Navajeros contra señores

&nbsp Son especímenes humanos nacidos como paseantes en Cortes que dedican su vida a ser respetados a su paso, a mantener el tipo y a ejercer influen­cia en su entorno y en el mundo. Por anto­noma­sia el gentleman es inglés, aunque también pueda ser un ca­brón con pintas como a menudo lo es su homólogo, el caba­llero his­pano. Pero hay una diferencia entre el gentleman y el caballero. Aquel sigue erre que erre con su modo de ser lo mismo que ese banco pintado que, tras varios lustros, aún conserva el just painted. Mientras que el caba­llero ha perdido toda la fuerza o ya no existe. Mejor dicho, ha que­dado reducido a ese tipo que frecuenta el Corte Inglés y los hote­les de tres estrellas cuando viaja. Es el que tanto en un sitio como en el otro se hincha a oír «patatín, patatán, caballero» de los em­pleados y hosteleros, hasta hacer estos de la palabra y el trato un in­sulto sin pruebas haciéndole creer al cliente que efectivamente lo es. Como si, cuando respondo yo a mi hijo que me ha hecho una pre­gunta, termino siempre llamándole rey o diputado: se lo acaba cre­yendo, y así puedo luego yo lle­varle más fácilmente a mi huerto, sin que él se dé cuenta por haberle&nbsp subido de&nbsp categoría&nbsp llamándole caballero…

&nbsp Pero decía que el gentleman es otra cosa, y aunque también ima­gino que la impresión que hoy día provoca se ha rebajado hasta los extremos que todo lo que fue se rebaja a las medias tintas, alguna es­tela de glamour le queda al gentleman en la medida que ya la per­dió ab­solutamente el caballero entre nosotros.

&nbsp Pues bien, dicho lo dicho, y salvando esas diferencias entre el gentleman inglés y el caballero español pero ajustándonos a los es­quemas convencionales, en España friccionan dos partidos políticos que responden, uno al del gentleman venido a menos, y el otro al de El Tempranillo, el chulo de discoteca, el macarra y el navajero de callejón. Y claro, en esas condiciones, hasta que ese tipo de polí­tico no desaparezca de la escena social y del Congreso, no habrá dado este país un paso hacia la normalidad. Chulos, cínicos, menti­rosos, paranoicos, esquizofrénicos y oligofrénicos que pasan por po­líticos, que se pasan la vida intentando desbancar a caballeros de última generación, no nos permiten pensar que vivimos en un país medianamente normal.

&nbsp Ejemplo de navajera moral del copete, oligofrénica y todo eso que digo antes: Esperanza Aguirrre, que con su firma avaló las cuentas de Fundescam, fundación del PP madrileño que pagó la trama Gür­tel con los correspondientes gastos de sus campañas electorales en 2003 y 2004 contravi­niendo las normas sobre esa materia. Aval que firmó, pero que dice que no sabía lo que firmaba… ¿Puede un alto representante político firmar algo sin saber qué es lo que firma? A los leones con ella…

&nbsp Otro ejemplo de oligofrénico: Rajoy, que pone el grito en el cielo porque en Benidorm han echado al PP y dice que han sido los tránsfugas. ¿Quién, que no sea un menguado, etc. puede boicotear el pacto antitránsfuga cuando el PP gobierna en diez municipios con trásfugas, y Madrid está go­bernado por el PP gracias a dos trásfu­gas&nbsp como la copa de un&nbsp pino&nbsp a buen seguro comprados por la presidenta de Madrid: Tamayo y Sáez? A los infiernos con él…

&nbsp Ejemplo de caballeros, es decir, señores de medio pelo, son los Zapatero y compañía que han enviado 220 soldados a Afganistán cuando el mundo entero que no pertenece a esa Comunidad Inter­nacional de ladrones en la que se amparan, reclama que todos se vayan de allí…

Lo que sale de todo esto es que al lado de esos navajeros salidos de una “naranja mecánica” a la española, estos del poder actual son unos señores aunque lo sean de medio pelo…

&nbsp Me alegro en el fondo de que sucedan así las cosas, porque mien­tras esto siga así irán aumentando rápidamente los republicanos y los comunistas, como en el mundo religioso&nbsp crecen las sectas y los&nbsp protestantes en la medida que retroceden alarmantemente (para el Vaticano) los católicos. Un país no se merece esto…

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