Mundialización y guerra social

“Nuestra época está caracterizada por la transformación rápida de la mayoría de las fuerzas productivas del capitalismo en fuerzas destructivas. El hecho no es nuevo pero se presenta hoy en un grado mucho más alto que en el pasado” [León Trotsky, 1924]

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A veces sienta bien volver a los “clásicos” del marxismo. Leon Trotsky pronunció estas palabras en el período de entre guerras, que muy bien, salvando las distancias podrían servir para el comienzo del Siglo XXI. La violencia con la que se ha desarrollado el capitalismo en esta nueva fase neoliberal recuerda a la época del colonialismo cuando el imperialismo naciente “exportaba” sus contradiciones y su violencia a la periferia. Sin embargo, no todo es un reflejo de aquella época; la historia se meuve y los conflictos se agudizan y se solucionan de otra forma. Lo que ya queda patente, después de treinta años, es que no existe el fin de la historia y que la globalización tiene dos caras interconectadas: por un lado, la libertad total del capital financiero, y, por otra parte, la extensión de la pobreza a nivel globa y la existencia de una especie de apartheid de aquellas partes del globo que están “excluidas”. Baste simplemente un dato: “en la época de la universalización del mercado libre, que dicen, hay más de setenta millones de niños, en edad comprendidas entre los diez y los catorce años, obligados a trabajar en condiciones deporables que violan todos los derechos.” [F. Fernandez Buey, Guía para una globalización alternativa].

Neoliberalismo y guerra social

Muchas veces olvidamos cual fue el “campo de entrenamiento” para el neoliberalismo y cual fue uno de sus principales ideólogos [M. Friedman]. David Harvey en un excelente artículo nos lo recuerda: “Sin embargo vale la pena recordar que el primer gran experimento de formación de un Estado neoliberal fue el Chile de Pinochet, treinta años, casi día por día… El golpe de Estado llevado contra el gobierno socialdemócrata de izquierda de Salvador Allende, elegido democráticamente, fue ampliamente apoyado por la CIA y sostenido por el secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger. Todos los movimientos sociales y todas las organizaciones políticas de izquierda fueron reprimidas con violencia y las organizaciones populares cualesquiera que fueran (los dispensarios de salud de los barrios obreros, por ejemplo) fueron desmantelados. El mercado de trabajo fue “liberado” de las coacciones reglamentarias e institucionales (principalmente del poder sindical” [Du néolibéralisme comme processus de destruction creative]. Pero tampoco habría que olvidar todo el debate que durante los 70 y 80 se produjo alrededor del concepto de sociedad abierta introducido por K. Popper y que iba a servir de coartada para todos los partidos socialdemócratas. Mediante dicho concepto se “construía” una alternativa al estalinismo, que en realidad venía más acá del “liberalismo político”, ya que en última instancia se definía como “sociedad abierta” aquella que no tenía ningún obstáculo y donde predominaba la “libertad”, en particular la libertad de mercado (incluida la libertad del mercado del trabajo).

Sintomático que todo se produjera con el choque pretolífero del 73. Sintomático el giro “neoconservador” tanto en USA como en el Reino Unido. Mientras el modelo se experimenta con la dictadura pinochetista en el centro se reoganiza la estructura del capital. Comienza a funcionar el sistema- mundo; o por utilizar la terminología de Alain Bihr diremos que se produce una relación entre el centro y la periferia del sistema que permiten el “establecemiento de relaciones de opresión” y al mismo tiempo de dominación política. Lo que significa que “no solamente el mundo capitalista presenta permanentemente una jerarquía de formaciones socio-espaciales desigualmente desarrolladas desde el punto de vista capitalista; sino que incluso el desarrollo capitalista de las formaciones sociales colocadas en la cumbre de dicha jeraquía se fundan en el subdesarrollo continuo y agravado de las colocadas en su base, por medio de las relaciones de opresión que las vinculan unas a otras” [La préhistoire du capital]

El neoliberalismo es la ideología de una Nueva Derecha que cambia el orden social y por tanto las relaciones sociales. Es que expresaron la hegemonía de los gobiernos neoconservadores de Reagan y el gobierno de Thatcher. Sobre todo esta última se basaba en la filosofía de Hayek (homónima de la sociedad abierta de Popper) y que podemos sintentizarla en los siguientes puntos:

  1. La creación de una “economía social de mercado”. Literalmente se refiere a la “subordinación total de todos los individuos a la “lógica del mercado

  2. Los obstáculos que impiden el desarrollo de tal economía residen el poder del Estado y en el poder de los sindicatos. Por consiguiente, el bien común, nos lleva a poder límites a dichos poderes.

  3. Para estos defensores de la “econocmiía social de mercado” el valor supremo reside en la libertad en oposición a la “democracia”. Estos valedores (de la Trilateral) recogen la concepción platónica que considera el demos como el “gobierno de la chusma”.

La ideología neoliberal fetichiza (como ya hemos visto) el mercado. Y a partir de lo dicho abre una verdadera “guerra social” contra el proletariado. Lucha que se lleva tanto en el centro como en la periferia del sistema-mundo capitalista.

Ya que para el capitalismo es necesario relanzar la acumulación.. Acumulación que se fija en tres ejes como son: la agricultura campesina, los servicios públicos y la biodiversidad. Lo que se pone en juego de nuevo es la propiedad privada de los medios de producción: “la cuestión de las formas de propiedad se encuentra en el corazón de la estrategia de consficación sobre las empresas de los fondos de pensión y de inversión financiera. Uno de los riesgos mayores es el establecimiento de nuevas formas y siempre más importantes de dominaci´de la finanza sobre los asalariados”[Fondation Copernic, L’apropiation sociale]. Asistimos a finales del siglo XX a una nueva redefinición de los “derechos de propieda

Si tenemos en cuenta el hecho que según algunos estudios para el 2050 el planeta va a estar habitado por cerca de 9 mil millones de seres humanos, tendremos que el problema residirá en darles de comer. Sin embargo, se ha producido un cambio a nivel alimenticio y por otra parte no encontramos con un proceso de apropiación privada (algo que ya ocurrió en los albores del capitalismo). Y según algunos economistas como François Chesnais o Claude Serfati el capitalismo como sistema ha encontrado aquí una salidad a la contradicción que se da entre lo técnico y lo político. Ya que hoy día se dan las condiciones materiales gracias a la técnica para que no existiera el hambre; el problema reside en las relaciones sociales y en la necesidad que tiene el sitema- mundo capitalista de mercantilizar [valorizar] todo. Se trata ante todo de una decisión política. Ya que para el capitalismo la misma naturaleza viene a “adquirir” el estatuto de factor de producción. Y en última instancia se produce una interacción entre la burguesía financiera y la trayectoria misma del capitalismo por la que “la transformación de la destrucción de la naturaleza y el campo de acumulación y la búsqueda del control del ser vivo por el capital son los productos deliberados de decisiones políticas” [Les conditions physiques de la reproduction sociale]

Estos mismos economistas nos demuestran que a partir del último tercio del siglo XX se ha llevado a cabo una guerra social que ha permitido al capitalismo “postfordista” realizar una segunda apropiación privada de la tierra. Si tenemos en cuenta lo dicho nos encontramos con la realidad de que la “teoría del valor” se ha transformado en una ley universal que además ha permitido la existencia de “pobalciones no- rentables” que no producen un valor añadido en este proceso de acumulación. Ahora bien esto es algo normal ya que “todos estos mecanismos y las tendencias que suscitaban estaban inscritos en los fundamentos mismos del modo de producción, como en los modos de dominación de clase, nacionales e internacionales (imperialistas)” [Marxisme et écologie]. Existe una relación dialéctica entre lo económico y lo político, es decir que para que se produzca este tipo de acumulación es necesario la existencia de clases y por consiguiente el desarrollo de una determinada relación de clase ya que “la dominación reposa sobre bases donde “lo económico” y “lo político” están inextricablemente mezclados. Es imposible disociar las destrucciones medio ambientales y ecológicas de las agresiones llevadas contra las condiciones de vida de los proletarios urbanos y rurales y sobre sus familias, principalemente en los países del Sur, bajo dominación imperialista” [Les conditions physiques de la reproduction sociale]. El capitalismo en esta nueva fase se convierte en un “capitalismo depredador”.

Por otra parte se produce una ofensiva ideológica y mediática para demostrar la “ineficacia” de los servicios públicos. Para el nuevo capitalismo eficacia no se refiere al campo político o social, sino más bien al económico; sólo es eficaz aquello que se puede “valorizar”, aquello que puedo convertir en mercancía y de la cual puedo sacar plusvaía. Pero el único medio que tiene el capital para llegar a este punto reside en la explotación de la fuerza de trabajo. Lo que se cuestiona es la propiedad pública. De ahí la ola de privatización que ha recorrido durante más de treinta años la Europa. Pero que no sólo se ha producido en el Centro sino también en la Periferia gracias a las instituciones financieras como el FMI y la BM:

1. En el Centro mediante las políticas de “austeridad”, de reconversión y últimamente de deslocalización. Un ataque a las conquistas sociales, en principio a la cuestión de “salario indirecto”. Para más tarde defender que lo público acarrea burocratismo y “conformismo” de los trabajadores fijos. Y concluir que esto lleva a la ineficacia proponiendo como solución la privatización.

2. Como ataque al bloque soviético y en última instancia el desmantelamiento de la propiedad pública. Mediante la excusa de la ayuda se exige el plan de ajuste estructural de la economía que consistía en todo un programa neoliberal cuyo objetivo fue acabar con el sistema soviético y lberalizar la economía. El capitalismo fue el causante (en alianza con la burocracia) de la restauración del capitalismo. La terapia de choque tuvo un objetivo fundamental: la transferencia de las empresas publicas a manos privadas haciendo retroceder a determinados países varios siglos. Y volviendolos a hacer dependientes. Es decir, convertirlos en Periferia del sistema [Peter Gowan, La apuesta de la globalización]. Pero dicha política también se dio en países que la teoría de la dependencia denominaba subimperialistas (como sucedió en países como Argentina o Brasil).

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