¿Muñecos de ventriloquía?

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Por Prudenci Vidal

No es fácil llegar a entender cómo podemos pasar, en tiempo muy breve, de la más lúcida adscripción de un pequeño mundo de realidades minimizadas al botafuego del atolondramiento de los símbolos. Trasladamos en pocos instantes el trabajo y el compromiso de años y lo abatimos, cual disparo al aire, ante el descontrol emocional. Posteriormente debemos empezar de nuevo, lamentando el tropiezo, pero posiblemente sin meditar sobre ello, evitando plantearnos, en análisis profundo y compartido con quienes nos asociamos,  esa radicalidad social, política y espiritual de los sucesos y de nuestra valoración.

Ciertamente la evolución tecnológica galopa a la velocidad de la luz y esta está influyendo espectacularmente en nuestras vidas, pero me pregunto por qué también lo realiza en nuestras vivencias, en nuestro juicios a veces en nuestra moralidad, como si el tiempo acumulado anterior no sirviera en la formulación de nuestro presente. Las redes sociales deben favorecer la comunicación, la interactuación, pero resulta paradójico que lo que debería ser un medio más se convierta en una finalidad, en una instrumentalización para avanzar en la captación de votos, eso sí limitados a unos cuantos caracteres que sólo sirven de slogans.

La batalla política – hay que ver cómo se torna de beligerante el debate- de cara a las elecciones del 28 de abril dicen que se dilucidará en las redes sociales. Los continuos mensajes en Facebook, Twitter, Instagram, Telegran y demás decantarán el voto de los indecisos y de los visceralmente cabreados. Hasta tal punto estamos viviendo, como sociedad, la inmediatez y la irreflexión que empujados o no al abismo cambiamos en instantes de personalidad: de analistas de nuestra realidad y de nuestro entorno a muñecos de ventrílocuo manejados por las manos de informadores manipuladores, de encuestas tendenciosas y de proclamas electorales sin sentido.

Ayer, las redes sociales se llenaron de proclamas contra la consideración en Catalunya de “colonos” de los emigrantes andaluces, gallegos, extremeños que llegaron a esta tierra que han sido tratados como “colonos” menospreciados y sufriendo esta desconsideración, aludiendo a palabras de un Conseller y del President de la Generalitat. Puede que muchas de sus palabras estén llenas de errores, intencionados o no, pero de ahí a extender a todo el pueblo catalán de desconsideración y de atentando a sus derechos democráticos media un abismo.

De la misma manera que las experiencias personales no pueden extrapolarse ni en lo positivo ni en lo negativo, hemos de acudir a ejemplo que abasten a una generalidad de personas. Es cierto que existió, al inicio de esta gran emigración, allá por los años 50-60 un espíritu de campanario por parte de esa burguesía que sólo veía en aquellos emigrantes una mano de obra que podía plegarse a sus voraces pretensiones económicas. La integración ha sido una realidad a lo largo de los años. Ha sido toda una experiencia de tolerancia positiva, aquella que incluye en reconocimiento en la diversidad, el derecho a esa diversidad cultural que se favorece desde las instituciones y es aceptada como riqueza de la sociedad en la que se desarrolla.

El número de casas regionales en las distintas ciudades de Catalunya así lo demuestran. La afluencia de ciudadanos catalanes en las Ferias de Abril se cuenta por miles y van en aumento cada año. Y lo que resulta aún de mayor descalificación de quienes han lanzado esa proclama incendiaria de la existencia de distintas sociedades dentro de la ciudadanía catalana es los enlaces familiares mediante uniones matrimoniales entre gentes procedentes de todo el estado, ya sean de la primera, de la segunda o de la tercera generación. Esa realidad es incuestionable y es la de mayor peso a la hora de valoraciones sociales y de integración. Y es que antes del apellido de andaluz, maño, gallego, extremeño, murciano… está la consideración de “persona” y los estereotipos están bien en  los chistes de los humoristas pero resultan ofensivos en las valoraciones sociales y de calificativos ignominiosos a la hora de captar unos votos allí donde la realidad social se impone en contra de propuestas electorales que pretenden un voto desde las entrañas ajenas a la reflexión y a los propios y legítimos intereses de clase trabajadora. La manipulación debería ser denunciada en todos los medios de difusión mediante una exhaustivo análisis de la realidad aportando testimonios fiable; y en el caso de que los hechos denunciado se ajunten a la realidad vivencial de las personas, en vez de atizar el fuego de la división y del enfrentamiento, la acción política debería poner remedio a tal desmán.

Tal vez, estos migrantes tengan hoy un concepto de igualdad de mayor calado republicano que estos politicastros que  apoyan su discurso en falsas realidades, realidades maquiavélicas en que los fines justifican todos los medios posible, porque su acción política no es la explicación y el compromiso con la ciudadanía en un proyecto electoral, sino más bien con la finalidad de llegar al poder utilizando los medios que hagan falta, atizando las entrañas de quienes, siendo más vulnerables, estén dispuestos a envolverse en trapos de colores y no en reflexiones ideológicas y compromisos de actuación a favor de la clase trabajadora.

Resulta chocante que ante estas afirmaciones a las que hago mención, pretendan solaparse otras de un gran calado como su compromiso en favorecer fiscalmente los planes de pensiones privados, a los que  andaluces, catalanes, vascos, extremeños, cántabros, gallegos, aragoneses, valencianos, murcianos, castellanos, madrileños, asturianos, canarios, ceutíes, melillenses, baleáricos –todas las comunidades autónomas- nos hemos opuesto en las calles desde hace ya varios años y reclamando a las instituciones protección frente a los embates del neoliberalismo bancario y político.

Que nos tomen por tontos viscerales, porque votaremos con el pragmatismo de quienes desean ver el presente, y sobre todo el futuro de nuestros hijos y nietos, protegido en lo laboral, social, asistencial y político.

 

¡GOBIERNE QUIEN GOBIERNE, LAS PENSIONES SE DEFIENDEN!

Prudenci Vidal Marcos

Miembro de La Marea Pensionista

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