Muletillas del lenguaje

 

Después de Kassel Valaquia. Hágase odioso y comenzará a ser tomado en serio. Hay cosas de las que nunca hablo, ni siquiera conmigo mismo. Por eso son tan claros los diez mandamientos, porque no se elaboraron en una conferencia. Los unos y los otros me conocen.

Todas éstas son sentencias de Konrad Adenauer, el primer canciller federal alemán. Es increíble lo abierta y libremente que por entonces se expresaba la gente.

Cuenta Harald Martenstein que poco antes de las elecciones asistió como oyente a un acto literario y escuchó un discurso. En él, corto, se empleó la palabra  “sozusagen” (por decirlo así, como si dijéramos) 23 veces. En el duelo televisivo entre Angela Merkel y Peer Steinbrück contó 7 veces dicha palabra pronunciada por Merkel y ninguna por Steinbrück. Merkel manifestó sobre la situación de Grecia “como si dijéramos pesar” (sozusagen Bedauern), exhortó al servicio secreto americano a que “diera algo así como información” (sozusagen Informationen), y mencionó que Alemania en algo muy bonito, algo que yo por desgracia  he olvidado de nuevo, posee “como si dijéramos la mayor tasa de crecimiento” (sozusagen die höchste Steigerungsrate)

La palabra “irgendwie” (algo así como, de alguna manera), que en el ámbito de la lengua alemana gozaba  de simpatía desde hace tiempo, está, como di dijéramos, de retirada. Y sozusagen  viene a ocupar hoy el puesto de irgendwie ayer. Ambas palabras son, por lo que se refiere al sentido de una frase, por regla general superfluas, prescindibles, sirven al hablante para distanciarse de lo que está diciendo. El sozusagen viene a decir: Ahora digo algo, que quizá no es del todo exacto; pienso que no es exactamente así; por Dios, no me toméis al pie de la letra.

Comenta Harald que se dice algo porque en determinadas situaciones de la vida resultaría imposible no decir nada, por ejemplo en un discurso o en una discusión televisiva. Un discurso sin palabras es imposible, pero, por favor,  los oyentes no deben pensar que “lo que digo lo digo realmente, sólo digo como si (se) dijera”. Por eso quien emplea sozusagen la mayor parte de las veces lo hace empleando la palabreja “se” en lugar del peligroso “yo”, de otra suerte no se disfrutaría.

En Alemania del Este tras  la unión se oía con frecuencia la formulación disculpante “y ahora sencillamente digo que…”. En la DDR podía resultar peligroso hablar claro, por eso se entiende esta  muletilla. Pero  tanto la expresión alemana del este, “sag ich jetzt einfach mal”, y la “irgenwie” del oeste se han amalgamado o fusionado en  un sozusagen general.

 Por supuesto, añade Harald Martenstein, en este tema no quiero ser el dedo índice del lenguaje, lejos de mí tal cosa, que este papel lo jueguen otros. Pero una lengua  sin palabras de relleno ni muletillas, que le den ritmo, sería algo así como muy aburrido, por decir de alguna manera  resultaría una lengua insípida, sin picante ni gracejo. ¿Entonces por qué no una muletilla, un petacho o un sozusagen de vez en cuando a modo de alivio? Eso sí, nunca como martillo pilón y denuncia iterativa y molesta de carencias, un eterno: “¿Hombre, me entiendes?”

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