Muerte masiva de abejas, culpa de la agroindustria

En junio, en la ciudad estadunidense de Portland, Oregon – días antes de las actividades para celebrar la “Semana Nacional de los polinizadores” – más de 50 mil abejas fueron encontradas muertas bajo los árboles cerca de un centro comercial. Una investigación estatal encontró que un insecticida fue el culpable. Esto puede parecer una historia local, relativamente insignificante, pero el incidente es parte de una mortandad mundial de las abejas que se produce desde 2006 y que amenaza gravemente las cosechas y los ecosistemas en todo el mundo.

Conocido como “problema del colapso de colonias”, la crisis surgió durante el otoño de 2006, cuando los apicultores de todo los Estados Unidos reportaron pérdidas masivas: más de un tercio de las colmenas en promedio y hasta 90 por ciento en algunos casos. Las abejas volaron lejos y simplemente no volvieron; los apicultores encontraron vacías las cajas de abejas adultas, a excepción de una reina viva. No había cadáveres de abejas para contar la historia. Las pérdidas fueron sin precedentes y rápidas.

El problema se extendió a Asia y Europa, donde en algunos países la pérdida de abejas llegó a niveles de casi el 80 por ciento. En China, se recibieron informes de trabajadores agrícolas obligados a polinizar  sus campos a mano con macetas de polen y pinceles, de flor en flor.

¿Por qué el exterminio repentino? ¿Y por qué es un problema importante?

En primer lugar – como el agua, la luz del sol y el suelo -, la polinización es necesaria para la existencia de muchas especies de plantas, especialmente de cultivos que son alimentos básicos de la dieta humana. Las abejas son probablemente el polinizador natural número uno del mundo y cuentan con la exclusividad en la polinización de más de un tercio de los cultivos que consumimos – incluyendo el maíz. La humanidad no se extinguirá si las abejas desaparecen, pero la diversidad de frutas y verduras, como el brócoli, o frutos secos, como las almendras, será relegada a los libros de historia.

Muchos argumentan que se trata precisamente una lógica sistémica de erradicar la rica diversidad de la naturaleza para un empuje agresivo hacia el monocultivo y la agroindustria, que en última instancia es el culpable detrás de la aniquilación de la abeja.

Durante los últimos 20 años, el cultivo de maíz y otros cultivos como la soja pasó de los cultivos que requieren poco o ningún insecticida y cantidades mínimas de fungicidas, a un cultivo donde el promedio de hectáreas que se cultivan con semillas genéticamente modificadas requieren estos químicos y las medidas de control de insectos.

Hasta principios de los noventas, la industria agrícola empleaba generalmente el control de plagas integral y biointensivo, básicamente una forma de controlar las plagas por medios naturales. Esto significó la rotación de cultivos, el apoyo a los depredadores naturales, el uso de agentes de control biológico como catarinas y como último recurso, el uso de controles químicos sólo después de que las plagas se estudiaron.

Sin embargo, a mediados de la década de los noventa, las semillas transgénicas o llenas con neonicotinoides (insecticida químico) de empresas como Monsanto, se introdujeron en el mercado y se vendieron como el único medio para producir rendimientos rentables y abundantes y cultivos “sanos” libres de plagas. En 2004 se introdujo un nuevo tipo de semilla, con cinco veces más neonicotinoides para reducir nuevas plagas de insectos y las amenazas a las cosechas. En 2007, fungicidas con aplicaciones profilácticas se introdujeron agresivamente y se vendieron como potenciadores de rendimiento y crecimiento, cuando antes el uso de fungicidas fue casi inexistente.

Estos productos químicos y sus prácticas fueron consideradas como inofensivas a las abejas por la Agencia de Protección Ambiental estadunidense (EPA), y se les dio un sello de aprobación. Sin embargo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) calificó a los productos químicos como un peligro “inaceptable” para las abejas. Gran parte de la decisión de la EPA se basó en estudios privados realizados por el fabricante de pesticidas y la empresa farmacéutica Bayer, que la EFSA considera “demasiado defectuosos como para ser útil”.

Un estudio recien publicado en la revista PLOS ONE por investigadores de la Universidad de Maryland, encontró que la causa más probable detrás de la mortandad alarmante de la abeja es la mezcla nociva de estos plaguicidas y fungicidas que ahora se consideran una necesidad básica para la agrindustria. Básicamente, los investigadores dicen que la mezcla de ocho de los más de 21 productos químicos agrícolas que se encuentran en las muestras de polen reducen el sistema inmunológico de las abejas, lo que las hace tres veces más probables a infectarse con un hongo mortal o enfermedad. Los científicos lo comparan con el VIH / SIDA en los seres humanos. “Uno no muere del SIDA; mueres de neumonía o alguna otra condición que llega cuando tu inmunidad está baja”, señala el investigador Dennis vanEngelsdorp.

A pesar de que la evidencia más fuerte apunta a la producción, distribución y uso de estos productos químicos como el asesino en masa de las poblaciones de abejas globales, no parece que las instituciones de poder vayan a ejercer su autoridad para detener o revertir el problema. Esto se evidencia por la influencia de los monopolios agrindustriales y agroquímicos, como Monsanto, que producen estos químicos en los asientos más altos de poder. En febrero, el presidente Barak Obama firmó la ‘Ley de provisión para el seguro del granjero’, que prohíbe a los tribunales federales de Estados Unidos detener la venta o la plantación de semillas modificadas genéticamente, que en última instancia se suma a una industria de 15 mil millones de dólares.

Aunque hay mucho ruido desde abajo (cerca de 2 millones de personas en todo el mundo protestaron contra Monsanto en mayo) en la lucha por la “democracia alimentaria” y la erradicación de los cultivos de alimentos transgénicos, parece haber muy pocas llamadas para la defensa de los mismos insectos que histórica y naturalmente permiten que los cultivos crezcan. Por lo tanto, la defensa de las abejas va más allá de garantizar buena miel para la taza de té; va hacia proteger los suministros mundiales de alimentos básicos y de las especies de plantas importantes para ecosistemas sanos.

Publicado el 12 de agosto de 2013


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