Publicado en: 8 noviembre, 2018

Nicaragua. El cielo por asalto… y la tierra también

Por jorge luis ubertalli o.

El aniversario de la Revolución Rusa y la caida en combate del Comandante en Jefe de la Revolución Sandinista, Carlos Fonseca Amador, nos convoca a la lucha y nos dejan enseñanzas necesarias en este momento de estertores peligrosos del imperialismo.

El 7 de noviembre de 1917, el Partido Comunista Bolchevique (PC(B)), direccionando a obreros, campesinos y pobres de la ciudad y el campo, consumó la Revolución Socialista en Rusia. Un 6 de noviembre de 1976, a muchos años de esa gesta, el Comandante en Jefe de la Revolución Popular Sandinista, Carlos Fonseca Amador, regó con su sangre proletaria y revolucionaria las selvas de Zinica, departamento de Matagalpa, en la Nicaragua de Sandino. Representando a todos los trabajadores, pobres y revolucionarios del mundo, el ejemplo de la Revolución Rusa, liderada por Lenin, y la caída en combate del Comandante Carlos en Nicaragua, nos dejan sus enseñanzas y signan la época actual, donde el capitalismo imperialista se debate en el marco de su peligroso estertor.

El cielo por asalto…

A inicios de diciembre de 1905 estalló una insurrección en Moscú, que duró hasta el 18 de ese mes, y fue reprimida a sangre y fuego por los esbirros del zar, con un saldo de más de 1.000 muertos, cientos de heridos y desaparecidos por las fuerzas represivas. La Ojrana, policía secreta zarista creada en 1886- que, entre otras, había creado sindicatos controlados por ella para neutralizar la influencia revolucionaria y se había lanzado, con la ayuda de los gendarmes, a consumar matanzas contra judíos, a fín de derivar la lucha de masas hacia el racismo y el chauvinismo- contribuyó al fracaso de esta insurrección y también en la de Petrogrado, donde los revolucionarios habían controlado la situación. La derrota de Moscú significó, como todo revés, un punto de inflexión para los revolucionarios y las masas. Sin embargo, ¿que enseñanzas sacó Lenin de la derrota?.

La primera enseñanza, según Lenin, establecía que ‘…hoy debemos, al fin, reconocer la insuficiencia de las huelgas políticas; debemos llevar a cabo entre las masas  la agitación en favor de la insurrección armada, sin tratar de oscurecer esta cuestión con frases sobre “etapas preliminares” ni de ocultarla en forma alguna’ sostenía el revolucionario ruso. Y llamaba a no ocultar a las masas la ‘guerra de exterminio’ que planeaba el zarismo contra ellas, en relación con la disposición popular para el combate. (Lenin, Enseñanzas de la Insurrección de Moscú, Proletari, 29 de agosto de 1906, O.E. Tomo II, Cartago).

Pasando a la segunda enseñanza, vinculada con la insurrección de masas, y en el marco de una polémica con el ala derecha de su partido que planteaba la imposibilidad de luchar contra ‘un ejército moderno’, Lenin sostenía: ‘ Cómo es natural, si la revolución no adquiere un carácter de masas y no influye en las tropas, no puede hablarse de una lucha seria. De suyo se comprende un trabajo entre las tropas’. Y aclaraba, luego de definir que las tropas no se pasarían al lado de la revolución ‘de golpe, como resultado de la labor de persuasión o de sus propias convicciones’, que la vacilación de los uniformados, ‘fenómeno inevitable en todo movimiento auténticamente popular’ conduce, al agudizarse la lucha revolucionaria, a una ‘verdadera lucha por las tropas’, lucha ‘encarnizada’ entre ‘la reacción y la revolución’.

La tercera enseñanza hacía referencia a la ‘táctica de barricadas’, llevada a cabo por unidades móviles y pequeñas de 10, tres e incluso dos personas. Y sostenía que la ‘guerra de guerrillas’ contribuiría a que las masas aprendieran la ‘acertada táctica de la insurrección’. Refiriéndose luego a los intelectuales marxistas rusos, ‘postrados por el escepticismo y atontados por la pedantería’,  sostenía que ‘Tendrían que aprender del jefe y teórico de los proletarios (Marx, N. de R.) a tener fé en la revolución, a saber llamar a la clase obrera a defender hasta el fín sus tareas revolucionarias inmediatas, a mantener firme el espíritu sin caer en lloriqueos pusilánimes ante los reveses temporales de la revolución’. (Lenin, Prefacio de las Cartas de Marx a Kugelmann, folleto editado en 1907, O.E. Tomo II). Y acotaba, refiriéndose a una respuesta de Marx a Kugelmann: ‘La historia universal sería por cierto muy fácil de hacer si la lucha sólo se aceptase con la condición de que se presentaran perspectivas infaliblemente favorables’…

Tayacán vencedor de la muerte

Fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) a inicios de los 60, Carlos Fonseca Amador fue el continuador, junto a otros combatientes revolucionarios, de la gesta antiimperialista de Augusto Nicolás Calderón Sandino, héroe y mártir de Nicaragua, quien mantuvo a raya a los invasores yanquis desde 1926 hasta 1933, siendo traicionado y asesinado por el general Anastasio Somoza García, vil sirviente de los norteamericanos, en febrero de 1934.

Fonseca, marxista revolucionario, continuó la lucha armada sandinista hasta el momento de su caída en combate. Su caída dio paso, primero, a la dispersión de la fuerza revolucionaria en tres tendencias, que supieron, poco tiempo más tarde y siguiendo las enseñanzas de Fonseca, unificarse y llevar al triunfo la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979. Muchos reveses sufrió el FSLN en su camino hacia la revolución, muchos fueron sus cuadros y militantes caídos, muchos los y las nicaragüenses malmatados  por el somocismo , pero su apuesta a las masas, su raigambre en las tradiciones e historia del pueblo nicaragüense, fundamentalmente sus obreros y campesinos pobres, semiproletarios de la ciudad y el campo, y la confianza en la victoria hicieron realidad el sueño de la revolución.

Consciente de las limitaciones de la formación social nicaragüense, Carlos en una oportunidad afirmaba: ‘Lamentablemente el revolucionario nicaragüense, o lo que es lo mismo el sandinista, arrastra al lado de una copiosa herencia heroica, una herencia de atraso político verdaderamente propias de la época de las cavernas’ (…) ‘ Es este atraso un factor que contribuye a desembocar en el menosprecio del imprescindible lugar que debe ocupar la política revolucionaria’(…) ‘podemos también declarar que la guerra revolucionaria es la continuación de la política revolucionaria. El atraso heredado nos lleva a subestimar lo político; a la vez la subestimación de lo político nos dificulta superar plenamente o en la medida necesaria el atraso heredado…’( Carlos Fonseca A., Notas sobre la montaña…(inédito), Managua, Nicaragua, Editorial Nueva Nicaragua, 1981). Y más adelante, refiriéndose al ‘atraso político’, el Comandante Carlos sostenía: ‘Paradójicamente el atraso político a la postre canalizó cierto aspecto positivo del militante sandinista: la inclinación a la vinculación viva con el combate, con la acción. No hubo en Nicaragua terreno abonado para el polemismo estéril, que al fin de cuentas se traduce en un  plagio de polémicas ardorosas que fueron razonables en otros contextos históricos; no hubo lugar para jugar infantilmente de bolchevique y menchevique, de trotskista y estalinista. Tardíamente están apareciendo en el país embriones de este juego, pero éste no tiene un origen nicaragüense, “nica” digamos, y habrá que anotar el papel que en la raíz de este embrión desempeña el turismo político que conduce a la importación mecánica de hábitos propios de otras parcelas latinoamericanas’. (Fonseca A., Notas….)

Aprendizaje

Conmemorando la Revolución Rusa y el paso a la inmortalidad del Comandante Carlos, nos toca reflexionar:

–          Las revoluciones auténticas tienen avances y retrocesos en su marcha hacia la liberación nacional y social de los pueblos. Por lo tanto, seguir llorando sobre la derrota del movimiento revolucionario argentino y regional de los años 70; seguir argumentando que la lucha integral emprendida por las organizaciones político – militares de esa época fue inútil y fatídica, contribuye a mantener el espíritu de pasividad y aceptación ante la hecatombe que hoy conmueve a Argentina, Brasil, Chile y otros países en cuanto al abominable periplo de sus gobiernos, afines a la nueva estrategia norteamericana de ‘venir por todo’. La revolución trunca en 1905 en la Rusia de los zares culminó – a no olvidarlo-  con el triunfo de la Revolución rusa de 1917, con el Partido Comunista (bolchevique) a la cabeza, bajo la dirección de Lenin.

–          El sectarismo y las  polémicas estériles sobre situaciones contradictorias entre revolucionarios y actores de revoluciones acaecidas en otros momentos y otras geografías sólo ayudan a los enemigos de la liberación nacional y social: los imperialistas, las oligarquías industriales y financieras y los esbirros y amanuenses a su servicio, a continuar con el saqueo, la explotación y la liquidación de las conquistas de los trabajadores y la integridad de las naciones. La unidad de los revolucionarios y trabajadores contra el enemigo común es garantía de la victoria.

–          El papel de los uniformados en este momento histórico en la Argentina es el de observar como Brasil y Chile, incentivados por el imperialismo norteamericano, se disputarán las presas del Cono Sur a la par que soguzgarán y reprimirán sin contemplación, como el zarismo y el somocismo- y las dictaduras cívico militares de los años 70- a todo el que pretenda hacer vale sus derechos, al trabajo, a la tierra, a la vida en todos sus aspectos. Se deberá librar la guerra de las tropas en el país a fin de :-neutralizar a los sectores reaccionarios y proimperialistas de las Fuerzas Armadas, preparados para un zarpazo afín con el bolsonarismo y el piñerismo;- atraer hacia un proceso revolucionario a todos aquellos uniformados que intuyan el triste destino de la Argentina frente a la entente ‘subimperialista-israelista’ de Brasil-Chile, que seguramente intentará repartirse los despojos de un país a la deriva, entregado de pies y manos por el macrismo, sus aliados y sus ‘aceptadores institucionales’.

–          Solo la clase trabajadora más consciente y organizada podrá orientar a los pobres de la ciudad y el campo hacia la liberación y el socialismo. Y podrá rescatar a la pequeño burguesía furiosa, asustada, ignorante y manipulable de las ilusiones democratistas puras y legalizadoras/legitimadoras del orden burgués imperialista que promueven la social-democracia y el social-cristianismo, o de las garras subhumanas del fascismo, que inevitablemente, sin una dirección revolucionaria que oriente al poder a los trabajadores y el pueblo, llevará a todo el mundo de la guatemala actual a la guatepeor.

–          Llevar a cabo esfuerzos mancomunados con los trabajadores chilenos y brasileños, y con los bolivianos, paraguayos y uruguayos, a fín de consolidar un bloque obrero y popular antiimperialista, antifascista y antifagocitador de regiones codiciadas por las potencias mundiales y regionales y los magnates a quienes sirven.

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