Michel Lequenne (1921-2020): comunismo es libertad y creatividad

Acaba de fallecer nuestro Michel Lequenne (Havre, 1921), sin duda un desconocido incluso en el área del comunismo libertario e insobornable. De lo que la comúnmente se suele llamar “trotskismo”...

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Acaba de fallecer nuestro Michel Lequenne (Havre, 1921), sin duda un desconocido incluso en el área del comunismo libertario e insobornable. De lo que la comúnmente se suele llamar “trotskismo”, un concepto cuanto menos equívoco, primero porque se trata de un epíteto santificado por el estalinismo para oponerlo a un “leninismo” convertido en una suerte de religión de Estado. Sin embargo, para los más veteranos y francófonos, la de Michel Lequenne era una firma habitual en “Critique Communiste”, y en menor grado en la revistas de la LCR (Inprecor, Comunismo), y en Viento Sur. No en vano se trata de una firma con una historia militante que se remontaba a la mitad de los años treinta, que figuró en la primera línea de las controversias –desesperantes- de principios de los años cincuenta, al tiempo que se mostró como un auto polifacético.

El que escribe lo recuerda de la buhardilla de la rue Müller en la que vivían Eduardo Mauricio, corrector y militante extremeño desde los tiempos de la Izquierda Comunista y su compañera Paz. Por allá se le podía encontrar de tanto en tanto. Debatiendo pero sobre inquiriendo por tal o cual detalle del castellano y de la historia la Conquista porque, entre otras cosas, Michel era un reputado hispanista, especialista en la vida y las consecuencia de los viajes de Cristóbal Colón, autor de «Christophe Colomb contre ses mythes».  Una erudita edición de los escritos del almirante en “La Decouverte” (Maspero, otra leyenda), autor de trabajos minuciosos sobre eventos como lo fue en su momento la película La misión (Roland Joffe, 1986), autor de una elaborada crítica historiográfica que aquí se publicó en Inprecor, y en la que Lequenne medía al detalle el “encontronazo” entre los conquistadores y los “indios”.

Este mismo Michel Lequenne de rasgos fellinianos, con unas cejas descomunales, fue uno entre los protagonista de un momento estelar en la historia de nuestra Inte5rnacional. Fue cuando al final del congreso fundacional de la LCR, desarrollado en Stuttgart, en un escenario facilitado por el incombustible Georg Junglas, que empezó a militar al lado de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en la Liga Espartaco. Resulta que en un momento dado, Daniel Bensaïd que había sido  el verdadero “director de orquesta” de todos los debates se dirigió a la multitud juvenil presente para señalar que estábamos allí gracias al trabajo silencioso de camaradas que lo habían resistido todo. Lo hizo señalando un rincón donde se encontraban Pierre Frank, Michel Lequenne, y un de veterano más que hasta entonces se habían mantenido como espectadores. Después de viejas controversias, Michel que había participado al lado de Pierre Naville en la fundación de PSU (Partido Socialista Unificado) allá por 1965, había regresado a la sección en la que siguió militando hasta días atrás. La ovación fue atronadora, se trataba del reconocimiento de una apuesta en un tiempo que todos contemplábamos como el prólogo de grandes acontecimientos históricos. Que lo fueron solo que la vieja izquierda institucionalizada cumplió su papel de rémora.

De formación autodidacta, nacido en una familia de pequeños empleados, trabaja desde los 14 años, pero a los 16 se empeña en leer todo lo que cae en las manos literatura, historia, filosofía,  estudia la prehistoria con un profesor hallado en la escuela nocturna. En 1938 milita en el movimiento de los «Auberges de la Jeunesse».  Llega a trabajar en diez oficios diferentes, pasa del trabajo agrícola al industrial hasta que acaba convirtiéndose en un revolucionario profesional en un ambiente en el que una parte considerable de las juventudes socialistas se siente atraída hacia el “trotskismo”. En el curso de la II Guerra Mundial, toma posición como refractario al STO (Servicio  de  Trabajo Obligatorio),  lo que le obliga a pasar a la clandestinidad y en esta, a formar parte de la franja trotskiana, en buena parte compuesta por jóvenes judíos con unos niveles de discusión y crítica que se acentúan delante de una realidad en la que la lucha contra el nazismo no implica olvidarse de la Francia capitalista y colonialista.  A partir de 1946, Michel  es miembro del comité central du Partido Comunista internacionalista (IVª International), en cuyos rangos se mantendrá con el paréntesis del PSU. Desde entonces hasta 1988, se mantuvo ocupando tareas de dirección nacional e internacional. Igualmente mantendrá una actividad constante desde la redacción de la revista “Critique communiste“, desde la que escribirá toda clase de ensayos y estudios de teoría marxista, de historia tanto antigua como moderna amén de críticas literarias y de arte. De hecho, Lequenne fue todo un especialista sobre el movimiento surrealista en el que militó durante una buena temporada.

Parte de estos trabajos fueron recopilados en la edición de Marxisme et esthétique (La Brecha, 1984)  El capítulo Surrealismo y comunismo apareció integrado en la edición que el autor de estas línea realizó de Por un arte revolucionario e independiente (El Viejo Topo, Barcelona, 1999)

A finales de 1947, Michel había comenzado une carrera por una edición que  concluirá en 1974 como jefe del servicio de lectura de la “Encyclopaedia Universalis”. En 1950, lleva a cabo una actividad de crítica literaria, de entrada bajo el seudónimo de Pierre Géraume. A partir de 1955,  tradujo junto con  Soledad Estorach, las obres de Cristóbal Colon, que no fueron publicadas hasta 1979 (éd. Maspero – La Découverte).  Como hispanista colombino, Michel estableció que éste  buscaba un continente desconocido al sur de Asia,  que pensaba haber descubierto en América del Sur. Después, siempre junto con Soledad Estorach, tradujo los “Contes catalans“ (Editions Erasme), por lo que Michel era muy conocido en los ambientes del catalanismo cultural la Federació d´ Entitats Catalanes de l´Exili i la Emigració que en París funcionaba alrededor de veteranos militantes del POUM con Pere Bonet y Teresa Rebull al frente. Los mismos que editaron en catalán la obra de Andreu Nin Els movimients d´ emancipació nacional, con prólogo de Wilebaldo Solano, con la colaboración de Josep Benet. Curiosamente, el mayor esfuerzo de esta entidad tuvo lugar coincidiendo con las jornadas de mayo del 68 que fueron recibidas con el natural entusiasmo por los que se habían batido contra Franco y contra Stalin.

En este década, Michel  escribió une serie de estudios sobre la literatura utópica. En 1967,  comenzó à escribir sobre las artes plásticas. Su nombre apareció en las últimas páginas de numerosos diarios, y durante 12 años, lo hizo en “Politis“…A esto hay que añadirle toda clase de prefacios de catálogos de pintores, muchos de ellos recogido en la edición arriba mencionada que concluye con un curioso estudios sobre “Louys Buñuel”, referido a la relación del cineasta de Calanda con el escritor Pierre Louys.  Nuevamente con Soledad Estorach, también tradujo, prologó y anotó la obra de Lope de Vega, “El Nuevo Mundo descubierto por Colon“(editado igualmente en La Différence), y siguiendo con Colon, Michel realizó la primera traducción francesa  del “Libro de las profecías», en las ediciones de Jérôme Millon. Escribió así mismo la introducción a “Amazonia, vientre de las Américas“, en su primera traducción francesa.  La lista sigue haciéndose cada vez más copiosa.  Por ejemplo, el años 2005 escribió una ficción poética, “Elles qui regardèrent Colomb» (éd.Féderop).

Lequenne fue también  nautor de tres cortometrajes (“Setubal, ville rouge“ , sobre la revolución portuguesa; -, “La Mort de Léon Sedov – fils de Trotsky“, que investiga su asesinato, y de “Le Peintre Jean Pons“, filme  de arte). Mientras fue miembro del grupo surrealista mantuvo a los ochenta años, decidió  consagrarse a la conclusión y a la publicación de sus numerosos libros que había dejado inconclusos. En 2002, cierra su “summa colombina“: “Christophe Colomb contre ses mythes“(Jérôme Million);  en el 2005, lo hace con “El trotskismo, une historia sin fardos“(ed. Syllepse), del que será traducidos algunos apartados. La muerte le ha cogido redactando sus Memorias,, con el título de “Le Catalogue“, y esperaba contar con el tiempo de los seis o siete volúmenes de de u “Contre-révolution dans la révolution“ (sobre el estalinismo en su conjunto), un “Éloge de l’utopie“, así como de dos ensayos “Grandes Dames des lettres“ (de Sappho à Nathalie Sarraute et Joyce Mansour), y «Pour une nouvelle histoire de l’art“.

En resumen: una vida militante que pone en entredicho los comentarios de algunos que han tratado de establecer una diferenciación entre la altura de León Trotsky y la medianía de sus discípulos, consideraciones que en los años sesenta fueron aquí expresadas por Jorge Semprún en su prólogo al libre de Fernando Claudín, la crisis del movimiento comunista, y hace poco por Pablo Iglesias, harto de las críticas recibidas desde su izquierda. El primero establecía la salvedad de Isaac Deutscher aunque al final, afirmaba, que éste no dejaba de cultivar una manera de arqueología. No se puede negar que la imitación de Trotsky no es ninguna garantía, sobre todo cuando se pretende establecer el presenta con los parámetros de coyunturas históricas muy diferentes, de momentos en los que el movimiento obrero tendía a desbordar sus direcciones burocráticas. Sin embargo, el tiempo ha sido inclemente con quienes han creído encontrar en el clásico –trágicamente aislado por lo demás- un punto de llegada, y no un punto de partida para una nueva aventura. Una aventura en la lucha y en el pensamiento, un espacio de continuidad crítica de la que camaradas como Michel Lequenne fueron grandes, alcanzando medidas de entrega y talento que no se encuentran en los despachos ni en la política institucional por la que el propio Jorge Semprún acabó dando lo peor de sí mismo.

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