Negar lo evidente

Disimular la realidad es un arte siniestro que ya se ha catalogado entre los seres humanos como ciencia. No crean que cualquiera sabe manejar un arma cargada de confusión, que distorsiona nuestras vidas y nos convence. Nos hace crédulos y desconfiados. Nos convierte en meras marionetas sin que apreciemos el engaño social; siendo, unas víctimas consentidoras y conformistas. Una masa que sucumbe a manipulaciones inconscientes, en la mayoría de los casos.

Pongo como ejemplo nuestra propia existencia porque de ella depende que nuestros sueños, sentimientos y pasiones, sobrevivan. No estoy refiriéndome a las cotidianas incomprensiones a las que cada día nos enfrentamos: guerras, injusticias… Este ejemplo que pretendo hacer llegar al lector es nuestro mayor desafío. Cuando un médico te dice que la vas a diñar por una enfermedad incurable, todos nuestros problemas desaparecen. Ya nada importa salvo nuestra vida. Sientes las voces, los gritos del viento, agitado y violento, como a una dulce brisa de mar en agosto, cuando el sol se oculta tras su horizonte.

La negación personales un profundo pozo del que salir es una labor que nos pone a prueba y nos hace descubrir en nuestros corazones, emociones que ignorábamos tener. Esa negación, es a la vez una barrera que puede convencernos de aquello que no queremos ver. Una cortina que oculta la realidad. Que la amordaza y silencia como si fuera un residuo del que podemos prescindir, pero no es verdad. El tiempo hace que cada día recuerdes más ese sentimiento que se ha quedado en las mazmorras del olvido sin que se pueda hacer desaparecer su recuerdo. Negar lo evidente es engañarnos deliberadamente con un, casi siempre, triste final.

Si este ejemplo demuestra que un “contratiempo” personal hace zozobrar nuestra nave hasta sentir que se hunde sin remedio, les pregunto a ustedes. ¿En esos momentos les vendrían a la memoria los calentamientos globales, lo que dicen Zapatero y Rajoy, la extinción de especies y los atentados ecológicos que nadie interpreta como terrorismo siéndolo? Es poco probable que se antepongan cuestiones que antes se consideraban vitales y ya no lo son. La pérdida inminente de la vida convierte en humo los dogmas. En fracaso la esperanza. En banales las luchas y en extraños a los cercanos.

Nuestra fragilidad nos descubre entonces que otras motivaciones, otros caminos se quedan atrás por haber seguido un rumbo predeterminado que ha impedido recorrer, explorar, nuestro propio camino. O arriesgarse hallar atajos ventajosos para que nuestra vida no sólo sea un escaparate luminoso en el que diferenciarse de otros semejantes con adornos que simulan nuestra pobreza humana. Es curioso, pero en esos momentos comprendes lo estúpido que has sido por no reparar nunca en esa posibilidad. Las cuestiones que antes parecían no afectarte, de repente son prioridades que no pasan desapercibidas ahora, que antes te resbalaban, como coloquialmente decimos.

Pasada la negación y se acepta la cruda realidad que nos asola, sorprende la capacidad de supervivencia del Ser Humano y también las fuerzas que no imaginábamos tener para hacer frente a nuestro mal personal o el mundial, hasta llenar ese vacío existencial que probablemente en otro tiempo considerábamos un elemento vital como el agua y el aire en los que ahora nos fijamos más; como si algo que hemos mirado durante nuestra vida cobrara forma y nos dijera: ¡ÁNIMO! Eres mucho más que una pesadilla. Todavía tienes tiempo de verme. De oler la vida, como si fueses un sabueso veterano en mil olfateadas y no quieres que quede alguna nueva.

El tercer paso del desahuciado consciente, es aprender a reírte de ti mismo. Cosa que no solemos hacer cuando Santa Bárbara duerme, sí, la de los truenos; no es que se me haya aparecido para dictarme esta reflexión, que simplemente trata de recordar que somos mortales, y morir porque otros lo decidan, disculpen , pero es una putada.

Benjamín Lajo Cosido
Escritor

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