Mirando por la prole

En la teoría de la evolución de las especies ya enunciaron, Darwin y Wallace, qué, la lucha por la existencia, requiere el ejercicio pleno de todas las facultades del animal para conservar la propia existencia y mirar por la prole recién nacida.

¿ Quién no ha hecho sacrificios para situar a la prole en esta sociedad competitiva ?, y ¿quienes no han dejado a un lado su ética, ideología e, incluso, sus conceptos morales más profundos con tal de facilitarles el camino?. ¿ Qué empresario no coloca en su empresa a sus vástagos (y vástagas)?.

Si esto es así, y hasta es considerado como un elemento en la teoría de la evolución de las especies, debería verse como natural que, tal protección, se haga desde cualquier capa social u organización. Lo de inculcar valores, formación, educación y esfuerzo; lo de competir en términos de igualdad, mérito, publicidad y capacidad, queda para adornar bonitos discursos cuando de la prole se trata.

Y, si los empresarios colocan en sus empresas a sus descendientes, lo mismo pueden hacer los sindicalistas de élite con los suyos. La endogamia sindical tiene el mismo derecho a existir que cualquier otra, ¿no?.

El caso, aspectos filosóficos al margen, es que, otra vez, tenemos que ocuparnos del "sacrificio" que una madre con cargo en la UGT ha tenido que hacer por su hija, abandonando sus elevados conceptos sindicales en pro de mirar por su prole.

El "terror" del Gobierno Regional de la Comunidad de Madrid, la Secretaria de Políticas Sectoriales de UGT Madrid, Carmen López, ha visto colmadas sus aspiraciones: UGT Madrid, a través de su Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente, ha contratado a su vástaga. Un contrato laboral de 6 meses, que pasará a convertirse en Fijo, y acogido al III Plan Director en Prevención de Riesgos Laborales que firmaron en mayo de 2008 la Presidenta de la Comunidad y los Secretarios Regionales de UGT y CC.OO.

Desconocemos la titulación académica que haya podido aportar, pero el contrato es de Titulado Superior que conlleva una remuneración neta de 1.612,3 € mensuales por 14 pagas (salvo que en su caso sea diferente). No está nada mal para no realizar labores en la calle, puesto que su tarea se limita a labores en el despacho de Marisa Rufino (Secretaria de Salud Laboral de UGT Madrid). De su formación como Técnico en Prevención de Riesgos Laborales tampoco tenemos datos, pero no es difícil que aparezca el oportuno título ya que se adjudican como rosquillas en función de quién se trate.

Pero no se alarmen, son actos intrínsecos al concepto sindical que hoy existe. Son organizaciones institucionalizadas, subvencionadas y dirigidas por "ejecutivos" más preocupados en proteger su entorno que en defender la meritocracia y otras lindezas por el estilo. Poco importa que la elevada cifra de accidentes laborales necesite contar con profesionales experimentados en la prevención, y que estos deban ser seleccionados en razón a su preparación y conocimiento del medio donde van a desarrollar sus funciones. Y, en cualquier caso, esos puestos de trabajo deberían publicitarse y someterse a algún sistema de selección, meritaje, experiencia o, por qué no, concurso. Al fin y al cabo el dinero destinado a su remuneración proviene de las arcas públicas, no es la UGT la que paga, pagamos todos. Y, si la hija de la Secretaria de Políticas Sectoriales de UGT Madrid, lo merece y está capacitada pues que lo ocupe, pero en justicia y no por la partida de nacimiento y/o adscripción político-sindical de su progenitora.

Si alguien se molesta en hacerlo, las hemerotecas están repletas de denuncias hechas por los Sindicatos en casos de enchufismo, pero siempre ajeno. Nunca reconocerán, ni denunciarán, el que existe dentro de sus organizaciones. Darán cuantas peregrinas razones se les ocurran para aparecer limpios de polvo y paja, o callarán como muertos. Total, es una costumbre arraigada en nuestra cultura y tampoco pasa nada, pero, al menos, debería servir para que algunas personas – o personajillos – contuvieran su verborrea, y dejaran a un lado su costumbre de dar lecciones de ética, dignidad, y solidaridad con los más desfavorecidos.

Lo paradójico de todo esto es que, lejos de servir para atajar estás prácticas injustas que deberían ser ilegales, tan sólo ayudan a que otros personajes cercanos a la aludida se digan: la próxima vez le toca a mi mujer, cuñado, hijo, sobrino, o vayan uds. a saber si ya no les ha tocado.

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