Nivel de conciencia y conciencia del mundo

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Defendía  Malcom X que la visión del mundo de una persona  la determinaba lo que veía a su alrededor al abrir los ojos cada mañana. Si uno se despierta en una mísera habitación ausente  de la menor  belleza, rodeado de ruidos,  con paredes sucias y   muebles desvencijados, y gritos de diversas personas, recibe una primera impresión bien fuerte. Y  su reacción ante  eso es lo que va a determinar sus horas siguientes, y su existencia diaria toda su vida a menos que cambien esas circunstancias. Porque ante eso solo caben dos posturas básicas: o se acepta con resignación, o se rechaza y se actúa para que tales cosas desaparezcan de la vida de uno. En  términos políticos se llaman actitud conservadora  pasiva  o actitud revolucionaria activa.

Cada  una de esas dos  actitudes acaba por  manifestarse en política y en cualquier aspecto de la vida, y expresan dos niveles diferentes  de conciencia del mundo  difícilmente convergentes, porque  o se tiene una conciencia involutiva o se tiene una conciencia evolutiva, tanto social o intelectual como  espiritualmente.

Esto es muy evidente cuando se trata de la religión. La religión, tal como es entendida por la gran masa humana, con sus iglesias y curas de todo tipo; con sus ritos y ceremonial, con su teatro callejero y su colección de santos de piedra  es un corsé forjado con miedo, tradición, liturgia, sumisión  y superstición que impide respirar a las almas. Y estos  componentes del corsé  son expresiones de lo peor del pensamiento humano y el núcleo  del  pensamiento conservador al que tanto aportan los cleros.

Es de libro ver hasta qué punto las Iglesias son conservadoras. Mucho peor que un partido conservador  extremista, porque  mientras este hace manipula mentes y  retroceder  físicamente a las sociedades,  las religiones oficiales  manipulan almas y hacen  retroceder  la evolución espiritual del mundo.

Un ciudadano corriente puede perdonarle su impostura y sus  tretas a un partido conservador y reaccionario al que votó engañado, porque al fin y al cabo no determina su vida más que superficialmente, pero a muchos no les resulte tan fácil perdonar a una Iglesia  todas esas tretas, mentiras y miedos para dominar su conciencia, como demuestra la enorme cantidad de ateos y agnósticos que comenzaron su vida dentro de una religión y acabaron por abominar no solo de las religiones todas, sino hasta de su propia espiritualidad. Y esto sí que es grave: las Iglesias como vacuna contra lo espiritual. Grave  no solo para la persona, cuyos derroteros espirituales son imprevisibles a partir del Gran Desengaño, sino también para quienes dirigen esas Iglesias siglo tras siglo,  cuyo Karma se acrecienta con cada alma descarriada por sus malas artes.

El desengaño puede ser un buen principio

Decía Gurdiejj que para que una persona evolucione tiene que  empezar por desengañarse. Si es religioso, de su religión; si es político, de la política. Y así sucesivamente.  Desengaño supone que antes hubo engaño, y  para construir algo nuevo desde el vacío que deja el salirse de algo en lo que se tenía puesta mucha energía personal y resultó un fraude   tienen que intervenir algunos elementos que impulsen hacia adelante. Buscar la verdad in miedo  y trabajar por metas espirituales que liberen y llenen la vida de sentido;  huir de jerarquías, dogmas, tradiciones y lugares comunes que deforman y esclavizan  la mente y la conciencia son elementos imprescindibles en el camino de la libertad, que es un camino revolucionario espiritual antes que social o de otra índole.  En este camino, nada más abrir los ojos contamos con dos preciosos aliados: nuestro libre albedrío y la energía del día. El primero todos sabernos lo que es. Pero….

Qué  es la energía del día?

En las enseñanzas del cristianismo originario se nos dice que  la  primera impresión y las primeras imágenes y pensamientos tan solo al abrir los  ojos pueden  ser  como el correo de la mañana que nos trae el mensaje de aquello a lo que debemos prestar atención. Pueden ser  cosas  del pasado no  resueltos;  personas con las que tenemos algún asunto pendiente; trabajos que debemos hacer en este día, etc. Un río de pensamientos acude a nuestra mente en cuanto despertamos., pretendiendo monopolizar nuestra atención. Y aquí  es donde el cristianismo originario nos advierte: Ten cuidado. Detén de momento esa corriente. Deberías ser consciente  antes que nada de tu condición  espiritual y dar gracias a Dios por la vida, por el descanso de la noche, por el nuevo día y por todo aquello que consideras bueno.

Esta apertura espiritual hacia Dios atrae las energías positivas que vas a necesitar a lo largo de la jornada, y por ello el  primer pensamiento sobre Dios es determinante y va a darnos  el impulso para encarar el día con renovadas energías. Con este primer pensamiento de alta energía nos será más fácil controlar la corriente de nuestros pensamientos y elegir el que sea necesario en cada momento.

Con el control sobre nuestros pensamientos nos será más fácil  poner en orden nuestra vida en los aspectos que  el día nos depare en las horas siguientes, pues nada de eso que nos muestre será casual, sino algo que tenemos que resolver ese día  precisamente. Por tanto es preciso vivir el momento con atención, y no con dispersión ni ansiedad. Cada cosa tiene su propio espacio y tiempo  en la mirada de la conciencia, pues es desde esa mirada de la conciencia desde donde nos es posible tener una visión u otra del mundo y actuar como fuerzas de cambio hacia delante o como pesadas ruedas de molino que actúan contra la evolución…Y esta es la dialéctica del mundo y de la humanidad.

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