Mirando Chile desde la otra banda

Buenos Aires. Viaje relámpago. Algunos escritores y columnistas de las dos bandas nos reunimos a escasas cuadras del turístico barrio de viejos conventillos llamado Caminito, en una pequeña pero digna sede que mira hacia el río y da la espalda a la zona de restaurantes, en pleno corazón de La Boca.

El día anterior a  nuestra llegada, el conjunto ILLAPU había actuado a teatro lleno en esa  ciudad, y el ambiente que aromatizaba la reunión era de añoranzas desvaídas en las gasas de un tiempo aparentemente ido. Quise decir a nuestros contertulios que Buenos Aires seguía siendo una urbe hermosa, donde la arquitectura de sus principales edificios céntricos bien podía encontrarse en cualquier gran ciudad europea, o que la noche porteña –aún con el frío imperante en esta época del año- continuaba constituyendo uno de los grandes atractivos turísticos de la capital trasandina… pero, ello importaba un carajo… la motivación fundamental era reunirse para conversar –a tajo abierto y en descampado- respecto de los tiempos que actualmente corren en contra de la cultura, las artes y el republicanismo que debe nutrirlas y cobijarlas.

¿Sólo conversar sobre ese tema? No… pues también se incitaba a una especie de “rebelión de los teclados”. En la ciudad de los buenos aires (brisa fría y sostenida que sopló fuerte durante las tres jornadas de reencuentros y amistad), el interés de nuestros anfitriones tenía nombre y apellido… Chile y su presente preocupante.

“Bueno, pero hablemos de ustedes, de vuestros políticos, de  vuestros asuntos”, retruqué horas más tarde, molesto ante tanta crítica al sistema que caracteriza a la ‘franjita’ (como le llaman a nuestro país). La respuesta me dejó sin argumentos.

“Ustedes (los chilenos) la llevan… ustedes son el material que las transnacionales y el imperio usan en sus laboratorios para condenar a América Latina a una dependencia total. Desde hace un tiempo, los dueños de la ‘guita’ (el dinero) gustan de traer a la Argentina todo lo que otros poderosos hacen afuera, y Chile sigue siendo un modelo a imitar según ellos”.

Cuando los ejemplos tienen cercanía geográfica pueden resultar muy preocupantes. Nos ocurre a nosotros con las barras bravas del fútbol argentino, verdaderas “maestras” en las lides delictuales, ya que sus organizaciones y tropelías (incluyendo cánticos, bombas de ruido y fuegos de artificios) son copiadas sin rubor alguno por los fanáticos de los principales equipos del balompié chileno.

Claro que a nuestros hermanos también les ha ido mal al trasladar a sus pagos ciertas inventivas emanadas de los cerebros (¿o debería decir ‘de los bolsillos’?) de nuestros megaempresarios, como fue el caso de las AFP’s, las cuales –hace algunos años- casi provocaron una revuelta popular de magnitud allá en Buenos Aires, cuestión que obligó al gobierno de esa nación a restarles el apoyo y, prácticamente, colaborar en el cierre de ellas.

Hoy, en ese país, las clases económicamente privilegiadas han comenzado a adoptar (tibiamente aún) una peculiar forma de protesta y oposición a la administración de Cristina Fernández. Decidieron no consumir algunos servicios y bienes que pertenezcan al gobierno, o que sean administrados por este. Así sucede, por ejemplo, con los vuelos al extranjero, para cuyos efectos la clase alta rechaza utilizar a Aerolíneas Argentinas y opta por LAN-TAM. Es solo un ejemplo, pero comienza a expandirse hacia otras áreas de la producción de bienes y servicios.

En las calles de la gran ciudad se escucha fuerte el rumor respecto a que el candidato derechista a la presidencia, el ex dirigente de Boca Juniors y  jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, estaría dispuesto a revivir  el sistema de pensiones parido en Chile, y debido a ello muchas voces le acusan de ser discípulo de Hernán Buchi y “fans” de los Piñera (José y Sebastián). En esta campaña, Macri dirige una coalición llamada “Cambiemos” (¿no le recuerda nada, amigo lector, ese término: “Cambiemos”, “Cambiar”, “El Cambio”?). Muy “piñerista” el eslogan, sin duda.

En la otra banda de la campaña presidencial se encuentra Daniel Scioli encabezando el “Frente para la Victoria”. Hábilmente, Scioli ganó el apoyo del justicialismo, específicamente del actual gobierno, al incorporar como compañero de fórmula a Carlos Zannini, un ‘justicialista’ que desde hace largos años pertenece al círculo político más íntimo de la familia Kirchner, y que se desempeñaba como secretario de “Legal y Técnica de la Presidencia de la República”.  Para ambos -Scioli y Zannini-  esta fórmula representa “la continuidad de un camino” que pretende detener el manido “Cambio” propuesto por Macri.

A este último respecto, lo que a cualquier chileno puede llamarle la atención es que exista un enfoque político de ‘cambios’ profundos, ya que es en Argentina donde se encuentra el mejor sistema de prestaciones sociales de toda América Latina, a lo que debe añadirse también el mejor salario mínimo de la región.

Al menos por ahora, el problema que afronta ‘Cambiemos’ es que Macri no aventaja a Scioli en las encuestas de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo –según el matutino bonaerense La Nación- las debilidades de Scioli y Macri derivarían  “de su resistencia a brindar por el momento mayores precisiones de lo que harían en materia económica”. Según ese mismo medio  periodístico, otro candidato a la presidencia, el ex diputado y jefe del “Frente Renovador”, Sergio Massa, asegura que Scioli tiene miedo a hablar (respecto de reformas económicas) para no ofender a la Presidenta,  y que Macri habla de «cambio» sin animarse a explicar en qué consiste.

Un amigo escritor, presente en la reunión de marras, acotó: “el 80% de los votantes ni se interesa por propuestas serias y bien planteadas, sino por slogans vacuos, así que hablando cínicamente, ¿qué beneficio le aportaría a un candidato explicitar claramente sus propuestas económicas? Si lo hace, pierde votos, y muchos”.

Otro argentino, comentarista en diarios de Buenos Aires, manifestó: “El mejor escenario para el gobierno de la señora K es enfrentar en octubre a un Macri que insista con su política neoliberal y, además ahora, claramente antiperonista. Va al fracaso rotundo. Ninguna sociedad vuelve a los años 50 en esta antinomia  peronismo – antiperonismo, porque es totalmente anacrónica, ni ninguna sociedad, quiere volver a los 90, con otro proyecto neoliberal a  la cabeza. Ya conocemos los resultados”.

En esta contienda electoral la batalla de las ideas se caracteriza en Argentina por la carencia de las mismas (eso me sopla al oído una colega cordobesa), pues pareciera que algunos candidatos –quizás todos- miran hacia Chile en busca de patrones a imitar. Y ahí está el detalle, como dijo el bufo mexicano Cantinflas, ya que allende los Andes algunos expertos en asuntos políticos comienzan a sentir ciertos aromas a sedición en nuestra ‘franjita’, pues si nuestro ministro de Hacienda –Rodrigo Valdés- afirma que “las cuentas externas de Chile están sanas, los bancos están bien y el fisco tiene cuentas sólidas”, entonces, como bien pregunta el profesor y articulista serenense Alejandro Lara, ¿por qué andan algunos talibanes del neoliberalismo ‘pontificando’ que es imperioso ‘acuartelar’ (detener/apresar en recinto militar) a Michelle Bachelet? ¿Ninguna reforma, reformita ni ‘reformaza’ es aceptada por las clases dominantes acá en Pelotillehue? Parece que así es.

El temor de nuestros vecinos y hermanos no es infundado. Como cualquier barra brava, las ideas y las acciones también se copian. De regreso a Chile, sobrevolando la pampa argentina, seguía revoloteando en mi mente la aprensión de mis amigos porteños. ¿Estaremos próximos a enfrentar una sedición provocada por elementos que se niegan no solo a acatar la justicia sino, también, a aceptar la democracia?

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