Publicado en: 21 abril, 2018

Miguel Diaz Clanet

Por emiro enrique vera suarez

El proceso socialista, se convierte en un proyecto. Y, a la vez, en una estructura. Todo va enmarcado en un giro de mercado para ir desarrollando un sistema político de nuevo orden, es colocar una plataforma sobre otra, nuevos pisos de una visión global de comercialización

Hombres que hacen historia

La democracia revolucionaria cubana, entra a su tercera fase y, la historia de Cuba deja atrás sus privaciones para dinamizar un conjunto de oportunidades al lado del pueblo que en un futuro determinarán un nuevo bosquejo de desarrollo interno en la pequeña y mediana industria, mediante una encriptación de ley que lleve a un crecimiento común de libertades económicas y sociales, sin salir del marxismo. La democracia en Cuba, ya tiene su rumbo marcado.

La mayoría de los residentes aspira que cese el embargo estadounidense que pesa sobre la afamada isla y, que la colonia de ese país en la franja de La Florida aspira regresar a la isla, donde están sus bienes primarios y así entonar el viejo estribillo de las escuelas municipales, “¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che!”.

Algunas voces, se muestran pesimistas, como siempre. Pero, la ideología y construcción de una estructura política poco interesa, la visión viene centrada en el aspecto económico, Aquí, no se cuenta ni mañana, ni pasado, solo el presente y, en este caso, la pluralidad política dentro dé un mismo sentir ideológico es priorizado.

Es el momento de abrirse al dialogo, tal como lo preconiza José Luis Zapatero, líder socialista español y mentor de América Latina, al igual que José María Aznar, lo es para el Sur por la derecha. Sin duda, es la nueva forma de dirigir las políticas, mediante el dialogo.

El proceso socialista, se convierte en un proyecto. Y, a la vez, en una estructura. Todo va enmarcado en un giro de mercado para ir desarrollando un sistema político de nuevo orden, es colocar una plataforma sobre otra, nuevos pisos de una visión global de comercialización, por ejemplo, vemos ahora como los norteamericanos y chinos buscan su propio reacomodo de ventas internacionales y como fraccionar el mercado en pleno acuerdo con sus colonias. Fidel Castro Ruz liderizo la etapa más delicada, de templar la disciplina y armonía para establecer un orden social no alternativo y avanzar hacia las pequeñas Corporaciones, luego del bloqueo, vino la etapa de ruptura o fractura política ante los lineamentos estadounidenses, hasta llegar a la figura del nuevo presidente.

Son etapas, muy históricas y las prohibiciones no eran absurdas, sino necesarias, Raúl Castro, tuvo que preparar su delfín ante el degaste de Fidel y la salida de Ernesto Guevara De La Serna, un argentino que asumió la nacionalidad cubana, quien tuvo entre sus obligaciones la entre de tierras a campesinos y, que el Estado, debería ejercer un control geopolítico y territorial.

Lo más difícil es el deshielo, como el carácter militar de cuatro décadas de gobierno, pero, ya los cubanos pueden viajar libremente a Europa, poco les gusta Latinoamérica por las dictaduras y los sistemas de inseguridad de los países latinos en manos de las mafias bancarias y de las rutas del narcotráfico.

Es algo, pragmático, pero el proceso de ralentización del proceso de reformas ya no es timorato, pero, debe existir unidad, Fidel Castro, reaccionó con un artículo en el que recelaba del acercamiento bilateral —“No necesitamos que el imperio nos regale nada”— y revigorizó a los sectores de la línea dura dentro del régimen, paralizando hasta hoy el paso reformista.

Nacido el 20 de abril de 1960 en Placetas, provincia de Villa Clara, bisnieto de un asturiano de Castropol, casado dos veces y con dos hijos de su primer matrimonio, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez se fogueó a finales de los ochenta en la Unión de Jóvenes Comunistas. De 1994 a 2003 fue secretario del Partido Comunista en la provincia de Villa Clara. Ahí ya era uno de los cuadros provinciales cuidados por Raúl Castro con la vista puesta en un todavía distante relevo generacional.

En 2003 el general lo incorporó al buró político y fue enviado como secretario del partido a la provincia de Holguín. Castro no lo llamó a La Habana hasta 2009, cuando le dio el Ministerio de Educación. En 2012 lo hizo vicepresidente del Consejo de Ministros. En 2013, cuando formó su último gobierno, le añadió el cargo de vicepresidente del Consejo de Estado y dio un discurso en el que lo apuntó como sucesor, acreditando su pedigrí: “No es un advenedizo ni un improvisado”.

Al contrario de otras promesas del castrismo surgidas bajo el ala abrasiva de Fidel Castro, que fueron por exceso de iniciativa o de protagonismo, Díaz-Canel supo avanzar sin ruido por el carril lateral de Raúl Castro, un militar que siempre valoró en su gente el perfil bajo y la lealtad.

“Para llegar a donde ha llegado sin ser defenestrado la condición número uno es no salirse del guion, y él ha sido muy efectivo en eso”, dice Nora Gámez Torres, especialista en Cuba del diario Miami Herald. “Se sabe muy poco de cómo piensa”, añade. “Nunca se desvía de la línea del partido”. Díaz-Canel siempre ha empleado una roma retórica continuista que refuerza a medida que se acerca su coronación. El 11 de marzo glosaba a la “generación histórica que nos ha conducido y que forjó la revolución”. Ese día se realizaban las elecciones para diputados de la Asamblea Nacional, que ratificarán el 19 de abril al candidato a jefe de Estado escogido por la cúpula en la última jornada de un ritual proceso electoral controlado por el Partido Comunista, el único permitido.

Apenas implicado en el activismo político, no ha dudado en salir al paso de los digitales que considera hostiles, calificados de herramientas contrarrevolucionarias, socialdemócratas, que en la nomenclatura del partido es parecido

De 57 años, un ingeniero electrónico, alto y de gesto serio, que ha seguido una paciente y discreta escalada burocrática con Castro como mentor.

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