NeoliberalismEXIT

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Por  Joseba Permach Martín

Cuando eramos pequeños nos decían que la noche de San Juan teníamos que tirar a la hoguera todo aquello que queríamos desterrar o superar. Yo tiraba los apuntes y mi padre las facturas que no quería ni ver. El objetivo era que se quemara lo viejo y dar la bienvenida a lo nuevo.

Tras la última noche de San Juan nos hemos despertado con un BREXIT que amenaza con poner patas arriba el proyecto europeo, introduce una gran incertidumbre respecto a las negociaciones del TTIP y, por si todo ello fuera poco, las bolsas europeas y la economía se derrumban sin perspectiva alguna. ¿Será qué en esta noche de San Juan se ha empezado a quemar lo viejo y dar pie a algo nuevo? En mi opinión, todo ello dependerá de la posición que prevalezca sobre los acontecimientos que se están produciendo.

Hay una argumentación, claramente impulsada por los mass media y políticos del establishment, que pasa por centrar el debate en las gravesconsecuenciasque puede tener el BREXIT. Una vez más, se pretende generar una situación de alarma y crisis que, como nos advierte Naomi Klein, será utilizada por el gran poder económico para llevar a cabo medidas, o políticas, que no serían aceptadas en otra situación. El rescate bancario realizado a costa de nuestros bolsillos es un buen ejemplo de lo que estamos comentando.

En todo caso, esta posición, además de posibilitar las medidas de excepción mencionadas, tiene otra consecuencia mucha más grave a largo plazo. El BREXIT es presentado como un demonio de terribles consecuencias con el objetivo de generar posiciones conservadoras que pasan por defender lo que tenemos, y más concretamente, la Europa actual, su modelo económico neoliberal y la apuesta por un TTIP que supondría elevar al cuadrado las consecuencias de pobreza, paro y precariedad que genera en la actualidad el sistema capitalista.

Hoy, la mayoría de la clase política y de los comentaristas critican el BREXIT y a sus promotores y, con ello, directa o indirectamente se suman al coro que defiende la Europa vigente. En definitiva, siguen alentando un modelo que ha generado el monstruo del populismo, de la xenofobia y de la ultraderecha neoconservadora y ultraliberal. En mi opinión, resulta absolutamente necesario llevar a cabo un análisisradicalde la situación y acudir a laraizdel problema para comprender lo que está ocurriendo e intentar obtener las conclusiones correctas.

Quizás todavía resulte necesario recordar que el proyecto europeo surge inicialmente con la CECA como entidad reguladora de los sectores del carbón o del acero, o que uno de los denominadospadres de Europa, Jean Monnet, era banquero y hombre de negocios. No podemos extendernos en los detalles de la creación y desarrollo de la Unión Europea, pero resulta necesario subrayar que la prioridad del proyecto europeo no residía en las personas, sino en la necesidad de un mercado único que superara las fronteras estatales posibilitando el libre comercio de las empresas, sobre todo de las grandes empresas. Obviamente, sus promotores defendían que un mercado único y una mayor posibilidad de comercio y negocio generaría el bien común. Lamano invisiblede Adam Smith se encargaría de que el interés de unos pocos conllevara finalmente el beneficio para la mayoría de la sociedad europea. El tiempo lo diría…

El proyecto europeo inició sus primeros pasos de forma tímida hasta que la caída del muro de Berlín en 1989 le quitó la careta y dio por finalizado el estado de bienestar. En 1993 se aprueba el tratado de Maastricht prácticamente sin refrendo popular alguno y la unión monetaria y el mercado único de bienes y capitales abre el paso a las liberalizaciones, privatizaciones y en definitiva a las políticas genuinamente más neoliberales. La mano invisible de Adam Smith campa a sus anchas y los bolsillos de los magnates financieros y grandes hombres de negocio se ponen la botas. El ambiente de opulencia y prepotencia era tal que el famoso Francis Fukuyama se atrevió a escribir aquello delfin de la historiapara hacernos ver que en adelante ya no quedaba alternativa alguna al sistema capitalista imperante.

No obstante, la realidad es testadura hasta con los agoreros de la historia. La mano invisible de Smith hizo lo que quiso, o lo que pudo, hasta que en 2008 revientan las burbujas inmobiliarias y financieras y nos introducimos en la gran recesión que estamos atravesando desde entonces.

Ocho años después del inicio de esta nueva gran crisis del sistema, podemos decir que pese a la evidencia de los acontecimientos, hay quien se ha empeñado y ha conseguido que los hombres de estado de prácticamente toda Europa hayan sucumbido a ungolpe financierosin precedentes. Hoy la denominada Troika, y los estados que le siguen a pies juntillas, no son otra cosa que lo avanzado por Marx cuando hablaba del estado comola junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa.

La Unión Europea en particular y la Troika en general, lejos de reconocer la ineficacia de las políticas neoliberales, han optado por multiplicar o acelerar las mismas, introduciéndonos mediante las denominadas políticas de austeridad en una espiral sin límite. La apuesta por el TTIP supondría el gran y último asalto de las multinacionales al poder político, a la democracia, y por ende, al conjunto de las clases populares.

Esta permanente y contundente apuesta neoliberal ha generado una Europa no de dos velocidades, sino al estilo medieval, de dos grandes estamentos: la Europa de los países ricos y la de los países pobres. Y por cierto, en cada país, sea rico o pobre, la franja entre los más ricos y los más pobres se va acrecentando. La dualización social es ya una dolorosa realidad entre nosotros, entre estados y dentro de los estados.

Según la ONG intermon Oxfam en 2015 había en Europa 123 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social. Las altas tasas de paro se cronifican el sur de Europa y la precariedad y los ochocentistas añoran los tiempos en los que se menospreciaba a los mileuristas. El sistema capitalista aderezado con políticas neoliberales no genera otra cosa que la extensión de la pobreza, el paro y la precariedad para la gran mayoría de la sociedad.

Y es precisamente en ese caldo de cultivo, donde la ultraderecha rancia y xenofoba, que no es otra cosa que grandes neocons o neoliberales disfrazados de populismo, encuentran la posibilidad de alzarse al poder o proponer referendums como el del Brexit.

Por tanto, la critica al Brexit no puede terminar en la adoración del modelo que ha engendrado el monstruo, sino en la denuncia del mismo y de las políticas neoliberales que lo han generado. Dice Zizek al más estilo hegeliano que la izquierda tiene que aprender a llevar a cabola negación de la negación. Hoy, la negación del Brexit no es defender la Europa actual, sino negar la misma para reivindicar una Europa y un modelo político y económico al servicio de los pueblos y de las capas populares.

Unos nos amenazaban con la caída al vacío si salíamos de Europa, otros reivindicaban la salida de la U.E como la solución a nuestros problemas. El referéndum de ayer, probablemente, nos deja a todos sin suelo en los pies y con una mayor incertidumbre para fijar posición. Sobre todo, si jugamos con sus preguntas y cartas marcadas.

¿Y si en vez de debatir y fijar posición sobre si hemos de estar fuera o dentro de Europa, abrimos el debate sobre las consecuencias del sistema capitalista y las política neoliberales para decir que son éstas las que tienen que quedar fuera de nuestras vidas? ¿Y si fuera el neoliberalismEXIT el principio de las soluciones? Creo sinceramente que sólo si empezamos a cambiar las preguntas, empezaremos a encontrar respuestas diferentes.

Joseba Permach Martin

economista, sociologo y miembro de Sortu

 

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