Muere Carrillo, el secretarísimo

Muere Carrillo, el secretarísimo. Comienzan por un lado los elogios de un izquierda acrítica y borregil como la española, por otro la cantinela de la caverna neofascista sobre Paracuellos. ¡¡Como si los fascistas -apoyados por nazis- que cayeron allí hubieran tenido la intención de regalar golosinas y libros a los niños de la república!!

Murió Marx joven, de enfermedad y apátrida. Murió Lenin, joven, de enfermedad: al estrés y tomarse a pecho sus responsabilidades lo achacarían hoy en día los médicos. Murieron Luxemburg y Liebknecht, asesinados mientras planeaban una revolución. Murió Trotsky asesinado por los «suyos». Tal vez se alegrara de esto el secretarísimo desde un balneario rumano celebrándolo.

Murió el Ché en servicio internacionalista. Murió Lumumba asesinado por el stablishment porque realmente afectaba a sus planes para África. Murieron las 13 rosas mientras sus dirigentes políticos se dirigían a una cómoda vida en el exilio, rodeada de aduladores y círculos intelectuales, bohemia y buenos restaurantes.
Murió Carrillo, tranquilo, viendo las bondades de las transición que se le achaca: corrupción política a doquier, especulación como forma de economía oficial y destrucción del sector productivo, esclavismo laboral, mentalidad de consumo acrítica, circo monárquico con la nobleza putrefacta llenando los programas televisivos. Pérdida de soberanía, especialmente para las y los trabajadores.

Sobrevivió Carrillo a la guerra civil -y revolución a la que se opuso-, a la resistencia armada al franquismo -que no vio con sus ojos-, al exilio, guerra mundial y a la vuelta a un país aún en dictadura donde seguía muriendo gente ejecutada por disidencia política. Dio órdenes por las que muchos comunistas murieron en la guerra civil y en la resistencia antifranquista.

El secretarísimo no murió -ni un rasguño-, supo en todo momento acercarse al poder -de uno y otro lado del muro de Berlín- y guardarse para llegar a los 97 con sus cigarritos. Cuando un luchador por la justicia y la libertad sobrevive a tiempos tan convulsos y en tantos puntos geográficos, es momento adecuado para la sospecha. ¿Alguna vez estuvo en primera línea, o se trató de otro mandamás de despacho al estilo del padrecito Stalin? Eso de «a mostrarnos a cuerpo» no era para él. Era para la base.

Lo explicó Claudín, sin que su voz tenga ques ser sagrada sobre el tema. Pero aportó pruebas, contundentes, en sus libros. Se pueden contrastar.

Me queda una pregunta rondando por la cabeza que nunca podrá ser respondida, porque no se puede ver por dentro el corazón de otra persona. ¿Cómo vivió él, Carrillo, el final de su vida? ¿Consideraba esta sucesión de decisiones como fruto del error o tenía conciencia clara de la cantidad de cuerpos inertes que quedaron sobre su dirección política nefasta que solamente buscó su interés de grupo burocrático?

Los medios de comunicación de masas adoran hoy una trayectoria con claros y oscuros a la que, a pesar de todo y según ellos, hay que agradecer su foto con la corona y el capital. Las y los trabajadores de hoy seguirán luchando sin que la desaparión del secretarísimo afecte en nada a la relación de fuerzas en la nueva etapa de lucha de clases que se ha abierto en Europa y el mundo.

Fritz -der Spanier-
Berlín 19/09/2012

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