Mujer y andaluza, el rostro de la pobreza en España

Publicidad

a presentación del Informe El estado de la pobreza en España 2008-2017, realizado por EAPN España, ha traído consigo una serie de reacciones. La pobreza se ha feminizado, nuestros niños están en cifras sonrojantes de pobreza y exclusión, y la desigualdad entre comunidades autónomas sigue creciendo. Si recorremos España, de norte a sur, y decidimos pasear por Extremadura o Andalucía, probablemente encontremos a una madre joven con su hijo, una familia monomarental, rostro de la pobreza según el informe. Detengámonos en Andalucía, ¿qué está ocurriendo en nuestra tierra?

Para dar luz a esta respuesta, debemos acudir al Informe Sobre el Estado de la Pobreza en Andalucía 2018, presentado el miércoles por la Red Andaluza de Lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN Andalucía), incluyendo el capítulo relativo a la pobreza en Andalucía del informe anterior.

Parece difícil comprar el discurso de la recuperación cuando 2,6 millones de andaluces están en riesgo de pobreza

El primer dato que muestra el Informe ya asusta, un 37,3% de la población de Andalucía está en riesgo de pobreza y/o exclusión social, 10,7% por encima de la media española. En estos días, donde Susana Díaz recorre platós y medios de comunicación explicando la “recuperación” y el crecimiento económico andaluz, vemos como hay más de medio millón de andaluces en riesgo de pobreza que en el año 2008. Parece difícil comprar el discurso de la recuperación cuando 2,6 millones de andaluces están en riesgo de pobreza.

Continuando con el Informe, vemos como más de 500.000 pensionistas andaluces reciben una pensión insuficiente para superar el umbral de pobreza, es decir, “una pensión cuyo importe es inferior al mínimo considerado para no ser pobre”, así como otros datos terribles para nuestra sociedad, como los 770.000 andaluces en situación de pobreza severa.

El informe muestra una constante, la pobreza se ha ido asentando y agravando durante la crisis y la “recuperación”. En palabras del presidente de la Red, Juan Reyes, asistimos a “la cronificación de la pobreza”. La situación que refleja el informe es crítica, manifestando el drama en el que tantos andaluces viven. Juan Reyes ha explicado varias medidas en la presentación del informe, destacando entre ellas una reforma fiscal con mayor control para combatir la evasión, además de incluir un reparto mayor de la riqueza.

Tras este comentario del informe, del cual recomendamos su lectura y difusión, más aún con la cercanía de los comicios andaluces, nos planteamos la siguiente pregunta: ¿cuánto de político tiene la desigualdad? O, dicho de otra manera, ¿cómo influyen las decisiones políticas en la desigualdad? La respuesta a esta pregunta parece sencilla, mucho. Podríamos hablar de políticas públicas, legislación… pero, si vamos un paso más allá, llegamos a un apartado clave para comprender la desigualdad, olvidado por los partidos políticos y por los medios de comunicación. La desigualdad en lo material provoca desigualdad en lo político, siendo Andalucía un magnífico ejemplo de la intensa relación entre estas dos variables.

El modelo económico andaluz se ha mantenido impertérrito desde el franquismo, con un crecimiento económico sustentado en la explotación de la tierra y el turismo

Andalucía, cuyo modelo económico se ha mantenido impertérrito desde el franquismo, con un crecimiento económico sustentado en la explotación de la tierra, ya sea a través de la extracción agrícola y ganadera, o, en una visión más cultural, a través del modelo turístico de “sol y playa”. El catedrático de economía Manuel Delgado, en una entrevista, resume este proceso de manera sencilla: “Andalucía juega un papel secundario en la economía. Pintamos menos que en los 80”. Manuel, junto a Juan Torres, también catedrático de economía, presentaron en junio el II Informe del Observatorio de Desigualdad de Andalucía, ahondando en la problemática de la desigualdad “para descubrir y tratar las diferencias de circunstancias y las características sociales”. Esta cita de Juan Torres nos permite enlazar con uno de los factores claves para comprender la desigualdad, el acceso a la participación política.

Bajo el paraguas del clásico dicho “quien no llora no mama”, es sencillo comprender la relación entre la pobreza y la no-participación. Los diferentes colectivos, partidos políticos, incluso los medios de comunicación, actúan como altavoz para las demandas de personas y grupos, acercando sus exigencias a la opinión pública y a los órganos institucionales. Por tanto, la menor participación todos los desfavorecidos por el modelo económico, incide en las políticas de aquellos que toman las decisiones en el Palacio de San Telmo.

Andalucía, región donde más de uno de cada trse andaluces se encuentra en riesgo de pobreza y/o exclusión social, es, por desgracia, un ejemplo perfecto para esta rueda diabólica. El ciclo de la desigualdad participativa, donde las carencias materiales perjudican el acceso a la participación política, dificultando a su vez la llegada de las demandas a los políticos, se evidencia de forma clara en la Andalucía hostelera, donde las kellys trabajan en condiciones de “semiesclavitud”, y los jóvenes universitarios emigran hacia el norte, siguiendo el ejemplo de padres y abuelos que “llenitos de pena” abandonaron su tierra, mientras los partidos políticos siguen preocupados por las futuras elecciones y los pactos posteriores.

Blas Infante, hace ya cerca de un siglo se preocupó por la desigualdad andaluza, diciendo sobre Al-Ándalus aquello “del bienestar general que permitía ir a caballo a todo el mundo en lugar de ir a pie». Por ello, duele escribir este relato sobre la desigualdad en Andalucía. Es triste el recuerdo melancólico y nostálgico de aquel 4 de diciembre, donde las calles se llenaron de alegría, luz y sueños de una Andalucía libre, de una autonomía que permitiera construir una Andalucía para los andaluces. Y se consiguió, pero entonces, ¿qué ha ocurrido para que la desigualdad económica y política no haya dejado de crecer en estos 40 años?

La unión entre Junta, Gobierno y PSOE-A, a lo largo de los 40 años de autogobierno, resulta vital como factor determinante para comprender el fenómeno de la desigualdad andaluza

Podríamos hablar de la absorción del andalucismo por el PSOE-A tras los errores del PA. Podríamos hablar de que el pueblo andaluz logró sus objetivos y retornó a sus casas. Podríamos hablar de muchas causas, y, seguramente, acertemos en casi todas. Por ello, debemos hablar del actor político presente en todas, el PSOE-A. En palabras de Pilar González, portavoza de Primavera Andaluza: “El propio autogobierno de Andalucía, vamos yo lo defino con toda responsabilidad y tiene siglas: Partido Socialista Obrero Español —guión— Andaluz. Porque han tenido únicamente hasta hoy sus manos la posibilidad de gobernar Andalucía durante todo el tiempo del autogobierno y de la autonomía. Y la autonomía se ha ido descafeinando, es cómo si se hubiera dejado al sol”. La unión entre Junta de Andalucía, gobierno y PSOE-A, a lo largo de los 40 años de autogobierno, resulta vital como factor determinante para comprender el fenómeno de la desigualdad andaluza.

En lo económico, porque siguió el modelo liberalizador de Felipe González, analizado por el sociólogo norteamericano James Petras, en un Informe escondido durante décadas. En él, pronosticó las consecuencias económicas terribles que traería la estrategia industrializadora socialista. Por ejemplo, Petras explicó que “los jóvenes trabajadores temporales de hoy no tienen seguridad en el empleo y apenas organizaciones colectivas o apoyo”. ¿Alguien puede dudar de que acertó?

En lo social y político, porque el PSOE-A penetró en todas las identidades y clases sociales, “llegando desde las cofradías hasta las feministas radicales”, en palabras del periodista Raúl Solís. En ese proceso, logró el poder de cuasi monopolizar la participación política, estableciendo redes clientelares a lo largo del territorio andaluz. Las consecuencias de ello las vemos hoy día: pérdidas de legitimidad y confianza, desgaste del gobierno, mayor apoyo en la extrema derecha que en la izquierda…

Con la aparición de la confluencia Adelante Andalucía parece que se ha abierto una ventana de oportunidad para el cambio político en Andalucía

Este cúmulo de carencias materiales y sociales conllevan a una caída en la participación, fomentando la desafección, el descontento y la abstención durante años. Relacionando la desigualdad con el panorama electoral andaluz, la aparición de la confluencia Adelante Andalucía parece que se ha abierto una ventana de oportunidad para el cambio político en Andalucía, basando gran parte de su programa en la participación ciudadana, permitiendo proponer enmiendas y participar en los diversos patios que se realizaron durante la Vuelta a Andalucía. Adelante Andalucía debe ser una alternativa en lo económico, social, político y participativo para poder derrotar al Susanismo. Porque “los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos”, y porque el león dormido empieza a despertar tras 40 años de letargo.

Podría parecer que el fenómeno de la desigualdad escapa a las ciudades, pero este planteamiento es erróneo y da cabida de lo señalado con anterioridad. La falta de participación implica la ausencia de respuesta a las demandas de aquellos que más sufren la pobreza. Sevilla, capital andaluza, señalada como ciudad turística del año 2018, es, dentro de Andalucía, una muestra ello. De como la desigualdad parece “oculta”, pero la tenemos a solo unos pocos metros hacinada en unos cuantos barrios.

https://www.elsaltodiario.com/desigualdad/mujer-andaluza-rostro-pobreza-espana

También podría gustarte

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More