Publicado en: 6 febrero, 2018

Ni son objetos ni esto es sostenible ( II)

Por Patrocinio Navarro Valero

Tenemos un sistema alimentario caduco y peligroso, que  no solo explota al mundo animal, sino a los trabajadores inmigrantes en granjas y mataderos.

Los animales no son objetos.

Los animales no son objetos, señores. Resulta que tienen un alma sensible. Y además inmortal por ser energía. Y tienen emociones y capacidades de las que muchos humanos apenas saben, como es el amor desinteresado o la capacidad de sacrificio por los que aman. Como suele pasar con los padres a sus hijos también los animales aman y se sacrifican  por sus crías hasta el punto de jugarse la vida diariamente muchos de ellos  por procurarles  comida, agua y seguridad. En cambio,  a veces vemos noticias terribles de padres o padres que matan a sus hijos por alguna clase de sentimiento vergonzoso como odio, rencor o deseo de hacer daño a su pareja.

Recuerdo a los perros  y a sus variadas formas de ayudarnos. Eso es amor desinteresado. Su alma es pura, como la de cualquier animal y carente de ego, y no como las nuestras cargadas de egocentrismo contra el que nos vemos obligados a luchar para evolucionar.  Estas consideraciones las obvian las iglesias, que aprueban la caza, callan ante la matanza de animales en los mataderos y hasta niegan que tengan alma pese a saberlos capaces de tener sentimientos puros. Los  gobiernos, por su parte, eternos aliados del clero, no solo aprueban los mataderos, sino que los legalizan mientras  practican una tolerancia inadmisible  y una  vista gorda vergonzosa ante las innumerables formas del maltrato en esas granjas inmundas a las que no parecen tener acceso fácil  las inspecciones sanitarias.

 Los inmigrantes no son animales.

Tenemos un sistema alimentario caduco y peligroso, que  no solo explota al mundo animal, sino a los trabajadores inmigrantes  en granjas y mataderos .  Aprovechando su desconocimiento del idioma y sus problemas con los famosos “papeles”   se les trata como esclavos sin derechos y al margen de cualquier ley a estos hermanos. Esto es cruel, inadmisible y propio de un tercermundismo político y social, ¿pero no venían ya de ahí?  De Guatemala a Guatepeor, y  el gobierno tan sordo como para todo lo social.

Una urgencia

Es urgente  abrir un debate público sobre el mundo animal a pesar de la oposición de gobiernos, industria cárnica, farmacéuticas y  complicidad silenciosa del clero. Un debate público sobre razones ecológicas, éticas, espirituales y de consumo  que nos lleven a cambiar nuestra forma de ver el mundo animal, y  a  respetar  al fin su derecho a la vida, a la libertad y a la protección humana. Esto significaría una revolución sin precedentes en la historia de la humanidad. Y es igualmente urgente un debate sobre los derechos de los inmigrantes que ponga al descubierto y termine con  todas las miserias y abusos a que son sometidos por toda clase de depredadores sociales amparados por la indiferencia de estos inútiles  los políticos y la ceguera de estos inútiles  sindicatos.

Es ecológicamente insoportable la existencia de la ganadería extensiva de todo tipo  debido a su enorme aportación de nitrógeno para el efecto invernadero, a las ingentes cantidades de consumo del agua que cada vez escasea más, y a la enorme cantidad de extensiones para pastos que van en detrimento de las necesidades agrícolas para consumo humano. Cada filete es insostenible ecológicamente.

Es peligroso para nuestra salud  el consumo de carne – cadáver a fin de cuentas- ante la cantidad de venenos químicos y  de adrenalina por estrés y  por el sufrimiento crónico que contiene cada bocado. Todo eso se incorpora a nuestras células con el filete del gourmet o el jamón famoso. Es éticamente inadmisible para una persona con conciencia maltratar, asesinar o mostrarse impasible ante tanta crueldad. La sociedad emergente debe ir sustituyendo las proteínas animales por las vegetales. No necesitamos  la carne para vivir ni tampoco vegetales contaminados para sustituir a la carne contaminada. Esto tampoco.

Necesarios ajustes

Estamos ante un sistema  que mantiene en jaque a nuestra salud y a la de nuestros descendientes y  tiene que ser revisado y corregido urgentemente  a escala global. Pero no esperemos que la solución  venga de gobiernos o multinacionales. Va a depender de dos elementos tan básicos como  imprescindibles: de una nueva conciencia ética y de una nueva conciencia alimentaria que tienda al veganismo. Para este cambio, el amor a los animales es imprescindible. Urge  la capacidad de movilización de los nuevos consumidores para dejar de lado la carne y presionar a los gobiernos para que declaren ilegales las apestosas granjas y  mataderos, con todas las consecuencias que eso tenga para  la ganadería. La ganadería se ha convertido en un grave problema medioambiental y de salud global. Firmemos manifiestos, peticiones, apoyemos a las organizaciones que defienden este salto evolutivo. No nos callemos más.

Bien sé cuán importante es para la economía capitalista el sector ganadero y las industrias anexas, pero si negocios de pocos  perjudican a nuestra salud, a los animales y al propio Planeta- y con ello a nuestra propia vida-  es obvia la necesidad de cambiar el modelo. ¿No les parece?

Nota (1) de la primera parte:  “Los animales claman, el profeta denuncia”, de Das Wort, Alemania.

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