¿Militarismo como defensa civil?

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A lo largo de nuestra vida nos han contado largo y tendido la importancia delas fuerzas de seguridad y los cuerpos del Estado, para ello nos inundan con campañas de conciencia, anuncios publicitarios, charlas en la escuela, canciones o películas y muchas películas aunque esto sea más americano.

Ni que decir tiene que estos cuerpos son importantes en el día a día para el buen discurrir de un país y que la mayoría hacen un trabajo muy bueno y necesario como por ejemplo Policía Local, Guardia Civil, Policía Nacional o cuerpos de Bomberos.

El problema es cuando aparecen en escena las fuerzas armadas, el ejército en general, el militarismo al que se somete a la sociedad civil. Mi concepción del militarismo es clara, personas que van vestidas con uniformes de guerra no me produce más que violencia por muy buenas causas humanitarias que digan hacer y me lleva a pensar que el militarismo no es más que la obligación del uso universal de la violencia para los fines del Estado.

En muchas ocasiones a nivel mundial, los Estados, inventan enemigos que son una real amenaza para sus ciudadanos a los que hay que defender, con su beneplácito, de una única manera, mediante las fuerzas militares que son las que encargadas de salvaguardar los derechos de un país y para ello se acogen a los preceptos de una carta magna invocando al poder constituyente.

El beneplácito de los ciudadanos a defender la patria es el miedo. El miedo es sin duda, históricamente utilizado, comprobado con el mayor índice de eficacia que cualquier otro método. Es el que utilizan los estados para alertar a las poblaciones, bien sea por fenómenos naturales, de carácter bélico o biológico. Para infundir el miedo hoy día en situaciones de emergencia no es necesario decir, de alguna manera, eso de que viene el coco y te comerá, solo hay que tratar la urgencia con una semántica militar haciendo ver por ejemplo que a un virus se le combate a cañonazos, utilizando una jerga cuartelaría que dice cosas como que los ciudadanos son soldados que combaten unidos para vencer esta guerra y olvidando comentar que para defender la salud, el empleo, etc, los cañones y las armas no hacen más que restar el dinero que se invierte en sanidad o investigación. Simplemente basta con poner a un alto cargo del ejército en pantalla difundiendo el amplio operativo que van a realizar y hacer hincapié en los medios de la heroicidad de nuestros salvadores patrióticos y la sociedad hará todo lo demás para que la situación se tome por un caos que única y exclusivamente la orden militar puede solucionar sea cual sea la vía utilizada, justificando así aquello del fin y los medios.

Miedo a la crisis, miedo a no llegar a fin de mes, miedo al terrorista, miedo al otro, miedo al migrante, miedo a los bárbaros, miedos que se acumulan hasta llegar a tener miedo al miedo, el culmen. Miedo que vertebra nuestras sociedades militarizadas y con ello un plan, en muchos casos represivo, una legislación en pro de la seguridad para lo que hay que invertir y dedicar cantidades ingentes de dinero a estos cuerpos bélicos porque no hay nada mejor para el miedo que pacificar con las armas. Por eso, cuando hay un problema de pandemia como ahora los militares salen a desinfectar calles de todo el país y levantan un hospital o apagan incendios y actúan en catástrofes naturales importantes como riadas o nevadas, todo muy necesario, pero ¿qué sentido tiene militarizar los servicios de protección civil y de limpieza cuando la propia sociedad ha dado un ejemplo de organización, solidaridad y respuesta social ante la escasez de recursos sanitarios?

Habría que plantearse si el presupuesto que se asigna a defensa para dotar a estos cuerpos del mejor material y equipos podría hacerse en su lugar a brigadas civiles que dependieran básicamente de administraciones locales con el fin de proteger verdaderamente la seguridad de sus ciudadanos además creando así un empleo público profesional específico para según que causas y casos y así de paso intentar hacer de los Estados una tierra de paz, que nos alejen de las armas y nos acerquen más al amor, a lo humano, a lo civil, a la solidaridad entre pueblos. Todo esto será y se hará cuando nuestras sociedades militarizadas entiendan el concepto del militarismo como violencia y guerra y no como salvaguarda de derechos y libertades que protejan el mundo de agresiones externas o invasores porque este es el cambio de conciencia que necesitamos, pero para cambiar el mundo primero hay que cambiarse a sí mismo y tener en cuenta que la persona que no está en paz consigo misma, será una persona en guerra con todo el mundo.

 

 

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