniendo en tensión como nunca hasta ahora al sistema sanitario español: dispar entre unas comunidades y otras, y en una línea descendente.

El sector privado, hasta la fecha, no ha aportado una respuesta eficaz ante el desborde de los hospitales públicos, que vivirá su pico a partir de la próxima semana, cuando disminuyan los números de nuevos pacientes contagiados pero aumenten los ingresos hospitalarios. Más bien al contrario, el sector privado está llevando a cabo una carrera para aprovechar los beneficios sociales de la política de rescate del Gobierno. Cinco Días publicaba el pasado miércoles que los hospitales privados planean hasta 28.000 despidos bajo la fórmula de Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) aprobada por el Ejecutivo.

Especialmente debilitada desde la crisis de 2008-2010, cuando se volcó sobre los servicios públicos la factura del rescate bancario, la sanidad pública española ha partido de una situación de inferioridad respecto a la capacidad de respuesta de Italia, el país-espejo en esta crisis del coronavirus. Los sistemas sanitarios de Francia o Alemania tienen una capacidad mucho mayor para absorber la atención de las miles de personas contagiadas por covid19. Ambos países rozan el 12% del PIB destinado a políticas sanitarias mientras que España e Italia cabalgan juntos: destinan un 8,8% de su producto interior bruto a sanidad. No obstante, Italia supera a España en otros factores clave: camas por cada cien mil habitantes, enfermeras y doctores.

Gasto por habitante

España tiene el gasto sanitario por habitante más bajo entre los países europeos con mayor número de casos. El sistema español destina 188 euros menos por año y por habitante que la sanidad italiana y 321 euros menos que la alemana.

Las cifras señalan un punto claro de estancamiento en el gasto sanitario en los presupuestos públicos a partir de 2010, cuando el sistema entra en una “década perdida” que se extiende a todo el gasto social.

Aunque los recortes afectaron en mayor medida a la educación, que ha perdido 9.000 millones de euros en los presupuestos desde 2009, la Sanidad ha entrado en el estancamiento más prolongado desde que se contabiliza el gasto en relación al PIB: entre 2008 y 2018 (último año del que hay datos), el gasto sanitario se ha movido hacia abajo, desde el 8,98% al 8,86% del PIB. En ese periodo, el porcentaje de población mayor de 64 años ha pasado del 14,49% al 16,17%, sin que ese aumento de la media de edad se haya interpretado como una mayor necesidad de recursos en el sistema sanitario.

Camas por habitante

Las diferencias más abrumadoras se plasman en el número de camas por habitante, es decir, en la capacidad de atender a todo tipo de pacientes en el sistema. Solo seis países están por debajo de España en este ránking, en el que España se sitúa con 297 camas por cada cien mil habitantes 244 plazas por debajo de la Unión Europea.

Pero, más allá de este total de camas, las estadísticas son peores en cuanto a camas para tratamiento de pacientes agudos, que incluyen las unidades de cuidados intensivos en los que hoy se trata la inmensa mayoría de casos de coronavirus. España cuenta con 243 plazas de este tipo por cada cien mil habitantes, menos, en términos absolutos, de las camas con las que contaba antes de los recortes económicos. Alemania, que a fecha de 26 de marzo tenía 16.000 casos menos de covid19 que España, cuenta con la capacidad de disponer de 602 camas de cuidados intensivos y pacientes agudos por cada cien mil habitantes.

Menos enfermeras

En cuanto a personal, las cifras publicadas por la OCDE muestran que España está cerca de los países de su entorno en cuanto a número de doctores y doctoras por cada mil habitantes pero muy lejos en personal de enfermería. En Alemania hay 12,63 enfermeras por cada mil habitantes, mientras que en España hay solo 5,74 trabajadores de enfermería.

España, además, está muy alejada de la ratio de personal de enfermería respecto al número de médicos y médicas: en la actualidad hay 1,5 enfermeros por doctor. La media de la OCDE es 2,7 y países como Alemania y Francia superan la proporción de tres enfermeras por cada doctora.

 

Años de políticas de desguace

La crisis provocada por el coronavirus ha puesto a prueba un sistema sanitario que, a pesar de los recortes, había quedado como la expresión más perfeccionada del Estado de Bienestar a la española. Los ingresos por covid19 y las dificultades en la atención de decenas de miles de contagiadas, especialmente en la Comunidad de Madrid, han señalado las carencias del sector público unos días antes de que se produzca la mayor carga sobre el sistema sanitario.

Aunque el sistema sanitario público sea capaz de absorber esta crisis sanitaria, su capacidad de respuesta está determinada por los elementos estructurales de un sistema que vio en la sanidad una fuente de extracción de beneficios para la sanidad privada. Más allá de manifestaciones masivas u otros encuentros, lo que está poniendo a prueba la crisis del coronavirus es la capacidad de resistencia de un sector público castigado con falta de recursos.

Fuente: El Salto

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