Publicado en: 7 octubre, 2015

Ni divas, ni “jefes”, ni oportunistas

Por OLEP

No todos los líderes son iguales

En la lucha social hay compañeros que por sus habilidades para hablar, pensar, conducirse ante los demás o por su amplia experiencia se han convertido en líderes o dirigentes de procesos de lucha.

Si bien existen distintos estilos para ejercer las tareas de dirección, es necesario preguntarse: “¿Cómo debe ser un buen líder?” Para responder esta pregunta veamos algunos ejemplos de los tipos correctos e incorrectos de dirigentes.

Por un lado tenemos algunos dirigentes impositivos, es decir, quienes se comportan como los “jefes”. Creen que ser líderes los pone por encima del resto de los compañeros y ejercen el mando como si estuvieran tratando con prisioneros.

Existen otros que mienten con discursos llenos de promesas y de frases huecas; son los demagogos que con sus palabras engañan al pueblo y con sus acciones lo traicionan.

También están los oportunistas, esos que toman ventaja personal de su situación dentro de las organizaciones; son los líderes sindicales que jinetean las cuotas o los dirigentes del movimiento urbano popular que tienen viviendas en todos los predios y las rentan. Son quienes negocian a espaldas de los demás y únicamente buscan hacer de la lucha y esfuerzo del pueblo un gran negocio.

Una variante del oportunista es el provocador que arrastra a los compañeros a situaciones de confrontación sin medir el momento ni las fuerzas con que se cuenta. Estos líderes se ocultan tras un discurso supuestamente radical, mientras estropean la organización y sabotean la lucha.

Algunos otros se comportan como auténticas divas del espectáculo: quieren obtener prestigio, salir en la foto, dar las entrevistas sin preocuparse realmente por el bien del pueblo ni de su organización.

Finalmente están los “mesías” que aspiran a convertirse en dirigentes por gracia divina o por la ingenuidad de quienes los siguen sin tener más habilidades que su propia ambición desmedida.

Ahora bien, ¿qué tienen en común todos estos personajes? En principio, ninguno de ellos quiere dejar de ser dirigente o que otro ocupe su lugar y no permiten que sus organizaciones crezcan por miedo a perder las riendas de los procesos. Estos actos de inmadurez los hacen incapaces de formar a los compañeros y llevar la lucha social hacia adelante.

Estos supuestos líderes reproducen con sus actos la ideología de la clase dominante. Un dirigente pequeñoburgués impone, castiga y no acepta las críticas; por el contrario, conspira contra sus compañeros, sabotea el trabajo político y se aprovecha de las necesidades y aspiraciones del pueblo trabajador rehuyendo de las alianzas, pues su propia incapacidad política lo hace tener miedo a perder el control y con ello ver el fin de sus aspiraciones personales.

Sin embargo, no todos los líderes son iguales y en el otro extremo también existen quienes, desde posiciones políticas honestas, buscan llevar las luchas del pueblo hacia buen puerto. Son aquellos que no están al frente de las organizaciones populares para servirse de los demás o ganar reconocimiento sino, por el contrario, se encuentran a la cabeza porque se preocupan por sus compañeros, porque han entendido que las labores del dirigente político son esenciales para obtener la victoria en la lucha y que ser líder implica asumir una responsabilidad con todos los compañeros tanto en la práctica como en el discurso.

No debemos olvidar que los socialistas tenemos la tarea de preparar compañeros para que sean auténticos dirigentes y por ello la formación de cuadros es un objetivo fundamental. Los dirigentes deben ser compañeros que apliquen el principio de las discusiones colectivas pero con decisiones y responsabilidades únicas. Compañeros cuya fidelidad esté probada y cuyo valor físico y moral se ha desarrollado al compás del desarrollo ideológico.

Si bien nunca faltarán quienes, al no conocer otro modo de dirigir más que la forma de la burguesía y tomando posiciones supuestamente radicales, digan que el pueblo no necesita líderes, pero no debemos doblegar nuestros esfuerzos. Estos personajes hablan desde su propia incapacidad de asumir la responsabilidad de las tareas de dirigir al pueblo en su lucha, renunciando de antemano a la ardua labor de formarse como dirigentes honestos, sencillos, disciplinados, dignos y firmes, aptos para estar al frente de la lucha organizada de los proletarios.

Queremos formar buenos líderes que no pretendan arrastrar detrás de sí a las “masas atrasadas”, sino guiarlas, empujarlas hacia adelante y caminar a su lado… en suma, buscamos la formación de dirigentes proletarios nacidos del propio pueblo que orienten, dirijan, organicen, formen, promuevan la discusión y eduquen con entereza moral y firmeza, sin temor de asumir grandes responsabilidades cuando la realidad lo requiera.

 

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección ANÁLISIS del No. 10 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 4 septiembre de 2015.

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