Mirades… Inmigración y pobreza (2 de 3)

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Una lancha vieja bautizada “hope” (esperanza) navega por el mar, excedida en número de tripulantes. Abandonan su tierra, sus raíces, su familia, dejan todo atrás, sin garantías de saber si algún día regresarán. En la lucha por la supervivencia, arriesgan sus vidas, se aventuran a un futuro incierto cegados por la atracción de una vida mejor en el “primer mundo”.

Algunos no llegan a su destino. Entre la total oscuridad, el frío y el viento, la violencia del mar se cobra las vidas de quienes tuvieron la mala suerte de no poder resistir a la fuerza embravecida de las olas. Un cuerpo muerto hinchado y amoratado flota en el mar. Un ser humano anónimo de quien nadie se responsabilizará y de quien sus familiares y amigos tal vez nunca sabrán qué fue de él.

En el mundo globalizado donde todo está interconectado y las distancias se han acortado, se levantan los muros más robustos e impenetrables. Se cierran las fronteras con las alambradas más altas, se invierte en seguridad para protegerse de una de las amenazas del siglo XXI: los pobres.