Michel Onfray se enfunda el chaleco amarillo

Crónicas del filósofo normando sobre el movimiento de los Gillets Jaunes

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Por Iñaki Urdanibia

En esta última entrega de la interminable obra del normando ( « Grandeur du petit peuple. Heurs et malheurs des gillets jaunes». Albin Michel, 2020), éste parece guiarse por aquello que respondiese Voltaire cuando se le decía que se estaba repitiendo: seguiré diciendo lo mismo mientras no cambiéis de actitud; también se muestra dispuesto a llamar chat a un chat , aunque a veces su desmesura, guiada por cierto resentimiento, le hace convertir los gatos en leopardos. Con respecto a lo primero, en las páginas iniciales avisa de que escribiendo día a día ha decidido dejar las notas que ha ido tomando tal cual lo que hará que se den repeticiones, recortes de análisis, ritournellos…es el precio a pagar por el relato en caliente. Siendo cierto esto último, las repeticiones no se dan únicamente en lo que hace al desarrollo de los hechos y sus protagonistas vestidos de los chalecos fosforito o despreciándoles, a favor o a la contra, sino que se dan ad abusum con lo que hace a sus filias y fobias mostradas en obras anteriores. Así, no da puntada sin hilo y alaba a Proudhon como la panacea de todos los males que el movimiento de los chalecos amarillos confirman sus ideas y modos organizativos en su práctica, se apropia de Orwell, y sube a lo altares a los trabajadores manuales hasta los límites del populacherismo ( evito el uso de la palabra tan sobada de populismo ) haciendo bueno aquello de vox populi, vox Dei; ( entendiendo por pueblo a los trabajadores manuales) y me explico. Ya desde la propia dedicatoria queda claro: dirigida a su padre, obrero agrícola, a su madre, interina ( femme de ménage), a su hermano mecánico, a su cuñada, cantinera, a su sobrino, de formación carnicero y aprendiz de fontanero, a su sobrina, cuidadora…solo faltaba que nos contase su trabajo en la fromagerie de su pueblo, como lo hacía en alguna de sus anteriores obras…¿ El trabajo manual como garantía de honestidad y sufrimiento? ¿ Y hasta garantía de tener razón?

Si señalo esto es debido a que se observa, empieza a ser una constante, una disparada vena anti-intelectual que en contrapartida lleva al elogio incondicional de los trabajadores manuales y más en concretos rurales, agrícolas…que en su singular visión ( en su revisión de la revolución francesa) son los representantes del girondinismo frente al jacobinismo instalado en París que, por otra parte, no hace sino plegarse al jacobinismo europeo, encarnado por las directrices acordadas en Maastricht, tratado que fue impuesto a los ciudadanos franceses ya que el resultado del referéndum celebrado fue negativo , lo que no sirvió para nada ya que se transformó la voluntad personal por los políticos profesionales en unión pasándose por el arco del triunfo.

Entre los denostados, Alain Badiou, Slavoj Zizek ( incluyendo a los dos en las filas del marxismo-leninismo), Giorgio Agamben, Antonio Negri, Fréderic Lordon- gauchiste en chef subvencionado( ? ) por el CNRS del que es director de investigación- , y todos los que los leen, que no son, ni deben ser, quienes representen, ni participen, en el movimiento; como si no se pudiese participar y colaborar en las luchas siendo lector de estos especímenes…lo que vendría a suponer en su grille interpretativa que la pertenencia a la extrema izquierda ( le gauchisme), significa ser de poco fiar. Las perlas que salpica con respecto a los nombrados y a otros, sesentayochescos, son de una acritud insoportable. Salpica esta desconfianza de manera muy especial hacia Mélenchon que pretende apoderarse del movimiento, en representación del robespierrismo ( no faltan tampoco los dardos al PCF relacionándolo con el paco germano-soviético, ni al NPA; tanto al FI como a este último les ha apoyado, y votado, en algunas campañas electorales), al final …c´est la faute à Rousseau; opta así el normando por la resta en vez de por la suma y la acumulación de fuerzas…siguiendo un esquematismo de una rigidez y simplicidad abusivas., obviando los desfases entre sentido y referencia, entre denotación y connotación También vierte algunas críticas hacia Marine Le Pen, lideresa del Rassenblement Nationale ( antiguo FN) que también trata de aprovecharse : a río revuelto…, aunque a ésta tiene tendencia a exculparle, al menos un petit peu, ante los ataques constantes y amalgamadores que recibe de los políticos profesionales y sus lacayos que le tildan de fascista afirmando que supone un peligro para la République ( según su opinión il faut pas exagérer, y se ha de llamar a las cosas por su nombre, evitando ciertos términos y hechos históricos para referirse a la actualidad ( nazis, holocausto…)a pesar de que él se lo permite en alguna ocasión. No quedan fuera de sus críticas y temores los sindicalistas ( en especial es nombrada la CGT), etc. De Marx y, del mago, Freud, al igual que de Sartre y Beauvoir no podía contenerse y venga o no a cuento suelta sus perlas envenenadas ; con respecto al primero o bien se deja llevar por la mala fe o por su no-lectura ( no sé si se aplica la cosa a si mismo: «lejos de toda ideología que abole la inteligencia de las cosas, desearía juzgar sobre las diferentes piezas, textos, escritos, declaraciones, no de hipótesis y fabulaciones, ficciones o supuraciones »), ya que cualquiera que lo haya leído al autor de El Capital, aunque sea superficialmente, no podría nunca dar por buena la versión que Michel Onfray da sobre la concepción de la lucha de clases propuesta por el alemán( al que le cataloga como antisemita lisa y llanamente…), que el veloz escritor tergiversa a la brava y ad libitum ( el retrato que hace en la página 196 chapotea por el carcho de la sandez XXL)… no se priva tampoco, cosa ya habitual en él, de los argumentos ad hominem acerca de lo modos de vida, tipo de coche, de relaciones, de puestos, de sueldos, etc. con respecto a ciertos personajes que no le caen bien por equis o por i…

En sus crónicas hay otras cuestiones que resultan vomitivas: así cuando habla de asuntos relacionados con la inmigración muestra un derecho de admisión realmente elitista y de un patriotismo trasnochado y hasta me atrevería a catalogar de xenófobo ( hace suyo sin recorte algunos uno de los puntos de un panfleto “programático” repartido por algunos gillets jaunes: « queremos que Francia deje de vivir por debajo de sus medios y cese de acoger la miseria del mundo porque ésta está ya instalada en la miseria con millones de personas que viven bajo el umbral de la pobreza». Tiens!); del mismo modo resulta infumable el signo de igualdad que traza entre antisionismo y antisemitismo que le sirve para atacar al islamogauchisme ( cfr: pp. 263-264) y su discurso con respecto a la islamofobia, fenómeno este del que niega la existencia lisa y llanamente… y muchas ideas más que salpicadas a lo largo de las crónicas, aguan la lectura, interfiriendo en ésta de manera notoria al menos al lector que yo soy. No seguiré, no obstante, con la lista de doléances y agravios.

Por lo demás, en lo que hace a la crónicas sobre el movimiento, no cabe duda de que le asiste la razón en no pocas de las cuestiones que presenta, partiendo de la constatación de una división neta y como tal un tanto endeble y carente de rigor siempre que no se matice: « Francia está más que nunca dividida en dos: no entre derecha e izquierda, no entre liberales y anti-liberales, no entre progresistas y soberanistas, sino por una parte aquellos sobre los que se ejerce el poder, y por otra los que ejercen el poder, las élites como se dice»; barricada divisoria de sal gruesa que no admite medias tintas o límites borrosos en lo que hace al compromiso militante o simpatizante. Siguiendo esta clasificación, señala en una potente batería crítica , por una parte, a los políticos politicastros, empezando por monsieur le Président , Manu Macron, y sus ministros ( Castaner y Philippe, en cabeza), con sus políticas maastrichteanas que coartan la soberanía nacional , entregando poderes a Europa, la del capital obviamente, olvidándose de los currantes del país que se las ven y se las desean para poder sobrevivir. Junto a estos dirigentes políticos ( y prácticamente la totalidad de parlamentarios) estarían los periodistas que se comportan como verdaderos lacayos, escribiendo al dictado del gobierno, los intelectuales orgánicos: Luc Ferry y Bernard- Henri Lévy en especial, la judicatura que recibe órdenes de cómo debe tratar a los detenidos en las movilizaciones ( con una aplicación descarada del presunción de culpabilidad, y con detenciones prolongadas más allá de las pruebas de participación) , la policía enviada no a mantener el orden sino a reprimir las reivindicaciones populares ( basta comprobar el número de mutilados, hospitalizados, tuertos…y la falta de rendimiento de cuentas de los responsables que al contrario son premiados), sin olvidar a los casseurs, que en la mayoría de los casos no son sino agentes provocadores infiltrados por los policías ( cita casos flagrantes en los que las cadenas televisivas presentan a algunas personas arrancando adoquines en los Champs Elysées, sin que la policía intervenga; adoquines que obviamente luego van a ser lanzados contra lo flics y contra los escaparates de las lujosas tiendas ); toda la fauna mentada echando pestes contra los chalecos amarillos como paletos, racistas, antisemitas, homófobos, reaccionarios, hitlerianos, etc., etc., etc. El mecanismo amalgamador de las fuerzas del orden es simple: se coge algún caso, que ciertamente los hay, en los que da ese tipo de reacciones y comentarios ( como el zarandeo al académico néoréac Alain Finkielkraut, con comentarios antijudíos , con la reivindicación final con la palabra Palestina), u otros comportamientos y acto seguido se generaliza haciendo que un caso se pase a aplicar a la generalidad del movimiento; o las tendencias violentas de algunos, como el caso tan publicitado de un boxeador que corre a ostias a un CRS ante las cámaras televisivas, para concluir que son quienes portan tales chalecos seres agresivos que se dejan llevar por la testosterona… Mientras que la violencia contra ellos: simbólica y física, no cesa , siendo expuesta con claridad en las páginas del libro. En lo que hace a todo este batallón de defensores del orden y la ley ( de los de arriba) no le quito ni un ápice de razón.

No me extenderé más en el contenido del seguimiento realizado, día a día, por Onfray de la génesis y desarrollo del movimiento iniciado ante la subida del IPC, los impuestos sobre los carburantes, en cuya interpretación Onfray se pasa de acelerada ( en sus cálculos acerca del respeto del mediambiente , cantinela que está bien para quienes poseen bagnoles de ultima generación, mixtos o eléctricos, pero no para quienes se desplazan por zonas rurales para trabajar con coches antiguos y con tractores, etc. a los que la subida del carburante les impide subsistir, importándoles dos leches los problemas de la contaminación, que parece ser -tal como lo explica- una sutileza propia de finolis), y los cambios operados en las movilizaciones desde las rotondas a marchar a Paris ( centro de todos los males : allá están los gobernantes, las cadenas de TV – y los personajes y personajillos que pierden el culo por aparecer en la pequeña pantalla…él no, él hace el abundante uso, acertado, en sus frecuentes presencias en las teles: «hace falta una columna vertebral intelectual y un pensamiento bien estructurado para no sucumbir a las enfermedades mediáticas»…él , por lo visto, está vacunado, y de sobra) , las sedes de los periódicos, las escuelas de élite, los intelectuales germanoprantines…Paris la representación de todos los males que en el Hexágono son; merecería capítulo aparte su antiparisinismo esquemático y primario, cosa que no es nueva: curiosos si en cuenta se tiene que sus editores tienen sus negocios en París, las radios y televisiones en las que participa tienen sus sedes en París…En contraposición la gente de las provincias, son girondinos, defensores de la descentralización, de la identidad propia, vamos…gente guay, y detalla las movilizaciones hasta la lenta pérdida de fuelle del movimiento, debido a las embestidas realizadas al unísono por todas las fuerzas mentadas, y el naufragio final , que así lo nombra el cronista.

Los consejos que se permite sí que parecen probos, al defender la autonomía del movimiento, tratando de evitar las manipulaciones de profesionales de la política o del sindicalismo, con cuidado de que los sectores radicalizados del islam se introduzcan en la movida, en una defensa de la espontaneidad que no rechaza ciertas formas de organización ( por ejemplo, en lo referente a los cuerpos de orden de las manifas , para los que por cierto muestra la necesidad y la conveniencia de recurrir a los sindicatos y partidos criticados, ya que éstos tienen una dilatada experiencia en tales lides), el elogio de la feminidad ( frente a las tendencias machistas con sus trasnochados valores de virilidad desatada) , y la atención que se debe prestar para que las tendencias minoritarias que esporádicamente asoman por parte de algunos ( racismo, homobia, violencia, …)no se extiendan dentro del movimiento; la necesidad de la descentralización y los mecanismos rizomáticos ( el principio Gulliver) que supongan la imposibilidad de acudir a todas las manifestaciones y cortes de carreteras por la policía…resultan plausibles, al igual que la denuncia del comportamiento de Macron et compagnie, que anunciando un Gran Debate, no hizo más que invitar a algunos vendidos y dedicarse a soltar su mitín, partiendo de la declaración que no iba a dar ningún paso atrás. …y la actitud genuflexa de los invitados…estómagos agradecidos.

En fin, que con respecto a la defensa de la lucha de los chalecos amarillo y la injusticia y tergiversación constante que ha recibido el movimiento y sus reivindicaciones nada tengo que alegar, me resulta una visión justa; ahora bien, como queda señalado y no me importa reiterar: la visión general reduccionista del pueblo, a su medida, cruje por todas las esquinas…como si los orígenes geográficos, de la periferia, y los orígenes humildes fuesen causa inequívoca de compromiso anti- maastrichtiano, girondino versus jacobino, honrado más allá de las ideologías, etc. , mientras que quien ha estudiado en alguna de las grandes escuelas , en especial su odiada École Normale Supérieure, o se inspira en autores de tal procedencia, no tiene nada que decir ya que no conoce la pobreza y la necesidad de los humildes de primera mano ( empirismo barato)…No es la primera vez que hablando de Michel Onfray he recurrido a la ocurrencia un tanto maximalista de Oscar Wilde de que lo contrario del matiz es la barbarie, aun no llegando a tanto, la falta de matiz por parte del normando, y su campaneo del pedigrí de un árbol genealógico de humildes trabajadores, le lleva a exageraciones de sal gruesa, a visiones un tanto pueriles en ciertos aspectos y a simplificaciones simplificadas en exceso, lejos desde luego del rigor del genio colérico que cantaba refiriéndose al bearnés Pierre Bourdieu, defensor de la gauche de la gauche, quien por cierto, sea dicho al pasar, impartía sus cursos en la parisina EHESS ( École hautes études en sciences sociales ) y posteriormente en el elitista Collège de France rindiéndosele honores por parte del CNRS y otras instituciones de postín…lo que no impedía que fuse un respetable luchador.

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