Muro llamado ‘Derecha’ impide soberanía e independencia de Latinoamérica

NO ES UN despropósito asegurar que las naciones latinoamericanas han vivido durante siglos inmersas en un subdesarrollo impuesto, ya que éramos ‘colonias’ desde mucho antes de aquella inefable reunión de los “grandes del mundo”  (Roosevelt, Stalin, Churchill) en Yalta, a orillas del Mar Negro (Crimea, Ucrania), en febrero de 1945, cuando se produjo la división del planeta en dos corrientes, en dos poderes bélicos, tecnológicos y económicos (USA y la entonces URSS) dispuestos a masacrar al resto de la humanidad para imponer sus términos. O Capitalismo o Socialismo.

Como es fácil comprender, América Latina (nadie la consultó) quedó en la esfera de influencia del Capitalismo, ergo, de los Estados Unidos de Norteamérica y sus aliados europeos de ese momento: Inglaterra y Francia. De ahí en más, los predadores norteamericanos se encargaron de imponer gobiernos títeres en todos y cada uno de los países de nuestro subcontinente a objeto de contar –sin trabas ni legislaciones proteccionistas- de los magníficos recursos naturales que esas naciones poseían. Por cierto, los EEUU  –o sus gobiernos- jamás  consideraron necesaria a Latinoamérica para aportar material bélico de punta, fuese tecnológico o humano, durante el desarrollo de la “guerra fría” que Occidente anglosajón estableció contra las potencias de Europa oriental (URSS y sus satélites) y Asia (China comunista y Corea del Norte).

Muy rápidamente, el imperio norteamericano impuso –en América del Sur- la ‘política de Seguridad Nacional’, lo que significó golpes de estado militares en casi todas las naciones del subcontinente, mismas que impusieron la presencia de dictadores como Pérez Jiménez (Venezuela), Somoza (Nicaragua), Duvalier (Haití), Batista (Cuba), Rojas Pinilla (Colombia), Castelo Branco (Brasil), Stroessner (Paraguay), Bordaberry (Uruguay), Velasco (Perú), Barrientos (Bolivia), Rodríguez Lara (Ecuador), Videla (Argentina) y,  por último, el peor de todos, aquel bestial genocida llamado Pinochet (Chile).

No es un despropósito ni una falacia lo que a continuación se asevera. La mayoría de las dictaduras fueron impetradas y financiadas por las fuerzas capitalistas de la derecha local en cada una de las naciones donde Washington logró dar golpes de estado en su beneficio particular, específicamente en Uruguay, Argentina y Chile, países en los cuales el FMI y la pandilla de predadores transnacionales lograron hincar sus colmillos para agenciarse la sangre de pueblos otrora libertarios y dignos, asociándose con traidores y apátridas criollos.

Al finalizar la década de 1980 los muros ideológicos cayeron en Europa.  Fue una fiesta para el capitalismo rampante. La balanza del poder se había inclinado sin ambages ni dudas hacia la derecha económicamente absolutista, vale decir, hacia aquella derecha que todavía continúa otorgándole al ‘mercado’ características de infalible dios del Olimpo, pese a crisis como la “sub prime” en EEUU, además de aquella que en este momento asfixia a varios países europeos, como Grecia, Portugal, España e Italia.  

Pero, esta derecha latinoamericana es tozuda y gusta de la sinrazón, apuesta todas sus fichas –con ojos cerrados y manos atadas- al mercado que administran los grandes predadores e inversionistas especuladores que viven y trafican en el país del norte, y además, esos derechistas criollos apoyan al gobierno en Washington para que este extreme esfuerzos en orden a evitar que la soberanía e independencia sean hechos concretos en sus propios países.

Con todos estos antecedentes jugándoles en contra, los derechistas pro yanquis tienen la cara dura para autocalificarse –con bombos y platillos- de “patriotas”, pero, patriotas(¿?) dispuestos a seguir vendiendo sus naciones a manos privadas, porque tal vez les disgusta haber nacido donde los parieron,  y por ello mantienen la esperanza de que sus propios países dejen de existir. La negación de su patria junto con la entrega casi gratuita de todos los recursos naturales –renovables o no- a manos privadas y foráneas, para estos derechistas apátridas tiene el apellido de “pleno desarrollo”.

En estricto rigor, implícita o subliminalmente, nos están diciendo que “si los países latinoamericanos quieren alcanzar el completo desarrollo, tienen que dejar de existir como repúblicas independientes”.

Avanzando en tal detestable idea, la derecha latinoamericana lleva décadas esforzándose en quitarle al Estado cuanto recurso y mecanismo sea posible, achicando el tamaño y reduciendo el peso específico del fisco a niveles minúsculos, pero potenciando su autoridad si -y sólo si- el mundo económico de los privados requiere de alguna urgente y jugosa ayuda monetaria ante desfalcos, quiebras o malos negocios. Ayuda que, por cierto, será finalmente pagada por millones de personas que no son dueñas de financieras, bancos ni medios de producción de ninguna especie. De ese modo, la Derecha latinoamericana es capitalista cuando lucra y se enriquece, pero en caso de pérdidas económicas exige que el Estado se comporte con ella como un buen socialista.

Soy consciente de no haber escrito una sola línea de este artículo que pueda considerarse ‘novedosa’, pero también me asiste la certeza de que lo escrito deberíamos repetirlo una y otra vez, alimentando la memoria de los pueblos de América latina para que ella siga viva, pues es la única manera de evitar ser arrollado y obnubilado por el poder de los medios neoliberales de una Derecha antipatriota y entreguista que siempre está dispuesta a expoliar y masacrar a sus compatriotas en beneficio de ganancias económicas particulares.

La ‘guerra fría’ terminó el año 1989, y en 1990 comenzó la debacle universal que conocemos como ‘globalización’, la cual no es más que el dominio absoluto de uno de los platillos de la balanza de la justicia. cuyos dueños –Estados Unidos de Norteamérica y sus aliados europeos occidentales- siempre han considerado a los habitantes sitos al sur del planeta como seres de tercera categoría, empobrecidos productores de materias primas…y para concretar en hechos esa opinión que es también racista en lo económico, EEUU cuenta con el apoyo de miles de derechistas ‘sudacas’ que hacen el trabajo sucio al interior de sus naciones.

Por ello, mientras exista Derecha como la que hoy actúa en nuestras repúblicas, los pueblos de los países latinoamericanos toparán siempre contra ese muro a la hora de querer progresar y desarrollarse libre y soberanamente.

De aquí se deduce, entonces, el vital significado que tiene para nuestro subcontinente contar con gobiernos populares, revolucionarios y socialistas, como el del comandante Hugo Chávez en Venezuela y Rafael Correa en Ecuador, ya que ellos son espejos democráticos en los que necesariamente nuestros pueblos (y en especial los partidos políticos de izquierda) deben mirarse.

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