¿Nazismo en Catalunya?. La conjura de los malvados

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Desde que el tsunami humano de la última Diada pusiera sobre la mesa una demanda tan democrática como el derecho de una nación a decidir en unos tiempos en los que todo se decide en las cuevas del gran capital, no pasa semana sin que algunos de los “barones” que ocupan las siglas del PSOE, no se descuelgue con unas intempestivas declaraciones forzando tal paralelismo.

Cierto es que no se trata de ninguna exclusiva, el número de imbecilidades que se han llegado a decir sobre el fascismo es casi infinita, incluso dentro de la izquierda clásica. Se abusa de la terminología airadamente despreciando un análisis necesario. Tachar como tales a Felipe González, Felip Puig o Duran i Lleída es una barbaridad,  y lo es no tanto porque4 estos personajes individualmente no merezcan nuestro desprecio, que lo merecen, sino porque representan situaciones y bases sociales muy diferentes.

Debería de estar claro que este tipo de extrapolaciones miserables habría que dejársela a la derecha, a personajes como Rosa Díez, tan dada  a este tipo de argumentos cuando se trata de Euzkadi. Se trata de una pose muy propia de gente cretina como el actual ministro de Asuntos Exteriores quien, en un ejercicio de esa doctrina neoliberal según la cual la historia es para quien la compra, metía el nacionalismo catalán por supuesto (ellos dicen que no son nacionalistas, lo cual será verdad en Bruselas pero no en Madrid), el marxismo y el  nazismo en el mismo saco, a lo que le respondió el portavoz convergente sacando del saco los primeros, y dando su visto buenos a los otros dos. De ahí se podría deducir que Franco fue un “autoritario” que luchó contra los “totalitarismos” marxistas y separatistas.

A estas alturas ya no nos extraña que desde las alturas de la empresa socialistas también se digan cosas parecidas, que para colmo, se haga con mayor insistencia, y que además, se haga en el contexto de la campaña electoral catalana en la que Pere Navarro presumía ser “federalista y de izquierdas”. Anotemos que en el curso de  dicha campaña, el discurso de apoyo a Navarro se extrajo de la  perdida tradición socialista. Se escuchó (sin guasa) a Eduardo Madina hablar de los trabajadores como si fuese Tomás Meaba; a Ángel Gabilondo diciendo que había que luchar contra la corrupción de los principios como si se tratara de Juan José Morato resucitado o a la inmaculada política-empresaria Carme Chacón afirmar que ella quería el derecho de decidir pero frente a los poderes financieros. O sea se sacaron a relucir el traje “socialdemócrata” de los tiempos de Rosa Luxemburgo, y lo hicieron como si estuviesen en alguna barricada.

Pero esas cosas se dicen como las decían en los años setenta cuando tenían en su programa el “derecho de autodeterminación”, y la aplican igual que lo hicieron con este principio.

Fue en medio de juego de vestidos que Marcelino Iglesias demostró su desprecio a la historia diciendo que “el hipernacionalismo costó a Europa cien millones de muertos” así como a las “guerras civiles”.  precediendo intervenciones parecidas de José Bono y Francisco Vázquez que se comparando a los castallanoparlantes cono los “judíos” en la época de la solución final…

Tales extrapolaciones han pasado como suelen pasar estas cosas en este país en la que reina un amo que como decía en el “Mongolia”, te puede violar sin tener que pagar ni una multa de 25 pesetas. En el PSOE, por supuesto,  no ha habido mayor reacción que la que pudo la que hubo cuando se supo que los dictadores derrocados en Túnez y Egipto eran…miembro de la Internacional Socialista.  Pero la cosa es grave viniendo desde “la izquierda”, o sea de la gente que dice representar el “federalismo”.  Resulta que uno lleva 52 años en Catalunya, y en ese tiempo jamás ha visto a nadie tratado como un “judío”, aunque si sabe que el catalán estuvo prohibido, que el franquismo arrasó con las instituciones catalanes y pasó por las armas a millares de personas por “separatistas”. Está acusando a una mayoría de catalanes que están por su derecho a decidir, y lo hacen con una terminología propia de energúmenos como los de Intereconomía.

El asunto es en mi opinión, mucho más grave de lo que se quiere creer. Entre otras cosas demuestra el grado de envilecimiento a que ha llegado el “socialismo”.  Son proclamas hechas por personajes inéditos en cualquier oposición al franquismo o al imperialismo, demócratas que aceptan que la política sea un negocio en el que se venden promesas incumplidas. Gente que se arrodilla ante el Dios Mercado, y que aún están por decir media palabra sobre algo tan sangrante como lo que están haciendo los bancos con los desahucios.

Podríamos seguir, pero lo más triste es que todavía hayan izquierdas que le hagan la cama como en Andalucía, y lo que es más arduo y más triste todavía, que todavía existan millones de personas trabajadores que se dejen estafar aunque, también es verdad, son cada vez menos. Quizás sea por eso por eso que pierdan con tanta facilidad los papeles hasta el punto de banalizar las consecuencias del nazismo, un movimiento creada por bandas armas que bajo una fraseología ultraimperialistas, trabajaban al servicio del gran capital.