Publicado en: 6 enero, 2019

Michel Houellebecq, el incordio y la decadencia en prosa ( I )

Por Iñaki Urdanibia

Después de cuatro años de silencio, el polémico escritor publica nueva novela: el día 4 en las librerías de Francia, cinco días después, el 9, en las de abajo de los Pirineos.

Por Iñaki Urdanibia

Teniendo en cuenta la amplitud que ha tomado el artículo, con los añadidos de las dos notas en las que recupero algunos artículos anteriores, dejo estas últimas para una segunda entrega.

« El fatigado ha agotado la realización, mientras que el agotado agota todo lo posible. El fatigado no puede realizar más, pero el agotado un puede posibilitar más»

                                        ( Gilles Deleuze, L´épuisé )

Vayan un tres cositas por delante: en primer lugar, confieso que he leído prácticamente todo lo que ha publicado el escritor francés; sufrido que es uno y lo digo ya que no faltan las ocasiones en que a uno le invada el hartazgo o hasta la mala uva ante las constantes salidas de tono del caballero ( ¿ provocaciones?) ( 1 ). En segundo lugar, nadie podrá negar que cada vez que Houellebecq publica un libro, ya desde antes de estar en los anaqueles de las librerías, se organiza cierto revuelo, alimentado por las declaraciones del sujeto, las entrevistas y la mercadotecnia editorial. Por último, y completando lo anterior, se ha de señalar la capacidad del escritor para incordiar, para provocar, para encender polémicas: cuando no ataca sin piedad, incluida su madre, a los sixties, declara con descaro su misoginia, propia de un salido de libro, su islamofobia, sus relaciones con la secta de los raelianos ( fotos incluidas) y algunas frecuentaciones meapilescas, o se explaya en diferentes aspectos de la decadencia de su país…declaraciones, que coinciden con el tono de sus novelas. En tal tesitura , y como es normal, abundan sus detractores y también quienes le elogian: así, por ejemplo, Michel Onfray tras ponerle a caldo se arrepintió y lo ensalzó sin remilgos, ad abusum ( 2 ). Las cifras acerca del éxito del escritor hablan por sí solas: si su anterior Sumisión vendió 800000 ejemplares, la primera tirada de la que ahora se presenta va a constar de 320000.[Antes de la publicación del libro, el próximo día 4, leo en Le Monde de hoy, día 1, que al escritor le han concedido la Legion d´honneur, en grado de chevalier, máxima distinción que se otorga por haber prestado« servicios eminentes a la Nación»…por si algo faltaba para promocionar la novela, esta distinción hará que hasta las gentes biempensantes se acerquen al libro].

Ya antes de la publicación de su séptima novela ( « Serotonine» que se publicará el 4 de este mes; presentándose su traducción al castellano de la mano de Jaime Zulaika: « Serotonina» por Anagrama el día 9) , además del misterio que le rodea, algunas filtraciones ( de grueso altavoz y a bombo y platillo) han hecho que tanto al alcalde como los servicios de turismo de la población de Niort, ciudad del centro- occidental francés ( cercana a La Rochelle) se hayan mosqueado contra la opinión vertida en el libro, y ha llevado al diario local, La Nouvelle République, a defender su ciudad, invitando a los ciudadanos a unirse a tal iniciativa, ante la frase que con desparpajo suelta el escritor en la página 37: « una de las ciudades más feas que he visto en mi vida», también puede provocar enfado , en especial de Pirineos abajo, ciertas apreciaciones sobre Franco, tanto en las páginas 17 como , más en concreto, en la 33, en la que elogia al caudillo como fundador del turismo de “lugares con encanto”…« independientemente de otros aspectos a veces objetables de su acción política» ( sic!). De momento dejo de lado otros aspectos, constantes en el autor, como la misoginia y otras obsesiones sexuales como las relacionadas con los homosexuales. Midiendo la escritura del célebre escritor por su tendencia a la provocación, a la ironía y otras lindezas por el estilo, y el chapoteo en tales asuntos, con aires de familia – como ya he señalado en repetidas ocasiones- nihilistas y schopenhauerianos ( balanceándose entre el dolor el aburrimiento), el escritor de la decadencia ( que se presenta en su propia figura), está en buena forma. Mas vamos a la lectura.

Ya en desde el inicio asoman algunas de las constantes de su temática: los antidepresivos, , una masturbación triste, un campo naturista, y constates marcas que van desde un 4×4 Mercedes diesel, a cantidad de productos : maletas, coñacs, cervezas, móviles, publicaciones, bancos, supermercados, etc. que conforman el mundo hexagonal y el de la generalidad de zonas limítrofes. La acumulación, qué duda cabe, es una técnica que el escritor emplea como quien lanza un guiño al lector, anunciándole…por aquí sigo o seguimos.

En la primera página se ofrece una pista acerca de un antidepresivo ( con marca incluida) , la marca del café que utiliza el protagonista y el agua que habitualmente bebe ( con marca incluida); si pongo el énfasis en lo de las marcas es debido a que me viene a la cabeza la crítica que Tahar Ben Jelloun realizase al respecto refiriéndose a la escritura del autor …para presentarse en la página siguiente: tiene cuarenta y seis años y tiene un nombre que le repatea: Florent-Claude ( entre otras cosas por la poca virilidad que denotaba y porque sonaba a pederasta botticelliano y a maricas viejos, sarasas; coletillas del estilo, homófobo, salpicarán el texto) que confiesa el fracaso de su vida – terminada en la tristeza y el aburrimiento– y las circunstancias que le condujeron a tal estado, « que incluso constituyen, a decir verdad, el objeto de este libro». Cuarenta y seis años a lo largo de los cuales « nunca había sido capaz de controlar mi propia vida, en fin, parecía muy verosímil que la segunda parte de mi existencia solo sería , a semejanza de la primera, un fláccido y doloroso derrumbamiento». Una nostalgia acerca de un amor perdido por su idiota infidelidad, con Camille, le persigue, que más tarde se enterará que vive con su hijo, y ante la imposibilidad de recuperarla, piensa en liquidar al chaval , rajándose a última hora; si en Houellebecq el amor o no existe o siempre fracasa, en esta ocasión sí que se pueden vislumbrar ciertos ramalazos románticos, con respecto al insustituible amor nombrado, permitiéndose, al tiempo, ciertas lecciones acerca de « las dos realidades distintas » que supone el amor para las mujeres y para los hombres. En la vida del decadente caballero: unos amores fracasados, un sexo frustrante, la masturbación como salida de emergencia a una mente calenturienta que tiene el pito en el puesto de mando( « el falo es el centro de su ser»)…un personaje neurótico y depresivo en toda regla, marca de la casa houellecquiana.

« La historia comienza en España, en la provincia de Almería» y nuestro hombre está en la una gasolinera antes de ir a buscar, tomando una Coca-Cola Zero, a su novia Yuzu – con la que vive en el XV arrondissement , en la planta 29 de la torre Totem, y con la que anda en horas bajas, debido a las infidelidades de ella; al final la abandonará desapareciendo, sin dejar rastro y borrando posibles pistas, en aras a iniciar una nueva vida , trasladándose , tras una infructuosa búsqueda de establecimientos que admitiese fumadores al Hotel Mercure-, cuando aparece un escarabajo con un par de jóvenes muchachas preciosas, según dice ( están buenas y son buenas), ¿ serían indignadas?, para añadir que se acercan atraídas, entre otras cosas, por sus competencias varoniles ( se refiere, conste, a sus supuestas habilidades para comprobar la presión de las ruedas; la cosa le permite ya mostrar su mente calenturienta: los culos , los tangas que seguramente llevan en sus bolsas, y la gracieta típica de desinhibido falócrata, a la que seguirán muchas más: «ella y su amiga querían comprobar la presión de sus neumáticos ( bueno, me explico mal, de los neumáticos de su coche)» , ya en marcha se plantea diferentes hipótesis: si la narración fuese romántica o si fuese porno…y las obsesiones del obseso irrumpen con fuerza, hasta uno más de los empalmes que cual Príapo le asaltarán alimentados por su calenturienta mente, siempre guiado por las ganas de follar, y si es à trois, mejor que mejor . A partir de ahí las cosas se van a desplegar tanto en lo geográfico ( tras el periplo hispano, vía Chinchón) , sigue la travesía Pirineos arriba ( Anglet y Niort) , París y más adelante Normandia, a donde se traslada tras abandonar a la japonesa con la intención de recuperar su vida anterior, como en el resto de esferas narrativas, con el sello, marca de la casa, que define en dos plumazos a algunos españoles ( absorbidos por «el porno-hard, el cinismo y las stock-options», añadiendo, eso sí que : «simplifico pero hay que hacerlo, porque, si no, no llegamos a nada »)- a los que distingue de quienes tras la muerte de Franco mantuvieron posturas rebeldes ( «cuya derrota estaba programada de antemano»), a los holandeses ( « raza de comerciantes políglotas y oportunistas» a los ingleses a los que compara en su racismo a los japoneses, y de estos suelta sorprendentes afirmaciones acerca de su comportamiento sexual y su poca resistencia al alcohol debido a cuestiones de índole genética… no privándose de los dardos, faltaría más, hacia los belgas, al viejo chocho Goethe, y , en otro orden de cosas, hacia los ecorresponsables parisinos , que llegan a acuerdos que no hacen sino resultar demoledores para los productores franceses,( desde los productores del albaricoque rojo del Rosellón, informe en el que había trabajado concienzudamente y que ya anunciaba lo que sucedería en otros lados y sectores productivos: así a los productores de leche normandos) y que el protagonista llega a comprobar sur place en tierras normandas, siendo testigo de las violentas movilizaciones de los encolerizados agricultores, y el declive de la ganadería de su amigo Aymeric. Todo se hunde Francia, Europa, el mundo y Florent-Claude Labrouste sigue la misma senda descendente, con su visión de tonos oscuros e insultantes que no hacen sino dejar ver su mirada misógina y misántropa en general, utilizando un lenguaje crudo y tajante de rompe y rasga; en el caso de las mujeres, con cuya figura fantasea- podría decirse fantasmea- de continuo, estas son catalogadas, poco menos, que como seres incompletos en especial cuando ya han superado los años de la flor de la vida ( putón, guarras, putas…), y el protagonista las trata, en ocasiones, con palabras de sal gruesa, sin obviar los coños ( muchos), castañas ( no pocas), chochos ( en abundancia), culos receptivos- sabido es que el que hambre tiene con…sueña-, las humedades, las erecciones, las pollas ( « la multiplicidad de pollas a su servicio sume a la mujer en un estado de embriaguez narcisista», y como confirmación se refiere a Catherine Millet). mamadas al por mayor … y sus relaciones con Claire, Kate…; resulta igualmente , no sé si desproporcionado u otra cosa, cuando en el campo naturista el protagonista compara su cuerpo con los ya desgastados de los viejetes alemanes, y lo digo que si tomamos como modelo al propio escritor, aun sabiendo que el protagonista del libro no ha de ser necesariamente el alter-ego de Houellebecq ( Florent-Claude c´est pas moi?) , aunque todo haga pensar en ello , pues como que ¡glup! : bebe, fuma compulsivamente ( en el caso del protagonista del libro, éste llega hasta inutilizar por sistema los detectores de humo de los hoteles y si es caso para evitar posibles problemas untar a las mujeres de la limpieza, para que hagan la vista gorda ante lo que les indica su olfato, comprando así su silencio), no selecciona los deshechos sino que los echa al contenedor todo mezclado a modo de venganza …un ser en permanente lucha contra todo y todos, ya que el mundo le raspa, y también salpicando algunas escenas heavys , como las relaciones zoófilas (Yuzu haciéndose penetrar por un doberman, al tiempo que se dedica a masturbar a un bull-terrier, y cuando este eyacula lo sustituye un boxer), amén de la asistencia a diferentes partouzes; tras ver los videos piensa en matar a su compañera mas tras sopesar las consecuencias carcelarias, desiste…tampoco falta alguna escena de sexo con una chiquilla de diez años, dejando abierta la puerta del bungalow en donde ha cometido la tropelía y el ordenador con toda una panoplia de videos porno, de algunos de ellos se complace el escritor en abundar en detalles; faltaría más.[ En lo que hace al retrato de sus personajes, ya que…, quisiera señalar que las propias imágenes del escritor, en patente empeore, parecen coincidir con el espíritu de derrotado que invaden sus textos, y las declaraciones que las acompañan, me hacen pensar en las reflexiones de Susan Sontag en Las enfermedades y sus metáforas, y que los dioses no me oigan aunque no hay problema y no es porque tales imaginarios seres no me hagan caso sino porque no existen].

Todo un muestrario, una vez más como si Michel Houellebecq se copiase a sí mismo, de temas por los que se despacha el autor con una pluma ( tecla) fugaz y caústica, salpimentándolo con algunas frases, a modo de máximas, realmente brillantes y algunas páginas bien escritas, que no impiden que el tono general sea el propio de un ser desganado, que se mueve por la superficie del mundo que transita, paseando su pesimista mirada por la decadencia europea. Houellebcq es el clásico pescador, cuyo fin es épater le bourgeois, que echa el anzuelo para ver si los lectores pican, o se pican, mas lo que es seguro es que habrá momentos en que la risa aflorará y en otros en que la tristeza se contagiará – alimentada por la honda soledad que acompaña al protagonista-, sin obviar los momentos – en el caso del que esto escribe: bastantes- en los que el mosqueo irrumpa con potencia, por algunos de los asuntos en los que me he detenido líneas más arriba( eso sí: « el de puta es una maravilloso oficio », y lo dice el protagonista tras campanearse de su dilatada experiencia). La desesperanza se adueña de las páginas, el futuro se antoja negro, non future, como el presente, y el tedio y el consiguiente agotamiento se apoderan del protagonista que languidece en sus derivas, en las que cualquier asomo de rebeldía – aunque motivos quedan señalados- brilla por su ausencia…pues Dios ha muerto y el hombre…casi.

                                                  Vieux-Boucau, 1 de enero

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