Necesidad de una izquierda anticapitalista

La grave crisis que atraviesan Izquierda Unida y EUiA –donde habrá elecciones primarias para designar sus cabezas de lista de cara a las próximas legislativas, en medio de un clima de crispación, enfrentamientos y expulsiones- refleja problemas de un calado social y política que va mucho más allá de estas formaciones. El capitalismo globalizado nos está abocando a una nueva fase de turbulencias, bajo el brío de su crisis financiera y a golpe de agresiones redobladas contra los derechos sociales.

Es suficiente sabido el papel que ha jugado la socialdemocracia en el proceso de construcción de la Unión europea bajo la égida de las grandes multinacionales. Y, concretamente, el papel del PSOE en la “modernización” del Estado español; es decir, en su adecuación a las exigencias del mercado continental. En toda Europa, las últimas décadas han estado marcadas por la alternancia gubernamental entre los partidos de la derecha clásica y una izquierda gestora del sistema, cada vez más amoldada en las instituciones neoliberales y que, amenudo, ha estado a la cabeza en la introducción de sus medidas – como en el caso de las “reconversiones” promovidas por Felipe González, de la entrada de España a la OTAN o de la adhesión al Tratado Constitucional europeo bajo el impulso de Zapatero.

Sin embargo, esta presión del neoliberalismo se ha ejercido también con fuerza sobre la izquierda de matriz comunista o alternativa, que ha pretendido representar en el último período las resistencias y movimientos opuestos a la globalización. Así, hemos visto como IU hacía la peor lectura posible de las elecciones legislativas de 2004, después de que el movimiento ciudadano contra la guerra “se amparó” del PSOE para deshacerse del odioso gobierno de Aznar… dejando “la izquierda transformadora” reducida a una exigua representación parlamentaria.

Estos resultados, unidos al reflujo de los movimientos, fortalecieron la convicción de los sectores más conciliadores de que no se podía ir mucho más lejos que el social-liberalismo; que sólo quedaba la opción de “acompañarlo” con un cierto espíritu crítico, pero sin esperanza de esbozar una alternativa.

Así, la “legislatura del superávit presupuestario”–y de los enormes déficit y desigualdades sociales- ha sido una etapa de sumisión casi absoluta de IU a los postulados del gobierno. Desde la aprobación de unas cuentas continuistas hasta el acuerdo sobre la Memoria Histórica, pasando por el voto de la LOE y de la Ley de Defensa o el apoyo a la política del PSOE ante las aspiraciones vascas y catalanas, IU ha dimitido de su función de oposición de izquierdas. Entretanto, por contra, la derecha española conseguía movilizar sus bazas sociológicas, acotando eficazmente la acción del ejecutivo.

En Catalunya, EUiA ha seguido la misma deriva que su referente estatal, con el factor agravante de su dependencia de ICV y del compromiso con un gobierno de “entesa” fuertemente vinculado a los intereses patronales.

Una lucha abierta

La mayoría federal que encabeza Llamazares pretende certificar el curso de estos años, aglutinando a su alredor desde elementos que están ya a un paso de la socialdemocracia, sectores que querrían configurar un espacio “verde” compatible con ella… y cuadros sin más perspectiva que su propia supervivencia como profesionales de la política institucional. Frente a esto, reivindicando la necesidad de una izquierda anticapitalista, ha surgido una candidatura alternativa entorno a la dirigente comunista valenciana Marga Sanz – un agrupamiento que tiene también su correlato dentro de EUiA. Los compañeros y compañeras de Revolta Global que militan en EUiA han dado aval y apoyo a estas candidaturas.

Es indiscutible que dentro de este bloque opositor, que va desde el PCE hasta diferentes sensibilidades críticas y nuestros camaradas de Espacio Alternativo, hay dirigentes lastrados por una gran responsabilidad en los fracasos de la izquierda y que difícilmente podrían postularse a liderar su reconstrucción. Sin embargo, no es menos cierto que al corazón de esta batalla -quizá la que decidirá la suerte del espacio político de referencia que ha estado IU durante más de veinte años-, encontramos planteados los problemas cruciales que deberá afrontar la clase trabajadora en el próximo período, tanto en lo relativo a las alternativas sociales al liberalismo como en la cuestión primordial del régimen político – república, federalismo de libre adhesión, autodeterminación de los pueblos…

Es imposible predecir qué fuerzas compondrán la izquierda de combate que los tiempos que se acercan requieren; qué parte provendrá de esta izquierda “social”, qué parte surgirá de otros sectores… La fisonomía de esta izquierda, su fuerza y autoridad política, la asimilación de las experiencias pasadas por parte de una nueva generación militante, dependen, sin embargo, en gran medida de la salida de esta confrontación.

“En Catalunya –declara un Manifiesto de apoyo a las candidaturas alternativas, firmado por numerosas personalidades, sindicalistas e intelectuales, miembros o no de EUiA- se participa en un gobierno que, si bien ha desplazado a la derecha, es responsable de políticas muy alejadas de los intereses de los ciudadanos: desde la privatización de la sanidad y la educación hasta las agresiones al entorno natural y a las libertades (…) En esta medida, se pierde capacidad de presionar desde la base social y se hace girar EUiA como una organización que evita la resistencia a estas medidas (…) Hay que saber presionar desde fuera, con los movimientos sociales, si el gobierno no acepta un programa realmente transformador. Creer que ocupando escasos espacios de poder se puede avanzar hacia una sociedad más progresista, es confundir la mejora del estatus de algunos representantes con la dura realidad que sufre la mayoría de las personas”.

Decididamente, ningún sector revolucionario consciente puede ser ajeno o indiferente ante lo que se está dirimiendo en las filas de la izquierda.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS