Mujeres en Haití y República Dominicana: Ciclo letal entre violencia y VIH

Cuando fue al médico, la joven dominicana Francisca Barros tuvo dos noticias, una buena y deseada: estaba embarazada, y otra que la dejó aterrada: era portadora del virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

«No quería decir nada a mi esposo por miedo a su reacción violenta y él nunca me dijo que vivía con la enfermedad», recordó Barros a IPS. A sus 25 años tiene que soportar que su familia la «trate como la culpable de haber traído el VIH a nuestra casa».

En los países del Caribe insular y en otras áreas donde el virus causante del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) se propaga sobre todo por contagio sexual, el porcentaje de mujeres infectadas crece en forma alarmante, en un momento en que a nivel mundial la proporción de mujeres entre la población que vive con VIH se ha estabilizado.

Cifras del Reporte Global del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (Onusida) mostró que en el Caribe insular las mujeres pasaron a representar la mitad de la población total que vive con el virus, cuando en 1999 las infectadas sólo eran 30 por ciento de ese total.

La feminización de la epidemia se concentra sobre todo entre las mujeres de entre 15 y 24 años, que en ese arco de edad significan 62 por ciento de las personas contagiadas.

El sistema de vigilancia y seguimiento de la incidencia del VIH deja mucho que desear en varios países del Caribe, pero permite concluir que es en las áreas urbanas donde el virus se expande en forma más acelerada y adquiere indicadores de epidemia, aunque todavía haya mayor número de seropositivos en las zonas rurales.

Una situación que es particularmente evidente en República Dominicana y Haití, los dos países que comparten la isla La Hispaniola (Quisqueya, según su nombre indígena) y donde tiene lugar la mayor epidemia de VIH en la región, de acuerdo a o­nusida.

En República Dominicana se estima que 1,2 por ciento de la población vive con VIH en las áreas urbanas, mientras que en el medio rural lo hace 1,3 por ciento del total. En Haití la tasa de prevalencía de VIH es de tres por ciento en las áreas rurales y dos por ciento en las zonas urbanas.

En Haití, se calcula que 120.000 de sus 10 millones de habitantes tienen el virus. De los portadores del virus, 60 por ciento son mujeres. En la otra parte de La Hispaniola, 60.000 de los 9,5 millones de dominicanos son seropositivos y del total de infectados, 51 por ciento son mujeres.

«Hay factores fisiológicos que hacen que las mujeres y las niñas tengan mayor riesgo de infección a través de relaciones sexuales sin protección, pero la feminización del sida se debe sobre todo a la discriminación social, la desigualdad de género y la falta de empoderamiento de las mujeres», dijo a IPS Myrna Flores Chian, de la organización no gubernamental (ONG) dominicana Profamilia.

La infección por VIH/sida se asocia con la violencia de género de manera directa a través de la violencia sexual, y de manera indirecta por la incapacidad de las mujeres para negociar el uso de preservativos o las condiciones bajo las cuales se tienen las relaciones sexuales, indicó la coordinadora del Programa Género y Derechos de la o­nG.

Profamilia atendió a 95.000 personas en 2007 en sus cinco centros de salud, ubicados en las zonas más afectadas por la violencia contra la mujer y el VIH. Es, además, la o­nG más activa en la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Muchas mujeres soportan hechos de violencia desde temprana edad y a lo largo de toda su vida, aseguran las evidencias de Profamilia.

En el estudio Vidas Vividas en Riesgo, realizado en 2007 en República Dominicana por Development Connections (DVCN), el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem) y la Organización Mundial de la Salud, 25 por ciento de las mujeres entrevistadas afirmó haber empezado su vida sexual antes de los 15 años y 75 por ciento antes de los 19 años.

Entre ellas, 71 por ciento confió haber sido víctima de abusos sexuales durante su infancia, por parte de familiares directos, amigos de la familia, primos o conocidos.

«Varias entrevistadas comenzaron a tener relaciones sexuales en su adolescencia. Por abandono familiar o violencia dentro del hogar deciden dejar sus casas y buscar otras oportunidades», dijo a IPS Wendy Alba, investigadora del estudio.

«Por salir de una situación de pobreza, discriminación y violencia estas mujeres son más vulnerables a que la violencia se continúe perpetrando contra de ellas en edad adulta y en sus relaciones de pareja» abundó Alba.

Precisó que estudios efectuados en el país por la o­nG estadounidense DVCN evidenciaron que las víctimas de violencia tienen casi cuatro veces más posibilidad de padecer una infección de transmisión sexual que las mujeres que no sufrieron maltrato.

Con ese contexto, los últimos datos de la gubernamental Secretaria de Salud Pública (Sespas) indican que 82 por ciento de las transmisiones de VIH se producen durante relaciones sexuales entre heterosexuales, y de ellas casi 20 por ciento ocurren entre parejas establecidas.

«De niña veía como mis padres vivían peleando. Él entraba a la casa y acusaba a mi mamá de haberle sido infiel y la golpeaba encima de mí, así que escapé y me junté con un hombre que no quería que hablara con nadie y dormía con un cuchillo debajo de la almohada», narró en un testimonio una joven entrevistada en Vidas Vividas en Riesgo.

«Me obligaba a tomar alcohol para tener sexo. No aguanté y me metí con otro hombre, pero me salió peor (…). Él era dulce, pero tenía otras relaciones, ya murió de sida», siguió contando una de las mujeres que viven con VIH.

Cuando las mujeres revelan que son seropositivas se arriesgan al maltrato o al abandono por parte de sus parejas, familiares y amigos y deben enfrentar los obstáculos para obtener el tratamiento que necesitan, como le sucedió a la joven Barros, que contó a IPS su historia en uno de los Centros de Atención Integral de Santo Domingo.

Barros explicó que fue incapaz de negociar el uso del preservativo con su marido, quien fue la fuente de su infección, según aseguró.

El caso de las mujeres haitianas

En relación a las mujeres haitianas o dominicanas de origen haitiano, la situación de vulnerabilidad, estigma y discriminación es aún más profunda en República Dominicana.

En las zonas fronterizas donde se concentra la inmigración haitiana hacia su vecino más próspero es donde se verifican los niveles más elevados de pobreza de este país.

En esa área también es donde 40 por ciento de las haitianas son sometidas a diferentes tipos de violencia, cuando el promedio dominicano de las mujeres maltratadas es de 20 por ciento, según cifras de 2007.

Además, en estas zonas la prevalecía del VIH puede llegar hasta al 3,2 por ciento.

«La condición de migrantes de las haitianas favorece comportamientos sexuales de riesgo relacionados con su estatus ilegal, su mala situación económica, la discriminación y barreras lingüísticas y culturales», dijo a IPS Sara Iglesias, coordinadora del Proyecto VIH y Violencia Contra la Mujer de la o­nG Colectiva Mujer y Salud.

Por ello, esa o­nG realiza en cinco provincias fronterizas un proyecto que vincula la violencia contra la mujer y el VIH y que cuenta con el financiamiento de Unifem, explicó Iglesias.

Su objetivo es capacitar a prestadores y prestadoras de servicio, al personal policial, de las Fiscalías y de los Destacamento Provinciales de la Sespas, para que tomen en cuenta los vínculos entre VIH y violencia contra la mujer y pasen a tratar los dos problemas en conjunto, detalló la coordinadora.

En la actualidad, más de 30 organizaciones de la sociedad civil, o­nG, instituciones del Estado y agencias de la Organización de las Naciones Unidas se unieron en un Comité Gestor para diseñar e implementar un plan estratégico con el objetivo de disminuir los niveles de violencia contra la mujer y los contagios de VIH en República Dominicana.

«Este plan estratégico de cinco años de duración se lanzará a fines de este año y tomará en cuenta las necesidades de las mujeres dominicanas y haitianas en las áreas más afectadas por el VIH y la violencia contra la mujer en el país», subrayó Alba.

Pese a los avances hechos en el país, todavía más de la mitad de las personas que necesitan tratamiento de antiretrovirales se quedan sin esa prestación. Sólo 9.000 de los 20.000 adultos entre 15 y 45 años que necesitan tratamiento están recibiendo atención, lo que pone en riesgo miles de vidas.

En Haití, únicamente 10.000 de las 120.000 personas que viven con VIH están recibiendo tratamiento.

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