Mujer, embarazada y a la calle

Por Pedro Sin Nombre

La situación es más común de lo que podamos imaginar, una mujer se queda embarazada, y se aprovecha su merecida baja laboral para despedirle o se utiliza cualquier excusa para no renovarle el contrato. ¿Capitalismo o machismo?

La situación es más común de lo que podamos imaginar, una mujer se queda embarazada, y se aprovecha su merecida baja laboral para despedirle o se utiliza cualquier excusa para no renovarle el contrato. ¿Capitalismo o machismo? Hay personas que le echarán la culpa al capitalismo, ya que una mujer embarazada no es productiva y provoca pérdidas en la empresa, y si la que despide es otra mujer su caso estará resuelto: aquí no se puede hablar de machismo.

Quizás me hayáis leído en otras ocasiones reconocer que soy machista, muchas mujeres lo son, y yo, siendo hombre, español, blanco y heterosexual, no puedo ser menos. La educación recibida desde la familia, pasando por la escuela, los amigos y el trabajo, todo se ha conducido para inculcarme un pensamiento machista que a veces me cuesta reconocer. Entiendo que el machismo es un problema que forma parte de un conjunto cuya parte visible (si lo comparamos con un iceberg) son las miles de muertes que el machismo provoca, pero que se asienta en expresiones que podemos usar con naturalidad sin que a nadie le salte la alarma de machismo. Y he de reconocer, como machista, que la situación que encabeza este titular está marcada por el machismo y no por la lógica de un mercado inhumano como es el capitalismo.

El estado español (como en el resto de estados occidentales) posee una población envejecida, manos que ya no producen pero que, sin embargo, provocan un gasto social. Una mujer embaraza significa un bebé que en el futuro será una nueva mano de obra (barata, si es posible), y que hasta ese esperado momento, formará parte del colectivo más consumidor para el sistema capitalista.

Esta productividad innegable de la mujer embarazada es reconocida en los trabajos de pijas de mierda y señores corbata, en el que a las empleadas se les llega a montar fiestas en el trabajo por su embarazo. Pero la mujer proletaria se enfrentará a una situación diferente, pues reconocer esa productividad a la mayoría social, dañaría la hombría en una sociedad profundamente patriarcal, pues esta productividad se nos está vedada por naturaleza, y los hombres no podemos ser peor que las mujeres en nada.

Soy machista, y no me gusta, pero me siento orgulloso de ser socialista, pues me permite reconocer que formo parte de un problema anterior al capitalismo y que difícilmente podremos solucionar sin romper antes con un sistema que denigra a las personas con independencia de su sexo. Pero para solucionar un problema hay que reconocer que existe, y no habrá revolución si no va acompañada de feminismo.

¿Y qué es feminismo? Hay quienes confunden feminismo con cualquier cosa que haga una mujer, pero no veo feminismo en la mujer que despide a otra mujer embarazada, ni en Soraya Saenz de Santamaría, ni en Merkel, ni en Marine Le Pen, ni en Femen. El feminismo debe de ir acompañado de un discurso socialista que denuncie la explotación del hombre por el hombre, y nunca apoyar a grupos femeninos con tendencias fascistas y/o capitalistas, y los socialistas debemos acompañar ese feminismo no achacando el machismo a una sociedad marginal cuando es un problema de toda la sociedad.

Tenemos que entender que la solución no está en leyes que beneficien a las mujeres por el hecho de serlo, y provoque incontables casos de desamparo en los hombres (sobre todo en el caso de divorcios), pues esto tendrá una reacción de reafirmación del machismo (“todas las mujeres son unas zorras”), agravando el problema. Compartamos el espacio de debate que asiente las dinámicas de la sociedad que queremos después del capitalismo, pero hagamos crítica de cada dato para no creernos la primera mierda machista que leemos http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/estafa-piramidal-denuncias-falsas_0_327917529.html.

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