Nadie escribirá nuestra historia

El mensaje de Fidel anunciando en un breve y reiterativo párrafo que no aspira ni aceptará ser propuesto para la responsabilidad de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe y que seguirá escribiendo bajo el título de “Reflexiones del compañero Fidel”, ha impactado de muy diversas maneras en el mundo. Los despachos y las reacciones se multiplicaron en cascada ya en los primeras horas de conocida la información. Los amigos con sus mensajes solidarios, los enemigos reiterando sus ataques y diatribas, otros reproduciendo el anuncio y comentando la historia política de Fidel.
En Cuba, sus graves padecimientos y prolongada convalecencia, han sido preocupación principal del pueblo revolucionario, pero también la oportunidad de verlo, una vez más, batallando contra las dificultades, combatiendo contra los molinos de viento del tiempo y de la adversidad, y ha visto, una vez más, como la voluntad de servir ha superado los enormes escollos que le impuso la vida y ha salido airosa. Es la martiana utilidad de la virtud.
La nación cubana está entre las más jóvenes del mundo. Si tomamos como referencia a 1868, año en que finalmente la voluntad de ser libres cristalizó en el filo del machete mambí, los cubanos nos hemos constituido como nación en un proceso que cumple ahora 140 años, de una única revolución, la que comenzó en Yara y continúa hoy. En los últimos 60 años de nuestra existencia como nación ha estado presente la influencia revolucionaria del pensamiento y la acción de Fidel. Pero los cubanos no somos un pueblo de fanáticos, somos un pueblo educado, que debe a la Revolución socialista un alto grado de preparación cultural y política, una conciencia del papel decisivo de la unidad popular, un concepto pleno de dignidad ciudadana y una identidad cultural enriquecida con su propia obra. Fue precisamente Fidel quien en los años tempranos del triunfo revolucionario advirtió “no le decimos al pueblo cree, le decimos lee”.
El pueblo cubano siente sano orgullo de compatriotas por contar entre los suyos a un estadista de la talla de Fidel, en un mundo en el que el mercado ha comprado la política, en el que lamentablemente muchos gobernantes acceden al poder mediante maniobras politiqueras y mafiosas, la demagogia, la manipulación mediática, el clientelismo y, sobre todo, con dinero, aunque les falte honra, aunque sean tan escasos intelectualmente que no sepan muchas veces ni el nombre del país que están visitando, ni los padecimientos del propio.
Hemos escuchado a Fidel siempre con la atención que merece su ejemplar dedicación a sus deberes como líder revolucionario y gobernante, y hemos actuado con plena conciencia. Hemos luchado juntos, hemos vivido la revolución con sus virtudes y sus defectos, con sus errores y rectificaciones, preservando siempre la unidad popular que es la garantía fundamental del futuro de la nación.
Y el pueblo ha cuidado a Fidel como se cuida la esperanza. Símbolo viviente de firmeza, voluntad y entrega revolucionaria, inspirador y guía de la Generación del Centenario, Fidel levantó la bandera de la dignidad nacional demostrando que Martí estaba vivo en el corazón de los cubanos. Fidel guió aquel puñado de decididos revolucionarios apiñados en el Granma para enfrentar un combate desigual, con una confianza en ellos y en el pueblo cubano que no puede entenderse con cifras ni estadísticas. Fidel estuvo al frente en Playa Girón, en la Crisis de Octubre y en cuanta batalla ha protagonizado el pueblo en estos años. Estudiante infatigable, incursionó en muy diversos campos del saber para hacer mejor su labor de gobernante. Fidel ha dormido poco y trabajado mucho. En cada momento ha devuelto al pueblo la confianza que el pueblo tiene en él y nunca pidió a sus compatriotas nada que él mismo no haya demostrado primero con su ejemplo personal.
Nunca ha dejado de trabajar por Cuba y por todos los pobres, explotados y marginados de este mundo, pero quizá, cuando más importante ha sido su orientación esclarecedora fue al desaparecer el campo socialista y la propia Unión Soviética. La epopeya vivida por los cubanos en los años del período especial solo es comparable a la heroica lucha y resistencia de los mambises en la manigua redentora. Cuando se produjo el colapso del socialismo en Europa del Este, se hizo famosa la teoría del dominó, Cuba debía caer, vencida por el imperialismo. En aquellas difíciles circunstancias, Fidel levantó la consigna de la resistencia y proclamó la fidelidad al socialismo; al hacerlo no estaba sino interpretando el sentir que respaldaba la cultura política de las grandes mayorías ciudadanas.
Los enemigos de la revolución socialista cubana, acusan a Fidel de dictador, al socialismo cubano de obsoleto, a la realidad cubana de “reminiscencia de la guerra fría”, mientras continúan empleando contra Cuba los mismos métodos de esa época de la humanidad. ¿Por qué tanta atención de los centros de poder del primer mundo hacia un pequeño país con una economía bloqueada, que no amenaza ni comercial, ni financiera, ni militarmente a ninguna superpotencia?. Es que Cuba ha sido un hueso duro de roer, una potencia de ideas y esperanzas, una espina atravesada en garganta del capitalismo tardío, la mosca en la leche virtual de la globalización neoliberal.
El socialismo es, como dijo Raúl, un camino ignoto, es un desafío; la revolución que lo construye exige -dice Fidel- sentido del momento histórico y cambiar todo lo que debe ser cambiado. En eso está el pueblo cubano, luchando con las ideas por el futuro, resumiendo su experiencia para seguir adelante por el camino de la independencia y la soberanía nacional, la justicia social y la equidad, siguiendo su propio camino. La magnitud de las dificultades y complejidad de ese desafío es enorme, pero también lo es la confianza en el pueblo, su inteligencia y su decisión de preservar la obra de la revolución. Para eso cuenta con quien entre los cubanos ha dignificado más el honroso título de compañero, con Fidel. El pueblo seguirá leyendo sus nuevas reflexiones, pero sobre todo seguirá inspirándose en su pensamiento y su obra para continuar perseverando en la lucha por un mundo mejor para todos los seres humanos. Nadie escribirá nuestra historia, seremos nosotros los cubanos.

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