Nicaragua. Gioconda Belli: “La gente más de izquierda no está con Daniel Ortega”

Gioconda Belli (Managua, 1948) se ha convertido en una de las voces más críticas y sonoras contra el gobierno de Daniel Ortega desde que en abril estalló la violencia en Nicaragua. Poeta, activista y escritora galardonada con una veintena de premios internacionales, Belli habla con conocimiento de causa y con la autoridad que le confiere haber sido guerrillera sandinista en los años setenta, compartiendo vivencias con Ortega en la clandestinidad, y jugándose el tipo transportando armas y ejerciendo como mensajera del Frente Sandinista de Liberación Nacional, periplo que narra con todo detalle en su obra El país bajo mi piel (Txalaparta). Tras la derrota del dictador Somoza, ocupó varios cargos en el primer gobierno sandinista.

Belli ya desempeñó un papel clave en un periodo en el que se forjaba el destino de su país. Ahora, a salto entre Estados Unidos, Europa -recientemente visitó Alemania- y Nicaragua, responde a La Marea a través de notas de audio de WhatsApp. Solo esquiva una pregunta: la de su posible salto a la política institucional.

Ya van dos meses de protestas y más de 200 muertos. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) denuncia detenciones ilegales, tortura, censura, asesinatos en Nicaragua… ¿Qué está pasando en su país? ¿Por qué ahora y no antes?

Durante 11 años, se habían venido sucediendo una serie de cosas que molestaban a la gente. Lo más serio fue cómo se desmanteló todo el sistema electoral para que las elecciones fueran fraudulentas y el gobierno de Daniel Ortega lograra siempre su cometido. Eso dejó a la gente sin esa alternativa democrática, sin el cambio que quería. A eso se sumaron una serie de atropellos. Por ejemplo, aquí no podía haber manifestaciones importantes porque las detenían, golpeaban a la gente que asistía… Era un sistema muy represivo. Dejaron que hubiera algunas, pero en general eran bastante reprimidas. A los campesinos que protestaron por el canal interoceánico no les dejaban venir a la capital, les ponían miguelitos [clavos] en la carretera para que se les estropearan las llantas. Llegó un momento en que hubo una protesta de estudiantes con motivo de una reforma de la Ley de Seguridad Social que fue reprimida violentamente, y la gente se dio cuenta porque se filmaron las palizas que les estaban pegando. Entonces eso dio comienzo a una ola de repudio y de rechazo que a los pocos días, cuando empezaron a morir estudiantes, cuando mandaron francotiradores que fueron matando estudiantes tratando de descabezar las protestas, colmó el vaso. La gente en toda Nicaragua empezó a demandar que se fueran, que Daniel Ortega y Rosario Murillo [vicepresidenta y esposa del presidente Ortega] se fueran del poder. El gobierno no esperaba que eso sucediera. Nadie esperaba un estallido social de esta magnitud.

El gobierno de Nicaragua acusa a los sectores conservadores y a Estados Unidos de desestabilizar el país.

Se ha atribuido esto a la derecha, al imperialismo, a que esta gente son vandálicos de la derecha. Al principio Daniel Ortega estaba asustado y quitó la reforma. Después se llamó a un diálogo nacional. Pero con el paso de los días ha ido muriendo más gente y el Gobierno, acorralado, ha cambiado el discurso, haciéndose la víctima y usando cosas que ellos mismos provocan, como saqueos e incendios a dependencias del gobierno. La gente ha filmado cómo las vacían antes de pegarles fuego. El discurso oficial empezó a presentar al gobierno como el agredido, señalando a los que protestan como personas que atentan contra la paz y la seguridad. Y la gente empezó a organizarse y a hacer barricadas en diferentes partes del país, por un lado para protegerse de los ataques y disparos, y también como medida de presión contra el gobierno. Eso los tiene muy descompuestos, porque la vida del país también se ha alterado enormemente y llegaron al diálogo y, como dije, empiezan a cambiar el discurso. Por ejemplo, vino la CIDH, hizo un reporte de todos los casos que había recibido y emitió una condena rotunda a la actuación del gobierno. Ellos negaron en la Organización de los Estados Americanos que fueran responsables y atacaron el informe de la CIDH diciendo que era sesgado, subjetivo, poco profesional, etcétera. Pero la mayoría de los gobiernos se opusieron a esa visión y más bien apoyaron a la CIDH en su informe. Así empezó todo. Ya han pasado dos meses, han muerto 215 personas, hay más de 2.000 heridos, más de 400 desaparecidos, secuestrados o encarcelados. Es terrible lo que está pasando. La policía está armando un ejército informal de paramilitares, personas que no tienen razón de ser en este país. No está permitido tener una tercera fuerza militar, pero ellos salen con la policía y aterrorizan al a gente. Están usando una dinámica de terror y matando gente para evitar que sigan manifestándose. Todos los días nos vamos a dormir temiendo lo que vamos a leer al día siguiente. Todos los días ha habido muertos.

¿Cree que una convocatoria de elecciones pondría fin a la violencia en las calles? ¿Realmente puede haber elecciones limpias?

No sabemos si Daniel Ortega va a aceptar adelantar las elecciones, pero consideramos que si acepta adelantarlas. va a tener que acabar con la represión en la calle. Si puede haber elecciones limpias, todo depende de si se cambian las autoridades electorales, si hay una supervisión de los organismos internacionales. Ya hubo una elección que fue limpia en los 90, cuando el Frente Sandinista perdió las elecciones y precisamente el Frente Sandinista estaba a cargo de todo el tendido electoral, pero como eran supervisadas, no pudieron hacer trampas. Yo al menos pienso que sí se podrían llevar a cabo unas elecciones, pero la cosa está en ver si Daniel Ortega va a aceptar eso.

¿Qué rol están desempeñando las mujeres nicaragüenses en estas movilizaciones?

Las mujeres en Nicaragua estamos en todas partes. Estamos en las barricadas, estamos en la Alianza Cívica por la Democracia y la Justicia, en el diálogo nacional… Obviamente quienes están en las trincheras por la noche son los hombres, las mujeres se encargan del llevarles asistencia. Hace dos días un francotirador mató a la primera mujer que caminaba por la calle. Así es que ha habido mucho sufrimiento, pero estamos presentes, como siempre, en nuestro país.

En Europa y América Latina, diversos partidos, organizaciones y personas relevantes de la izquierda ratifican el discurso de Ortega. Usted fue guerrillera sandinista y ahora es una de las voces más críticas contra el gobierno, ¿qué le diría a las izquierdas española, europea y latinoamericana al respecto?

Yo le digo a la izquierda, que la gente más de izquierda no está con Daniel Ortega. Su gobierno no ha sido de izquierda, sino populista; ha roto la institucionalidad democrática del país, ha abusado de su poder, ha seguido las políticas neoliberales económicas, se alió con el gran capital, hizo un pacto con el presidente más corrupto que ha tenido Nicaragua [en referencia a José Arnoldo Alemán], al cual salvó de la cárcel, para lograr que se bajara el porcentaje para poder obtener un triunfo electoral del 45% al 35%. Yo no considero a Daniel Ortega un hombre de izquierdas. Lo fue, seguramente, y tiene un discurso de izquierda. Pero bueno, ahora la izquierda es de todos los colores, y las izquierdas que están criticando a Nicaragua y queriendo ver esto como un complot de la derecha, seguramente son las mismas que no han cambiado sus posiciones, no han evolucionado con el tiempo ni se han dado cuenta de que la democracia y la libertad son fundamentales, y siguen apoyando a una persona que lleva 215 muertos en su haber en dos meses. Lo importante aquí es ver lo que está pasando. Yo no me explico cómo pueden seguir apoyando, sean de izquierdas o de derechas, a un gobierno que está haciendo esta matanza.

¿Le causa temor que la caída de Ortega abra la puerta a un gobierno títere de las potencias extranjeras? Dice el refrán que ‘mejor malo conocido que bueno por conocer’…

Daniel Ortega ha sido la persona que ha entregado la soberanía nacional de nuestro país. Habla de los Estados Unidos, pero fue él quien le dio una concesión a un empresario chino por 100 años para construir un canal interoceánico que atraviesa Nicaragua, sin que hubiera estudios del impacto ecológico, sin que hubiese análisis jurídico suficiente. Esa ley se aprobó en una semana en la Asamblea Nacional, que hacía exactamente lo que Ortega le pedía, y es una ley que atropella todos los derechos de los nicaragüenses, porque por donde iba a pasar el canal iba a haber un enclave chino en el que las leyes de Nicaragua no iban a ser las que rigieran el funcionamiento, donde además había una cláusula que establecía que cualquier lugar de Nicaragua que la gente del canal necesitara, la podría tener para su propósito. Es una ley que también contempla que el respaldo económico de Nicaragua a este señor eran las reservas del Banco Central. Ortega dejó una situación de compromiso de Nicaragua sin consultar con el pueblo y sin ninguna consideración para dar una concesión tan gravosa para el país. El primer movimiento de oposición fuerte contra el danielismo fue precisamente el movimiento campesino, que se alzó para decir que no quería que le tomaran sus tierras ni el canal que les iba a destruir la vida. Esa es una demostración del tipo de mentalidad de Daniel Ortega, que habla de la soberanía cuando él mismo fue capaz de venderla.

Barricada anti-gobierno en Masaya, Nicaragua. Foto: REUTERS/Oswaldo Rivas.

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Gioconda Belli: «La gente más de izquierda no está con Daniel Ortega»

 

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