No analizaré lo electoral

Pues, con la excepción de los muy racionales, la mayoría de estos esfuerzos (de uno y otro lado) se mueven entre un optimismo afiebrado y el desatino de creer que lectores u oyentes somos estúpidos incurables. Hablaré sólo de mis preocupaciones por el futuro, que son muchas y variadas.

En aras de la brevedad, me concentraré en la que juzgo más importante y que tiene, igualmente, varias formas de expresarse, desde la muy extrema: radicalidad o conciliación, hasta la más soñadora: avance democrático con diálogo; pasando por la ambigua: más eficiencia con más venezolanos.

Asumiré la que dijo el Presidente desde el Balcón del Pueblo la noche del 7/0Vamos a acelerar la construcción de una Venezuela Potencia, incluyendo a la oposición, porque esta Venezuela de hoy es la mejor que hemos tenido en doscientos años…

Sin dudar sobre lo último, no entiendo por qué es eso lo que vamos a hacer en vez de acelerar la transición al socialismo, tarea en la que, él sabe, no va a participar la oposición. Por el contrario, la enfrentará. Sin embargo, no por eso deja de ser la tarea.

Pues bien, dado que nos la pasamos adjetivando el socialismo (ahora se llama socialismo democrático del siglo XXI), quisiera concluir expresando mi convicción sobre el único socialismo adjetivado que tiene posibilidad real de construirse y sostenerse: el del poder comunal.

Esta forma de gobierno colectivo (consejos confederados), en cada una de nuestras ciudades, grandes o pequeñas, asumiría las funciones administrativas de los municipios (alcaldías y cámaras). Los gobiernos de cada ciudad comunal gozarían de autonomía administrativa y representación en la Gran Asamblea Nacional. Más allá de esta nueva unidad territorial primaria estarían los distritos funcionales y las provincias federales.

Si no lo hiciéramos así y nos entretenemos adjetivando el socialismo, poco importará las próximas elecciones presidenciales.


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