Montevideo, 30 de julio de 1971

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Hay situaciones reales que parecen desbordar cualquier ficción imaginada, y hasta si lo descrito no hubiese sucedido con fecha, nombres propios y demás, parecería difícil de creer. Es el caso de la fuga que tuvo lugar en la fecha y en el lugar señalados en el título de este comentario; allí se dio la mayor fuga planificada en una cárcel de mujeres, Cabildo hecho al que sin embargo no se ha prestado mucho altavoz, y ello debido a, como señala Josefina Licitra ( La Plata, 1975), en las primeras páginas de su « 38 estrellas. La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia », publicado por Seix Barral, que las mujeres no eran valoradas en su importancia en aquellos años , además de que en setiembre del mismo año se dio otra fuga en Punta Carretas de ciento once varones, con la colaboración de carceleros sobornados, que concitó mayor atención a los medios y a la opinión pública en general. La fuga femenina había sido precedida por otra anterior, dieciseís meses antes, en el mismo centro, conocida bajo el nombre de Operación Paloma, huyeron trece mujeres que fueron detenidas al poco; el fracaso sirvió para extraer lecciones a la posterior.

En conversación mantenida , en 2011, con Lucía Topolansky, compañera de José Múgica, quien a la sazón era presidente de Uruguay, y del que Licitra pretendía escribir su perfil, la entrevistada nombró la Operación Estrella, nombre que recibió la fuga de la cárcel femenina de la ciudad, fuga organizada por militantes de. Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros ( MLN-T), que supuso la libertad de treinta y ocho mujeres. Ni corta ni perezosa la periodista y escritora, Josefina Licitra, se volcó sobre el tema, y nos narra como las reclusas que se dedican a diferentes ocupaciones en la prisión, ver la televisión, preparando la cena, o se dedican a despistar deambulando por las habitaciones, de pronto levantan la alfombra que tapaba el agujero que daba a las cloacas de Montevideo, y por allá se escaparon, superando casi una veintena de metros de túnel socavado bajo la cárcel, en aquella ciudad de apenas un millón de habitantes en la que cualquier movimiento extraño podía ser controlado de inmediato. Obviamente el agujero no se había hecho solo, y se relata como las huidas se sirvieron de los utensilios que se les entregaban por parte de la dirección de la prisión ( hilos, metros y otros menesteres para la costura…objetos considerados como los más propios para mujeres), que les sirvieron para hacer los cálculos precisos acerca de la zona en que se debía ubicar el boquete; hizo falta también la colaboración de otras reclusas ajenas al movimiento, y sortear la vigilancia de las celosas monjas que ejercían la función de carceleras; por medio de las entrevistas, en amplia pluralidad de voces y versiones, con algunas de las protagonistas ( Graciela, la nombrada Lucía Topolansky y su hermana La Parda, entre otras: Mirtha, Mariela, Sonia, etc.) se va reconstruyendo las circunstancias de la planificación y realización de la fuga, al tiempo que conocemos los años en que estas mujeres, apenas pasada la adolescencia, se unieron a las filas de la izquierda uruguaya , pasando a ser guerrilleras de los Tupamaros; protagonistas femeninas en una sociedad en la que la visión patriarcal dominaba , hasta en las filas de la propia izquierda. Se nos da a conocer el activismo de estas militantes, en la clandestinidad, en centros de formación guerrillera y en acciones como atracos y en las labores de formación de nuevos militantes, hasta que cayeron en manos de las garras represivas y encerradas en prisión, lugar en el que con tesón y secreto comenzaron a fraguar la escapada. Las dosis de osada valentía planeaban por las mentes de estas mujeres dispuestas a arriesgar con el fin de poner fin a su encierro y volver a unirse a la lucha.

No hay tregua en la lectura ya que desde la páginas inicial nos vemos atrapados por la prosa de la escritora que además de la descripción detallada de los hechos, no hace entrar en las mentes de las protagonistas, destacando igualmente la desigualdad entre militantes, dependiendo su género, a la hora de ocupar cargos de responsabilidad, muy en especial los de más arriba; también queda recogida en esta situación dispar, el poco peso, o nulo, que se prestaba a las voces femeninas dentro de la organización…situación que no es cosa solamente de aquella época, sino que la estela sigue, con su más y sus menos, dominando en el seno de la política y más en concreto en el de la izquierda; llamativo puede resultar igualmente, a la autora de la narración, le resulta el señalamiento que las propias reclusas hacían a las nuevas que llegaban acerca del lesbianismo de un par de camaradas.

El libro que se lee con la facilidad propia de una novela de acción, en el que se rescatan unos hechos que habían permanecido sepultados en el olvido, resulta igualmente un alegato en favor de las mujeres militantes , resaltando su papel muchas veces oscurecido cuando no ignorado, o las dos cosas a la vez; la obra sirve igualmente para mostrar el modo en que se construye o reconstruye la memoria, en un juego de diferentes interpretaciones de los mismos hechos y circunstancias.

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